Votar a quien te pisa no es radical: es lo más sistémico que hay.
Hay una pregunta que me hago cada semana en el turno, en la cola del paro y en la barra del bar: ¿cómo es posible que quien está ahogado de deudas, quien no llega a pagar el alquiler, quien cobra una miseria o ni eso, y a quien ni siquiera le respetan el Estatuto de los Trabajadores ni el convenio, esté pensando en votar a Vox, al PP, a Junts o a Aliança Catalana?
Salir de Guatemala para meterse en Guatepeor. Estar al borde del precipicio y decidir que lo mejor es tirarse, como hicieron en Argentina con Milei.
Los hechos, no los bulos.
Dejemos las opiniones y vayamos a las votaciones, que son lo único que cuenta.
Decretos de vivienda, 2 de octubre de 2026: PP en contra, Vox en contra, Junts en contra. El primero cayó por 172 votos a favor y 178 en contra; el segundo, por 166 a favor y 184 en contra.
Decreto ómnibus del escudo social, 27 de enero de 2026: PP y Vox en contra, y también Junts; cayó con 179 votos en contra.
Jornada de 37,5 horas: PP y Vox en contra, y vetada por 178 votos frente a 170.
Reforma de la dependencia: en comisión, PP y Vox en contra; en el Pleno del 14 de julio de 2026, 179 votos a favor, 137 abstenciones del PP y 33 votos en contra de Vox.
Ayudas al transporte: el PP se abstuvo y Vox votó en contra.
Subida salarial a los funcionarios: Vox fue el único voto en contra.
Esa es la derecha que dice defender a los españoles. Votan contra la vivienda, contra la reducción de jornada, contra la dependencia y contra el transporte. Cuando pueden, votan también contra el salario mínimo.
Contra tu propia salud.
Y hay algo todavía más sangrante.
En Galicia, Rueda ofrece incentivos a los médicos de cabecera para que den menos bajas y más altas. Otros quieren que sean las mutuas las que decidan cuándo está curado un trabajador enfermo.
¿De verdad alguien cree que quien propone esto se preocupa por tu salud, por la de tus padres o por la de tus hijos?.
No somos máquinas. Cuando trabajas lesionado, la lesión se agrava, se cronifica y acabas lisiado, lisiado trabajando. Y cuando el cuerpo ya no da más, te darán la patada, esta vez sin nada, porque habrá un Gobierno que decida que quien no puede más es escoria social que sobra.
Pensar que a ti no te va a tocar es, sinceramente, una estupidez. Te vas a enfermar. Se va a enfermar alguien de tu familia. Te pueden despedir.
Lo siento, pero es así: a todos nos van a caer hostias de la vida, y lo único que podemos elegir es no votar a quien las reparte por encargo.
La falsa izquierda también tiene su parte.
No voy a engañar a nadie: este no es un Gobierno de izquierdas, y mucho menos «socialcomunista», como repiten los medios de desinformación y las redes. Es un Gobierno socialdemócrata que pone tiritas.
El «Gobierno más progresista de la historia» es una gran mentira. Jamás votaría al PSOE ni a Sumar, porque soy de izquierdas, de izquierda radical, entendiendo radical como lo que es: ir a la raíz de los problemas y no quedarse en medidas cosméticas.
Ya me gustaría a mí que este Gobierno fuera socialcomunista. Lo votaría. Pero no construye vivienda pública, no crea una banca pública ni levanta un escudo social que nos proteja a todos.
Anuncios, parches, promesas que se quedan en nada. Y eso genera frustración e indignación. Esa frustración la cosechan quienes les han hecho creer que lo radical es votar a la ultraderecha.
No hay nada más sistémico que la ultraderecha.
Vox salió del PP, el PP salió de Alianza Popular y Alianza Popular salió del franquismo. Son lo mismo.
Y Junts y Aliança Catalana, defendiendo los intereses de los mismos amos en catalán en vez de en castellano, también.
Junts votó contra el decreto de vivienda y pagará por ello, pero Aliança Catalana se lo comerá y será igual o peor.
Son los perros de presa de quienes de verdad mandan, que no se presentan a las elecciones: fondos buitre, especuladores, multimillonarios.
A los trabajadores nos pisan, nos quitan derechos y nos dicen que es mejor trabajar por una miseria que no trabajar. Quieren esclavos, y las encuestas dicen que nos estamos ofreciendo voluntarios.
Décadas de lucha.
Si Feijóo, el de las fotos con Marcial Dorado, y Abascal, que no ha trabajado en su vida y siempre vivió de los chiringuitos del PP, llegan a presidente y vicepresidente, tendrán a todos los poderes del Estado protegiéndolos.
Echarlos será difícil. Recuperar lo perdido nos costará décadas de lucha y sufrimiento.
Y espero, de verdad, que quienes hoy no estén a la altura puedan mirar algún día a sus hijos, nietos y bisnietos a los ojos y decirles:
«Lo siento, tuve la culpa. Preferí la comodidad de la ignorancia y me tragué un discurso de odio hecho para gente muy limitada».
Mejor que no tengan que decirlo.
Todavía estamos a tiempo: organizarse, sindicarse, informarse y leer los programas. La ultraderecha no esconde lo que piensa hacernos.
Até á vitoria sempre!
André Abeledo Fernández

