La basura se ha convertido en una cuestión estratégica de la economía mundial

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Antaño, los esfuerzos de reciclaje estaban motivados por la preocupación ante la contaminación. Ahora, en plena carrera mundial por conseguir las materias primas necesarias para construir una economía de alta tecnología, la basura y la “economía circular” se han convertido en una cuestión estratégica.

Pronto se desguazará y reemplazará un número creciente de vehículos eléctricos. El triturado de sus baterías genera “masa negra”, un polvo del que se pueden recuperar metales valiosos, como el litio, el cobalto y el níquel. A partir del próximo mes, la Unión Europea endurecerá las normas para la exportación de estos residuos. Actualmente, la mayor parte se envía a Asia. El objetivo es fomentar el reciclado de la “masa negra” en Europa. En agosto, Estados Unidos —que ha prohibido los vehículos eléctricos chinos pero sigue importando grandes cantidades de baterías chinas— bloqueó todas las exportaciones de “masa negra”.

Según la Agencia Internacional de Energía, la “masa negra” podría satisfacer entre el 20 y el 30 por cien de la demanda mundial de metales para baterías de aquí a 2050. El país genera más basura que cualquier otro lugar: alrededor del 15 por cien de los residuos municipales del mundo (desde el contenido de los cubos de basura domésticos hasta los desechos de barrido urbano) y más de una cuarta parte de los residuos industriales (como escombros de demolición, efluentes de fábricas, chatarra, escoria y cenizas).

Además, China cuenta con una amplia experiencia en la gestión de residuos y está impulsando con fuerza sus industrias de reciclaje, no solo para asegurar el suministro de materias primas para baterías, sino también de tierras raras y otras.

En la década de los ochenta, China comenzó a importar residuos, aceptando equipos, papel y plásticos que los países occidentales desechaban. Surgió un vasto sector de reciclaje informal, encabezado por recolectores que rebuscaban entre montones de basura. Gran parte de esos desechos acababa en vertederos o se quemaba al aire libre, liberando sustancias químicas tóxicas y generando una niebla contaminante nociva.

La guerra contra la contaminación de China

Un documental chino de 2011 reveló que los residuos orgánicos de los vertederos de los alrededores de Pekín se transformaban en aceite que luego se vendía a restaurantes. En 2013 el gobierno de Pekín declaró la “guerra a la contaminación” y presentó su primer plan integral para crear una economía circular. Se dispuso que los residuos electrónicos se enviaran a nuevas zonas de “minería urbana” para su desmantelamiento. La basura doméstica se destinó a plantas especializadas para su incineración con fines energéticos. La proporción de residuos depositados en vertederos comenzó a disminuir.

En 2017 inició la “Operación Espada Nacional” para frenar la mayor parte de las importaciones de plásticos. En 2021 se prohibió la importación de cualquier tipo de residuo sólido. Los medios proclamaron a bombo y platillo que China ya no era un vertedero. En los últimos cinco años, la mayoría de las ciudades ha implementado sistemas obligatorios de clasificación de los residuos domésticos.

Las grandes ciudades son más limpias, pero sus zonas rurales más pobres a menudo siguen plagadas de basura. Ahora, el enfoque se está desplazando hacia el uso del reciclaje como una cuestión estratégica. En julio el gobierno publicó un plan para el desarrollo de la economía circular hasta el año 2030. “La importancia de la seguridad en el suministro de recursos ha cobrado un protagonismo creciente, al tiempo que las dinámicas geopolíticas […] se han vuelto complejas y críticas”, señala el plan.

China aspira a dominar la fabricación de alta tecnología en sectores que abarcan desde la robótica hasta las turbinas eólicas. Para lograrlo, debe garantizar el suministro de materias primas, ampliar las redes eléctricas y construir más centros de datos. Se requieren cantidades ingentes de aluminio, cobre, metales para baterías y tierras raras. Si bien China controla la mayor parte de la capacidad mundial de refinado de estos materiales, depende de las importaciones para obtener la mayoría de los minerales en bruto.

