Cuba denunció ante la ONU el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores, exigió su liberación inmediata, lamentó la muerte de 32 ciudadanos cubanos y reafirmó su plena solidaridad con el pueblo venezolano.
Cuba denunció ante la ONU el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores, exigió su liberación inmediata, lamentó la muerte de 32 ciudadanos cubanos y reafirmó su plena solidaridad con el pueblo venezolano.

Juan Luis Corbacho (Unidad y Lucha).— Que dice el periódico de la progresía que la excepción al embargo de armas al ente sionista denominado “Israel” genera un nuevo frente de tensión entre el PSOE y sus aliados.
A lo uruguayo diría que me ….un güevo, pero suena mal, aunque no mata, suena mal pero no asesina, suenan mal las palabras, pero no son las que hieren. Y éstas no mienten.
El gobierno más “pijo progre” de la historia no tiene vergüenza o siendo benévolos con ellos, no tienen un par de los consabidos y expresados más arriba para decir no al ente sionista y a su amo imperial.
Para colmo de males, nos la cuelan en el último consejo de ministros de 2025, el 23 de diciembre y sin que nos tocara más que la pedrea el día anterior.
Eso sí, no les mandamos armas,sólo dinero a cambio de sus armas: “el Ministerio de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes activó, por primera vez, la cláusula de excepcionalidad sobre el embargo de armas a Israel” y permite la compra de «determinado material de defensa y doble uso» destinado a una serie de «proyectos aeronáuticos».
O sea, que como no teníamos bastante con los rastreos del pegasus (virus sionista),las beepers bomba, el gobierno autoproclamado más progresista de la historia importó en mayo del 2025 el 78% de las armas y municiones enviadas por el régimen de Tel Aviv a la UE. Según el portal DataComex de la Secretaría de Comercio en total, entre octubre de 2023 y mayo de 2025, se ha importado al menos 54 millones de euros en armas, municiones, carros y vehículos blindados, de los que 29 millones corresponden a “armas y municiones” y ahora acabando el año premian a la entidad genocida con la compra de más material de defensa para proyectos aeronáuticos. Lo de doble uso, pues tampoco me entra mucho en la cabeza yendo dirigido al tema aeronáutico, o es software o hardware o son bombas de las que asustan pero no matan.
El tema tendría gracia si uno recuerda a los Hermanos Marx: – Haga el favor de poner atención en la primera cláusula porque es muy importante. Dice que… la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte. ¿Qué tal, está muy bien, eh?.
Pero es muy triste porque aún no somos imbéciles y es que cuando en el mes de septiembre, con el objetivo de ganar votos de la izquierda y ante la creciente presión de una opinión pública absolutamente movilizada a favor de la causa palestina y en las calles denunciando el genocidio y la pasividad de gobernantes y de la denominada comunidad internacional, se aprobó el real decreto ley de medidas urgentes contra el genocidio en Gaza y de apoyo a la población palestina, dejaron consciente y alevosamente a sabiendas, la puerta abierta incluyendo una disposición adicional que decía que el consejo de ministros podrá, excepcionalmente, autorizar la transferencia de material de defensa…
Una auténtica tomadura de pelo, un canto al sol para acallar a los izquierdistas de salón y a los reformistas de turno, una celada para embaucar a los reformistas incluidos en Sumar, como el PCE otanista y algún otro más, o para darles excusas. Al igual que nos toman el pelo al no derogar la franquista ley de secretos oficiales que ampara en impunidad el comercio con criminales de guerra.
La ministra fascistoide, Robles, justificó la medida en “interés comercial”, y es que el dinero es el dinero y con la última excusa de que así no se perderá empleo en Airbus (como recuerda a aquel alcalde de Podemos, el Kichi, cuando igualmente justificó la fabricación de barcos de guerra para la “democrática” Arabia Saudita). Que digo yo, que después de las exenciones tributarias que se conceden a las empresas por participar en Agrupaciones de Interés Económico (AIE) promotoras de proyectos de I+D, podrían hacerlas invertir en Airbús y no comprar más porquería a los psicópatas del ente sionista.
