Seis años atrás, un 30 de abril, la Embajada de Cuba en Estados Unidos, sita en calle 16 NW, cerca de Fuller Street NW, fue atacada por un terrorista que disparó 32 balas de su fusil AK-47 «con la intención declarada de batir lo que hubiera delante, incluso personas».
De esa manera lo recordó, a través de la red social X, el miembro del Buró Político y ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, quien además afirmó que el ataque «quedó impune y provoca dudas sobre la seguridad diplomática en la capital estadounidense».
Asimismo, el Canciller agregó que, dicha agresión «forma parte del conocido historial del gobierno de ese país de proteger y respaldar a connotados terroristas, que viven, se organizan y reciben financiamiento en territorio estadounidense para acciones de terrorismo contra Cuba».

En aquella ocasión el acto, catalogado por muchos como «crimen de odio», provocó deterioros materiales en la sede diplomática de la Isla en Washington, como resultado del impacto de las balas.
Sin embargo, a pesar de que no hubo daños para el personal cubano, sí reafirmó la inseguridad diplomática propia de la nación norteña, a la par que se sumó a la lista de más de 40 acciones terroristas llevadas a cabo contra embajadas de la Mayor de las Antillas en diversos países, luego del triunfo de 1959.

