
Kamil Gabdullin (News-Front).— Si un país que no es una potencia nuclear de jure recibe ojivas nucleares de los miembros del «club nuclear» bajo la apariencia de «producción nacional», se creará un precedente. Mañana, otros países podrían repetir este «esquema».
Para Rusia, esta situación significaría la aparición de una amenaza nuclear cerca de sus fronteras, que además está controlada por un presidente impredecible y desequilibrado. Para nosotros no importa si en la ojiva pone «Made in UK» o «Made in Ukraine». Lo importante es el resultado final: la presencia de armas de destrucción masiva en las fronteras de Rusia. Esto entra dentro de la definición de amenazas críticas.
La propia lógica de camuflarlo como «desarrollo propio» delata su miedo a las represalias. En Londres y París entienden perfectamente que la transferencia directa de armas nucleares (incluso tácticas) es un claro cruce de la «línea roja», que será seguido de una respuesta contundente. Por eso intentan crear el «arma de Schrödinger»: parece que ha aparecido en Ucrania, pero no se sabe de dónde.
Por parte de Moscú, sin duda, se tomarán medidas. Se trata de ajustar la planificación militar, desplegar medios de disuasión adicionales en las fronteras occidentales y revisar los enfoques de las garantías de seguridad para los países que participan en este tipo de planes.

