Vladímir Padrino López advirtió que la agresión contra Venezuela podría repetirse mañana contra cualquier país, señalando la amenaza de EEUU al orden global.
Vladímir Padrino López advirtió que la agresión contra Venezuela podría repetirse mañana contra cualquier país, señalando la amenaza de EEUU al orden global.
Emulando a Esopo, y no es fácil, sigue la fábula. En este caso los toros (en una fábula los animales tienen el papel central) son Rusia y China. Y con quien ya está hablando el león naranja es con el toro negro. No olvidéis esto. El Kremlin está lleno de euroatlánticos que babean por reestructurar las relaciones económicas con EEUU. Sus intereses, y sus bolsillos, están en juego. Por lo tanto, Rusia nunca, jamás, acaso, ni se enfrentará a EEUU si no hay un ataque directo de EEUU contra Rusia. Todo lo que está pasando en el país 404, antes conocido como Ucrania, corrobora letra por letra este discurso. De nada vale que los putinistas (por cierto, vuelvo a lo mismo: «putinistas del mundo, uníos») intenten justificar lo que tiene poca justificación. Y no me refiero a Venezuela (donde los rusos están repitiendo, palabra por palabra la misma disculpa que en Siria), sino al país 404 y a la estrategia rusa allí.
Dicho esto, hay algunas cosas sobre las que pensar. El secuestro de Maduro significa que EEUU ataca principalmente el sistema de mando y de control, siguiendo la estrategia del IV Reich sionista, antes conocido como Israel. En eso tiene toda la razón Delcy Rodríguez cuando habla del «matiz sionista» del ataque. Y EEUU lo hace porque no tiene recursos para librar una guerra de desgaste como la está haciendo Rusia en el país 404. Todo lo que puede hacer es lo que ha hecho (a parte de bombardear, pero sin tropas), con la finalidad no tanto de cambiar el gobierno como de hacerlo más dócil. Eso es lo que subyace de la patada que ha dado Trump a la payasa del Nobel.
Así que la cuestión es si el toro negro está comprendiendo o no las amenazas del bufón Zelenski contra Putin en su discurso de fin de año o el ataque con drones contra la residencia de Putin. Que Rusia haya ido corriendo a la embajada de EEUU en Moscú para presentar las pruebas de dicho ataque al agregado militar de EEUU solo puede arrancar una sonrisa a los estadounidenses.
Trump se ha reído de Rusia abiertamente comparando su «brillante y rápida» operación con la de Rusia en el país 404. Con risa o no, el daño a la imagen del liderazgo político ruso es innegable. Rusia tiene ahora todas las cartas en la mano, como diría Trump, para actuar igual con Zelenski y compañía, pero no lo va a hacer. Cuanto más lo retrase, peor.
Rusia es pasiva y hace todo esto por lo del principio: los euroatlánticos. Pero lo más grave es que la pasividad rusa, aunque Venezuela está a muchos kilómetros de distancia, no hace más que poner la mosca detrás de la oreja de sus aliados. Y los irá perdiendo de uno en uno si sigue actuando así.
La lógica de todo lo que está pasando es que Rusia tiene que desarrollar una cooperación no solo política y económica con sus aliados, sino también militar. Y aquí insisto en algo: está por ver si esa cooperación se desarrolla o no con Irán, y no solo en la venta de armas, de esas que había proporcionado a Venezuela y que no han servido para nada. El por qué es otra cuestión.
En este contexto, los euroasiáticos en Rusia tienen una buena razón para impulsar un acuerdo de este tipo con China. La lucha de poder en Rusia después de lo de Venezuela va a ser apasionante.
Porque ahora tanto Rusia como China tienen problemas. Si EEUU se hace finalmente, por las buenas o por las malas, con el petróleo de Venezuela, tendrá en sus manos una fenomenal palanca con la que meter en cintura a los dos países. Por mucho que se diga, EEUU no necesita el petróleo de Venezuela. Pero su control supondrá un enorme porcentaje del suministro mundial. Eso pone en manos de EEUU el mercado petrolero y deja fuera de juego a la OPEP y, por lo tanto, a Rusia.
