«Muere gente»: Defensor del pueblo en Ucrania se sincera sobre la movilización forzosa

El comisionado para los derechos humanos en Ucrania, Dmitri Lubinets, denuncia que en el país se producen muertes de ciudadanos directamente en los Centros Territoriales de Reclutamiento (TTsK, por sus siglas en ucraniano), análogos a las oficinas de alistamiento, en el marco de la movilización forzosa, que se conoce en Ucrania bajo el término de ‘busificación’.

 

Según indicó en una entrevista, solo este año ha recibido casi 6.000 quejas de ucranianos por violaciones de sus derechos a manos de empleados de los TTsK en el marco de la movilización. «El sistema ya está en tal estado que en el territorio de los TTsK muere gente», aseguró el funcionario.

Para ilustrar su denuncia, Lubinets mencionó un caso, que mantiene «bajo control personal», de un joven que fue detenido por empleados de un TTsK, pero quería ir a combatir. El hombre llamó a su familia y les avisó: «Me están entregando la orden de alistamiento, estoy listo para ir a la guerra. No se preocupen». «La persona acudió por su propio pie, no la llevaron por ‘busificación’. Al día siguiente, la familia recibió una llamada del hospital: ‘Su familiar está en el hospital, le hemos practicado una trepanación craneal, ha fallecido’«, explicó Lubinets.

El comisionado subrayó que las acciones violentas de los empleados de los TTsK están generando una reacción de la población civil, lo que se traduce, entre otras cosas, en ataques contra vehículos militares. «En nuestro país, los ciudadanos de Ucrania toman decisiones conscientes. Si las acciones del TTsK son ilegales en mi contra, entonces yo también puedo realizar las mismas acciones ilegales contra los representantes del TTsK. Y así es como comenzó el uso de la fuerza física en nuestro país. Golpean coches, queman coches, los vuelcan«, relató el comisionado para los derechos humanos.

A modo de ejemplo, mencionó un caso en la ciudad de Lvov, donde un militar que había pasado por el frente y trabajaba en un TTsK murió apuñalado por un civil. «Y yo también insisto en que, por favor, hay que parar. La sociedad ucraniana tiene que parar. […] No aguantaremos así como Estado. Caeremos», advirtió.

Escasez de tropas y reclutamiento coercitivo

Las Fuerzas Armadas de Ucrania se enfrentan a una gran escasez de tropas, agudizada por el problema sistémico de la deserción. Al mismo tiempo, cada vez más ciudadanos se convierten en víctimas de la movilización forzosa. En la Red aparecen regularmente imágenes de comisarios militares reclutando a la fuerza a hombres en plena calle, transportes públicos, hospitales o incluso bloqueándolos en sus coches mientras conducen.

A veces se registran también enfrentamientos con multitudes, mientras muchos se resisten a la movilización. Ante la brutalidad de los reclutadores y el creciente peligro de ser enviados al frente, los jóvenes continúan ideando todo tipo de esquemas para escapar del país. Algunos de ellos incluso deciden tomar medidas extremas, como cuando un hombre amenazó en agosto con detonar una granada para evitar ser movilizado.

Ejército ruso ocupó más de 700 kilómetros cuadrados en diciembre

Asimismo, destacó que los militares del grupo de tropas ruso Norte tomaron 32 localidades en las provincias ucranianas de Járkov y Sumy, después de haber completado la liberación de la región de Kursk y, está creando un cordón de seguridad en las zonas fronterizas de las mencionadas regiones de Ucrania.

Guerasimov recordó que, en total, se han tomado bajo control unos 950 kilómetros cuadrados de territorio y se han ocupado, 14 poblados en la provincia de Járkov y 18 en la de Sumy, que hacen el total de los 32 mencionados. La más grande de ellas es la ciudad de Volchansk, afirmó el alto cargo.

Previo a sus declaraciones el jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas rusas, visitó el centro de mando y operaciones del grupo de tropas Norte, donde conoció de la marcha de las acciones combativas en ese territorio e impartió instrucciones sobre los movimientos futuros.

Sobre la huelga general por la vivienda: movilizaciones, sindicalismo y acumulación de fuerzas

Desde hace unos pocos meses, el sindicalismo combativo y el movimiento de vivienda en Catalunya vienen hablando sobre la posibilidad de caminar hacia una huelga general y de avanzar en la unidad del movimiento obrero y popular. Compartimos este escrito que pretende aportar al debate sobre estas cuestiones y que ha sido elaborado por el grupo Sostre i Revolució, un colectivo que pretende impulsar el debate entre militantes revolucionarios presentes en el movimiento por la vivienda catalán. El artículo ha sido publicado en Catarsi y en Contracultura.


Desde hace unos meses, en algunos espacios del movimiento popular en Catalunya se ha empezado a hablar sobre la posibilidad de caminar hacia una huelga general, con la problemática de la vivienda en el centro[1]. Esta idea nace después de un curso en el que la cuestión de la vivienda se ha hecho más visible y en el que las diferentes organizaciones y colectivos han impulsado importantes movilizaciones. La vivienda es hoy una de las principales preocupaciones sociales y la dificultad para pagar precios desorbitados, la violencia de los desahucios, la incertidumbre de no encontrar casa o la precariedad que implica dedicar más del 50% del sueldo a tener un techo pueden movilizar a cientos de miles de personas.

En este contexto, y partiendo de la lectura de que los debates en torno a la huelga general por la vivienda tienen un hilo conductor con las movilizaciones del curso pasado, consideramos que es necesario hacer un análisis de estas, poniendo en perspectiva aciertos y errores. Esta lectura nos puede ayudar a enfocar la cuestión de la huelga general como lo que es, una herramienta de lucha, y a no reproducir algunos de los errores que consideramos se han cometido. Esto no solo es importante de cara a maximizar las posibilidades de éxito de una posible huelga, sino una necesidad para cualquier estrategia a largo plazo que ayude a la acumulación de fuerzas en la lucha contra el capitalismo, desde el terreno de la lucha por la vivienda.

Con este artículo queremos contribuir al debate de la huelga general que tendremos durante los próximos meses. Además de un análisis de las movilizaciones recientes, intentaremos trazar algunas líneas de trabajo que creemos que pueden hacer de la huelga general una herramienta de acumulación de fuerzas y un punto de inflexión en la socialización de nuestras demandas. Por último, más allá de la huelga general, hemos considerado oportuno hacer unas notas sobre el trabajo conjunto entre sindicalismo laboral y de vivienda como línea a desarrollar en el marco de la lucha de clases, uno de los retos que creemos que tenemos el movimiento de vivienda y la militancia revolucionaria.

