Los derechos que no se cumplen no son derechos: son decoración.

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Los derechos que no se cumplen no son derechos: son decoración.

Por André Abeledo Fernández

El Che Guevara decía que el socialismo económico sin la moral comunista no le interesaba. Yo añado: los derechos laborales sin inspección real no son derechos, son papel mojado con membrete oficial.

Llevamos años escuchando promesas del Ministerio de Trabajo. Más inspectores, más inspecciones, más garantías. Yolanda Díaz lo prometió con el entusiasmo de quien cree que las palabras cambian el mundo sin necesidad de cambiar la correlación de fuerzas. Pero la realidad en las fábricas, en los comercios, en los almacenes, en los supermercados, es otra. Es la de siempre. La del miedo.

Porque ese es el arma más eficaz de la patronal: el miedo. No hace falta prohibir nada. Basta con que el trabajador sepa, y lo sabe, que si levanta la voz puede quedarse en la calle. Y lo peor no es el despido en sí, que ya es bastante grave, sino que como advirtió la Unión Europea, en el Estado español despedir es barato. Tan barato que para muchos empresarios es simplemente un coste operativo. Un botón que aprietan sin remordimiento.

Conozco esa realidad de primera mano. Empresas donde el convenio recoge días de asuntos propios que nadie disfruta. Trabajadoras y trabajadores que prefieren regalar su tiempo, su vida, antes que arriesgarse a una represalia. Y cuando el empresario actúa, jamás pondrá la verdad en el papel. Nunca pondrá «te despido porque exigiste tus derechos». Inventará una causa, fabricará un motivo, porque el papel lo aguanta todo y la mentira bien redactada tiene el mismo valor legal que la verdad.

Y en este escenario, ¿dónde están los sindicatos mayoritarios? CCOO y UGT, que en demasiadas empresas han pasado de ser correas de transmisión de la clase trabajadora a ser gestores de la paz social para la patronal. Y donde no llegan ellos, llegan los sindicatos amarillos, los FETICO de turno, construidos para que los trabajadores del comercio tengan la sensación de representación sin que nadie les represente de verdad. La vergonzosa trayectoria de estas organizaciones en empresas como Mercadona es un ejemplo que debería estudiarse en cualquier escuela sindical como lección de lo que nunca debe ser un sindicato.

El Ministerio de Trabajo lo sabe. Los inspectores lo saben. Los partidos lo saben. Y se quedan en el anuncio, en el titular, en la foto de rueda de prensa. Después miran para otro lado porque mirar para otro lado no tiene coste electoral, y exigir que los derechos se cumplan sí lo tiene.

La derecha nos quita los derechos. La socialdemocracia anuncia que los defiende y luego no hace que se cumplan. El resultado es el mismo: la clase trabajadora pierde. Siempre. Como siempre que no se organiza, no se moviliza y no planta cara.

Porque al final, los derechos no los da nadie. Los conquista quien tiene la valentía de exigirlos y la organización para defenderlos. Todo lo demás, con todo el respeto, son salsas.

 

André Abeledo Fernández 

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