Alguien ha dicho por aquí que EEUU intenta volver a los años 80. Y es cierto, pero no como se apunta sino como referencia para ver cómo el petróleo remodeló el mundo. Entonces Reagan logró desplomar los precios, y si ya Rusia está vendiendo con descuento por las sanciones, entonces prácticamente será comido por servido. La ganancia, si es que hay, será mínima. Entonces sí que estará en problemas. Y, por cierto, la deuda de Venezuela con Rusia en estos momentos está en los 6.000 millones de dólares solo en materia petrolera. Si hay un cambio de gobierno, esa deuda será cancelada sin la menor duda.
Con China puede que no pase lo mismo. EEUU ya ha ofrecido a China una parte en el pastel aunque no tiene por qué hacerlo porque le basta con cortar el suministro venezolano a China directamente, como ya intentaba hacer antes del secuestro de Maduro. Sin embargo eso reforzaría a los euroasiáticos en Rusia y, consiguientemente, habría un acercamiento mucho mayor entre Rusia y China. Resulta bastante significativo que EEUU haya actuado un día después de la visita de un alto cargo chino a Venezuela, con reunión con Maduro incluida.
En lo anterior hay un hecho que definirá si es una hipótesis que se queda en eso, hipótesis, o adquiere rasgos de certeza: el pueblo venezolano. Por el momento hay una aparente tranquilidad que es difícil de analizar, por lo que no queda más que esperar y ver. Y especular con la trascendencia de lo acaecido poniendo la vista en otros lugares.
El Lince
“Se trata de una clara muestra de la política imperial e intervencionista del actual gobierno norteamericano que encabeza Donald Trump”, precisa Clate en un comunicado al cual tuvo acceso Prensa Latina.
Ese ataque a la soberanía venezolana –agrega Clate- constituye una violación flagrante del espíritu de creación de las Naciones Unidas que en sus artículos 1 y 2 expresan como fines principales “mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz”.
Demuestra, además, que “el objetivo de la potencia imperial en nuestro continente no es otro que apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela, en particular de su petróleo y minerales, intentando quebrar por la fuerza la independencia política de la Nación”.
Clate y su centenar de organizaciones miembros en 20 países de América Latina y el Caribe exige el respeto irrestricto del Derecho Internacional y los principios de la Carta de Naciones Unidas y se declara estado de alerta y movilización para acompañar al pueblo hermano de Venezuela
Por su lado, la CTA-A rechazó y denunció la agresión militar contra el territorio, el gobierno y el pueblo venezolano.
“Esta agresión amenaza la paz y estabilidad de América Latina y el Caribe. Además, constituye un punto de inflexión a partir del cual cualquier país de América Latina puede ser víctima del intervencionismo militar de Estados Unidos”, enfatiza una declaración rubricada por su secretario general Hugo Godoy.
Eso retrotrae a la época en que la potencia del Norte se arrogaba la potestad de invadir para imponer gobiernos títeres, serviles a sus intereses, advierte.
La CTA-A insiste en que “Latinoamérica es un territorio de paz, y las organizaciones libres del pueblo debemos defenderla”, y llama “a todos los sectores a repudiar este ataque contra el pueblo y el gobierno de Venezuela, que reinstala en América Latina un factor de desestabilización de las democracias”.
Esa federación sindical convocó a una rueda de prensa para este lunes en la que participarán líderes de movimientos políticos, sindicales, sociales y defensores de los derechos humanos para repudiar la agresión, y convocó a una manifestación pública.
En una entrevista de 2009, el entonces presidente de Venezuela Hugo Chávez afirmó que el interés histórico de Estados Unidos en Caracas ha tenido un motivo central y constante: el petróleo.

El Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) denunció este domingo un bombardeo por parte de Estados Unidos contra sus instalaciones en el estado de La Guaira, informan medios locales.
De acuerdo al IVSS, dicho ataque se habría producido en el marco de la agresión militar estadounidense contra Venezuela, que incluyó el secuestro del presidente Nicolás Maduro, quien fue trasladado a Nueva York y acusado de «narcotráfico».
La institución detalló en un comunicado que tal acción tuvo como blanco «almacenes donde se guardan insumos y equipos para los pacientes renales», tachándolo de «un ataque cobarde y criminal contra la salud del pueblo venezolano».