El movimiento de vivienda y las últimas movilizaciones

En este apartado queremos hacer una consideración crítica respecto a las movilizaciones, a las luchas unitarias que desplegamos. Con movilizaciones aquí nos referimos a aquellos momentos del conflicto, diferenciados del día a día de actividad sindical y construcción organizativa —desahucios, asambleas, acciones o campañas de presión, en el caso del movimiento por la vivienda— en los cuales hacemos partícipes a más sectores populares, impulsando convocatorias que activan políticamente a mucha gente que está fuera de lo que consideramos nuestras bases.

En nuestra realidad, junto con los avances políticos y organizativos del sindicalismo de vivienda, que seguramente tienen como principal expresión el II Congrés y la fundación de la Confederació Sindical d’Habitatge de Cataluya (COSHAC)[2], otro síntoma del crecimiento de la lucha por la vivienda son las importantes movilizaciones del otoño y primavera pasados. Estas tuvieron un carácter masivo, pusieron en el centro del debate político la cuestión de la vivienda, fueron impulsadas por un amplio trabajo de base y situaron al movimiento como un agente político de referencia. A nivel interno, las convocatorias permitieron ampliar la coordinación entre diferentes territorios y organizaciones, abrir canales de colaboración con otros sectores del movimiento obrero y en algunos casos reforzar internamente los diferentes colectivos. Asimismo, se debe destacar que estos avances se han dado no solo en Catalunya sino también en otros territorios del Estado, contribuyendo a que la lucha por la vivienda empiece a ganar una dimensión estatal.

Sin embargo, las convocatorias del curso pasado y en particular el 5 de abril en Catalunya, la manifestación unitaria estatal, también fueron una muestra de limitaciones que debemos superar. Nos referimos, en concreto, al hecho de que en lugar de aprovechar la fuerza demostrada en la manifestación del 23N y la afluencia masiva que podía volver a congregar el movimiento, se apostara por una manifestación con un formato de «mitin», de nuevo centralizada en Barcelona y con un mayor componente de autoconsumo. Si bien es cierto que a la segunda convocatoria del curso no se pudieron dedicar tantas fuerzas como en la anterior, creemos que evidenció una falta de ideas respecto al desplegar formas de lucha que permitan escalar el conflicto, cayendo en una manera de hacer por inercia que nos dificulta avanzar y nos puede conducir al desgaste y la desmovilización.

Si observamos algunas de las prácticas habituales en el movimiento popular, podemos mencionar muchos problemas respecto a cómo impulsamos estas movilizaciones, con ejemplos recientes que podemos tener más o menos en la cabeza: manifestaciones autorreferenciales con poca capacidad de incidencia, lemas alejados de la realidad, convocatorias hechas solo «desde arriba», otras que interpelan más a capas intermedias que a los diferentes sectores del proletariado, etc. Pero en particular y para el problema que nos ocupa, nos interesa destacar dos: el movimentismo como única manera de hacer, y la desmovilización como respuesta a la primera.

Cuando hablamos de movimentismo, nos referimos a las manifestaciones como fin en sí mismas y casi único recurso; convocatorias que se hacen para mostrar músculo numérico, pero fuera de toda estrategia de acumulación de fuerzas y que generalmente encajan en la dinámica de presión mediática a las instituciones y refuerzo del papel del reformismo.

En esta tendencia, habitual en los últimos ciclos de lucha, no se piensan mucho los objetivos de una movilización, no se trabaja en un programa político más allá del posibilismo de alguna medida y no se desarrollan formas de lucha que eventualmente apunten al cuestionamiento del poder. En el fondo de esta concepción, además de las ideas reformistas, hay cierto pensamiento conservador al creer que las masas, en el sentido más amplio, no pueden participar de la lucha más que de una manera «pacífica» y bajo los cauces legales que nos impone el enemigo; algo completamente falso. Un nivel alto de combatividad, si el pueblo está preparado y convencido de lo que quiere —y pensamos que ahora puede estarlo—, puede dar más legitimidad a la lucha. Las manifestaciones que no pasan de ser acciones de cara a la galería pueden contribuir, y a menudo lo hacen, a la desmoralización y el desgaste.

La segunda desviación es consecuencia de la primera y también ha sido habitual en el movimiento por la vivienda, y más allá. Como «las manifestaciones no sirven para nada» y no podemos «hacer por hacer», se abandona un terreno de lucha que es muy necesario, justamente porque es aquí cuando llegamos a más sectores y cuando más fuerzas se pueden enfrentar al enemigo de clase. Esta lectura, también conservadora, hace que la práctica de mucha militancia apenas salga de la rutina diaria, que las organizaciones se deban más a cálculos o dinámicas internas que a las necesidades generales de la lucha de clases y pone límites al crecimiento y la influencia del movimiento.

En la práctica, si fuera por esta segunda tendencia casi no deberíamos plantearnos ninguna movilización y, por tanto, ninguna oportunidad para socializar nuestro discurso y llegar a sectores mucho más amplios de lo que nos permite la práctica diaria. Del mismo modo, este inmovilismo lleva a no estar abordando en profundidad los debates y las tareas necesarias que toca hacer ahora, en un momento en que parece que puede abrirse un nuevo ciclo de luchas y en que las posibilidades de impulsar grandes movilizaciones son claramente mayores que hace unos años.

En el actual contexto de crisis, tenemos la responsabilidad de preparar y poner en marcha grandes movilizaciones, pero también la de desarrollar las formas de lucha que permitan transformar ese potencial en fuerza real, acumulación estratégica y disputa del poder político. Es desde estas coordenadas, alejadas tanto del hacer por hacer como de un escepticismo inmóvil, que debemos situar el debate sobre la huelga general, como una herramienta más de lucha. El reto, por tanto, es cómo plantear y preparar una huelga general que nos permita avanzar en la lucha por reivindicaciones concretas y mejoras tangibles, ayudar a socializar ideas y consignas, fortalecernos internamente, ampliar los sectores de la clase a los que llegamos y dar impulso a un trabajo unitario entre el conjunto del movimiento obrero y popular.

Sobre la huelga general por la vivienda

Antes que nada, es necesario valorar y agradecer a quienes han hecho que empecemos a tener estos debates. Poner sobre la mesa la organización de una huelga general es una buena noticia, y solo el eventual proceso de debates y trabajo unitario puede ayudar a generar mejores condiciones generales para la lucha. Además, esta es una oportunidad para que un nuevo sindicalismo de clase se vaya abriendo paso, frente a las cúpulas de las grandes centrales sindicales que hace más de una década que tienen esta herramienta de lucha secuestrada.

