La frase del día

«Obama fue prudencia permanente», hoy a las 09.30 en RNE

Uno de los padres de la criatura Estado Islámico

El senador por Arizona sugiere a EEUU retomar la política de paz armada hacia Rusia.

El senador republicano John McCain sugirió a la próxima administración estadounidense reanimar el concepto de paz armada, es decir, una paz basada en la disuasión militar en las relaciones con Rusia.

En una entrevista con la televisión Fox News, el senador por Arizona expresó la esperanza de que los asesores de Donald Trump, incluyendo el candidato a la jefatura del Pentágono, James Mattis, persuadan al presidente electo de tomar una línea dura hacia el presidente de Rusia, Vladímir Putin.

«No podemos recompensar el mal comportamiento, tenemos que volver a la paz armada de Ronald Reagan. Ponte fuerte y luego trata con (Putin), es la única manera», dijo McCain.

El principio de paz armada, que se conoce desde los tiempos del emperador Adriano, fue preconizado por el cuadragésimo presidente de EEUU, Ronald Reagan, a principios de los 1980, en los tiempos de la llamada guerra fría contra la Unión Soviética.

Las relaciones entre Washington y Moscú sufrieron un notable deterioro en los últimos años.

Desde 2014, EEUU puso en marcha varias baterías de sanciones sectoriales e individuales contra Rusia por su supuesta intromisión en el conflicto ucraniano.
El distanciamiento se acentuó en septiembre de 2016 cuando las dos potencias no lograron un alto el fuego duradero en Siria.

Donald Trump, quien será investido presidente de EEUU el 20 de enero, sugirió en una entrevista reciente con The Times, dio a entender que las sanciones impuestas a Rusia podrían cancelarse si se logra un nuevo acuerdo bilateral sobre la reducción de armas nucleares.

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, comentó al respecto que por ahora no se llevan a cabo negociaciones con Washington sobre un posible recorte de arsenales nucleares, y reafirmó el rechazo de Rusia a plantear en sus contactos internacionales el tema de las sanciones impuestas por varios países de Occidente.

Hispan TV

Los medios del Régimen siempre en vanguardia de la mentira

Año 1996 

La factura media anual de la luz ha subido 383 euros desde 2004

Si te crees eso de que «España crece» es porque eres bobo

Curiosamente en la reunión de los presidentes de las Autonomías el único que dijo la verdad, y sin que sirva de precedente, fue Rajoy:»No hay un duro», largó con otras palabras. El resto de reunidos se dedicó a hacer demagogia de cara al potencial electorado. Todos saben que España está arruinada y el dinero que roba donde puede se dedica a pagar una deuda impagable. Imagen: un «re-pobre» pide limosnas a los pobres que hacen las llamadas «colas del hambre».

Agencias.- El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, explicó ayer que el PIB se recuperará en el primer semestre del año a niveles anteriores a la crisis, pero advirtió a las comunidades autónomas de que la recaudación sigue estando 20.000 millones por debajo de la de 2007, año en el que comenzó la recesión económica.

El jefe del Ejecutivo dibujaba este escenario en su intervención a puerta cerrada en la VI Conferencia de Presidentes celebrada ayer en el Senado con las ausencias del catalán, Carles Puigdemont, y el lehendakari, Iñigo Urkullu. El presidente indicó que en la primera mitad de 2017 se puede haber recuperado todo el PIB destruido por la crisis, que fue el 10%, y apuntó que se crearán unos 400.000 empleos, lo que llevará la tasa de paro al 17,6%.

Según Rajoy, esos datos dibujan una situación mejor que la que había en 2012, pero subrayó que siguen persistiendo «los desequilibrios». Entre ellos citó los problemas de recaudación, porque aún no se han recuperado los ingresos que proporcionaba en 2007, que está 20.000 millones por debajo. Además, señaló que el gasto en pensiones ha aumentado en 40.000 millones.

jmalvarezblog.blogspot.com

El Régimen siempre se lava sus manos manchadas de sangre

Esos crímenes son culpa del sistema capitalista

José Díaz y el problema nacional; Joan Comorera, 1942

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

«La clase obrera, claro, tiene una concepción propia de la cuestión nacional, una concepción opuesta, inconciliable a la del reaccionario nacionalismo burgués. Nosotros profesamos la teoría nacional staliniana, los principios básicos son: el problema nacional es inseparable de la lucha por el aniquilamiento de la explotación capitalista; el derecho de autodeterminación de los pueblos es inalienable; la nación, en ejercicio democrático de su derecho, puede constituirse en Estado separado, puede unirse a uno u otro Estado, puede federarse con el Estado al que históricamente pertenece, y el respeto de esta voluntad nacional libremente expresada es obligatorio; todos los pueblos son iguales en derechos y los pueblos más avanzados tienen el deber de ayudar a los más atrasados a elevarse al mismo nivel; la unión libre de los pueblos iguales en derechos elimina toda posibilidad de opresión nacional, pone la nación al servicio de la humanidad y asegura la convivencia fraternal de los pueblos, la construcción de una vida pacífica, de bienestar progresivo y de libertad verdadera». (Joan Comorera; Carta abierta a Reyes Bertal, 1948)». (Joan Comorera; José Díaz y el problema nacional, 1942)

Introducción de Bitácora «(M-L)»

Este documento fue un tributo al por entonces recién fallecido –1942– José Díaz, Secretario General del Partido Comunista de España (PCE). El autor, Joan Comorera, comunista catalán, quiso recalcar el gran trato de José Díaz al pueblo catalán, y su compresión como marxista-leninista, respecto a la cuestión nacional.

