Quien vota contra el escudo social vota contra sí mismo
Puedo entender que la gente vote pensando solo en defender sus intereses, sin empatía y sin pensar en los demás. Lo entiendo porque vivimos en una sociedad donde cada uno va a lo suyo y casi nadie se detiene a pensar en el sufrimiento ajeno. Y entiendo, por tanto, que un dueño de los medios de producción, un miembro de la nobleza, un rey, un terrateniente, un duque, un multimillonario o un gran empresario vote a la derecha y a la ultraderecha. Ellos sí defienden sus intereses: quieren que todo sea un negocio en nuestras vidas, incluidas la sanidad, la educación y las pensiones, porque eso da muchísimo dinero. Es bueno para ellos. No lo es para la inmensa mayoría de la población.
Lo que no entiendo.
Lo que no entiendo es que vote así quien no es uno de esos grandes tenedores ni dueño del sistema. Por mucho salario que tengas, si vivieras en un país sin sanidad pública y te diagnosticaran un cáncer, no podrías pagar el tratamiento, ni el tuyo ni el de tu hijo, sin endeudarte hasta la ruina. Por bien que te vaya hoy la vida, no sabes cómo te irá mañana, ni si enfermarás y no podrás seguir trabajando, ni qué será de tus hijos y de tus nietos.
Por eso, aunque solo sea por interés propio, deberías querer una sociedad con justicia social y con un escudo que proteja a quienes sufren un accidente o una enfermedad. Es un lugar mejor para vivir y, además, más seguro: donde hay menos desigualdad, hay menos delincuencia. Es lógico. Cuando no hay grandes abismos y la gente no lo está pasando mal, el delito disminuye. Eso nos beneficia a todos y, precisamente, todo lo que beneficia a la mayoría es lo que una minoría quiere convertir en negocio.
El consumidor no es el capitalista.
Cualquier trabajador, autónomo o pensionista que vota a esta gente creyéndose capitalista vive en una gran ignorancia. El capitalista es el dueño de los medios de producción, el que fabrica el dinero. Los demás somos consumidores y consumimos mientras tengamos dinero. Cuando no lo hay, no hay consumo.
Los modelos de Abascal.
Abascal nos ha dicho con claridad que sus modelos son Estados Unidos y Argentina. Veamos cómo se vive allí. Veamos si un paciente oncológico puede pagarse el tratamiento y cómo se llega a la vejez, cuando hay cajeros de supermercado que siguen trabajando con 90 años. ¿De verdad queremos esa sociedad? ¿Creemos que a nosotros no nos va a tocar? ¿Que nadie de nuestra familia enfermará? ¿Que nunca nos van a despedir?.
Porque esta gente también pide el despido libre y gratuito, cuando incluso en Europa se señala que, en el Estado español, el despido ya es demasiado barato y los trabajadores están desprotegidos. ¿Estamos de acuerdo en quedarnos sin ninguna protección frente al abuso?.
Las mutuas y los médicos con incentivos.
Feijóo quiere que las mutuas den las altas. Quienes conocemos el mundo laboral sabemos que las mutuas no están para cuidar nuestra salud: están para que los trabajadores trabajen enfermos, para restar importancia a nuestras dolencias, para negar su origen laboral y para ahorrar dinero a las empresas. Son entidades, entre comillas, públicas, que manejan dinero público, pero son privadas y tienen directivos multimillonarios. Cuando empiecen a dar altas, ¿cuánta gente con lesiones tendrá que ir a trabajar?.
Y el delfín de Feijóo en Galicia propone un plus económico para los médicos que den menos bajas o más altas. Existe el juramento hipocrático: la obligación del médico es cuidar la salud de las personas, no cobrar más o menos según el dinero que le ahorre al Sergas y a la Xunta. Nuestras vidas no pueden ser un negocio, ni nuestra salud, una carta con la que jugar. Cuando nuestro cuerpo esté roto, ¿qué se hace? ¿Se nos da una patada? ¿Se espera a que nos muramos? ¿O se hace como con el caballo Boxer de Rebelión en la granja, que, tras trabajar toda su vida por una sociedad mejor, cuando enferma es enviado a la fábrica de pegamento y, encima, es vendido?
Los verdaderos caraduras.
Os pido simplemente que defendáis vuestros intereses. Que penséis en vuestros hijos, en vuestros nietos y en vuestros abuelos; ya que no os importa nadie más, que os importen ellos. La salud se tiene hoy y se pierde mañana. Todos vamos a enfermar y todos vamos a tener problemas. Una sociedad mejor es aquella que ofrece un colchón a quien sufre un golpe.
Los sinvergüenzas y los caraduras no son, en su mayoría, los trabajadores. Son los empresarios que tienen a alguien contratado por cuatro horas, pero lo hacen trabajar ocho; que pagan en negro, que no respetan los derechos y que, además, hacen competencia desleal a quienes cumplen. El problema no es el migrante que trabaja doce horas a tres euros la hora. El problema es el delincuente que lo tiene en esas condiciones y que nos tendría igual a nosotros si pudiera.
Votar con la nariz tapada y después organizarse.
Si el PP, Vox, Junts, Aliança Catalana o el PNV llegan a gobernar, da igual que sean la derecha catalana o la española: lo que no vamos a tener son derechos ni derecho a una vida digna. Yo no soy socialdemócrata, no soy del Partido Socialista y no puedo ni ver a Sumar. Pero tengo claro que no puedo votar a mi enemigo declarado. Votaré con la nariz tapada a quien me parezca menos malo y después seguiré defendiendo que tendremos que reorganizar a las trabajadoras y los trabajadores para que existan organizaciones que de verdad defiendan nuestros intereses y no nos traicionen una y otra vez.
Pero primero hay que parar a quienes vienen a por todo. Y después, o los ponemos a trabajar por una sociedad mejor o les damos la patada.
¡Até a vitoria sempre!
André Abeledo Fernández

