SIONISMO, FRANQUISMO Y EL MONSTRUO DE TRES CABEZAS: EL PPVOX AL SERVICIO DEL AMO
Camaradas
Hay que decirlo sin anestesia y sin medias tintas: detrás de VOX y de Abascal, detrás de Mohamed VI y de la monarquía sátrapa de Marruecos, detrás de la reivindicación colonial sobre Ceuta y Melilla, está el sionismo genocida de un criminal condenado, Benjamín Netanyahu. No es metáfora, es genealogía política. Rabat abre y cierra la frontera de Ceuta como quien abre y cierra un grifo, según convenga a sus amos de Washington y Tel Aviv, utilizando a miles de seres humanos desesperados como munición geopolítica. Y mientras España sufre ese chantaje migratorio orquestado desde fuera, aquí tenemos nuestra propia colección de lacayos dispuestos a hacer coro contra su propio país con tal de dañar al Gobierno: Abascal y Feijóo, genuflexos ante el sionismo internacional y el trumpismo que hoy amenaza a la humanidad desde el monstruo yanqui, ese Estados Unidos que quiere dejar a todos los pueblos sin soberanía y convertirlos en siervos.
FEIJÓO: LA PRIVATIZACIÓN DISFRAZADA DE MODERACIÓN
Alberto Núñez Feijóo no inventa nada nuevo. Es la continuidad del mismo modelo de gestión privatizadora que ya ensayó en Galicia durante años, ahora camuflado bajo una falsa apariencia de centralidad gestora. Su supuesta moderación se desmorona en cuanto se analiza su sumisión permanente a los sectores más duros de su partido y su total dependencia de la extrema derecha para sostener gobiernos autonómicos y locales. No hay centralidad posible cuando se necesita a VOX para gobernar.
AYUSO: EL ARIETE DEL NEOLIBERALISMO SALVAJE
Isabel Díaz Ayuso es el motor ideológico del ala más desacomplejada de la derecha. Su gestión en Madrid es el ejemplo vivo del populismo identitario como cortina de humo: mientras agita la confrontación permanente, ejecuta el deterioro sistemático de la sanidad, la educación y los servicios sociales públicos, entregando los recursos comunes de la ciudadanía a los fondos buitre y a las grandes corporaciones.
ABASCAL: EL ACELERADOR REACCIONARIO
Santiago Abascal y VOX operan como la punta de lanza del bloque de la reacción. Su función es radicalizar el debate público, normalizar el discurso de odio y cuestionar los derechos de las minorías y las mujeres. Ese extremismo no es anecdótico: sirve para desviar la atención de los problemas materiales de la gente y romper la conciencia de clase de los trabajadores mediante el chovinismo. Abascal ha demostrado ser un auténtico ignorante, un vago y un mediocre; su ascenso no se explica solo por el apoyo de los multimillonarios, sino por la mediocridad general que le ha permitido hacerse un hueco y crecer como un cáncer sin tratamiento. La ultraderecha encuentra su espacio vital en la desafección política, en la frustración sin esperanza, en el miedo: es la consecuencia de una sociedad profundamente enferma, una sociedad donde el franquismo nunca murió del todo, sostenido por una falsa transición que dejó a las mismas familias que controlaban el poder en la dictadura controlando el poder en la monarquía parlamentaria.
EL MITO DEL «PPVOX» QUE NO ES MITO
La retórica mediática que pretende diferenciar la gestión de Feijóo, el descaro de Ayuso y el extremismo de Abascal se disuelve en cuanto se analizan sus políticas reales. El PPVOX no es un eslogan: es una realidad material hecha de regalos fiscales a las rentas más altas, privatización encubierta de la sanidad y la dependencia, y precarización social frente a cualquier avance en derechos laborales, salario mínimo o vivienda. El objetivo del triunvirato Feijóo-Abascal-Ayuso no es gobernar para la ciudadanía, sino blindar los privilegios de las élites financieras a costa de empobrecer a la mayoría social.