Sabrán los dioses o los santos la de comisiones que habrá de por medio. Ahí lo dejo.
El Ministerio de Salud informó este lunes que en estos 19 años del Pueblo Presidente se ha logrado una histórica reducción de la mortalidad materna, pasando de 93 muertes por cada 100 mil nacidos vivos en el año 2006 a 16 por cada 100 mil nacidos vivos en el año 2025, logrando una disminución del 83%.
Este avance es posible gracias al fortalecimiento sostenido del modelo de salud familiar y comunitario, que garantiza atención oportuna y gratuita a las mujeres durante el embarazo, el parto y el puerperio.
Destaca una nota de prensa que se sigue avanzado con amor, responsabilidad y fe, confirmando que en esta Nicaragua la salud materna es una conquista del pueblo y un compromiso de todos los días.



El Movimiento Patriótico Nacional de Sri Lanka elevó una voz de alerta ante la comunidad internacional, exigiendo a la Asamblea General y al Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la creación de un tribunal o mecanismo judicial autónomo.
Esta iniciativa busca investigar de manera exhaustiva las agresiones perpetradas por el Gobierno de Estados Unidos contra la soberanía de la República Bolivariana de Venezuela, las cuales califican como criminales.
A través de una misiva formal entregada en la sede de Naciones Unidas en la isla asiática, este bloque de organizaciones sociales subrayó la urgencia de iniciar un debate profundo sobre el asedio a la nación suramericana. Denuncian con firmeza los intentos de desestabilización y las maniobras que atentan contra las figuras del Ejecutivo venezolano, señalando que estas acciones constituyen una violación flagrante a la autodeterminación de los pueblos.
Para el movimiento esrilanqués, la gravedad de los hechos reportados trasciende las fronteras continentales, situándose en la categoría de crímenes de guerra bajo la lupa del derecho internacional. En este sentido, instaron a que se adopten resoluciones vinculantes que obliguen a la Casa Blanca a rendir cuentas, recordando que la justicia global debe aplicarse con imparcialidad y sin excepciones de poder político o económico.
La organización civil manifestó que la credibilidad del sistema multilateral se encuentra actualmente en una encrucijada peligrosa. Según su análisis, la aparente parálisis o falta de contundencia de los organismos mundiales para frenar el unilateralismo estadounidense solo contribuye a erosionar la confianza en el mandato de paz para el cual fue fundada la ONU tras la Segunda Guerra Mundial.
En el documento, los activistas de Sri Lanka exhortan directamente al Secretario General, António Guterres, a utilizar todas las herramientas legales que le otorga la Carta de las Naciones Unidas. Consideran imperativo convocar a una consulta multilateral que frene la escalada de hostilidades y proteja el marco jurídico que sostiene la estabilidad global, hoy amenazada por las sanciones y ataques directos contra Caracas.
El Movimiento Patriótico Nacional advirtió que permitir la impunidad en el caso venezolano sentaría un precedente nefasto para el resto de las naciones soberanas. La falta de una acción decidida hoy, podría normalizar las intervenciones unilaterales en el futuro, desmantelando por completo la seguridad colectiva y dejando a los países del Sur Global vulnerables ante las pretensiones de hegemonía imperialista.
El embajador Samuel Moncada afirmó ante el Consejo de Seguridad de la ONU que el ataque militar de EEUU contra Caracas encaja en la definición internacional de agresión, al incluir bombardeo, invasión u ocupación de un Estado, aun sin anexión formal.
El Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (OOPS) alertó que más de 12.000 niños palestinos se encuentran en situación de desplazamiento forzado en Cisjordania ocupada, como consecuencia directa de la actual ofensiva militar israelí en las gobernaciones del norte del territorio.
De acuerdo con la agencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), esta crisis humanitaria se agravó a partir del 21 de enero de 2025, cuando el Ejército israelí lanzó la llamada «Operación Muro de Hierro», iniciada en el campamento de refugiados de Yenín y posteriormente extendida a los campos de Nur Shams y Tulkarm.