De todas formas, la idea de la huelga general no es precisamente nueva e incluso podemos decir que a veces es tratada como una especie de fetiche. Ahora se dan algunas condiciones más favorables, como el crecimiento relativo del sindicalismo alternativo, una problemática de vivienda cada vez más grave, un movimiento de vivienda con más capacidad de movilización o una nueva etapa de luchas que parece que puede estar abriéndose; pero nada nos asegura que un nuevo intento de convocar una huelga general no pueda caer de nuevo en el voluntarismo. Para evitarlo, hacemos tres consideraciones previas:

En primer lugar, debemos hacer una afirmación y es que no podemos repetir el formato de «huelga general» que es una especie de jornada reivindicativa bajo el paraguas legal de una huelga. Este tipo de jornadas, en las que no se para la producción ni se lleva la lucha a los centros de trabajo, son las que hemos visto recientemente en algunos 8M o con las movilizaciones a favor de la causa palestina y que, como con las manifestaciones que mencionábamos al hablar de movimentismo, en el mejor de los casos acabarán con el anuncio de alguna medida estética por parte del gobierno. Por más que estas movilizaciones puedan tener un impacto positivo —el pasado 15 de octubre es un buen ejemplo—, seguir en esta dinámica no es lo que necesitamos para avanzar en el conflicto de clases en general, ni en la disputa por mejoras reales respecto a la problemática de vivienda en particular. Necesitamos caminar hacia una huelga general en condiciones, que suponga un avance en la acumulación de fuerzas y la organización de clase.

En segundo lugar, y relacionado con la cuestión de las movilizaciones, nos encontramos con otro problema, que es pensar en la huelga general como la única manera como podemos ir más allá de las movilizaciones hechas hasta ahora. Dicho de otra manera, corremos el riesgo de pensar que, después de algunas manifestaciones, la continuación natural (y única) que podemos hacer es convocar una huelga general que, por falta de preparación, puede acabar en una jornada de lucha como las mencionadas. Además de una muestra de falta de ideas, nos parece una cierta declaración de intenciones el hecho de plantear la convocatoria de una huelga sin en paralelo desarrollar otras formas de escalar el conflicto, yendo más allá de simples manifestaciones. Formas de lucha, por cierto, que necesitaremos desplegar en el momento en que vayamos a la huelga. Aquí no nos referimos a las herramientas del sindicalismo de vivienda —parar desahucios, conflictos contra propiedades, huelgas de alquileres, etc.— sino a otras que nos permitan enfrentar al Estado y al enemigo de clase en su conjunto. Como ejemplo de lo que decimos, podemos mirar las luchas de la clase obrera francesa desde la aparición de los chalecos amarillos hasta el reciente «bloquons tout», donde se han desplegado movilizaciones sostenidas en el tiempo, se han utilizado acciones como cortes de carretera o similares, y donde la huelga general ha sido un recurso más.

Finalmente, debemos huir de la idea de la huelga que el sindicalismo alternativo «nos convoca» al movimiento por la vivienda para que este haga sus reivindicaciones. En el plano más teórico, esta idea parte de una comprensión un tanto errónea que escinde los dos sindicalismos —laboral y de vivienda—, como si no fueran parte del mismo movimiento de clase, y en el terreno de la práctica probablemente nos conducirá a no hacer el trabajo de preparación necesario para llevar la lucha al terreno de la producción. La huelga general es una herramienta de lucha de toda la clase obrera, y sus demandas deben responder a sus necesidades y conflictos. Si la vivienda toma centralidad es porque es una de las problemáticas más grandes que nuestra clase tiene ahora mismo, pero del mismo modo, no puede ser la única demanda en un contexto de crisis y retroceso de las condiciones laborales y de vida. Lo que queremos decir es que no puede tratarse únicamente de una huelga general por la vivienda, sino de una huelga general en la que la vivienda esté en el centro de las demandas.

Caminar hacia la huelga general: algunas ideas y líneas de trabajo

La efectividad de una huelga general dependerá en buena parte de la capacidad que tengamos para detener la producción; las problemáticas y reivindicaciones por las cuales se convoca deben socializarse en los centros de trabajo, en una campaña de agitación, propaganda y pedagogía que debe interpelar al máximo de sectores de la clase trabajadora. Lo que diremos ahora es una obviedad, pero el movimiento de vivienda no tiene capacidad para convocar una huelga, no tiene presencia en los centros de trabajo ni tampoco acumula experiencia en un trabajo de este tipo. Una huelga general debe ser convocada y asumida por las organizaciones que justamente tienen implantación en el mundo laboral, y desde el movimiento de vivienda necesitamos iniciar un trabajo con ellas.

Así, la primera cuestión esencial es la preparación y organización con el tiempo necesario de todos los debates y del trabajo unitario entre el movimiento obrero, el movimiento por la vivienda y otros sectores del movimiento popular. Los principales debates a resolver deben ser la creación de un programa y unos objetivos comunes, así como la elaboración de un plan de lucha que incluya las tareas de expansión, de socialización de las demandas o la preparación de las jornadas clave.

Dicho esto, nos encontramos con una pregunta central, que es la de cuál es el sindicalismo de clase con el que contamos. Damos por hecho que las direcciones de las grandes centrales CCOO–UGT negarán la huelga hasta el momento en que les pase por encima, pero, ¿qué debemos hacer para llegar hasta ese punto? Este debate puede dar para ríos de tinta, así que diremos solo algunas ideas. Primero de todo, el sindicalismo alternativo, que en Catalunya está agrupado en torno a la Taula Sindical, debe poder actuar de la manera más unitaria posible para multiplicar fuerzas y ser un agente lo más legítimo posible. Esto debe hacerse con la aspiración de avanzar en un movimiento masivo, que vaya más allá de las propias organizaciones sindicales, que pueda arrastrar algunos sectores de base de los sindicatos mayoritarios y convertirse en una referencia para el conjunto de las capas populares. La preparación de esta huelga debe servir para dar un paso adelante en la construcción de un nuevo sindicalismo de clase, desarrollar la implantación e influencia en barrios obreros y otros territorios, ayudar a avanzar en una unidad más allá de las siglas y superar dinámicas corporativas.

