La hucha de las pensiones y la mentira del sistema quebrado.

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La hucha de las pensiones y la mentira del sistema quebrado.

Vox lo dice sin tapujos: no cree en el sistema público de pensiones. Y el Partido Popular, con más cuidado en las formas, juega en la misma dirección. Hablan de privatizar, de capitalización, de modelos como la mochila austriaca, y lo justifican con una gran mentira: que el sistema está quebrado. No lo está. Lo que ocurre es que a una minoría le interesa que lo parezca, porque unas pensiones públicas son un derecho y unas pensiones privadas son un negocio.

Quién vació la hucha.

Conviene poner sobre la mesa quién dejó casi vacío el Fondo de Reserva de la Seguridad Social. Esa hucha existía porque durante años hubo superávit: se había ahorrado y, en 2011, acumulaba más de 66.000 millones de euros. Con Mariano Rajoy se fue gastando hasta dejarla prácticamente a cero. La decisión fue política: cuando los ingresos se hundieron por el paro y los salarios bajos que trajo su reforma laboral, el Gobierno del PP optó por tirar del ahorro en lugar de reforzar la financiación del sistema. Después vinieron a decirnos que no hay dinero.

Dos formas de entender las pensiones.

Hay dos formas de entenderlas. Una es como un derecho: el de cualquier ciudadano a una vejez digna, a una vida digna y a una muerte digna. Un descanso al final de una vida de trabajo, no en la miseria absoluta, sino con una cierta comodidad. Si la vida es solo sobrevivir, merece mucho menos la pena que si la vida es vivir.

La otra es la de la derecha: un gasto que recortar.

Pagar el pato, otra vez.

Hay dos formas de volver a llenar la hucha. La de la derecha es bajar las pensiones, igual que quiere bajar los salarios, para que paguemos el pato los de siempre y los de siempre sean aún más ricos. La brecha entre ricos y pobres no deja de crecer y cada vez hay más millonarios. La macroeconomía va muy bien; lo que va mal es la microeconomía, la de nuestras casas.

La otra forma es la que debemos tener los trabajadores en la cabeza: ganar más. Un salario más alto no solo nos permite pagar la vivienda, llegar a fin de mes, alimentar a la familia en condiciones y tener algo de ocio. También significa que, con el mismo porcentaje de cotización, entra más dinero para pagar mejores pensiones. La manera de tener mejores pensiones es tener mejores salarios.

No cotizas para tu pensión.

Hay que recordarle a mucha gente que, cuando cotiza hoy, no está cotizando para su propia pensión: está pagando las pensiones actuales. Si no las mejoramos, cuando a esa persona le toque cobrar, dará igual que haya cotizado 30, 40 o 50 años. Si bajan las pensiones, bajarán para todos. Por mucho que te hayas roto el pecho, por mucho que hayas votado a la derecha.

Necesitamos salarios más altos y más gente trabajando para sostener el sistema. Y eso es justo lo que no quiere la derecha. Por eso, lo que no quiere la derecha es lo que debemos querer nosotros. Aquí cada uno defiende lo suyo. Nosotros debemos defender nuestros derechos; ellos, los oligarcas que dirigen la derecha, no defienden solo sus intereses, sino también sus privilegios.

Qué es la mochila austriaca.

Se puso en marcha en Austria en 2003 y, como explica el economista de Fedea José Ignacio Conde-Ruiz, sustituyó a las indemnizaciones por despido. Cada trabajador tiene una cuenta individual de capitalización a la que la empresa aporta una pequeña parte de su salario bruto. Si lo despiden, en lugar de una indemnización, cobra lo acumulado. Se llama «mochila» porque el fondo acompaña al trabajador aunque cambie de empleo: si lleva cuatro años en una empresa y lo ficha otra, se lleva su dinero.

Y si nunca lo despiden, ese dinero queda para su jubilación, como una especie de fondo de pensiones individual, gestionado por fondos públicos o entidades financieras que invierten mientras tanto. Ahí está la clave: el dinero deja de ser de todos y pasa a ser de cada uno y de quien lo gestione.

La mochila austriaca ya estaba escrita en su programa de 2023

No hablo de una ocurrencia. En su programa económico de 2023, el PP se comprometía a introducir «cuentas individuales portables» para los trabajadores, que podrían usar ante diversas contingencias de su vida laboral. Es una frase escueta y, precisamente por eso, inquieta: no dice quién pone el dinero, cuánto ni qué ocurre con lo que hoy nos protege. Y su dirigente Cuca Gamarra fue más clara en el debate de la reforma laboral, cuando prometió que el PP, con mayoría absoluta, implantará la mochila austriaca.

Una cuenta individual, por muy portable que sea, es lo contrario de un sistema común: lo que va a mi cuenta no sirve para pagar las pensiones de hoy ni protege al compañero que cobra menos que yo.

Qué pasaría con el despido

Todas las voces coinciden en que la mochila austriaca, o una fórmula parecida, supondría una reforma sustancial del sistema de despido, aunque el PP no ha dado detalles. En Austria llegó de la mano de la eliminación de las indemnizaciones, y Antonio González, de Economistas Frente a la Crisis, subraya que Feijóo debería aclarar si quiere lo mismo.

Hoy en España, la indemnización es de 33 días por año trabajado, con un máximo de 24 mensualidades, en el despido improcedente (eran 45 días hasta la reforma laboral de 2012 del PP). Es de 20 días por año, con un máximo de 12 mensualidades, si el despido es procedente, y de 12 días por año en los contratos temporales. Si desaparece cualquier indemnización en el momento de despedir, la empresa deja de afrontar un coste al hacerlo, y eso puede aumentar los despidos. Es uno de los principales riesgos del modelo. Y la indemnización que pagaría ya no sería una sanción a la empresa: sería el dinero del propio trabajador.

La solución es repartir mejor

La solución no es que los pobres sean más pobres, los ancianos tengan peores pensiones y los trabajadores, peores sueldos. La solución es un reparto más equitativo de la riqueza, para que haya mejores salarios y, con ellos, mejores servicios públicos y mejores pensiones.

Esto, la verdad, no es ninguna medida comunista. Es una medida de sentido común.

 

¡Até á vitoria sempre!

 

André Abeledo Fernández

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