En una conversación con el periódico alemán Die Welt, la principal diplomática de la Unión Europea, Kaja Kallas, ha anunciado la lista de sanciones de mayor alcance desde el comienzo de la Guerra de Ucrania. “El número de personas, empresas y organizaciones rusas sancionadas aumentará inmediatamente en un tercio”, promete Kallas. La presión debe intensificarse “hasta que Rusia termine la guerra”, añade (*).
Kallas sigue los pasos de Trump. No solo quiere continuar el curso autodestructivo de la Unión Europea, sino también intensificarlo. La comisaria cree en un milagro que nunca se ha conocido a lo largo de la historia. Cree que, a pesar de ganar la guerra, Rusia debería rendirse y acceder a las exigencias de Ucrania.
Como eso no va a ocurrir en ningún caso, mantener la absurda política de Bruselas significa la extensión de una guerra que Ucrania no puede ganar y que crea sufrimientos todos los días, especialmente a los ucranianos.
Las sanciones de la Unión Europea se extienden a los ciudadanos europeos que no opinan como Kallas y que son castigados al ser etiquetados como “prorrusos”.
Ya antes de suceder a Josep Borrell en el cargo, Kallas mantenía una actitud fanática hacia Rusia y exigía una victoria militar en la guerra. Para ella las conversaciones de alto el fuego no tienen ningún sentido, lo que equivale a reconocer su propia inutilidad. Si la Unión Europea puede ganar la guerra a Rusia, ¿para qué reurrir a la diplomacia?
En mayo, Kallas, que es uno de los caballos de Troya de Estados Unidos en Bruselas, defendió el viejo plan de la CIA: dividir a Rusia en estados más pequeños después de la victoria militar de Ucrania.
En 2010 se convirtió en miembro del Partido de la Reforma liberal económica, del que hasta 2004 su padre Siim Kallas era presidente. En realidad, Kallas padre era un renegado del PCUS, en el que militó desde 1972. Trabajó en el Ministerio de Economía de la República Socialista Soviética de Estonia y fue director de la sucursal estonia del Sistema Público de Cajas de Ahorro Laboral entre 1986 y 1989.
La caída de la URSS le convirtió en un tránsfuga. De 2002 a 2003 fue primer ministro de Estonia y partidario furibundo de la adhesión del país a la OTAN.
Cuando en 2014 su hija fue elegida para el Parlamento de la Unión Europea, continuó asumiendo su mandato como miembro del Partido de la Reforma. A principios de 2021 se convirtió en la primera mujer que fue nombrada primera ministra de Estonia.
A principios de 2024, ordenó el desmantelamiento de los antiguos monumentos soviéticos en Estonia. “En un mundo lleno de violencia, el pacifismo sería un suicidio”, dice Kallas, también obsesionada por lo que califica como “codicia geopolítica de Rusia”. Está en contra de hacer “concesiones” a Putin, porque “un dictador solo entiende la fuerza”.
Es una defensora a ultranza del nuevo “muro oriental” contra Rusia. La Unión Europea se desentiende de Ceuta pero quiere establecer una línea de protección fronteriza que sirva de barrera contra Rusia, como si ese fuera el único problema realmente importante que tiene Europa.
El traslado de Kallas a Bruselas fue consecuencia de su fracaso político en Estonia. En las elecciones europeas, su partido terminó en tercer lugar con un 18 por ciento de los votos.
(*) https://www.welt.de/politik/ausland/plus6a8174ece2db31c634130935/russlands-krieg-das-ist-systematischer-terror-jetzt-plant-bruessel-seinen-weitreichendsten-schlag.html