Desde entonces, miles de familias han sido obligadas a abandonar sus hogares en medio de incursiones armadas, demoliciones y restricciones severas a la movilidad.
A través de un mensaje difundido en la red social X, la OOPS subrayó los esfuerzos que realiza para evitar que esta situación interrumpa el derecho a la educación de los más de 12.000 menores afectados.
La agencia indicó que actualmente implementa espacios educativos temporales, modalidades de enseñanza en línea y programas de acompañamiento psicosocial para atenderlos.
El organismo recordó que en febrero de 2025 puso en marcha un plan educativo de emergencia dirigido específicamente a niños desplazados en el norte de Cisjordania, con el objetivo de garantizar la continuidad del aprendizaje en un contexto marcado por la violencia y la inestabilidad.
Según datos oficiales, alrededor de 48.000 niños palestinos están matriculados en escuelas administradas por la agencia en ese territorio.
La situación en Cisjordania se inscribe en un escenario de violencia sostenida desde el 7 de octubre de 2023, período en el que la entidad sionista de Israel y colonos han intensificado sus acciones contra la población palestina, incluyendo asesinatos, destrucción de viviendas, desplazamientos forzados y la expansión de asentamientos ilegales.
Lo que comenzó como una ofensiva multisectorial para fracturar al Estado venezolano y forzar un cambio de régimen a favor de su subordinación económica ha derivado en una crisis de legitimidad para Washington, en una consolidación de cierto grado de resistencia regional y global y en la exposición de prácticas criminales que amenazan con desestabilizar desde adentro el propio aparato de poder estadounidense.
La ofensiva y sus componentes: coerción militar, narrativa falsa, letalidad extrajudicial
La estrategia se desplegó en tres frentes entrelazados, articulados bajo la premisa de la excepcionalidad nacional y la invocación permanente de una supuesta “emergencia existencial”.
En lo militar, hasta decenas de miles de efectivos fueron concentrados en la cuenca caribeña —la mayor presencia desde la Guerra Fría— antes y luego bajo la Operación Lanza del Sur, presentada como “misión humanitaria” por el secretario de Defensa Pete Hegseth.
Pero el contraste entre la fachada retórica y la práctica operativa es abismal: sin procesos de verificación, sin advertencias graduales ni capturas, las Fuerzas Armadas estadounidenses han ejecutado más de veinte ataques aéreos contra embarcaciones presuntamente ligadas al narcotráfico, dejando un saldo de casi cien civiles muertos —entre ellos pescadores y tripulantes venezolanos, colombianos, trinitenses— en apenas tres meses.
La ausencia total de tribunales militares, revisiones de proporcionalidad o mecanismos de rendición de cuentas convierte cada operación en un acto de ejecución extrajudicial.
Este patrón no es accidental: está arraigado en una arquitectura institucional que, como demuestra la investigación de Parker Yesko, ha normalizado la impunidad sistemática desde Irak y Afganistán.
Para un botón: el ataque del 2 de septiembre —donde dos sobrevivientes, ya fuera de combate y aferrados a los restos de su embarcación, fueron eliminados en el agua— no es un desvío operativo, sino la materialización de una política deliberada. Exasesores legales militares (JAG) han denunciado que órdenes como “no dejar sobrevivientes” fueron emitidas o validadas por Hegseth, lo que configura, bajo el propio Título 18, §2441 del Código estadounidense, una conducta tipificable como crimen de guerra.
La negativa del Pentágono a entregar el video completo de ese ataque —pese a que ya ha difundido más de veinte clips editados— refuerza la hipótesis de que no se trata de una falla táctica, sino de una estrategia de ocultamiento deliberado, donde la violencia ilegal es el instrumento central de disciplinamiento geopolítico.
