Feijóo ya habla como Abascal La careta se cae a trozos A cinco semanas de las elecciones generales del 29N, Alberto Núñez Feijóo ha dejado de disimular. El hombre que durante años se vendió como el gestor moderado, el político sensato que salió de la Xunta para poner orden en la derecha, abraza ahora, sin complejos y a lo bestia, el discurso reaccionario de VOX. Antiocupación a golpe de «fuera en 48 horas», pensiones puestas en duda, derechos en almoneda. Cualquier cosa por llegar a La Moncloa. Sabe que es su última oportunidad. Y no, no es que no sea presidente porque no quiera: no lo es porque es un político mediocre, sin límites ni principios. Enfermar, un lujo que no nos podemos permitir Feijóo llama «cáncer» a las bajas laborales, cuestiona que un trabajador cobre lo mismo estando enfermo que trabajando y promete imponer su criterio «con o sin acuerdo sindical». Lo dicen dos hombres que nunca han sido empleados de una empresa privada. Feijóo pasó de funcionario de la Xunta a vivir de la política desde los años noventa. Abascal encadena cargos públicos desde 1999, y su única experiencia fuera de ellos fue un bar en Vitoria que acabó en desahucio, embargos y condenas a su empresa por impagos a los trabajadores. Viven del dinero público que sale de los impuestos de los trabajadores y vienen a darnos lecciones. Yo llevo más de dieciocho años en el comercio y sé lo que es el trabajo físico; sé que nadie se pone de baja por capricho. Ellos, que no conocen la palabra esfuerzo, nos piden sacrificios y pretenden dejarnos desnudos y desprotegidos ante los poderosos, ante sus amos. Pensiones, eutanasia, aborto: nada está a salvo La portavoz del PP en el Congreso, Ester Muñoz, dijo en un pódcast que el sistema de pensiones «va a petar» y que hay que cambiar el modelo con «valentía», sin explicar cómo. Cuando saltó la alarma, ella misma y Feijóo corrieron a decir que las pensiones son «innegociables» y que subirán con el IPC. Feijóo, además, intentó cerrar la polémica sin desautorizar a su portavoz. Cuando le llovieron las críticas, Muñoz explicó que «petar» lo decía «en los términos que utiliza la gente joven». Una excusa de manual, porque quien habla de «valentía» para cambiar el modelo no se desdice: se disfraza. No me lo creo: lo que dice la portavoz es lo que piensa el partido del que Feijóo es candidato. Conviene recordar que el PP votó en 2021 contra la ley que garantiza la revalorización de las pensiones con el IPC. Hablan del «derecho del no nacido» mientras recortan los derechos de los trabajadores que enferman, y anuncian que reformarán la ley de eutanasia para «perfeccionarla». Que nos perdonen si no nos fiamos: cuando la derecha dice que va a «perfeccionar» un derecho, lo que suele querer es ponerle puertas. Y con VOX en el tablero, cada derecho conquistado es una pieza que están dispuestos a cobrarse. PP-VOX, el tándem de la demolición Lo que representa el tándem PP-VOX es la demolición de lo poco que queda del supuesto Estado del bienestar y de la justicia social: involución social y odio de clase. Recurren a las viejas estrategias de propaganda de Goebbels, el ministro de la Alemania nazi, ahora amplificadas por las redes sociales y los medios de desinformación: bulos, mentiras y odio a las minorías. No quieren debatir su programa porque saben que perderían, así que solo les queda mentir y buscar chivos expiatorios. Siembran odio y el odio, tarde o temprano, cosecha violencia y sufrimiento. Los amos de siempre Feijóo y Abascal son, a mi juicio, títeres de las oligarquías, del Israel de Netanyahu y de los Estados Unidos de Donald Trump. Vendepatrias dispuestos a todo a la hora de defender los intereses de sus amos, sin límites morales ni éticos, sin patria ni empatía; solo hambre de dinero. Humildes ante el poder y altivos con la clase trabajadora, son los encargados de dar la cara en nombre de los dueños del sistema. La respuesta está en nuestras manos Frente al odio, organización. Frente a los bulos, conciencia de clase. Frente a quienes nos quieren desprotegidos, sindicato, calle y unidad de la gente trabajadora. Ni un paso atrás en derechos. ¡Até á vitoria sempre! André Abeledo Fernández

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Feijóo ya habla como Abascal

La careta se cae a trozos

A cinco semanas de las elecciones generales del 29N, Alberto Núñez Feijóo ha dejado de disimular. El hombre que durante años se vendió como el gestor moderado, el político sensato que salió de la Xunta para poner orden en la derecha, abraza ahora, sin complejos y a lo bestia, el discurso reaccionario de VOX. Antiocupación a golpe de «fuera en 48 horas», pensiones puestas en duda, derechos en almoneda. Cualquier cosa por llegar a La Moncloa. Sabe que es su última oportunidad. Y no, no es que no sea presidente porque no quiera: no lo es porque es un político mediocre, sin límites ni principios.