De cara a este proceso, es esencial el desarrollo de un programa que vaya más allá de las demandas de vivienda y contribuya a construir esa unidad de clase. Como principio general, el programa debe incluir medidas que supongan una mejora real en las condiciones de vida, que de primeras no serán asumibles y nos pondrán en contradicción con el gobierno y la patronal, pero que deben tener una concreción y estar fuera de maximalismos que pueden servir solo en el terreno de la propaganda. Una huelga general debe trabajarse en torno a un número pequeño de reivindicaciones y medidas, las que se consideren más importantes y estratégicas a la hora de movilizar a la clase trabajadora en la coyuntura actual; esto es más efectivo que ir con una larga lista de demandas que, aunque sean justas, acaban siendo poco operativas. Este programa, además, debe tener una cierta universalidad, siendo extensible más allá de una huelga o de unas organizaciones en particular.

En cuanto a la cuestión de la vivienda, las demandas más centrales tendrán que ver con la bajada de precios vinculada a los salarios, la prohibición de desahucios y el control o la expropiación de las viviendas vacías en manos de grandes propietarios. Respecto al sindicalismo laboral, pueden ser importantes las medidas contra los despidos, contra las dobles escalas salariales, por el aumento de los salarios y la reducción de la jornada. Otra reivindicación central tiene que ver con garantizar el sistema universal de pensiones, que la pensión mínima sea equiparable al salario mínimo y extensible a todas las personas que han vivido con trabajos temporales o informales. Además, es necesario situar esta huelga en el contexto actual europeo e internacional, donde la lucha de clases tendrá muy en el centro la cuestión del rearme en Europa, el 5% de inversión en defensa que exige la OTAN y los nuevos recortes y medidas de austeridad que los Estados tendrán que aplicar para costearlo.

Volviendo a la cuestión de la producción, una huelga que sea verdaderamente efectiva debe tener incidencia y seguimiento en sectores estratégicos. Las huelgas convocadas recientemente, salvo contadas excepciones, suelen movilizar a funcionarios y trabajadores del sector servicios, y aunque la organización de estos trabajadores es evidentemente muy importante, la movilización de los sectores industriales o más directamente implicados en la producción y distribución es un requisito imprescindible para lograr paralizar el país. Son ejemplos las recientes huelgas en el sector del metal, algunas de las cuales han demostrado los niveles más altos de combatividad y de daño económico de entre todas las luchas obreras de los últimos años.

Más allá de la definición clásica de centros de trabajo, debemos tener como objetivo llegar a todas las capas del proletariado con trabajos precarios e inestables, entre ellas los sectores migrantes, a quienes se debe incluir y movilizar en una campaña de extensión, de pedagogía sobre lo que implica una huelga y de organización en comités de base u otras estructuras unitarias.

Un trabajo de este tipo requiere una labor de agitación y de presencia en barrios y lugares de trabajo que va mucho más allá de la simple convocatoria y difusión de la huelga, o de esperar que los diferentes sectores se sumen por «simpatía» o porque las demandas sean suficientemente justas. Hay que pensar en la creación de comités conjuntos en empresas y territorios, en brigadas de agitación que conecten polígonos y barrios, impulsar espacios de formación y debate que permitan establecer un marco común de análisis, etc. Asimismo, previo a la convocatoria de la huelga, creemos imprescindible impulsar algún tipo de movilización unitaria, que permita socializar las consignas y activar el movimiento.

Por último, una huelga general que quiera disputar victorias reales debe enfrentarse al gobierno central y debe ser organizada en el conjunto del Estado, y no solo en Catalunya. Por eso, es importante que los debates que estamos teniendo empiecen a darse en Euskal Herria, en Madrid, en el País Valencià y en el máximo de lugares y realidades posibles.

Más allá de la huelga: la unidad del sindicalismo de vivienda y el sindicalismo laboral

Un límite con el que nos topamos al abordar estos debates son las escasas relaciones existentes entre el movimiento por la vivienda y el sindicalismo laboral, insuficientes como para desplegar un trabajo como el que implica organizar una huelga general en condiciones. Este problema, que podemos extender al conjunto del movimiento popular, va más allá de la huelga de la que estamos hablando y es de una centralidad clave para la reconstrucción del movimiento de clase y revolucionario.

Para poner de relieve la importancia de caminar hacia esta unidad, dentro de una perspectiva histórica, incluso podemos decir que hablar de «dos sindicalismos», el sindicalismo laboral y el sindicalismo social, tiene un punto de artificial y es producto de la derrota revolucionaria y del movimiento obrero. Es cierto que el sindicalismo laboral actúa en el ámbito de la explotación del trabajo y el de vivienda en el del consumo y la reproducción social, pero ambos forman parte del movimiento de clase que debemos aspirar a reconstruir. Si pensamos en el gran movimiento obrero de hace un siglo, este no solo era la organización en los centros de trabajo, sino los ateneos, las organizaciones culturales… Yendo a algún ejemplo concreto, fue el Sindicato de la Construcción de la CNT quien creó la Comisión de Defensa Económica e impulsó la huelga de alquileres de 1931, y era dentro de la organización anarcosindicalista donde años antes se había creado la Unión de Inquilinos para luchar contra los abusos de la patronal inmobiliaria.

En un momento como el actual, consideramos que el valor de una posible huelga no reside solo en la lucha más inmediata en torno a la vivienda, sino en su potencial estratégico para avanzar en una ruta compartida, poner de relieve la necesidad de tejer alianzas y multiplicar puntos de contacto entre producción y reproducción social. Más allá de la convocatoria de una huelga general exitosa, lo que puede resultar transformador es que este proceso abra camino a aprendizajes comunes y a nuevas formas de acción colectiva, que permitan acumular fuerzas y establecer las bases de una verdadera unidad de clase.

Tenemos como tarea, por tanto, ir construyendo una vinculación orgánica real, una alianza estratégica que permita establecer una relación fluida y sólida entre ambos movimientos. Podemos poner algunos ejemplos sobre algunas líneas de trabajo que podemos aspirar a desarrollar. Por ejemplo, es necesario dotar de presencia al movimiento de vivienda en los centros de trabajo; igual que hay propaganda y afiliación de los sindicatos laborales, en la medida de lo posible, los sindicatos de vivienda deben tener puntos de información periódicos o propaganda. Hace falta crear materiales de difusión y trabajar en un imaginario que vincule los bajos salarios y la inestabilidad a los precios y problemas en el ámbito de la vivienda y de la vida en general, que permita también llevar el conflicto y la solidaridad contra los desahucios a los lugares de trabajo. En todo esto debe ser clave el papel de la COSHAC, como gran organización del movimiento y agente de referencia en el territorio.