Por el contrario, los países occidentales buscan reducir su dependencia de las fábricas chinas y les preocupa que el país asiático intente restringir los suministros. China aspira a abastecerse de 510 millones de toneladas de materiales industriales anuales mediante el reciclaje para el año 2030, lo que supone un aumento de aproximadamente un tercio respecto a los niveles actuales. La parte más sencilla será incrementar el reciclaje de acero, cobre y aluminio, ya que se trata de una industria consolidada. Reciclar el plástico resulta algo más complejo, pero merece la pena para ayudar a China a reducir sus importaciones de petróleo.

El mayor desafío será gestionar la creciente marea de residuos electrónicos. Para 2030 China prevé generar anualmente medio millón de toneladas de residuos procedentes de turbinas eólicas, un millón de toneladas de baterías de vehículos eléctricos y entre 1,5 y 2 millones de toneladas de paneles solares; cifras que representan una parte considerable del total mundial.

El hecho de que China ya fabrique enormes cantidades de estos productos debería facilitar el reciclaje. Las fábricas pueden modificar los diseños para que los productos sean más fáciles de desmontar. Además, muchas de las técnicas empleadas en la fabricación de baterías (como el uso de ácidos y calor para aislar metales valiosos) se utilizan también en su reciclaje. Un ejemplo de ello es Catl, el mayor fabricante de baterías del mundo. La mayor parte de las ventas de esta empresa china se realiza en el mercado nacional, y los productos terminan siendo procesados ​​por una filial de CATL llamada Brunp, que es la mayor recicladora de baterías del mundo. Estas iniciativas han permitido a China desarrollar el 85 por cien de la capacidad mundial de reciclaje de baterías.

Inteligencia artificial al servicio del reciclaje

No obstante, persisten grandes desafíos. Gran parte de la capacidad de reciclaje de China permanece infrautilizada porque muchas baterías acaban en manos de chatarreros informales —que desperdician gran parte de los materiales valiosos que contienen— o simplemente son desechadas. En los últimos años, se han desmantelado varias bandas criminales dedicadas a organizar redes de recogida de baterías. Los paneles solares y las turbinas eólicas, que a menudo se instalan en zonas remotas del país, plantean un problema de recogida aún mayor. Los materiales valiosos que contienen (plata en los paneles solares y neodimio —una tierra rara— en las turbinas eólicas) se encuentran en cantidades reducidas, lo que complica su extracción.

En 2024 el país creó una nueva empresa pública denominada China Resources Recycling Group para coordinar y optimizar las iniciativas de reciclaje, centrándose en productos de tecnologías limpias. Las plantas de reciclaje han comenzado a utilizar inteligencia artificial para realizar la clasificación de manera más eficiente. En abril se exigió a los fabricantes de baterías y vehículos eléctricos que asignaran identificadores digitales a sus productos para rastrearlos a lo largo de su ciclo de vida. Asimismo, se les ha hecho legalmente responsables del reciclaje de las baterías que fabrican.

China busca aumentar la eficiencia del reciclaje de tierras raras, un sector del que afirma suministrar actualmente el 10 por cien del total. En la actualidad, este proceso resulta mucho más costoso que la extracción a partir de materias primas. No obstante, las empresas chinas de tierras raras —en su gran mayoría de propiedad publica— no dependen de la viabilidad económica en todos los casos.

Además, para garantizar el abastecimiento de sus plantas de reciclaje, China está retomando discretamente su antiguo papel en el comercio de residuos. Está levantando selectivamente las restricciones a la importación de ciertos desechos extranjeros. En 2024 flexibilizó las limitaciones a la importación de chatarra de cobre y aluminio. El año pasado comenzó a permitir la importación de “masa negra” y, en enero, redujo drásticamente los aranceles de importación de este material, pasando del 6,5 por cien al 3 por cien. El gobierno se ha comprometido a seguir aumentando las importaciones de materiales reciclados de “alta calidad” durante los próximos cinco años.

Ahora que Estados Unidos y Europa desean conservar sus residuos, lo más probable es que no puedan restar cuota de mercado al dominio de China en el reciclaje, cuyo coste fuera de China es elevado.

⟶https://www.economist.com/china/2026/10/13/china-is-turning-trash-into-treasure-on-a-vast-scale

Fuente: mpr21.info

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