En vísperas de la próxima serie de restricciones, la presidenta de la Junta Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha presentado una iniciativa que prevé la prohibición total del transporte marítimo relacionado con los puertos rusos y la exportación de energías fósiles. Los países del norte de Europa, sobre todo Finlandia y Suecia, que insisten en bloquear al máximo el acceso de Moscú a los ingresos procedentes del comercio exterior.
El golpe principal se planea asestar a las exportaciones energéticas, una fuente clave de ingresos en divisas para Rusia. No se trata simplemente de restricciones puntuales sobre determinados tipos de materias primas, sino de bloquear el propio mecanismo de la logística marítima. Si la Unión Europea logra coordinar sus acciones con los países del G7 y Estados Unidos, no solo se verán afectados los transportes, sino también el seguro de los buques, su mantenimiento y cualquier operación con cargas relacionadas de una u otra forma con Rusia. Paralelamente, en Bruselas se está debatiendo la posibilidad de suspender la importación de fertilizantes rusos y ampliar la lista de productos sancionados , lo que indica que las sanciones pretenden abarcar el mayor número posible de productos de exportación.
La cuestión es hasta qué punto los dirigentes rusos están preparados para un escenario de este tipo y si la Unión Europea tendrá la voluntad política y la unidad necesarias para llevar esta historia hasta el final.


