Gracias, Milei: la mejor campaña contra la ultraderecha la haces tú
Una visita que viene bien
La nueva visita de Milei al Estado español, con la intención de apoyar a la ultraderecha, al PP y a Vox para que lleguen al Gobierno, la verdad es que ha venido bien. Ha venido bien, sobre todo, a la izquierda y a quienes no queremos, de ninguna manera, un Gobierno como el que tiene Milei en Argentina. Y ha venido bien porque, a poco más de un mes de las elecciones del 29 de noviembre, nos recuerda algo muy sencillo: cuando queramos saber lo que Abascal y Feijóo piensan hacer en el Estado español, basta con mirar lo que ha hecho Milei en Argentina.
Lo que Milei ha hecho en Argentina
Reducir todo lo público a la mínima expresión. Devaluar los salarios de los funcionarios y de los trabajadores. Provocar el cierre de decenas de miles de empresas y conseguir que miles de trabajadores pierdan su empleo. Dejar a pacientes oncológicos sin tratamiento, incluidos niños, y a pacientes crónicos sin medicamentos, incluidos ancianos. Conseguir que las pensiones no alcancen ya no para llevar una vida digna, sino ni siquiera para sobrevivir, y que personas jubiladas tengan que volver a trabajar para poder comer todos los días. Hasta el punto de que, en uno de los países con más vacas por habitante del mundo, ya se vende carne de burro en carnicerías de Chubut porque es más barata que la de vacuno, y en la televisión se debate sobre ella como alternativa a la carne de siempre. Mañana les dirán que coman gato, supongo.
Los datos oficiales hablan por sí solos: según el INDEC, la pobreza afecta a casi un tercio de la población argentina (el 32,3 % en el primer semestre de 2026, cerca de diez millones de personas en las zonas urbanas medidas) y a casi el 45 % de los menores de 15 años. Eso es lo que ha conseguido Milei: llevar a un país pobre a la miseria económica, social, intelectual y de valores, y a la pérdida de la ética y la empatía.
El libertarismo como religión del negocio
Milei es el exponente más claro de ese libertarismo según el cual todo debe privatizarse y nuestras vidas son un negocio. Es el mismo personaje que dio su aval en las redes sociales a un meme que se burlaba del síndrome de Down para atacar a un gobernador, hasta el punto de que las asociaciones de personas con síndrome de Down le exigieron disculpas públicas. Es también quien insulta a los más débiles, a quienes más les cuesta salir adelante.
De la mediocridad al poder
Un personaje que, de no haber llegado a presidente, habría vivido en la más absoluta mediocridad, que es el lugar que le corresponde: un economista mediocre, un hombre sin amigos que habla con su perro muerto y que solo tenía a su hermana como compañía. Salió de ese ostracismo gracias a una crisis económica y de valores, del mismo modo que Hitler llegó al poder en Alemania o Trump llegó a la presidencia de Estados Unidos. Y Feijóo y Abascal podrían llegar al Gobierno del Estado español por la misma vía: una crisis económica y de valores que lleva a los pueblos a cegarse y a pensar que, cuando están delante de un precipicio, la solución es tirarse. Un suicidio colectivo.
Eso solo ocurre cuando existe un caldo de cultivo de ignorancia, frustración y miedo, y cuando los medios de comunicación y las redes sociales se dedican a mentir y a difundir bulos para que personajes tan ridículos como peligrosos puedan gobernar países y también destruirlos.
El abrazo que no se atreven a darse en público
Hay que agradecerle a Milei que haya venido antes de las elecciones a enseñarnos todo lo que no debemos ser ni querer. Porque cualquier persona en el Estado español y en Europa, aunque sea de derechas, puede estar en desacuerdo con que quien no llega a fin de mes tenga que elegir entre comer y comprar sus medicinas. Puede estar en desacuerdo con que casi la mitad de los niños vivan en la pobreza. Y también con que los ancianos tengan que volver a trabajar porque la pensión no les llega. O con que se privatice todo, incluida el agua: en Buenos Aires, el Gobierno de Milei ha iniciado la privatización de AySA, la empresa pública que abastece a millones de personas. Se pretende vender el 90 % de las acciones mediante una concesión de 30 años, y el decreto que abrió el proceso habilita el corte del servicio a quienes no puedan pagarlo. Todo ello forma parte de la destrucción de lo que queda del Estado del bienestar y de la justicia social para volver a vivir en la selva.
Hoy no se atreven a abrazarlo mucho en público. No quieren la foto con él porque, con el desastre que es Argentina, podría salirles cara en las urnas. Ayuso, que le concedió una medalla no hace tanto, lo ha recibido ahora un momentito, de pasada; y con Abascal, su amigo y colega, ni siquiera ha habido foto: se han limitado a hablar por videollamada. Pero abrazan sus ideas. El Partido Popular y Feijóo aplaudieron su victoria. Abascal es su amigo y su colega. Y no hace tanto tiempo que el propio Abascal lo dijo claramente: sus modelos son Argentina y Estados Unidos. Es Milei y es Trump.
Lo que no queremos
La mayoría de las personas mínimamente normales, con un mínimo de empatía y dos dedos de frente, no quieren un Milei como presidente. Eso es precisamente lo que no deberíamos querer para nuestro país, para nuestros hijos y para nuestros ancianos. Y por eso, gracias, Milei: nadie nos había explicado tan bien lo que no hay que votar.
¡Até á vitoria sempre!
André Abeledo Fernández