En otra dirección, el sindicalismo combativo, que generalmente no tiene una organización territorial y tiene escasa presencia en barrios obreros, debe poder desarrollar una mayor implantación en el territorio donde el movimiento de vivienda tiene presencia, impulsando de manera conjunta locales o ateneos, participando de la vida cultural o llevando el conflicto laboral allí donde vive la clase. Nada de esto es un debate nuevo, y en los últimos años ha habido intentos y experiencias como puntos de asesoramiento laboral o trabajo sindical en algunos barrios, con resultados que permitirían hacer un balance, pero que van más allá del propósito de este escrito. Sea como sea, hace falta hacer un ejercicio que apunte en ese camino y apelamos al sindicalismo laboral al debate para poder trabajar conjuntamente.

Unas conclusiones, más allá de la huelga

La lucha por la vivienda, además de avanzar hacia nuevas formas de organización y de lucha, debe ser capaz de impulsar grandes movilizaciones, que interpelen a los sectores más amplios posibles y sitúen a estos en la disputa contra el gobierno y el enemigo de clase. Para ello, será necesario un trabajo de unidad con otros sectores, con especial importancia del movimiento obrero, estableciendo unos vínculos que puedan desarrollarse y fortalecerse en el tiempo. Un estallido social, un momento de esos que pueden ser un punto de inflexión en la lucha de clases —como a su manera lo fue el 15M— es cualitativamente diferente si detrás hay grandes organizaciones, arraigadas en la clase y actuando de manera consciente.

Una lucha amplia y decidida en torno a una serie de problemáticas y reivindicaciones, que puedan unificar y fortalecer unos conflictos hoy dispersos, puede acabar superando los límites de la misma lucha económica. Esta es una tarea central para los y las revolucionarias: contribuir a que sea el pueblo el que, moviéndose por determinadas exigencias, avance hacia el cuestionamiento del poder y del orden social capitalista. Levantar un nuevo movimiento de clase lo más amplio y unitario posible, acumular experiencias prácticas en luchas que tengan un carácter masivo, es la manera en la que podemos dar pasos adelante en la superación del estado actual de cosas, en una perspectiva que no puede ser otra que el socialismo.

Es necesario ubicar cada lucha y movilización que se presenta dentro de esta perspectiva, articulando una línea de clase que integre todas las formas de opresión y explotación capitalista. Los conflictos en la vivienda, en el trabajo y en tantos otros ámbitos sociales pueden convertirse en focos de acumulación de fuerzas revolucionarias, siempre que sean leídos con una orientación política que vaya más allá de lo inmediato. La formación de cuadros y militantes que sepan trabajar en esta línea entre los sectores populares es una tarea principal.

En nuestra realidad particular, el Estado español y su constitución, que consagra el derecho a la propiedad privada en sus principios fundamentales, así como la dictadura financiera de la Unión Europea, no permiten hoy reformas mínimamente profundas en clave popular. Impulsar un movimiento de este tipo debe ayudarnos a cuestionar el régimen salido de la Transición y las estructuras del imperialismo en las que se inserta. Hacerlo, además, con el PSOE en el gobierno y el reformismo en una importante crisis de legitimidad tiene una importancia aún mayor, a la hora de enfrentar la oleada reaccionaria y construir una verdadera independencia de clase.

Avanzar en la perspectiva de la revolución, sin embargo, exige organizarse más allá del movimiento popular, en espacios que sirvan para debatir, para crear pensamiento estratégico, para formarse como cuadros y para desarrollar las tareas que las dinámicas de las organizaciones sindicales y de masas en general no permiten. No habrá revolución sin la herramienta de lucha que es el partido revolucionario, y no podremos avanzar en un movimiento de masas que sirva a esta causa si no avanzamos en su construcción. Este tema excede el contenido del texto, pero queríamos mencionarlo y desde la humildad hacer una afirmación: el trabajo que hacemos entre nuestra clase y en las luchas de las que somos partícipes, son el terreno desde el que se puede avanzar en este proceso, compartiendo debates y poniendo en práctica la necesaria unidad entre revolucionarios.

Una parte importante del movimiento de vivienda, a día de hoy, entiende que no puede haber solución al problema de la vivienda sin superar el modo de producción capitalista y la vivienda como mercancía, y que será luchando con esta perspectiva como algún día conseguiremos victorias reales para nuestra clase. Llevemos, pues, este principio a la práctica.

Víctor Fonoll, Javier González

Este escrito ha sido elaborado por el grupo Sostre i Revolució, colectivo que pretende impulsar el debate entre militantes revolucionarios presentes en el movimiento por la vivienda.

 


[1] Òscar Simon, sindicalista de la USTEC, ha sido de los primeros en hacer pública una aportación a este debate, sobre el cual ya se ha celebrado alguna charla pública: https://www.elsaltodiario.com/cuadernos-de-trabajo/huelga-general-vivienda

Más recientemente, en un análisis de coyuntura, las compañeras de Endavant también han hablado de la huelga: https://www.endavant.org/un-pas-endavant-de-les-mobilitzacions-per-palestina-a-la-vaga-general/

[2] La Confederació Sindical d’Habitatge de Catalunya agrupa algo más de 30 colectivos locales del territorio catalán, y aunque ya se ha presentado públicamente, aún se encuentra en una fase de construcción interna. Fue fundada en el II Congrés d’Habitatge de Catalunya, después de un proceso de dos años de debate y donde más de 600 militantes debatieron y aprobaron las ponencias que rigen su línea, objetivos y funcionamiento.  https://www.coshac.cat/

Cuba denuncia en Laos inédito despliegue militar de EEUU en el Caribe

Tal situación amenaza la libertad de comercio, los principios de soberanía de los Estados, y la implementación de la proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, aprobada en La Habana en enero de 2014, enfatizó.

De igual modo, añadió, se están creando negativos precedentes con impacto directo en la estabilidad mundial y el peligro de una conflagración que debe evitarse.

En un acto conmemorativo por el 67 aniversario del triunfo de la Revolución cubana, el centenario de su líder histórico Fidel Castro, y los 5O años del viaje de Kaysone Phomvihane a La Habana, Viant subrayó que la paz es imprescindible para avanzar en la cooperación e integración, e impulsar el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible.

La diplomática señaló por otra parte que, en el plano interno, “el pueblo cubano ha sufrido y enfrentado los efectos de un devastador bloqueo económico de más de 60 años, ampliado por la persecución financiera y energética, y una guerra subversiva y multidimensional recrudecida.