Costos geopolíticos: aislamiento hemisférico y contrapeso multipolar
Lejos de aislar a Venezuela, la escalada ha producido una convergencia inédita en América Latina. Brasil, Colombia y México —tres actores con agendas políticas divergentes y relaciones históricamente tensas con Caracas— han rechazado con claridad el despliegue militar.
Lula lo calificó como una amenaza para la paz regional; Petro suspendió la cooperación de inteligencia y denunció los ataques como asesinatos; México exigió el cese inmediato de toda presión armada.
Esta triangulación regional no responde a afinidades ideológicas, sino a una percepción compartida de riesgo estratégico: la operación estadounidense amenaza la soberanía venezolana y socava el principio de no intervención que sostiene la arquitectura de seguridad sudamericana desde la Declaración de Santiago (1986) y el Tratado de Tlatelolco.
El impacto trasciende lo hemisférico. Rusia y China han reafirmado su apoyo a Venezuela como parte de una disputa estructural por la configuración del orden mundial.
El embajador ruso Nebenzya, en el Consejo de Seguridad, denunció una “presión sin precedentes” y advirtió que cualquier ataque sería un “error irreparable”, mientras que Beijing insistió en que los asuntos internos de Venezuela deben resolverse sin sanciones ni intervención.
Esta convergencia no es coyuntural: refleja la consolidación de un eje multipolar que ofrece rutas financieras, energéticas y diplomáticas alternativas a la dependencia unilateral con Washington.
En ese contexto, la ofensiva caribeña no solo fracasa en aislar a Venezuela, sino que acelera su integración en cadenas de valor y alianzas que erosionan la hegemonía estadounidense en el Sur Global, una paradoja estratégica que subraya la ceguera de la planificación imperial.
Costos políticos: fractura institucional y erosión del consenso
La operación ha generado una crisis de gobernabilidad dentro de Estados Unidos, alimentando un conflicto institucional que trasciende la polarización partidista. El Congreso bipartidista ha cuestionado la legalidad y transparencia de las operaciones: una cláusula en la Ley de Autorización de Defensa Nacional retiene parte del presupuesto del Pentágono hasta que se entregue el video completo del ataque del 2 de septiembre; una medida aprobada con 77 votos a favor y solo 20 en contra, lo que evidencia un rechazo transversal.
Incluso senadores como Lindsey Graham, defensor histórico del intervencionismo armado, reconocieron implícitamente la naturaleza abiertamente militar de la operación al compararla con la invasión a Panamá en 1989, mientras que Rand Paul denunció la violación del debido proceso y Chris Van Hollen calificó el segundo ataque como un “crimen de guerra muy posible”.
Estas críticas no obedecen a un “giro humanista” repentino, sino a una lógica de disputa interna: en un contexto de profunda fragmentación del Partido Republicano —entre MAGA, neoconservadores y moderados— y con una aprobación presidencial en mínimos históricos (36%), la operación en el Caribe se ha convertido en un campo de batalla simbólico.
Como señaló el senador Chris Murphy, la sesión informativa ofrecida por Hegseth y Rubio duró apenas 50 minutos, con escaso espacio para preguntas y sin claridad sobre el objetivo final —¿derrocar a Maduro?, ¿controlar el petróleo?, ¿ambos?—, lo que expone un vacío estratégico que mina incluso la coherencia interna del Ejecutivo.
La militarización de la política exterior, lejos de cohesionar apoyos, ha generado un efecto boomerang institucional: cada escalada incrementa el riesgo de litigios, investigaciones formales y obstáculos legislativos que amenazan con paralizar la agenda energética, presupuestaria y sancionadora de la Casa Blanca.
Fracaso en los objetivos centrales: no hay rendición, ni fractura, ni subordinación
Los propósitos declarados y subyacentes de la operación no solo no se han cumplido, sino que se han invertido en su resultado. La “presión psicológica” contra la FANB y el liderazgo político venezolano no ha generado fracturas; por el contrario, ha reforzado la cohesión institucional y la legitimidad interna del gobierno.
Maduro sigue en el poder con respaldo popular significativo —evidenciado en las últimas elecciones regionales y municipales— y con capacidad de proyección diplomática creciente.
