
Eduardo Uvedoble (Unidad y Lucha).— Cuando hablamos de la dictadura del capital, no solo nos referimos al poder que en sí ejerce la economía, también al poder oculto de las élites, de los oligarcas, el poder de personas concretas, con nombre y apellido, que concentran la riqueza mundial. Son personas que se conocen, se reúnen, toman decisiones, se reparten el mundo… y se montan fiestas. Es el foro de Davos, es Mónaco, Ibiza o Dubái, es el palco del Bernabéu y es la isla de Epstein.
Estamos habituados a verlos en la alfombra roja, dando importantes conferencias, en los paraninfos de las universidades más prestigiosas, en la final de Wimbledon o en las páginas de las revistas del corazón. Son grandes empresarios, genios de las finanzas, estadistas, intelectuales, artistas, son ricos y famosos, y cuando se juntan, en su privada exclusividad, organizan la barbarie para engordar su tajada. Los medios nos enseñan su riqueza, su lujo, su superioridad, y algunas veces, por alguna lucha intestina, o como castigo, airean alguno de sus escándalos para que el pueblo pueda tener la ilusión de ejercer de tribunal moral al conocer sus aficiones más abyectas y la impunidad con la que usan a las personas en la exclusividad de sus reservados. Es así como hemos conocido a las amantes famosas, Marilyn Monroe, Bárbara Rey, Sandra Mozarowsky (amante del emérito y fallecida en circunstancias muy sospechosas), o Ruby Robacorazones (Karima El Mahroug) aquella menor asidua en las fiestas de bunga bunga que organizaba el pionero del trumpismo, Silvio Berlusconi.
Y no solo excesos sexuales, la degradación humana que alcanzan estos sujetos cuyo poder les proporciona impunidad llega a la monstruosidad. En el 2022 el documental Sarajevo Safari reveló cómo durante la guerra de Yugoslavia pagaban tarifas de 80.000 y 100.000 euros para hacer turismo de guerra y poder disfrutar del asesinato de inocentes. Muchas veces, lo que no cuentan los periódicos, se cuenta en la ficción, en el cine estos casos se ven con frecuencia Blink Twice, Hostel, o Society, son algunos ejemplos. Y así, la verdad incómoda se recicla y pasa a ser una fama o rumor.
Desde los de los Borgia, hasta el Hollywood Babylon de Keneth Anger, desde el MeToo hasta los abusos en la iglesia, Epstein, Straus-Kahn, Harvey Weinstein, Berlusconi y tantos otros, su estilo de vida no era ningún secreto. ¿Cómo es posible entonces, que cuando por fin se documenten algunos de estos casos, más allá de sus protagonistas, no pase nada? En lugar de aclarar el rostro oculto y cruel del sistema, se consigue lo contrario, con el escándalo se deja fuera de juego al rival, pero no se hunde el sistema. El suceso subvierte lo periódico y lo convierte en fortuito, la noticia al enfocar los hechos oculta la norma, y al centrarse en los detalles, lo estructural es silenciado por lo anecdótico. Finalmente, son solo algunos casos que gracias a la imparcialidad de los medios se han resuelto, y aquí paz y después gloria.
No. No son casos ni cosas que pasan, es la manifestación más clara y notable de la alianza criminal entre el capitalismo y el patriarcado. El capitalismo, al convertir todo en mercancía, es la forma más depurada de explotación y es por eso que las formas previas de opresión, esclavitud y violencia se conjugan tan bien con el capitalismo. En el corazón del patriarcado está la cultura de la violación, esto es, soy un hombre luego hago lo que quiero y tomo lo que quiero, si no fuera así, entonces no sería un hombre de verdad. El resto de los machos lo saben y lo asumen, se protegen porque piensan igual. Y en el centro de esta sencilla lógica, el sexo, la pulsión más básica convertida en un ejercicio de dominación que sirve a la cultura masculina como retribución natural del estatus. Soy mejor atleta, follo más, tengo un coche más caro, follo más, gano más dinero, follo más, soy más famoso, follo más, y así todo, poder, masculinidad y sexo se refuerzan mutuamente. El sexo entendido como dominación, ya sea por la fuerza, por la coacción, por el interés, por obediencia, etc., se convierte en la manera de capitalizar el poder, y a más poder, más abuso, abuso de empleadas, abuso de alumnas, abuso de aspirantes en un casting, a una beca o a un trabajo, abuso de familiares… y cómo no, abuso en una isla hecha para abusar, el resort de los ricos para realizar las fantasías miserables de cualquiera hombre con poder. Los sueños de los ricos que al realizarlos son las pesadillas de toda la humanidad.