LA TRAICIÓN DESDE DENTRO
Pero la derecha jamás podría imponerse a la clase trabajadora sin la ayuda de los traidores dentro de las propias organizaciones obreras. Cuando las cúpulas de los sindicatos mayoritarios y el Ministerio de Trabajo se abrazan, toman café y cenan con la patronal, nada bueno puede esperarse de ese compadreo. Hemos delegado la defensa de nuestros derechos de clase en gente interesada, y por eso somos responsables: por delegar en otros nuestra obligación de luchar. La ultraderecha no avanza porque digamos la verdad sobre la socialdemocracia; avanza por las mentiras y la inacción de unos socialdemócratas que no dan soluciones y no se atreven a combatir al poder porque también son sus amos. Callar por miedo a la ultraderecha no la frena: solo acelera su llegada con un silencio tan inútil como cómplice.
LAS ÉLITES MONSTRUOSAS DE LA LISTA EPSTEIN
Las élites mundiales son sociópatas endiosados que ven a la humanidad como cosas descartables. Donald Trump, Netanyahu, Elon Musk y tantos otros no pueden considerarse humanos porque carecen de humanidad, de empatía, de ética. La lista Epstein es un listado de monstruos hecho por un monstruo, un listado de pedófilos hecho por un pedófilo, apenas la punta del iceberg de una barbarie que no conocemos ni conoceremos entera. Hasta que la clase trabajadora recupere la conciencia de clase, esa clase dominante no tiene nada que temer.
EL MONSTRUO DE TRES CABEZAS
Sionismo, nazismo y fascismo son hijos putativos del capitalismo, ya lo dejó dicho Lenin: «el fascismo es el capitalismo en descomposición». El sionismo, la teoría del pueblo elegido por Dios, nacido para ser amo, no se diferencia gran cosa del fascismo y el nazismo: el derecho divino es sinónimo de superioridad racial, el espacio vital es sinónimo del Gran Israel, la limpieza étnica es sinónimo de solución final, el genocidio en Palestina es sinónimo del Holocausto en Europa. Israel es un Estado terrorista y el sionismo una ideología que no tiene diferencias sustanciales con el racismo. Y conviene preguntarse: ¿por qué el Estado Islámico, financiado y armado en su origen por Washington para desestabilizar la región, nunca ha atacado a Israel y sí a Irak, Libia, Siria e Irán? ¿Qué le debe el EI a Israel?
Bertolt Brecht lo avisó al terminar la Segunda Guerra Mundial: que nadie se alegre demasiado por la derrota de Hitler, porque la perra que lo parió sigue en celo. Y también dejó claro que estar contra el fascismo sin estar contra el capitalismo es como reclamar una parte del ternero oponiéndose a sacrificarlo. Donald Trump se autoproclama presidente de Venezuela, amenaza con invadir Groenlandia, rompe la legalidad internacional exactamente como lo hizo Hitler. No pretendo compararlo con Hitler; si hay que compararlo con alguien hoy es con Silvio Berlusconi: un empresario multimillonario, machista y abusador, que llega al poder con apoyo popular sobre un discurso de mentiras, racismo y odio. Lo que de verdad me preocupa no es Trump, sino quienes lo sostienen: la Asociación Nacional del Rifle, el Ku Klux Klan, las milicias armadas de extrema derecha, esa América profunda.
SOLO EL COMUNISMO PUEDE COMBATIR AL FASCISMO
Estoy convencido de que al fascismo solo lo puede combatir el comunismo, porque son dos ideologías antagónicas e irreconciliables que expresan la virulencia de la lucha de clases. Como decía José Díaz Ramos, la fuerza del fascismo reside sobre todo en la división de quienes deberían enfrentarlo. Hará falta un gran Frente Popular de la izquierda, pero sin renunciar a nuestro discurso, porque renunciar es entregar al fascismo el terreno de la clase obrera. No debemos moderar nada para resultar políticamente correctos: hay que decir verdades como puños y ser vanguardia de la clase trabajadora, porque la lucha de clases sigue plenamente vigente y nuestro modelo de sociedad no se construye sin destruir el modelo capitalista.
Aquel pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla, ya lo dijo Cicerón. Frente al monstruo de tres cabezas —sionismo, nazismo y fascismo—, frente al PPVOX y sus lacayos, la respuesta solo puede ser organización, memoria histórica de clase y solidaridad internacionalista.
André Abeledo Fernández