Este acto «evidencia el carácter terrorista del Gobierno de Estados Unidos», que ataca «bienes destinados a la protección de la salud», denunció la entidad, enfatizando que los insumos afectados son «de carácter vital» para los pacientes.
El IVSS responsabilizó «al Gobierno de Estados Unidos y a sus cómplices» por las consecuencias que este bombardeo pueda tener en la salud de los ciudadanos de su país. Asimismo, reiteró su compromiso de «continuar prestando el servicio de salud a todos los venezolanos» a pesar de lo ocurrido.
Hasta el momento, no se ha informado sobre víctimas de este bombardeo en concreto, pero la denuncia subraya el grave impacto que la destrucción de estos suministros médicos especializados podría tener en una población de pacientes particularmente vulnerable.
Manifestaciones de rechazo a la agresión militar de Estados Unidos contra Venezuela y el secuestro del Presidente Constitucional, Nicolás Maduro, y su esposa Cilia Flores, se multiplicaron en distintas ciudades del mundo durante los primeros días de enero, con movilizaciones simultáneas en Bélgica, Argentina, Colombia, Ecuador, México, Puerto Rico, Uruguay, Italia, Francia, España y varias ciudades estadounidenses.
Las protestas expresaron solidaridad con el pueblo venezolano, condenaron el bombardeo sobre territorio soberano y denunciaron lo que organizaciones sociales y dirigentes políticos han señalado como una grave violación del derecho internacional.
En Bruselas, cientos de personas se manifestaron frente a la embajada de Estados Unidos para rechazar el ataque militar contra Venezuela y la detención del presidente Nicolás Maduro, al tiempo que exigieron a Bélgica y a la Unión Europea una condena inequívoca de los hechos. Según medios locales, más de 400 manifestantes participaron en la protesta, convocada por colectivos antiimperialistas y pacifistas como Vrede vzw e Intal Globalize Solidarity, que denunciaron el silencio europeo frente a la escalada militar.
Durante la concentración, el activista Ludo De Brabander, de la organización Vrede vzw, advirtió que la operación estadounidense es “una flagrante violación del derecho internacional” y alertó de que permitir este tipo de acciones sienta un precedente peligroso. “Si un país puede atacar a otro sin motivo alguno, prevalece la ley de la selva”, afirmó.
De Brabander calificó además como “escandalosa” la tibia reacción de Europa, señalando que España es el único país europeo que ha mostrado cierta resistencia frente a la intervención estadounidense. Las organizaciones convocantes exigieron que la UE y Bélgica rompan su “silencio cómplice” y actúen de inmediato.

Una de las concentraciones más multitudinarias se registró en Montevideo, donde miles de personas se congregaron en la plaza Libertad bajo la consigna “Venezuela no está sola”.
La movilización fue convocada por la Intersocial, integrada por centrales sindicales, organizaciones estudiantiles y movimientos sociales, que condenaron de forma unitaria la intervención militar estadounidense y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores. Durante el acto, se denunció que la acción de Washington reinstala una lógica de dominación basada en la fuerza, pone en riesgo la paz regional y revive los principios de la doctrina Monroe.
En la proclama leída durante la concentración, se afirmó que la agresión contra Venezuela atenta contra la soberanía, la autodeterminación de los pueblos y la Carta de las Naciones Unidas, y que el verdadero objetivo de la operación es el control de los recursos estratégicos venezolanos, en particular el petróleo. La movilización se replicó además en al menos siete departamentos del interior uruguayo, confirmando un rechazo extendido a nivel nacional.
Dirigentes políticos del Frente Amplio uruguayo coincidieron en calificar los hechos como un retroceso histórico para América Latina, una región que durante décadas se había mantenido al margen de conflictos armados directos.
El presidente del FA, Fernando Pereira, sostuvo que la operación militar y la captura del mandatario venezolano carecen de pruebas jurídicas y constituyen un precedente inadmisible. En la misma línea, el senador Óscar Andrade advirtió que los imperios en declive tienden a recurrir a la agresión y llamó a fortalecer una conciencia antiimperialista regional.
Las protestas se extendieron por México, donde cientos de personas se concentraron frente a la embajada de Venezuela; por Italia, con manifestaciones ante la sede diplomática estadounidense en Roma, y por Francia, donde se registraron actos de solidaridad en París.
