
Cuando es imposible desconocer la barbarie imperialista que sacude a la Humanidad, seguir mirando a otro lado es una clara forma de complicidad con ella.
Escudarse en la neutralidad o la ignorancia, no es una opción aceptable cuando genocidios como los que, desde hace décadas, sufren Palestina y Cuba, aunque no sean los únicos, son imposibles de ocultar y exigen la acción más contundente para ponerles fin de inmediato.
Así las cosas, el VI Pleno del CC , reunido en Madrid los días 19 20 de septiembre de 2026, sitúa que, frente a esta realidad opresora y criminal que aumenta día a día, no hay más alternativa que el compromiso de las masas para hacerle frente y transformarla.
En ese sentido, manifestamos que la necesidad histórica que nos convoca con urgencia a toda la militancia del campo revolucionario y antiimperialista, es propiciar el proceso político y social desde el que organizar la respuesta radical que exige una agresión de estas dimensiones para confrontarla abiertamente.
Digámoslo claro, es imperiosa la necesidad de organizarse y de avanzar hacia el otro único mundo posible: El Socialismo.
El Capitalismo, como ya lo hizo en su anterior gran crisis del Siglo XX, avanza hacia el fascismo para defender los mismos intereses de clase.
Determinados por la caída tendencial de la tasa de ganancia que inevitablemente condiciona sus cuentas de resultados, los grandes monopolios exigen todo el Poder para poder seguir concentrando riqueza y dominación por encima de cualquier consideración social o formalidad democrática.
Su política, la que imponen las grandes corporaciones a todos los gobiernos sometidos a sus mandatos para tratar de hacer frente a la crisis, es cada día más despótica y ajena a cualquier formalidad democrática o consideración social, esla misma dictadura del gran capital de siempre, que ladrando proclamas anticomunistas, racistas y misóginas para imponer su terror, habla de libertad mientras reprime, miente y asesina aprovechando toda las estructuras represivas de los estados y de sus organizaciones militares. Su libertad con minúsculas, la que proclaman desde sus omnipresentes medios de propaganda, es la de explotar, robar, destruir y asesinar para intentar recuperar la tasa de ganancia de gran capital y someter a las masas trabajadoras.
La necesidad de imponer guerras y bloqueos o ejecutar magnicidios y secuestros, usados como herramientas para liquidar servicios públicos y recortar derechos civiles, propiciar la destrucción medioambiental, negar la soberanía de los pueblos, profundizar la destrucción cultural de las sociedades, mercantilizar la vida humana…, es la expresión política de la sinrazón de la defensa de los intereses de una exigua minoría de capitalistas por encima de los de la inmensa mayoría de la Humanidad.
Es la falsedad de una sociedad que, pese a los importantes consensos sociales y culturales que aún conserva mediante la alienación, la mentira y el miedo, es preciso superar para poder entrar en un estadio de desarrollo social y civilizatorio superior desde el que colocar a los seres humanos y el Planeta en el vértice de todas las decisiones.
Ese es el gran reto que hay que asumir y trascenderlo a la realidad de la lucha de clases organizando una, cien, mil…estructuras de base del movimiento obrero y popular con las que facilitar la lucha de la clase obrera y los pueblos y levantar una barricada de combate en la que encontrarnos para transformar la sociedad.
Hagámoslo así porque todo lo que no se oriente en ese sentido y trate de alargar la existencia de este Sistema decadente y en crisis, tratando de propiciar una gestión difererente, solo ayuda a confundir y consolidar un Poder que no merece ni un minuto más de vida.
EL PCPE no acepta el mal menor, la lucha es hasta la victoria.
Cuando todos los derechos y libertades, arrancados a la burguesía en décadas de lucha obrera y popular, se ven amenazados por las exigencias del Capital, limitarse a defender el mal menor es aceptar la derrota de antemano y una traición a la clase obrera.
Si el capitalismo lo exige todo y ya es incapaz de ofrecer nada positivo a los intereses y necesidades de las masas trabajadoras, volver a caer en la trampa de la socialdemocracia de limitarse a elegir al gestor que menos miedo da, renunciando a plantarle cara a los planes de los monopolios, es un gravísimo error con fatales consecuencias.