La apertura retórica de Trump al “diálogo” en noviembre, aunque haya desaparecido en diciembre (ya veremos en enero próximo), no fue signo de voluntad de entendimiento, sino de reconocimiento tácito de estancamiento: cuando la coerción no produce rendición, el lenguaje del diálogo se instrumentaliza como último recurso táctico para reposicionarse sin desescalar.
En lo económico, la “máxima presión” tampoco ha logrado su objetivo central: el control sobre los recursos estratégicos. Aunque Washington ha incautado petroleros con millones de barriles de crudo, eso no altera la estructura de propiedad ni la soberanía energética venezolana.
Las empresas estadounidenses —ExxonMobil y ConocoPhillips— no han regresado, y cualquier negociación futura deberá pasar necesariamente por el gobierno actual.
La admisión de Trump —”Nos quitaron todo nuestro petróleo… Lo queremos de vuelta”— no es bravuconada, sino desesperación: es la confesión de que la estrategia de asfixia no ha generado concesiones, y que la única vía posible es el reconocimiento directo del interlocutor que se pretendía eliminar.
En ese sentido, la operación ha logrado exactamente lo opuesto a su intención: no ha debilitado a Venezuela, sino que ha obligado a EE.UU. a enfrentarla como potencia soberana en pie de igualdad.
Una derrota simbólica de primer orden.
El síntoma de un declive
Este desastre es estructural y no coyuntural. Refleja el colapso de una estrategia basada en la unilateralidad, el chantaje y la piratería legalizada; una estrategia que ya no encuentra eco ni siquiera en los aliados tradicionales de Washington.
La investigación de Yesko sobre crímenes de guerra en Irak y Afganistán demuestra que la impunidad sistemática es un patrón arraigado, pero lo novedoso es que hoy ese patrón se rompe en tiempo real, con denuncias públicas, filtraciones y exigencias de rendición de cuentas desde dentro del sistema.
La diferencia no está en la violencia —que sigue siendo brutal—, sino en la capacidad del mundo para nombrarla, documentarla y resistirla.
La verbalización cruda de Trump el 16 de diciembre —”devuelvan nuestro petróleo, nuestras tierras, nuestros activos”— no es una provocación menor: es la transparencia brutal de una doctrina imperial que ya no necesita fingir.
Pero esa franqueza no es síntoma de fuerza, sino de agotamiento narrativo: cuando el relato de la “lucha contra el narcoterrorismo” se desvanece ante la evidencia de centenas civiles asesinados, solo queda la confesión desnuda de la recolonización.
El problema es que el mundo ya no permite ese guion. Lo que ha logrado EE.UU. no es el sometimiento de Venezuela, sino la construcción de una nueva correlación de fuerzas: una región más soberana (por los momentos), un Sur Global más cohesionado y un imperio que, al exponer sus crímenes de guerra como táctica, se ha despojado de su última máscara: la del excepcionalismo moral.
El desastre estadounidense en el Caribe es la evidencia de que la era de la hegemonía unipolar ha entrado en su fase terminal.
Publicado originalmente por Misión Verdad
Ante el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, China condenó la acción unilateral de hostigamiento de Estados Unidos contra Venezuela y denunció que Washington pisoteó deliberadamente su soberanía.

Los colectivos laborales de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) realizaron este lunes 5 de diciembre una jornada nacional de movilización para alzar su voz en solidaridad con el pueblo y el Gobierno de Venezuela. En más de una decena de plazas de la provincia de Camagüey, el movimiento sindical cubano manifestó su respaldo al proceso bolivariano ante las recientes agresiones externas, consolidando un frente unido de la clase obrera en defensa de la soberanía regional y la integración latinoamericana.
La jornada de apoyo unitario incluyó concentraciones en sectores estratégicos como el Agropecuario, Azucarero, Transporte y Energía. Trabajadores de la Empresa Eléctrica, el Aeropuerto y los talleres industriales.
