El gendarme de Occidente: Washington y la complicidad necesaria en el genocidio palestino.

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El gendarme de Occidente: Washington y la complicidad necesaria en el genocidio palestino.

La barbarie que el Estado sionista de Israel comete diariamente en Palestina no sería posible sin un actor fundamental que opera desde la sombra y la impunidad de los despachos en Washington: el gobierno de los Estados Unidos. Sostener que Israel actúa de manera aislada es un profundo error de análisis. La maquinaria militar, financiera y diplomática estadounidense es el verdadero pulmón que oxigena y legitima el genocidio y la colonización en Oriente Medio. Israel no es más que el brazo ejecutor, el gendarme colonial e imperialista que la Casa Blanca necesita para mantener sus garras clavadas sobre una región de altísimo valor estratégico y energético.

La complicidad norteamericana se sustenta sobre tres pilares fundamentales que demuestran que el sufrimiento palestino es un negocio compartido.

El primero es el incesante suministro de armas y financiación militar. Cada bomba que destruye escuelas, hospitales, iglesias y campos de refugiados en Gaza tiene grabado el sello de fabricación estadounidense. Lejos de detenerse, la maquinaria del Pentágono aprueba de forma sistemática envíos masivos de proyectiles, vehículos blindados, bulldozers y municiones de alta tecnología. El dinero del contribuyente norteamericano es confiscado para financiar la limpieza étnica mientras se recortan los derechos sociales dentro de sus propias fronteras.

El segundo pilar es el escudo diplomático e institucional. Estados Unidos ha prostituido de forma reiterada los organismos internacionales, utilizando su poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU para tumbar decenas de resoluciones que exigían un alto el fuego o que pretendían sancionar los crímenes de guerra israelíes. Su desprecio por los derechos humanos es tal que persiguen políticamente y reactivan listas negras internacionales contra figuras incómodas, como la relatora de la ONU Francesca Albanese, con el único fin de acallar a quienes denuncian que la complicidad global permite a Israel violar el derecho internacional.

Por último, esta alianza criminal responde a una agenda de reconfiguración geopolítica a sangre y fuego. Las operaciones militares conjuntas en la región, destinadas a neutralizar a cualquier país u organización que ose desafiar la hegemonía occidental —como los bombardeos directos contra Irán—, evidencian que el sufrimiento del pueblo palestino forma parte de un tablero imperialista global. Ni demócratas ni republicanos ofrecen grietas en esta política de sumisión; el alineamiento de Washington con Netanyahu es incondicional, cimentado por la inyección de millones de dólares de grupos de presión y lobbies sionistas que compran voluntades políticas en cada campaña electoral estadounidenses.

Frente a esta colosal alianza del terror, la resistencia popular y obrera internacional no puede titubear. Denunciar al Estado de Israel implica, de manera obligatoria, apuntar al corazón del imperialismo que lo ampara y lo sostiene: la Casa Blanca. Romper con el sionismo exige desmantelar la complicidad occidental, exigir un embargo militar total e inmediato y plantarse frente al imperio que financia la muerte para preservar sus privilegios globales.

El sionismo como disfraz de la barbarie: el genocidio palestino frente al espejo de la historia.

El sionismo no es un proyecto de autodeterminación pacífica, sino una ideología supremacista, colonial y fascista que utiliza la fe como escudo político para camuflar crímenes de lesa humanidad contra el pueblo palestino. No estamos ante un conflicto simétrico ni ante una guerra legítima; estamos ante un genocidio de libro ejecutado por uno de los ejércitos más potentes del mundo contra una población civil desarmada y asediada.

Para limpiar étnicamente Palestina, el sionismo se escuda en la religión y mitos de superioridad, justificando ataques a civiles, hospitales y escuelas. Esta ideología supremacista, que compara el comportamiento del gobierno de Netanyahu con episodios oscuros del siglo XX, comparte matriz con otras formas de opresión, buscando el desplazamiento del pueblo palestino.

Este genocidio cuenta con el respaldo armamentístico y político de potencias occidentales y la OTAN. La complicidad internacional, manifestada en el recorte de ayudas como las de la UNRWA, convierte a estos actores en cómplices de la situación. Ante esto, la neutralidad se convierte en aceptación de la barbarie.

Frente a la ineficacia de los organismos internacionales, se llama a denunciar a Israel como un «Estado terrorista». La lucha contra el sionismo implica romper relaciones y defender la dignidad palestina. Pese a la ocupación, se mantiene la esperanza en la resistencia y la victoria final de Palestina.

 

André Abeledo Fernández

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