En ese sentido, Viant reiteró el agradecimiento a Laos que, como parte de la abrumadora mayoría de los Estados que forman parte de la comunidad internacional, respaldan la Resolución presentada por Cuba demandando el cese del unilateral e ilegal bloqueo estadounidense, aprobada durante más de 30 años por la Asamblea General de Naciones Unidas.

Señaló también que “el gobierno cubano no ha escatimado esfuerzos para salir adelante y se encuentra en un positivo proceso de transformaci6n de métodos de trabajo para enfrentar los problemas económicos, con la fortaleza de la unidad como eje estratégico y una definición clara de las prioridades económicas y sociales”.

En otra parte de su discurso, la embajadora cubana aludió al avance en las relaciones entre Partidos, Gobiernos, Parlamentos y los pueblos de Cuba y Laos, así como en la cooperación en las esferas multilateral y bilateral en sectores como educación, deportes, salud, agricultura, e investigación científica, entre otros.

Recordó que este año se realizaron consultas políticas a nivel de Cancilleres en Vientiane y La Habana, y diversas visitas del más alto nivel, entre ellas la del primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y presidente de la República, Miguel Díaz-Canel.

La presencia de Díaz Canel en Laos, dijo, reafirmó la alianza estratégica y fraternal con este país indochino y ratificó la voluntad de expandir la colaboraci6n económica, política y cultural junto a los lazos de solidaridad entre dos naciones unidas por décadas de desafíos comunes y apoyo mutuo.

Seguiremos protegiendo con amor los lazos fraternos y amistosos cimentados por los líderes históricos Fidel Castro y Kaysone Phomvihane y florecidos en las cuevas de Viengsay con la llegada de los primeros médicos cubanos a tierras laosianas, aseveró.

Manuel Zelaya calificó la declaratoria del CNE de acto carente de “valor legal ni moral”

Manuel Zelaya denunció en un mensaje en la red social X que “regresó el Partido Nacional para el robo del siglo y consumar otro monstruoso fraude electoral”. Foto: EFE.

El Coordinador General del Partido Libertad y Refundación (Libre) y expresidente hondureño, Manuel Zelaya, califico el martes la declaratoria del Consejo Nacional Electoral (CNE) sobre los resultados electorales del 30 de noviembre como un acto carente de “valor legal ni moral”.

En su cuenta de la red social X, Zelaya afirmó que “regresó el Partido Nacional para el robo del siglo y consumar otro monstruoso fraude electoral”, y denunció específicamente el “asalto del Partido Nacional a la Alcaldía del Distrito Central”, cargo que, según aseguró, fue ganado por Jorge Aldana.

Zelaya rechazó de forma categórica la injerencia estadounidense, señalando que «el pueblo hondureño no acepta la injerencia extranjera del Presidente Donald Trump y sus operadores en Honduras”.

En ese sentido, el coordinador general de Libre destacó como «un acto de agresión política fascista y neo-colonia» a las amenazas ejercidas por Estados Unidos para condicionar el voto e interferir con el ejercicio democrático hondureño.

«La declaratoria del CNE, con las consejeras secuestradas bajo presión externa, y la manipulación institucional e intervención extranjera descarada, no tiene ningún valor legal ni moral«, denunció Zelaya en su mensaje.

Mirar en X

De igual forma, Manuel Zelaya cuestionó la legitimidad del proceso al afirmar que la declaración del CNE “desconoce las impugnaciones sobre actas y votos en 230 alcaldías y diputados en los 18 departamentos”, y la calificó como un “fraude al servicio de la oligarquía, del bipartidismo corrupto y de agendas extranjeras”. Razones como estas «han empobrecido a Honduras» a través de los años, por lo que manifestó la decisión de no aceptar los resultados de las elecciones ni avalar el sometimiento evidenciado en «resultados imperiales».

Ante lo que denomina una “usurpación de la soberanía popular”, Zelaya estableció cuatro exigencias clave que son la «nulidad total del proceso electoral», «conteo voto por voto, acta por acta, bajo observación independiente», «garantías para la soberanía nacional frente a toda intervención externa» e «investigación de la responsabilidad moral y política de los operadores del fraude».

Zelaya también hizo un llamado “a los colectivos y al pueblo a organizarse en resistencia popular”, reiterando que “no nacimos para estar sometidos, ni ser vasallos”, como respuesta al resultado dado a conocer de manera virtual el pasado 24 de diciembre que reconoce a Nasry Asfura como nuevo presidente de Honduras, mediante una candidatura mediada por la presencia y apoyo de EE.UU. Manuela Zelaya concluyó su mensaje con la expresión: “¡La Patria, es Libre o no es Patria!”.

Nuevo escándalo en Ucrania: Destapan una red de sobornos en el Parlamento

La Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania (NABU) y la Fiscalía Especial Anticorrupción (SAP) han presentado una notificación de sospecha a cinco diputados de la Rada Suprema (Parlamento ucraniano) por su presunta participación en un grupo delictivo organizado que habría garantizado, mediante sobornos, el ‘voto correcto’ en determinados proyectos de ley, informaron este lunes ambas instituciones.

 

Según la investigación preliminar, desde 2021 habría operado en la sede legislativa una estructura jerárquica integrada, entre otros, por diputados en ejercicio y que era coordinada por uno de ellos. A través de un grupo específico de la aplicación WhatsApp, los organizadores enviaban instrucciones con los números de los proyectos de leyes y resoluciones que debían ser apoyados o rechazados y, posteriormente, se transfería de forma sistemática dinero en efectivo a los parlamentarios implicados.

Según el reparto de funciones descrito por la SAP, parte de los integrantes controlaba y coordinaba a los demás, transmitía información sobre los textos a votar y se ocupaba de la recepción, distribución y entrega de la supuesta dádiva ilícita a los diputados. Los otros miembros del grupo debían seguir estrictamente las indicaciones, estar presentes en el hemiciclo el día de la votación y ajustarse a la posición establecida de votar ‘a favor’ o ‘en contra’.

Si cumplían todas las instrucciones, recibían dinero, que se les entregaba tanto personalmente como a través de otros participantes del grupo organizado.

Esquema de pagos

La cuantía de los pagos se determinaba, según los fiscales, en función de un «indicador de eficacia de las votaciones», que dependía del número de proyectos de resolución y leyes aprobados por cada diputado concreto y de su asistencia a las sesiones plenarias. El importe oscilaba entre 2.000 y 20.000 dólares. De igual modo, al menos entre septiembre y noviembre de 2022, la suma se situaba en 2.000 dólares, mientras que, al menos desde agosto de 2025, habría aumentado a 5.000 dólares.