Enfrentar sus agresiones a todos los niveles, impulsando y organizando las estructuras del sindicalismo de clase y del movimiento popular necesarias, es requisito para no aceptar las políticas del pacto social y conciliación de clases en las que siempre pierden los de siempre.
Una realidad que también se expresa cuando, en medio de la creciente crisis de representatividad del Régimen del 78 y todo su entramado institucional, la única alternativa que se plantea por parte de las diversas expresiones de la socialdemocracia y el reformismo, es defender las decadentes e ineficaces formalidades democrático burguesas de la Constitución y la Unión Europea, porque se ven amenazadas por la ola reaccionaria que representan PP y VOX.
El error de depositar esperanza alguna en la gestión de las instituciones para transformar la realidad del pueblo trabajador y frenar el avance del fascismo, ha quedado sobradamente demostrado en estos ocho años de gobierno de coalición PSOE/Podemos/Sumar/IU/PCE en los que, pese a algunas leyes puntuales de alcance muy limitado en el ámbito de los derechos civiles, toda la legislación sobre la que ha venido armando la dictadura del capital en el último periodo ha permanecido inalterable. Leyes como la Mordaza o las de Extranjería y la Antiterrorista, se ven acompañadas de las contrarreformas laborales y marcos legislativos que ahondan en la privatización de la sanidad, educación y el Sistema Público de Pensiones, sin que se haya tocado ni una coma de ninguno de ellos. Añadamos a esta situación la pésima gestión forestal, el consentimiento de episodios como los de Torre Pacheco y Ceuta, la persecución de migrantes, las muertes y accidentes laborales, el encarecimiento de los productos básicos, la desvalorización creciente de la fuerza del trabajo, los desahucios diarios amparados por la Ley y la Constitución, el aumento paulatino de la edad de jubilación mientras se le niega el futuro a la juventud, los sempiternos ERE’s, la renovación de los franquistas “Acuerdos de cooperación con EEUU”, el mantenimiento del privilegio y el sostén económico de la Iglesia Católica en una falaz laicidad del estado, un creciente gasto militar en el marco de una innegable economía de guerra, la constante represión a quienes luchan y defienden sus derechos, el mantenimiento de relaciones diplomáticas y comerciales con la Entidad sionista… y la conclusión es evidente: el día a día de la clase obrera y los sectores populares, la realidad material que enfrenta cada mes tras pagar la hipoteca o el alquiler, no solo no ha mejorado, sino que ha empeorado.
Por ello es que en el PCPE no lucha por ninguna aritmética parlamentaria al margen del desarrollo de la lucha de clases y la organización de un fuerte movimiento obrero y popular que enfrente las políticas del Capital.
Nuestra prioridad no se limita contar los escaños de un Parlamento cada día más irrelevante y subsumido a los intereses de los verdaderos poderes fácticos del Estado.
Ningún cielo se toma por asalto desde las instituciones, pero tampoco es posible garantizar Paz, Techo y Trabajo si no es luchando en las calles y centros de trabajo.
República, Autodeterminación y Socialismo expresan con claridad la referencia de organización y lucha desde la que es posible volver a levantar la convocatoria de masas con la que construir el necesario poder del nuevo Estado obrero que ponga fin a esta tragedia burguesa y centralista que se inició el 18 de julio de 1936, ahogando en sangre las aspiraciones de Libertad y Justicia de la clase obrera y el campesinado de los pueblos de España.
El compromiso de unir todas las fuerzas necesarias para este propósito y ser capaces de convertirlo en una realidad material porque es asumido por las masas que lo protagonizan organizándose en multitud de estructuras de base del Frente Obrero y Popular por el Socialismo, es el llamamiento que situamos como prioridad programática a la totalidad de la militancia comunista y revolucionaria de los pueblos y naciones del Estado y la responsabilidad que asume el PCPE y la JCPE con más urgencia que nunca.
LLEGÓ LA BARBARIE, LUCHEMOS POR EL SOCIALISMO.
PAZ, TECHO, TRABAJO.
TU LUCHA DECIDE

