“¿Es usted en la actualidad o ha sido en algún momento miembro del Partido Comunista?» A esta pregunta formulada por el Comité de Actividades Antiamericanas, creado en 1938, frente a una importante presencia en Hollywood de intelectuales alemanes antifascistas exiliados en aquella década (entre ellos, Bertolt Brecht, Fritz Lang, Thomas Man, Hans Eisler o Helene Weigel, esposa de Brecht) y frente al clima liberal generado por el New Deal de la administración Roosevelt, cientos de cineastas (directores, actores, guionistas y productores) tuvieron que pronunciarse entre finales de los años 40 y los 50. Unos interrogatorios que mostraron, por un lado, la aparición de variadas formas de ideología fascista en el poder político norteamericano, algo que ha estado siempre presente en su sociedad capitalista, y, por otro lado, la organización de una violenta purga anticomunista en la Meca del Cine, ocasionando todo ello resultados devastadores y duraderos en la industria cinematográfica hollywoodiense: más de 300 profesionales, acusados de comunistas, vieron sus prometedoras carreras cinematográficas vilipendiadas y truncadas. Los “Diez de Hollywood” (Alvah Bessie, Herbert J. Biberman, Lester Cole, Edward Dmytryk, Ring Lardner, Howard Lawson, Albert Maltz, Samuel Ornitz, Adrian Scott, Dalton Trumbo), sus encarcelamientos y sus malogradas carreras artísticas, son la mejor prueba de aquella oleada fascista que sacudió entonces las entrañas de Hollywood. Una peste parda que se prolongó hasta bien entrados los años 70, y que hoy, bajo formas diferentes, persiste en la “guerra de imágenes” que nos asalta cada día.
Realidad distópica
En ese sentido, un interesante trabajo publicado recientemente en la revista Caimán Cuadernos de cine, bajo el título de “Fascismo en EE. UU., imágenes en estado de alarma”, pone en relieve la utilización de las imágenes en manos de un poder dictatorial y esquizofrénico como el de la actual administración estadounidense. Manipulaciones que la reconocida publicación centra principalmente en casos como los del presunto intento de asesinato de Donald Trump en Butler, Pensilvania, el 13 de julio de 2024, o en los asesinatos de los civiles Renée Good y Alex Pettri, perpetrados por agentes fascistas del ICE en Minneapolis, los pasados meses de enero y febrero. Y de las que emanan, en un caso, la creación icónica de un Trump herido y con el puño en alto, y en los otros casos, la divulgación descarada de la mentira institucionalizada para opacar la evidencia. Una práctica neogoebbeliana que debe interrogarnos seriamente sobre cómo desde el punto de vista visual se está asimilando todo lo que está pasando, y especialmente sobre cómo hacer frente a esa realidad distópica caracterizada por la alienación humana, la opresión totalitaria, la desigualdad social extrema o la destrucción ambiental, y cuyo objetivo es distorsionar la forma de pensar la historia y la política en beneficio del voraz capitalismo.
Rosebud