Esta movilización sindical subraya el compromiso de los trabajadores cubanos con el legado de integración de los pueblos, enviando un mensaje claro de que la América unida resiste ante cualquier intento de vulnerar la paz en suelo suramericano.
La solidaridad obrera entre la isla y la nación bolivariana no solo es un gesto político, sino una base fundamental para sostener los proyectos de transformación social que garantizan la dignidad de las mayorías frente al modelo de injerencia, ataques y saqueo neoliberal.
Por su parte, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, denunció enérgicamente el ataque militar perpetrado por el Gobierno de Estados Unidos contra territorio venezolano, calificándolo como un acto de terrorismo de Estado que violenta la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.
El mandatario cubano realizó un llamado urgente a la movilización de la comunidad internacional tras los bombardeos efectuados en la madrugada del 3 de enero de 2026 contra Caracas y los estados de Miranda, Aragua y La Guaira.
Ante esta escalada belicista, que incluyó la destrucción de embarcaciones y ataques a localidades civiles, el canciller Bruno Rodríguez y el primer ministro Manuel Marrero Cruz reafirmaron el respaldo incondicional de la isla a la Revolución Bolivariana, señalando la cobardía de Washington al agredir a una nación soberana que jamás ha atentado contra la seguridad estadounidense.
En medio de este escenario de agresión imperial, el Gobierno de Cuba decretó duelo nacional tras confirmarse el fallecimiento de 32 ciudadanos cubanos que perdieron la vida durante los ataques en suelo venezolano. Estos combatientes se encontraban en el país cumpliendo tareas de cooperación y defensa institucional entre Estados soberanos, acto que la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, honró como un ejemplo de valentía y dignidad sembrado en la tierra de Bolívar.
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, expresó este lunes sus primeras palabras tras ser juramentada por la Asamblea Nacional en el cargo que asume tras el secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y de la primera dama, Cilia Flores, el pasado 3 de enero, durante un asalto y bombardeo militar de las tropas de EE.UU. por instrucciones del mandatario estadounidense Donald Trump.
«Vengo como vicepresidenta ejecutiva del presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, a prestar juramento», expresó Rodríguez frente al presidente del parlamento venezolano, Jorge Rodríguez, durante el acto de instalación del Poder Legislativo para el periodo 2026-2031.
Luego de esto, Rodríguez expresó: «Vengo con dolor por el sufrimiento que se le ha causado al pueblo venezolano luego de una agresión militar ilegítima contra nuestra Patria, vengo con dolor por el secuestro de dos héroes que tenemos de rehenes en los EE.UU. de Norteamérica, el presidente Nicolás Maduro, y la primera combatiente, primera dama de este país, Cilia Flores«.
«Vengo con dolor, pero debo decir que vengo también con honor, a jurar, en nombre de todos los venezolanos y en nombre de todas las venezolanas, vengo a jurar por nuestro padre Libertador Simón Bolívar, que es guía y faro histórico del porvenir de Venezuela, cuya sangre libertadora corre por la venas de los venezolanos y de las venezolanas», dijo la ahora mandataria encargada.
Rodríguez también expresó su juramento por el expresidente Hugo Chávez, que «dio la vida» por millones de venezolanos y venezolanas» para devolverles «la dignidad como ciudadanos». De igual forma, juró por su padre, Jorge Antonio Rodríguez, mártir revolucionario que fue perseguido y asesinado en 1976 durante la llamada cuarta república, periodo en el que Venezuela se mantuvo bajo la subordinación de EE.UU.
La mandataria encargada expresó que por su honor trabajará por «ver a Venezuela en el destino que le corresponde» y en el «pedestal de honor histórico que le corresponde como una nación libre, soberana e independiente». «Juro por el pueblo de Venezuela a no descansar ni un minuto para garantizar la paz de la República, la tranquilidad espiritual de nuestro pueblo, la tranquilidad económica y social de nuestro pueblo», así como «garantizar un Gobierno que dé felicidad social, estabilidad política y seguridad política«.