Enfermar, un lujo que no nos podemos permitir

Feijóo llama «cáncer» a las bajas laborales, cuestiona que un trabajador cobre lo mismo estando enfermo que trabajando y promete imponer su criterio «con o sin acuerdo sindical». Lo dicen dos hombres que nunca han sido empleados de una empresa privada. Feijóo pasó de funcionario de la Xunta a vivir de la política desde los años noventa. Abascal encadena cargos públicos desde 1999, y su única experiencia fuera de ellos fue un bar en Vitoria que acabó en desahucio, embargos y condenas a su empresa por impagos a los trabajadores. Viven del dinero público que sale de los impuestos de los trabajadores y vienen a darnos lecciones.

Yo llevo más de dieciocho años en el comercio y sé lo que es el trabajo físico; sé que nadie se pone de baja por capricho. Ellos, que no conocen la palabra esfuerzo, nos piden sacrificios y pretenden dejarnos desnudos y desprotegidos ante los poderosos, ante sus amos.

Pensiones, eutanasia, aborto: nada está a salvo

La portavoz del PP en el Congreso, Ester Muñoz, dijo en un pódcast que el sistema de pensiones «va a petar» y que hay que cambiar el modelo con «valentía», sin explicar cómo. Cuando saltó la alarma, ella misma y Feijóo corrieron a decir que las pensiones son «innegociables» y que subirán con el IPC. Feijóo, además, intentó cerrar la polémica sin desautorizar a su portavoz.

Cuando le llovieron las críticas, Muñoz explicó que «petar» lo decía «en los términos que utiliza la gente joven». Una excusa de manual, porque quien habla de «valentía» para cambiar el modelo no se desdice: se disfraza.

No me lo creo: lo que dice la portavoz es lo que piensa el partido del que Feijóo es candidato. Conviene recordar que el PP votó en 2021 contra la ley que garantiza la revalorización de las pensiones con el IPC.

Hablan del «derecho del no nacido» mientras recortan los derechos de los trabajadores que enferman, y anuncian que reformarán la ley de eutanasia para «perfeccionarla». Que nos perdonen si no nos fiamos: cuando la derecha dice que va a «perfeccionar» un derecho, lo que suele querer es ponerle puertas. Y con VOX en el tablero, cada derecho conquistado es una pieza que están dispuestos a cobrarse.

PP-VOX, el tándem de la demolición

Lo que representa el tándem PP-VOX es la demolición de lo poco que queda del supuesto Estado del bienestar y de la justicia social: involución social y odio de clase. Recurren a las viejas estrategias de propaganda de Goebbels, el ministro de la Alemania nazi, ahora amplificadas por las redes sociales y los medios de desinformación: bulos, mentiras y odio a las minorías.

No quieren debatir su programa porque saben que perderían, así que solo les queda mentir y buscar chivos expiatorios. Siembran odio y el odio, tarde o temprano, cosecha violencia y sufrimiento.

Los amos de siempre

Feijóo y Abascal son, a mi juicio, títeres de las oligarquías, del Israel de Netanyahu y de los Estados Unidos de Donald Trump. Vendepatrias dispuestos a todo a la hora de defender los intereses de sus amos, sin límites morales ni éticos, sin patria ni empatía; solo hambre de dinero.

Humildes ante el poder y altivos con la clase trabajadora, son los encargados de dar la cara en nombre de los dueños del sistema.

La respuesta está en nuestras manos

Frente al odio, organización. Frente a los bulos, conciencia de clase. Frente a quienes nos quieren desprotegidos, sindicato, calle y unidad de la gente trabajadora. Ni un paso atrás en derechos.

 

¡Até á vitoria sempre!

 

André Abeledo Fernández

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