En Puerto Rico, miles marcharon en San Juan frente al Tribunal Federal, denunciando el uso del Caribe como plataforma militar y coreando consignas contra el intervencionismo estadounidense. Artistas, estudiantes y organizaciones sociales participaron de una movilización pacífica que reclamó respeto a la soberanía venezolana.
En España se produjeron manifestaciones, siendo una de las concentraciones más numerosas la ocurrida frente a la embajada de Estados Unidos en Madrid. Allí, organizaciones sociales, sindicales y fuerzas políticas de izquierda calificaron la operación como “completamente ilegítima”, denunciaron la complicidad de la OTAN y señalaron al Gobierno español por mantener una postura ambigua frente a lo que consideraron una violación flagrante del derecho internacional.
En paralelo, también se reportaron movilizaciones en Argentina, Colombia, Ecuador y varias ciudades de Estados Unidos, donde colectivos latinoamericanos, organizaciones pacifistas y movimientos sociales expresaron su rechazo a la escalada militar y exigieron el cese inmediato de las hostilidades. En varias de estas protestas se repitieron consignas contra la guerra, el saqueo de recursos y el uso de la fuerza como mecanismo de imposición política.
Desde distintos sectores se advirtió que la agresión contra Venezuela sienta un precedente peligroso y amenaza con normalizar la intervención militar directa contra gobiernos que no se alinean con los intereses estratégicos de Estados Unidos.
Las movilizaciones, coinciden sus organizadores, no solo buscan expresar solidaridad con Venezuela, sino también defender el principio de soberanía de los pueblos y rechazar la guerra como instrumento de dominación, en un momento que consideran crítico para el futuro político de América Latina y del orden internacional.

Augusto Zamora*.— El 1 de mayo de 2003, un ufano presidente George W. Bush, en un discurso televisado a bordo del portaaviones USS Abraham Lincoln, frente a las costas de California, anunciaba que “las principales operaciones de combate en Irak han finalizado. En la batalla de Irak, Estados Unidos y nuestros aliados han prevalecido”. Detrás de Bush se podía leer una gran pancarta que decía “Misión cumplida”.
La ilegal invasión de Iraq había comenzado el 20 de marzo. Bush proclamó la victoria cuarenta días después. En Iraq se decía otra cosa. Que la guerra apenas había comenzado, como efectivamente así fue. Se sucedieron ocho largos y sangrientos años de guerra hasta que, en diciembre de 2011, las últimas tropas estadounidenses abandonaban, derrotadas, Iraq. Medio millón de iraquíes habían perecido de forma violenta, mientras EEUU perdía 4.500 soldados.
La guerra no había concluido en mayo de 2003. Había comenzado.
El presidente Bush hizo, en aquel discurso, otra afirmación: “Tenemos una ardua labor por delante en Irak. Estamos poniendo orden en zonas de ese país que siguen siendo peligrosas”. Se refería a lo siguiente: gobernar Iraq como una neocolonia, con las tropas yanquis paseándose por el país como si fuera parque de atracciones. No pudieron. Al final, tuvieron que tragar y entregar el poder a la mayoría chiita, aliada de Irán, y, luego, llegar a compromisos con los iraquíes, muy lejos de lo que pensaban en 2003.
Peor les fue en Afganistán. EEUU invadió el país en 2001 para derrocar a los talibanes, acusados de terroristas, para retirarse a la desesperada en 2021 dejándole el poder a… los talibanes. En 2025, buscaron negociar con ellos la entrega de una base aérea, a lo que, como podrán imaginarse, el gobierno talibán se negó tajantemente.
La operación terrorista ordenada por Donald Trump contra Venezuela, con el secuestro del presidente Nicolás Maduro, y su eufórico discurso cantando victoria, dando por terminado el episodio y hablando de que gobernarán directamente Venezuela, tiene ecos de déjà vu, de situación vivida, no una, sino muchas veces. Trump hoy, como Bush en 2003, confunde lo inmediato del acto con las consecuencias del mismo.
