
Con el anuncio del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, la administración del magnate republicano Donald Trump ordenó acelerar la entrega de 4.000 millones de dólares en asistencia militar, bajo el supuesto de «ayuda de defensa» al régimen de Israel para su «estabilidad», mediante una declaración de emergencia, que permite al Departamento de Estado eludir la revisión de la venta por parte del Congreso.
La declaración oficial también levantó un embargo parcial impuesto por Joe Biden. Se hizo especial hincapié en desestimar las condiciones y restricciones previas como «infundadas y politizadas», permitiendo así una colaboración más eficiente y efectiva en materia de defensa.
«La Administración Trump seguirá utilizando todas las herramientas disponibles para cumplir el compromiso de larga data de Estados Unidos con la seguridad de Israel, incluidos los medios para contrarrestar las amenazas a la seguridad», declara el documento que renueva la alianza entre EE. UU. y la entidad que mantiene una crisis en Oriente Medio.

En un contexto marcado por desafíos y tensiones, este paso refleja a Estados Unidos como firme aliado de Tel Aviv, que aplica una política de genocidio contra el pueblo palestino y pone en peligro la paz en la región.
Mientras el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, intenta extender la primera fase del acuerdo de alto al fuego y amenaza con retomar la ofensiva en Gaza (con la intención de apropiarse del territorio, expulsar a los gazatíes y cumplir los planes de Trump), el titular de Defensa de Tel Aviv, Israel Katz, agradece a Trump las armas para defenderse en una guerra que denomina «justa y prolongada».