La SAP señala que, por regla general, la distribución de la presunta remuneración ilícita se realizaba los jueves, al comienzo del mes siguiente a la votación, tras evaluar el cumplimiento de las instrucciones del organizador durante el período anterior. Los investigadores afirman haber documentado, mediante diligencias de instrucción y acciones encubiertas, la recepción entre noviembre y diciembre de este año de al menos 145.000 dólares por parte de uno de los diputados, y que debían ser redistribuidos después entre otros miembros del grupo.

El sábado pasado, los cinco diputados fueron formalmente informados de su condición de sospechosos y les fueron entregadas solicitudes de imposición de medidas cautelares. La NABU y la SAP subrayan que la investigación sigue su curso, con nuevas diligencias destinadas a identificar a todos los participantes en la presunta organización y a garantizar una instrucción rápida, completa e imparcial.

Según medios, cuatro diputados del partido del líder del régimen de Kiev, Vladímir Zelenski, Servidor del Pueblo (Slugá Naroda), ya han recibido una notificación de sospecha: Yevgueni Pivovárov, Ígor Negulevski, Olga Sávchenko y Yuri Kisel.

  • Este escándalo de corrupción se suma a otros ya desvelados en el país eslavo. Este mismo lunes, la Fiscalía General de Ucrania comunicó que había descubierto un esquema delictivo de apropiación ilegal de electricidad por un valor que supera los 168 millones de grivnas (casi 4 millones de dólares) en perjuicio de la empresa estatal Ukrenergo.
  • Estas nuevas investigaciones se producen en el contexto de un megaescándalo de corrupción que afecta al entorno de Zelenski. El pasado 11 de noviembre, la Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania (NABU) comunicó que había detenido a cinco personas e identificado a otros siete sospechosos en el marco de una investigación de una trama de sobornos por unos 100 millones de dólares en el sector energético. Entre los posibles implicados se encuentra el empresario Timur Míndich, conocido como ‘la billetera’ de Zelenski.

Así es el plan de Alemania ante una eventual guerra que involucre a la OTAN

Rata neo-nazi alemana, Friedrich Merz. | Geert Vanden Wijngaert / AP

Alemania ha elaborado un plan en el que detalla cómo se organizaría el país en caso de una hipotética guerra entre la OTAN y Rusia, informa Politico. El reporte surge en medio de lo que desde Moscú se califica de histeria, en referencia a la narrativa falsa sobre un posible ataque ruso contra Europa o la OTAN.

 

El documento clasificado, denominado Plan Operativo para Alemania (OPLAN), del que había informado previamente The Wall Street Journal, comprende cinco fases, desde la detección temprana de amenazas y la disuasión hasta la defensa nacional, la defensa colectiva del bloque y la reconstrucción posterior al conflicto.

El país germano se encuentra actualmente en la primera fase, que se centra en la elaboración de un panorama común de amenazas, la coordinación entre organismos estatales y la preparación logística y de medidas de protección.

El plan presenta a Alemania como una base operativa y un corredor clave para el tránsito de tropas de la Alianza Atlántica.

La hoja de ruta establece que las unidades de seguridad nacionales se encargarían de proteger infraestructuras críticas, garantizar el movimiento seguro de tropas y sostener el funcionamiento del Estado, mientras las fuerzas de combate se desplegarían en otros lugares. Asimismo, define a las estructuras civiles como elemento fundamental para el éxito militar, destacando como facilitadores esenciales las redes de transporte, el suministro de energía, los servicios sanitarios y los contratistas privados.

Según el documento, en caso de conflicto, el país se convertiría en «un objetivo prioritario de ataques convencionales con sistemas de armas de largo alcance».

  • Moscú ha recalcado en numerosas ocasiones que no planea ningún ataque contra los países europeos.
  • El presidente ruso, Vladímir Putin, denunció a mediados de diciembre que en ciertos países europeos a la gente «se le inculcan» miedos sobre un supuesto enfrentamiento inevitable con Rusia. «Ya lo he dicho en repetidas ocasiones: esto es una mentira, un disparate, simplemente una locura sobre la supuesta amenaza rusa para los países europeos. Pero se hace de manera plenamente consciente», manifestó el presidente ruso. «La verdad es que Rusia, incluso en las circunstancias más difíciles, siempre ha intentado —hasta el final, mientras existiera la más mínima posibilidad— encontrar salidas diplomáticas a las contradicciones y los conflictos», resaltó.

La clase obrera se moviliza en Europa contra la guerra y el capital

Osvaldo Quitián (Unidad y Lucha).— La crisis estructural capitalista en el seno de la UE, su modelo de esquilmación de continentes, la crisis energética que atraviesa tras renegar del petróleo y gas de la Federación Rusa a precios muy asequibles, enmascarada como transición verde; incapacidad de competir en el mercado mundial, desindustrialización a través de la deslocalización de fábricas, en suma, una creciente crisis de acumulación capitalista que lleva a una situación de desesperación por parte de la oligarquía imperialista europea.

Todo ello precipita la deriva del capital, especulación financiera, gastos militares que van a suponer el 5 % del PIB, fondos Next Generation de 70.000 millones de euros para apuntalar empresas capitalistas, políticas que imponen condiciones laborales y de vida cada vez más insostenibles para la clase trabajadora, recortes sociales, reconversiones masivas, privatizaciones cada vez menos encubiertas.

La estrategia de la oligarquía de neutralizar a la clase obrera a través de la desmovilización, la desorganización y la tentativa de desarmarla por medio de arrancarle la conciencia de clase, sometiéndola a la sumisión a la dictadura del capital mediante un sindicalismo servil al capital por lo que somete a la clase obrera a pactos espurios con el capital ha fracasado.

En este contexto de decrepitud capitalista europea el año 2025 acaba con un auge del movimiento obrero a partir de huelgas generales y grandes movilizaciones. Un síntoma alentador de que se abre una nueva etapa en el desarrollo de la lucha de la clase trabajadora que se niega a someterse a las estrategias de rapiña de la clase burguesa.

En Bélgica la Federación General del Trabajo de Bélgica (FGTB-ABVV) organizó huelgas y manifestaciones durante los días 24, 25 y 26 de noviembre por los masivos recortes sociales por parte del gobierno de coalición de liberales, democristianos, nacionalistas y socialdemócratas que representan el conjunto de la partitocracia imperialista belga. Recortes propuestos de 9.200 millones de euros afectarán a pensiones, sanidad, educación, partidas para desempleados. Todo ello para incrementar de manera exponencial los gastos militares.