El éxito espurio de una operación comando es una cosa. La cascada de sucesos que el secuestro del presidente venezolano está y seguirá desencadenando es otra. Porque el secuestro de un presidente no es un hecho baladí. Es abrir una caja de truenos que, a su vez, servirá de desencadenante de hechos posteriores que es prematuro -e imposible- imaginar.
Si en 2001 alguien hubiera afirmado que, en 2021, los talibanes volverían a entrar triunfantes en Kabul, las burlas habrían sido masivas. Si en 2003 se hubiera dicho que, en 2011, EEUU se retiraría de Iraq sin haber alcanzado sus objetivos, la reacción habría sido similar. Las cosas, bien lo sabemos, no son cómo empiezan, sino cómo terminan.
Los jefes de Estado son, de entrada, personas internacionalmente protegidas, según lo establece la Convención sobre la prevención y el castigo de delitos contra personas internacionalmente protegidas, inclusive los agentes diplomáticos, adoptada por NNUU el 14 de diciembre de 1973.
La ONU considera que “los delitos contra los agentes diplomáticos y otras personas internacionalmente protegidas al poner en peligro la seguridad de esas personas crean una seria amenaza para el mantenimiento de relaciones internacionales normales, que son necesarias para la cooperación entre los Estados”.
Según el artículo 2 de dicha Convención, “Serán calificados por cada Estado parte como delitos en su legislación interna, cuando se realicen intencionalmente: a) la comisión de un homicidio, secuestro u otro atentado contra la integridad física o la libertad de una persona internacionalmente protegida”.
EEUU, por tanto, ha perpetrado el secuestro de una persona internacionalmente protegida, lo que constituye un delito internacional. Desde esta perspectiva, los tribunales de EEUU carecen totalmente de jurisdicción para juzgar a una persona protegida internacionalmente que ha sido objeto de secuestro, figura delictiva en todas las legislaciones del mundo, incluyendo a EEUU.
Por otra parte, se aplica aquí la antigua y fundamental máxima jurídica de que “nadie puede obtener beneficio de su propio dolo”, es decir, que nadie -persona o Estado-, puede prevalerse de un acto doloso o ilícito como base para obtener ventajas o derechos en un proceso judicial.
Los tribunales estadounidenses, en tal sentido, no podrían, si respetaran los fundamentos esenciales del Derecho, juzgar en forma alguna al presidente venezolano. Esto no detendrá a los jueces gringos, pero permitirá constatar, una vez más, que, en EEUU, no impera el Derecho, sino la barbarie y sólo la barbarie.
Como recoge el diario The Washington Post, “La captura de Maduro por parte de Estados Unidos puede ser ilegal; eso probablemente no importará en los tribunales”. Detrás de su rostro de ‘civilizados’ se encuentra el esclavista, el genocida y el pistolero, los tres pilares sobre los que se fue construyendo ese engendro que se hace llamar EEUU.
Secuestrar a un presidente es un acto de guerra; pero, peor aún, es legitimar con hechos cualquier tipo de arbitrariedad derivada de la fuerza bruta. Es retrotraer al mundo la era del imperialismo salvaje del siglo XIX, cuando los supuestamente civilizados europeos se sentían autorizados, en nombre de su superioridad civilizacional, a asesinar, esclavizar, expoliar, destruir y saquear a los pueblos considerados bárbaros y salvajes. Si Trump puede secuestrar a un jefe de Estado, cualquier otro gobierno se sentirá autorizado, si puede, a ordenar el secuestro de Trump o de cualquier otro presidente.
Otra cuestión debemos tener clara. La política del gobierno estadounidense no obedece únicamente a su histórica vocación de violencia, intervención y uso de la fuerza. Aunque su pulsión violenta les impulsa a actuar casi mecánicamente como pistoleros, esa política sigue las pautas establecidas durante las guerras mundiales, sobre todo en la Segunda Guerra Mundial, cuando Washington exigió a los gobiernos del continente un alineamiento sin fisuras con EEUU.
Todos los gobiernos se alinearon, excepto el argentino, bajo la presidencia de Juan Domingo Perón, que rehusó declarar la guerra al Eje, por su simpatía hacia el fascismo. El punto no es ése. La rebeldía de Perón llevó a EEUU a promover la desestabilización del gobierno argentino, a tal punto que, en 1945, el embajador gringo, Spruille Braden, instigador de la sangrienta Guerra del Chaco, encabezaba las manifestaciones contra Perón.
