Infancia asesinada mientras los asesinos dan discursos en la ONU

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Infancia asesinada mientras los asesinos dan discursos en la ONU

Hay cifras que deberían detener el mundo y, sin embargo, el mundo sigue girando como si nada. Más de 64.000 niños y niñas muertos o heridos en dos años de guerra. Más de 20.000 menores asesinados desde octubre de 2023. Cerca de 21.000 niños discapacitados o amputados. 56.000 huérfanos de uno o ambos progenitores. Estos no son números: son la infancia entera de un pueblo, borrada a propósito, con precisión militar y sin una sola gota de vergüenza por parte de quienes la ejecutan.

77 países le dieron la espalda al genocida.

Mientras el mundo entero conoce estas cifras, Netanyahu tuvo la desfachatez de subirse a la tribuna de la Asamblea General de la ONU. Y el mundo, por una vez, respondió con algo parecido a la dignidad: 77 delegaciones abandonaron la sala antes de que el genocida abriera la boca. El criminal, lejos de entender la magnitud del rechazo, tuvo el cinismo de llamar «cobardes» a quienes se negaron a dignificar con su presencia el discurso de un carnicero de niños. España, por su parte, ni siquiera acudió a la cita.

Esta es la lista de la vergüenza que él querría borrar y que nosotros vamos a repetir todas las veces que haga falta, porque cada uno de estos países dijo con los pies lo que muchos gobiernos occidentales no se atreven a decir con la boca:

Países árabes (18): Palestina, Jordania, Líbano, Irak, Arabia Saudí, Catar, Kuwait, Omán, Yemen, Siria, Egipto, Sudán, Túnez, Argelia, Libia, Mauritania, Somalia y Comoras.

Asia y Turquía (14): Turquía, Irán, Pakistán, Afganistán, Bangladés, Indonesia, Malasia, Brunéi Darussalam, Maldivas, Myanmar, Corea del Norte, Turkmenistán, Uzbekistán y Kirguistán.

África no árabe (20): Sudáfrica, Senegal, Yibuti, Angola, Congo, República Democrática del Congo, Liberia, Eritrea, Chad, República Centroafricana, Madagascar, Níger, Botsuana, Uganda, Lesoto, Esuatini, Guinea Ecuatorial, Mozambique, Namibia y Kenia.

América Latina y el Caribe (17): Nicaragua, Cuba, Brasil, Surinam, Panamá, Venezuela, Antigua y Barbuda, Belice, Barbados, Colombia, Dominica, Perú, Santa Lucía, Bahamas, Bolivia, Guyana y Chile.

Europa (6): Macedonia del Norte, San Marino, Eslovenia, Bosnia y Herzegovina, España e Irlanda.

Oceanía (2): Tuvalu y Tonga.

Setenta y siete países, de todos los continentes, del Sur Global y también de Europa, dijeron basta. Frente a ellos, Estados Unidos aplaudió a Netanyahu cuando mencionó a Trump, en una imagen que lo dice todo sobre quién sostiene al verdugo. Y el presidente palestino, Mahmud Abbas, ni siquiera pudo dar su propio discurso porque Washington le vetó la entrada al país. Esa es la «democracia» y las «reglas internacionales» que Occidente predica y jamás cumple cuando el crimen lo comete su aliado favorito.

Una guerra contra los niños.

UNICEF no ha tenido reparos en llamar a esto lo que es: una guerra contra los niños. En unos pocos meses, Gaza ha registrado más muertes infantiles que cualquier otro conflicto del planeta en años recientes. Más de un niño muere cada hora, según Save the Children. No hay eufemismo diplomático capaz de disfrazar esa cifra. No hay «daño colateral» que la explique. Es exterminio sistemático, y quienes lo permiten callando son cómplices.

 

El hambre como arma de guerra

Más de cien niños y niñas han muerto en Gaza exclusivamente por desnutrición y hambre, consecuencia directa del bloqueo israelí que impide el paso de la ayuda humanitaria necesaria. Israel no solo bombardea: también mata de hambre, deliberadamente, a una población entera, utilizando la comida como arma. Esto tiene un nombre en el derecho internacional, y ese nombre es crimen de guerra. Pero el «ejército con menos moral del mundo» nunca ha necesitado justificación jurídica para sus crímenes, solo el silencio cómplice de las potencias occidentales.

Cuerpos mutilados, infancias robadas.

Miles de menores permanecen desaparecidos bajo los escombros o han quedado sin ningún referente familiar, lo que hace imposible siquiera contar con exactitud a todas las víctimas. Alrededor de 21.000 niños y niñas han quedado discapacitados o amputados como consecuencia directa de los ataques del ejército israelí. Son cuerpos infantiles que cargarán de por vida las marcas físicas de una limpieza étnica que Occidente sigue sin llamar por su nombre.

Tortura a menores: la barbarie sin límites.

La ONU ha acusado al ejército israelí de violar los derechos de la infancia a una escala masiva y sin precedentes. Se han denunciado violaciones y torturas contra menores, incluido el uso de cigarrillos para provocar quemaduras. Niños liberados de centros de detención israelíes han relatado torturas físicas y psicológicas durante su cautiverio. Esto no es una guerra: es la tortura sistemática de criaturas, documentada por organismos internacionales, mientras los gobiernos occidentales siguen vendiendo armas al verdugo.

Shajareh Tayyebeh: el nombre que no debemos olvidar.

Al menos 180 niñas perdieron la vida tras un bombardeo de Estados Unidos contra el centro educativo Shajareh Tayyebeh. Tenían entre 7 y 12 años. Iban a la escuela. UNICEF y la ONU denunciaron la brutalidad del ataque, pero ya sabemos que las palabras de condena internacional, sin consecuencias reales, no valen nada frente a la impunidad de Israel y su principal patrocinador, Estados Unidos.

No hace falta esperar a los tribunales para condenar el genocidio.

Se están documentando estos maltratos para su posible oficialización como crímenes de guerra. Está bien que se documenten, que quede constancia para la historia y para la justicia futura. Pero seamos claros: no necesitamos que ningún tribunal internacional certifique lo que ya sabemos con nuestros propios ojos. El genocidio no espera papeles para ser genocidio. Y quienes hoy callan, quienes hoy siguen enviando armas, quienes hoy anteponen sus intereses geoestratégicos a la vida de un solo niño palestino, serán juzgados por la historia con la misma dureza que los verdugos a los que sostienen.

La clase trabajadora del mundo no puede mirar hacia otro lado. Palestina resistirá, como resistió Vietnam, como resiste Cuba, porque la dignidad de un pueblo no se bombardea ni se mata de hambre. Nuestra solidaridad internacionalista con la infancia palestina no puede ser solo un lamento: tiene que traducirse en boicot, en denuncia, en organización.

 

Até a vitoria sempre!

 

André Abeledo Fernández

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