El gobierno tiene previsto aumentar la edad de jubilación a los 67 años, limitación del subsidio de desempleo a dos años, reincorporación al trabajo de enfermos de larga duración, subida de impuestos para el diésel, recortes de pensiones.

En Flandes se paralizó el transporte, incluida la red ferroviaria, así como puertos como el de Amberes. En octubre se habían manifestado 120.000 trabajadores Bruselas previamente a las huelgas de noviembre. Se paralizó la industria, servicios, comercio de una manera contundente. La Compañía ferroviaria SNCB se vio afectada por la huelga del transporte de trenes durante 72 horas.

El 8 de noviembre se movilizaron más de 100.000 trabajadores en Lisboa contra las medidas antiobreras gubernamentales. El 11 de diciembre la Confederación General de los Trabajadores Portugueses, Intersindical Nacional y Unión General de Trabajadores convocaron una huelga general contra la reforma laboral del gobierno portugués, que facilita los despidos, desregula horarios y otras medidas que afectan al permiso de lactancia para las trabajadoras.

Contra la Ley de Presupuestos del Gobierno de Italia que afecta a trabajadores, pensionistas, estudiantes fue convocada la huelga general el 12 de diciembre por parte de Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL). El único gasto que el gobierno plantea es el rearme. La inmensa mayoría de trabajadores no llegan a final de mes. Se paralizó transporte, industria, sanidad, educación, comercio. Hubo una manifestación en la Torre dei Conti donde murió un obrero a principios de noviembre por el derrumbe del edificio medieval. Medio millón de trabajadores y trabajadoras se movilizaron en las más de cincuenta manifestaciones convocadas. Durante 2025 hubo 1.471 huelgas en diversos sectores desde la industria, el transporte, la sanidad y la educación.

Las huelgas convocadas en Italia en solidaridad con el pueblo palestino tanto en septiembre como octubre han supuesto un despertar de la lucha obrera, un magnífico ejemplo de internacionalismo proletario y solidaridad antiimperialista. Ello representa el camino a seguir por parte de la clase trabajadora de cara a promover la coordinación en las luchas obreras a nivel internacional.

Liga Árabe condenó nueva ley israelí contra agencia de la ONU

La organización regional afirmó en un comunicado que la normativa aprobada por la Knesset (Parlamento) representa una continuación de la legislación ilegal para prohibir el trabajo de la Unrwa en los territorios ocupados.

Esa acción representa una flagrante violación de las inmunidades y privilegios de las organizaciones de Naciones Unidas y un desafío flagrante a una reciente resolución de la Asamblea General sobre el tema, subrayó.

La Liga Árabe estimó que la iniciativa tendrá consecuencias desastrosas y socavará la capacidad de la Unrwa para llevar a cabo su mandato “de proporcionar servicios esenciales e irremplazables a los refugiados palestinos”.

Ante esa situación, llamó a la comunidad internacional a asumir sus responsabilidades jurídicas y morales para enfrentar tales proyectos.

Este mes, las fuerzas de seguridad israelíes irrumpieron en la sede de la Agencia en Jerusalén e incautaron todo el material en su interior, en medio de acusaciones del Gobierno contra la institución por su supuesto apoyo al Movimiento de Resistencia Islámica y al ataque del 7 de octubre de 2023.

En respuesta, el comisionado general del organismo, Philippe Lazzarini, denunció que Israel está violando los privilegios e inmunidades de Naciones Unidas al atacar la sede de la agencia.

Al intervenir en una reunión sobre refugiados en Ginebra, Lazzarini acusó a ese país de asesinar en Gaza a más de 380 miembros del personal de Unrwa en los últimos dos años.

En enero de este año, entraron en vigor dos leyes adoptadas por Israel contra la agencia, pese a las condenas internacionales.

La primera de ellas prohibió las actividades de la Unrwa dentro de “áreas bajo soberanía israelí”, incluida la zona oriental de la ciudad de Jerusalén, ocupada desde la guerra de 1967.

La prohibición se extendió a la operación de oficinas de representación y la prestación de servicios, mientras que la segunda ley impide cualquier contacto de las autoridades con el organismo.

También impuso obstáculos a la negociación de la agencia con bancos israelíes, la obtención de transferencias financieras y el pago de salarios.

Xi Jinping confía en mantener un «contacto estrecho» con Vladímir Putin en el 2026

Putin recordó que se reunió dos veces con Xi para conmemorar el 80 aniversario de la victoria sobre el nazismo alemán y el militarismo japonés. Foto: @BRICSinfo
Putin recordó que se reunió dos veces con Xi para conmemorar el 80 aniversario de la victoria sobre el nazismo alemán y el militarismo japonés. Foto: @BRICSinfo

Los presidentes de China y Rusia, Xi Jinping y Vladímir Putin, intercambiaron este miércoles mensajes de felicitación con motivo del Año Nuevo, en los que el mandatario chino expresó su voluntad de seguir manteniendo un «contacto estrecho» con su homólogo ruso para fortalecer las relaciones bilaterales.

De acuerdo a la agencia oficial china, Xinhua, Xi Jinping aseguró que la «asociación estratégica integral de coordinación China-Rusia de la nueva era» dio «pasos firmes» en 2025, año en que ambos mandatarios se reunieron cara a cara en dos ocasiones.

«Ambos países se apoyaron mutuamente en marcos multilaterales como las Naciones Unidas, aportando sabiduría y fuerza a la reforma y el perfeccionamiento de la gobernanza global«, afirmó el presidente chino.

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Por su parte, el presidente ruso expresó su deseo de mantener un estrecho contacto con su par chino sobre las relaciones bilaterales y las principales cuestiones internacionales.

Putin recordó que se reunió dos veces con Xi para conmemorar el 80 aniversario de la victoria sobre el nazismo alemán y el militarismo japonés, alcanzando una serie de importantes consensos.

También destacó la ampliación de la cooperación económica, comercial y el impulso de grandes proyectos conjuntos.

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Poco antes del comienzo de la operación militar especial de Rusia en Ucrania, Xi Jinping y Vladímir Putin proclamaron en Beijing la «amistad sin límites» entre sus países.

Desde entonces, han defendido que sus lazos «no amenazan a ningún país» y que, en realidad, «hacen avanzar la multipolarización del mundo«, al tiempo que han profundizado sus intercambios.

Asimismo, Beijing se ha opuesto a las «sanciones unilaterales ilegales» contra Moscú por «no solucionar los problemas».

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