En octubre de 1945, un golpe de estado derrocó a Perón, que tuvo que ser liberado por los golpistas a causa de una enorme presión popular. Perón ganó las elecciones de 1946 usando el eslogan “Braden o Perón”. Hoy, en Venezuela, pueden parafrasear el eslogan, bajo el lema “Trump o Maduro”.
Trump afirma que EEUU necesita el petróleo y los recursos venezolanos porque, según él, ‘pertenecen’ a EEUU. En realidad, lo que Trump quiere es controlar los recursos de todo el continente como parte esencial de la preparación de EEUU de la guerra que viene contra China y Rusia.
Como ya señaláramos en De Ucrania al Mar de la China, desde 2017, durante su primer periodo presidencial, Trump diseñó una estrategia militar que repetía, en lo sustantivo, la adoptada por EEUU en la II Guerra Mundial.
Como se recordará, EEUU batalló a muerte contra Japón de 1941 a 1944 y no entró de lleno en el escenario bélico europeo hasta junio de 1944, cuando, ya vencido Japón, consideró que podía apuntarse a la guerra contra la Alemania nazi. Para 1944, el Ejército Rojo ya había demolido al ejército nazi, de forma que la participación directa de EEUU en el escenario europeo tuvo más relevancia en Hollywood que en la guerra misma.
No será posible entender la atroz agresión que sufre Venezuela y el propio secuestro del presidente Maduro y de su esposa si se le aísla del escenario mundial y de la lucha, soterrada e implacable, por el cambio sistémico en curso.
Es esa lucha lo que explica la beligerancia de Trump en favor de candidatos derechistas ‘trumpistas’ en el continente americano y en la misma Europa. EEUU no está pretendiendo devolver la región a lo que era hace un siglo. EEUU quiere gobiernos alineados y serviles en los países americanos y europeos que bailen a su compás, sin vacilación ninguna, para cuando se inicie el enfrentamiento mundial, particularmente por el dominio del océano Pacífico.
Aunque el petróleo esté de por medio, nadie en Venezuela se oponía a inversiones estadounidenses en el sector de hidrocarburos. Todo lo contrario, las cortapisas a una relación comercial mutuamente beneficiosa provenían del gobierno estadounidense. En febrero de 2024, Trump anunció que revocaría la licencia que “el corrupto Joe Biden concedió” a Venezuela, en 2022, para que la multinacional Chevron operara en el país.
El petróleo es más cortina de humo que realidad. De siempre se han hecho mejores negocios en la paz que en la guerra. Durante los veinte años que duró la invasión de Afganistán, ninguna empresa de EEUU pudo extraer beneficios del país.
Fue, todo, un desastre militar, político y, sobre todo, económico. El estudio realizado, al respecto, por la Universidad Brown, en 2019, concluyó que la guerra de Afganistán costó a EEUU la friolera de 978.000 millones de dólares. Haciendo comparaciones, el PIB de Chile, en 2025, fue de 340.000 millones de dólares. El de Suecia, de 640.000 millones.
La visión estratégica de EEUU explica, también, el aparente menosprecio de Trump hacia los países atlantistas europeos. Trump los desprecia porque, en su mayoría, se han negado a seguir las directrices dadas desde 2017, de rearmarse comprando armamento estadounidense y de multiplicar por tres el gasto militar, hasta alcanzar el 5% del PIB. Trump, contrario a lo que predican los bobos de turno, no quiere a la OTAN débil.
La quiere archi-militarizada con armamento gringo que, además de inyectar centenares de miles de millones de dólares a las arcas de EEUU -que necesita perentoriamente para financiar el rearme contra China-, conforme una amenaza militar suficiente para amedrentar a Rusia. Y quiere a Rusia amedrentada para que, en caso de guerra con China, Rusia no pueda brindar apoyo suficiente a China. Sin apoyo ruso, EEUU podría soñar con derrotar a China y, una vez derrotada China, pasarían a ocuparse de Rusia.
También explica su aparente interés en la paz entre Rusia y Ucrania. En realidad, Trump ofrece un caramelo para distraer a Rusia y así dar tiempo a que los europeos atlantistas se rearmen.
