La sociedad enferma que enferma a las personas

Publicado:

Noticias populares

La sociedad enferma que enferma a las personas

Hay quienes pretenden convencernos de que el aumento de los problemas de salud mental es consecuencia de la debilidad individual. Que la depresión, la ansiedad o el estrés son responsabilidad exclusiva de quien los padece. Que si miles de jóvenes están de baja, si aumentan los suicidios o si millones de personas necesitan tratamiento psicológico, el problema está en ellos y no en la sociedad en la que viven.

Nada más lejos de la realidad.

Vivimos una auténtica epidemia de salud mental. Más de 1.200 millones de personas sufren trastornos relacionados con la salud mental en todo el mundo. En España, los diagnósticos de depresión han aumentado un 60% en la última década. Los casos de ansiedad se han disparado, especialmente entre los jóvenes y las mujeres. Las hospitalizaciones de adolescentes por problemas psicológicos crecen año tras año y el consumo de antidepresivos no deja de aumentar.

Pero para algunos representantes de la gran patronal, el problema no es la enfermedad. El problema son los enfermos.

Resulta obsceno escuchar a dirigentes empresariales llamar «memos» a jóvenes que se encuentran de baja por problemas de salud mental. Resulta indecente que se trivialice el sufrimiento de miles de personas insinuando que sus problemas son consecuencia de que «les ha dejado la novia» o de que no quieren trabajar. Y resulta especialmente grave cuando esas declaraciones proceden de personas vinculadas precisamente al negocio de la salud.

Porque detrás de esas palabras hay una forma de entender la sociedad. Una forma de entender las relaciones laborales. Una forma de entender la vida.

Para ellos, el trabajador ideal es aquel que no protesta, que no enferma, que no tiene problemas personales, que no necesita descanso y que acepta cualquier condición laboral sin rechistar. Un trabajador convertido en máquina.

Sin embargo, los datos desmontan sus discursos.

La sobrecarga laboral, la precariedad, la incertidumbre económica, la imposibilidad de acceder a una vivienda digna, la hiperconectividad permanente, la presión constante por rendir más y producir más son algunos de los factores que explican el deterioro de la salud mental de millones de personas.

No estamos ante una generación más débil.

Estamos ante una sociedad más cruel.

Nos dicen que existe una «generación de cristal». Pero la realidad es otra. Hemos educado a nuestros hijos para que sean personas empáticas, sensibles, solidarias y capaces de construir un mundo mejor. Luego les entregamos una sociedad basada en la competitividad salvaje, el individualismo extremo y la ley del más fuerte.

Les enseñamos valores humanos y después los obligamos a sobrevivir en un sistema que premia exactamente lo contrario.

Como decía Jiddu Krishnamurti: «No es un síntoma de salud estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma».

Y la nuestra lo está.

Está enferma cuando convierte la vivienda en un negocio mientras miles de jóvenes no pueden emanciparse.

Está enferma cuando obliga a trabajadores a elegir entre su salud y su salario.

Está enferma cuando normaliza jornadas agotadoras y salarios insuficientes.Está enferma cuando mide el valor de una persona únicamente por su productividad.

Está enferma cuando considera que pedir ayuda psicológica es una señal de debilidad.

Y está profundamente enferma cuando cada año más de 4.000 personas se suicidan en España y el problema sigue sin ocupar el lugar prioritario que merece en la agenda política y mediática.

Once personas al día.

Once familias destrozadas cada jornada.

Decenas de miles de intentos de suicidio cada año.

Miles de personas atrapadas en un sufrimiento que muchas veces podría prevenirse con recursos, atención temprana, apoyo profesional y una sociedad más humana.

Porque la mayoría de quienes se suicidan no quieren morir.

Quieren dejar de sufrir.

Y cuando una persona llega a ese extremo, el fracaso no es únicamente individual. Es también un fracaso colectivo.

Es el fracaso de una sanidad pública que durante décadas ha relegado la salud mental a un segundo plano.

Es el fracaso de unos gobiernos que reaccionan tarde y mal.

Es el fracaso de unos medios de comunicación que silencian el problema salvo cuando ocurre una tragedia.

Y es el fracaso de un sistema económico que genera beneficios multimillonarios para unos pocos mientras deja a millones de personas atrapadas en la ansiedad, la incertidumbre y la desesperanza.

La salud mental no puede seguir siendo la gran olvidada.

Necesitamos más psicólogos y psiquiatras en la sanidad pública.

Necesitamos prevención.

Necesitamos educación emocional.

Necesitamos combatir la precariedad y la pobreza.

Necesitamos recuperar el tiempo para vivir.

Y necesitamos cuestionar una sociedad que está enfermando a demasiada gente.

Porque no se puede curar con pastillas aquello que muchas veces tiene su origen en la explotación, la desigualdad, la soledad o la falta de futuro.

La salud mental no es un lujo.

Es un derecho.

Y una sociedad que permite que miles de personas sufran en silencio hasta el punto de quitarse la vida es una sociedad que tiene la obligación moral de mirarse al espejo y preguntarse qué está haciendo mal.

Porque el verdadero problema no son los enfermos.

El verdadero problema es una sociedad enferma que cada día produce más sufrimiento humano.

 

André Abeledo Fernández 

DEJA UN COMENTARIO (si eres fascista, oportunista, revisionista, liberal, maleducado, trol o extraterrestre, no pierdas tiempo; tu mensaje no se publicará)

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Últimas noticias

Regularizar la precariedad y con letra pequeña

Tanto los que están pactando la prioridad nazional como los que han decretado la regularización extraordinaria de personas migrantes son los responsables de que parte de la clase obrera migrante en el estado español sufra unas condiciones de esclavitud en los trabajos a los que pueden acceder y a una ilegalidad vital impuesta por la racista ley de extranjería.

Le puede interesar: