Sonia Iruela (Unidad y Lucha).— Seis metros no les bastan. El Gobierno de España quiere doblar el calado del Muelle 1 de la Base Naval de Las Palmas de Gran Canaria hasta los doce metros, y ya ha puesto dinero encima de la mesa. En los primeros meses de este año, el ministerio de Margarita Robles licitó por doscientos mil euros la redacción del proyecto. Y no se queda ahí: el plan incluye también la futura ampliación de los Muelles 2 y 3. Nos lo venden como una obra técnica más, pero basta rascar un poco para ver de quién es el traje que se está cosiendo a medida.
Doce metros de calado sirven para una cosa muy concreta: que atraquen los buques de guerra más grandes que existen, portaviones incluidos. Lo que se está construyendo en el corazón de nuestra capital es un punto de apoyo para la OTAN en el Atlántico Medio. Otro paso, y no pequeño, en la militarización continuada de nuestras islas.
Las potencias imperialistas han aprendido la lección en el Estrecho de Ormuz. Allí han comprobado lo que le pasa a una armada sin bases logísticas donde repostar y reponer. El portaviones yanqui USS Abraham Lincoln se pasó casi ocho meses sin tocar tierra, y el resultado fue un barco muy deteriorado y una tripulación en conflicto. Ahora buscan puertos seguros por todo el mapa, y Canarias está justo donde les conviene.
Que nadie se trague el cuento de la necesidad. El puerto de Las Palmas de Gran Canaria tiene kilómetros de diques con calados muy superiores a los doce metros, donde podría amarrar cualquier barco de la OTAN, por grande que fuera. Si no les vale es porque lo que quieren es una instalación exclusivamente militar, lejos de los muelles comerciales y de miradas incómodas. Quien tenga memoria reconocerá la jugada: es la misma que intentaron con la Base Aeronaval de Arinaga en los años sesenta y setenta. El pueblo canario la paró entonces. La OTAN nunca renunció a ella.
La factura tampoco es menor. Hablamos de una obra de enorme complejidad técnica, de coste multimillonario, con un impacto brutal sobre toda la infraestructura portuaria de la isla. Y encima colocaría en pleno centro de la ciudad un objetivo militar de primer orden para cualquier conflicto. Lo hemos visto estos meses en Bahréin con la base de la V Flota estadounidense: donde se instala la maquinaria de guerra, llegan también los misiles. ¿Alguien le ha preguntado a los vecinos y vecinas de La Isleta si quieren vivir en la diana?
Mientras tanto, Canarias sigue encabezando las listas de pobreza y arrastrando los salarios más bajos de todo el Estado. Para muelles de guerra hay dinero; para vivienda, sanidad, educación o para sacar a miles de familias de la miseria, siempre falta. Ese dinero tiene que ir a las necesidades urgentes de nuestro pueblo y no a engrasar la maquinaria de guerra de otros.
La seguridad de Canarias no vendrá de convertir las islas en un portaviones anclado frente a África. Vendrá de un Estatuto de Neutralidad y de una política de hermandad y solidaridad con los pueblos de nuestro continente, lejos del chantaje colonialista y racista con el que las potencias imperialistas tapan su expolio de África y nos imponen aquí un capitalismo de servicios subordinado a sus intereses.
Por todo ello, el Comité Nacional del PCPC ha hecho pública una declaración en la que se opone radicalmente a las obras de ampliación de la Base Naval y llama al pueblo canario a la más amplia movilización contra la OTAN y sus guerras, y a organizar Comités Populares por la Neutralidad en cada sector y en cada barrio.
¡Fuera la OTAN de Canarias! ¡No a la ampliación de la Base Naval!