No es un esquema de paz lo que Trump está moviendo en Ucrania, sino de guerra. De la guerra sistémica que sostienen aquellos (China, Rusia, India, Irán…) que quieren instaurar un nuevo orden mundial contra los que (EEUU y sus títeres europeos) se afanan por impedirlo y prolongar cuanto puedan su hegemonía decadente. Eso aclara el apoyo o el silencio cómplice de la casta política europea hacia la operación terrorista de EEUU en Venezuela. Son zorros del mismo piñal unidos en los mismos objetivos.
No hay, en el mundo actual, conflictos aislados unos de otros. Estamos en un sistema de vasos comunicantes donde todos los grandes frentes de conflicto -Ucrania, Gaza, Irán, Asia-Pacífico, África, hoy Venezuela-, están intercomunicados y unos influyen en los otros. Lo que ha movido a EEUU contra Venezuela está relacionado con la pretensión gringa de apoderarse de Groenlandia. EEUU quiere una Groenlandia yanqui para hacer allí un símil de Taiwán y cerrar a Rusia el acceso al océano Atlántico. Y así…
Es la versión geopolítica del efecto mariposa (“un pequeño cambio ahora puede dar lugar a un cambio gigantesco e impredecible en el futuro”). Pueden ser conflictos localizados en una geografía determinada, pero que forman parte del conflicto global, cuyo escenario principal -no se engañe nadie- es el control del Pacífico.
Allí, en el ‘arco del triunfo’ que va de la península coreana a India -que referimos en Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos-, está el corazón de la economía mundial, la mitad de la población y las cuatro mayores potencias globales.
El acto criminal contra Venezuela tiene otras secuelas, las inmediatas. Una de ellas es recordarnos, de golpe, que el imperialismo depredatorio y violento no ha muerto. Está vivo y coleando, esperando únicamente que nos durmamos para asaltarnos.
También sirve para recordar que la lucha antiimperialista acabará sólo cuando los sistemas imperialistas hayan sido derrotados. No es posible saber qué derroteros seguirá la agresión contra Venezuela. Lo que debemos tener claro es que, mientras el enemigo está despierto, estamos obligados a permanecer en vigilia. Hoy es Venezuela, mañana cualquiera. De fondo, el planeta entero.
Una inédita versión global de lucha entre opresores y oprimidos. Entre oligarquías y pueblos. Entre un mundo unipolar, en manos criminales, y el mundo multipolar, que queremos en manos de la humanidad. Venezuela es el nuevo capítulo, no el último. Habrá otros. Irán, Egipto, Indonesia, África Central… Y no hay que llamarse a engaño. La acción criminal contra Venezuela acelerará el choque global. Si Trump enseña los dientes otros tendrán que apurarse con los misiles.
Sin dar espacio al desaliento, toca estar alertas y preparados. Se han perdido, se pierden y se perderán batallas pero, al final, la victoria será nuestra. Hagan números y verán que salen las cuentas.
* ex diplomático nicaragüense
Tras la conmoción inicial por los bombardeos estadounidenses en la madrugada de este 3 de enero, las calles de Caracas están en calma.
Los ciudadanos han salido de sus hogares para abastecerse de alimentos y medicinas, así como para exigir la liberación inmediata e incondicional del presidente Nicolás Maduro, secuestrado en la víspera por fuerzas de EE.UU. y trasladado ilegalmente junto con su esposa, Cilia Flores, a la ciudad de Nueva York, para enfrentar un juicio por cargos infundados de narcotráfico.
Del mismo modo, según pudo constatar RT, tras la entrada en vigor del Decreto de Conmoción Exterior anunciado en la víspera por la encargada presidencial –y otrora vicepresidenta– Delcy Rodríguez, las milicias populares se han desplegado en distintos puntos de la capital para hacer patrullaje y velar por el control territorial.
Este domingo –y en continuación con lo registrado la jornada anterior– miles de ciudadanos recorrieron avenidas de Caracas para expresar su respaldo a Maduro, rechazar su secuestro y el de Flores, y exigir su liberación inmediata.
