La internacional fascista: granjas, bots, algoritmos y otras hierbas

Publicado:

Noticias populares

Kike Parra (Unidad y Lucha).— Hay una vieja ilusión que identifica las redes sociales con un espacio neutral donde millones de individuos expresan libremente sus opiniones y donde, de manera espontánea, se manifiesta la voluntad política de los pueblos. No es así. Detrás de una parte cada vez más importante del debate político digital existen intereses económicos concretos, estructuras organizadas y tecnologías capaces de fabricar, amplificar y dirigir estados de opinión.

 

No estamos ante una simple evolución tecnológica de la propaganda tradicional. Estamos ante algo cualitativamente diferente: la posibilidad de intervenir de manera permanente, individualizada y masiva sobre la percepción política de millones de personas. Granjas de bots, cuentas automatizadas, ejércitos de perfiles falsos, campañas coordinadas, algoritmos de recomendación, segmentación de usuarios y sistemas de inteligencia artificial forman hoy parte de un nuevo arsenal de dominación política.

Y este arsenal choca con la concepción caduca del Estado Nación. Una parte de las grandes fortunas, corporaciones tecnológicas, fondos de inversión, grupos mediáticos y organizaciones vinculadas a la extrema derecha internacional han comprendido perfectamente sus posibilidades. El algoritmo no necesita tener ideología. Basta con que tenga propietario y actuará conforme a sus intereses de clase.

Cuando observamos simultáneamente fenómenos políticos aparentemente desconectados en diferentes países, empiezan a aparecer elementos comunes: discurso contra la inmigración, demonización de la izquierda, desprecio por las organizaciones obreras, nacionalismo agresivo, conspiracionismo, ataque a los servicios públicos, reivindicación de una autoridad política fuerte …

Pasamos de la propaganda fascista del siglo XX, que necesitaba periódicos, emisoras de radio, carteles, mítines y organizaciones militantes a un capitalismo digital que está rompiendo todo el entramado de relaciones democrático-burguesas y se adentra en un fascismo del siglo XXI con herramientas infinitamente más sofisticadas que en el pasado. Un fascismo que no necesita camisas negras, que se inserta desde las instituciones y que, curiosamente, desarrolla una de las características más significativas del fenómeno contemporáneo: su dimensión internacional.

Las derechas extremas de diferentes países pueden presentarse como movimientos nacionalistas, incluso, enfrentados entre sí. Sin embargo, comparten discursos, estrategias, asesores, plataformas digitales, recursos financieros, marcos ideológicos y formas de comunicación. Se trata, pues, de una verdadera internacional fascista.

Es una paradoja profundamente reveladora.

Quienes proclaman defender la soberanía nacional participan, en ocasiones, de circuitos internacionales perfectamente organizados. Las fronteras que consideran infranqueables para los trabajadores parecen desaparecer cuando circulan capitales, asesores, técnicas de propaganda, información y recursos.

Un sector de la clase dominante transnacional comparte intereses, financia determinados proyectos, proporciona plataformas, normaliza determinados discursos y utiliza fundaciones, medios de comunicación, redes sociales, «think tanks», consultoras y empresas tecnológicas para crear las condiciones políticas adecuadas.

Y aquí entran en juego los peones y los líderes. Personajes como Cerimero y otros equivalentes nacionales pueden ser extraordinariamente útiles para esta operación. También los dirigentes: los Milei, Fujimori o Espriella; Orbán, Meloni o Abascal.

Los peones no son el tablero. La política del capital tiende a presentarnos a determinados líderes como fenómenos excepcionales: individuos carismáticos, con gran capacidad de dirección política, capaces de solucionar los desmanes de nuestra sociedad.

Estos individuos pueden ser importantes e incluso llegar a creerse los protagonistas de la partida, pero no son el tablero. De hecho, seguirán unas reglas ajenas a lo que prometieron servir y serán sustituidos como juguetes rotos cuando se quemen, mientras los intereses ocultos tras miles de bits digitales seguirán trabajando para mejorar la posición de clase de una minoría.

Frente a su internacional fascista deberemos anteponer nuestro internacionalismo proletario.

La respuesta debe ser política. Si el capital utiliza mecanismos internacionales para organizar la reacción, la clase trabajadora necesita recuperar esa perspectiva internacionalista.

Frente al trabajador español enfrentado al trabajador inmigrante, internacionalismo.

Frente a la gigantesca máquina de manipulación digital, organización y lucha.

spot_img

DEJA UN COMENTARIO (si eres fascista, oportunista, revisionista, liberal, maleducado, trol o extraterrestre, no pierdas tiempo; tu mensaje no se publicará)

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Últimas noticias

Hermana de Kim Jong-un estalla contra «idiotas» de Seúl: «Se enfrentarán a la situación más horrible y angustiosa»

Kim Yo-jong defendió la construcción de fortificaciones permanentes en la frontera y aseguró que las obras continuarán, pese a las críticas de Seúl.