En contraste, no se han registrado manifestaciones de apoyo al ala extremista de la oposición, que promovió abiertamente la intervención militar estadounidense y la imposición de medidas coercitivas unilaterales como mecanismos para expulsar al líder venezolano del poder y obtener, por esa vía, el control de la institucionalidad del país bolivariano.
Trump aseguró que la opositora extremista María Corina Machado no podrá asumir el liderazgo de Venezuela, argumentando que «no tiene el apoyo interno ni el respeto dentro del país». En su lugar, dijo que podría trabajar con la vicepresidenta, Delcy Rodríguez.
En zonas del este de la ciudad, como Los Ruices, se observó la presencia de contingentes policiales y de milicianos, movilizados de conformidad con lo contemplado en el decreto de conmoción y las órdenes dictadas esta jornada por el ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López.
La noche del sábado, grupos comunitarios reportaron en las redes sociales el paso de caravanas motorizadas de patrullaje en urbanizaciones cercanas al centro histórico de Caracas.
La medida fue estimada como conveniente por la ciudadanía en razón del ataque cibernético que sufriera el sistema eléctrico venezolano en el contexto de la agresión estadounidense, pues algunas zonas de Caracas estuvieron a oscuras durante gran parte del sábado.
Otra persona relató que en Catia La Mar, población del estado La Guaira afectada por los ataques aéreos de EE.UU., muchos ciudadanos realizaban compras de alimentos en el Mercado Comunitario ‘César Nieves’.
Hubo malestar entre los clientes porque los comerciantes aprovecharon la situación para subir arbitrariamente los precios. «Es un abuso. Los saqueados fueron los compradores, a los que no quedó más remedio que comprar», escribió en un mensaje de texto enviado a RT.
Alguien más comentó que pudo abastecerse de combustible sin problemas en una gasolinera localizada en Las Mercedes, al este de Caracas, y luego aprovechó la ocasión para recorrer supermercados y farmacias.
De acuerdo con su experiencia, que compartió con RT por medio de un servicio de mensajería, los expendios de alimentos y medicinas tienen alta concurrencia de compradores pero funcionan con normalidad. Destacó que a diferencia de lo que contaron los habitantes de Catia La Mar, los precios permanecen igual que el fin de semana pasado.
En Charallave, una localidad del estado Miranda cercana a Caracas, la vida transcurre con normalidad. RT confirmó en el terreno que hay negocios abiertos y gente en las calles, en total tranquilidad.
Muy cerca de esa población, el Ejército estadounidense bombardeó sin clemencia el aeropuerto privado Caracas, así como infraestructura del tren que conecta la zona de los Valles del Tuy con la capital y la Autopista Regional del Centro, una importante arteria vial que permite el traslado desde Caracas hacia el centro y el occidente del país.
La presidenta de México Claudia Sheinbaum condenó la intervención en Venezuela y subrayó que la política exterior mexicana se basa en el respeto y la cooperación entre naciones, no en la subordinación.
No es que no estaba presente, sino que ahora Donald Trump le dio mano libre para actuar y operar a su antojo, señalan analistas argentinos consultados.
La Agencia Central de Inteligencia tuvo un papel crucial en el secuestro de Nicolás Maduro en la madrugada del sábado en Caracas, y su penetración en el círculo cercano al mandatario bolivariano, sugiere la revista argentina LaPolíticaOnLine.
Desde hace meses en la Secretaría de la Defensa de México existe la tesis de que Donald Trump decidió empoderar a la CIA por encima de la Agencia de Lucha contra la Droga, más conocida como DEA. “Una lectura que por estas horas se confirma en Venezuela”, puntualiza el medio digital argentino.
Para los generales mexicanos –relata- es muy evidente en el día a día que la DEA ha perdido terreno en México a manos de la CIA, que ha incrementado exponencialmente su presencia, al punto de tener la necesidad de adquirir mayor cantidad de oficinas.
Sin presentar evidencia alguna, The New York Times asegura que la CIA logró reclutar un agente e infiltrarlo en el corazón del gobierno venezolano para facilitar información que tuvo posibilitó el rapto del presidente.
Eso se combinó con el uso de una flota de drones furtivos que proporcionaron un monitoreo casi constante sobre Venezuela, señaló el NYT, citado por LaPoliticaOnLine.