Este artículo sería la verificación, una vez más, del acierto de la línea política del PCE y José Díaz antes, durante y después la Guerra Civil Española. En tanto, es en sí un recordatorio –a sus sucesores– para no olvidar este punto. También en este escrito se recordará un poco el nacimiento del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC), el cual tuvo un gran papel en la lucha antifascista desde 1936 a 1939; se aborda desde cómo se formó, en qué contexto; y sobre todo porque a diferencia de otros lugares, ya había logrado la agrupación de todos los partidos donde estaban disgregados los obreros catalanes bajo las normas marxista-leninistas, es decir, ya se había constituido el partido único del proletariado.

José Díaz tuvo mucha implicación en la reorganización del partido tras la fallida revolución de octubre de 1934, y en explicar a los camaradas catalanes la nueva táctica del VIIº Congreso de la Komintern de 1935, por entonces el PCE alineado a la misma. Si bien, hay que tener en cuenta el auxilio de José Díaz a los catalanes y esencialmente a su dirigente, Joan Comorera, éste último es quién tiene el mérito de haber conducido a tal partido, de pertrechar al partido no en una amalgama de ideas sino en la ideología marxista-leninista, inclusive en la tratamiento de la cuestión nacional catalana. Podríamos decir que su mayor mérito fue conducir a su pueblo –muy influenciado entonces por el nacionalismo burgués y el anarquismo– a través del PSUC en la lucha antifascista, tarea que cumplió de modo ejemplar tanto durante la guerra como después de la misma lo que permitió aumentar enormemente el prestigio de su partido y del marxismo-leninismo como fuerza conductora.

Precisamente Joan Comorera, sería una de las grandes figuras que defendieron el legado de José Díaz sobre la cuestión del problema de las nacionalidades. Sus escritos sobre Cataluña, sobre todo los publicados después de la guerra, emanan del mismo pensamiento que el del comunista sevillano:

«La clase obrera, claro, tiene una concepción propia de la cuestión nacional, una concepción opuesta, inconciliable a la del reaccionario nacionalismo burgués. Nosotros profesamos la teoría nacional staliniana, los principios básicos son: el problema nacional es inseparable de la lucha por el aniquilamiento de la explotación capitalista; el derecho de autodeterminación de los pueblos es inalienable; la nación, en ejercicio democrático de su derecho, puede constituirse en Estado separado, puede unirse a uno u otro Estado, puede federarse con el Estado al que históricamente pertenece, y el respeto de esta voluntad nacional libremente expresada es obligatorio; todos los pueblos son iguales en derechos y los pueblos más avanzados tienen el deber de ayudar a los más atrasados a elevarse al mismo nivel; la unión libre de los pueblos iguales en derechos elimina toda posibilidad de opresión nacional, pone la nación al servicio de la humanidad y asegura la convivencia fraternal de los pueblos, la construcción de una vida pacífica, de bienestar progresivo y de libertad verdadera». (Joan Comorera; Carta abierta a Reyes Bertal, 1948)

De hecho, el actual vació ideológico y las nulas perspectivas de clase por parte de los actuales partidos catalanes sobre la cuestión nacional pueden ser contraargumentadas con la siguiente reflexión del catalán:

«La separación por la separación es una idea reaccionaria, ya que en nuestro caso concreto, Cataluña, constituyéndose en un Estado independiente, saldría de una órbita de explotación nacional para caer dentro de otra igual o peor. (…) La separación por la separación no resuelve el problema nacional, porqué la continuidad del imperialismo comporta la opresión nacional, progresiva, incluso de aquellas naciones que un día fueron independientes y soberanas». (Joan Comorera; Carta abierta a Reyes Bertal, 1948)

La simpatía entre José Díaz y Joan Comorera era mutua:

«Nuestro camarada Comorera (Grandes aplausos y vivas al camarada Comorera). Jefe querido de nuestro partido hermano del pueblo catalán, como justo homenaje de nuestro partido a su política de unidad entre las fuerzas socialistas y comunistas». (José Díaz; Por la unidad, hacia la victoria: Informe pronunciado en el Pleno del Comité Central del Partido Comunista de España celebrado en Valencia, 5 al 8 de marzo de 1937)

Tras la muerte de José Díaz, el PCE quedó a cargo de una panda de aduladores, sentimentalistas, arribistas y chaqueteros dirigidos por Santiago Carrillo y Dolores Ibárruri, y a causa de ello, y a diferencia de otros países, el revisionismo se coronó de modo temprano en los años 40. Santiago Carrillo y Dolores Ibárruri no respetaron el estatus del Partido Socialista Unificado de Cataluña, y demandaron su absorción la cual se hizo oficial en 1954, con ello demostraron la poca consideración con las enseñanzas de su predecesor José Díaz respecto al PSUC y a la cuestión nacional. Finalmente el engendro revisionista en que fue convertido el PSUC se autodisolvería en 1987. Joan Comorera se opuso a este proceso, así como a los planteamientos revisionistas del binomio Carrillo-Ibárruri que dio pie a la estrategia de la «reconciliación nacional» que no era sino que la renuncia a la «lucha de clases» y a su agudización: la «dictadura del proletariado»:

«Nosotros, los obreros revolucionarios, los campesinos, los pequeño burgueses, los intelectuales progresistas, todos los patriotas, somos una parte integrante del campo antiimperialista y democrático, y nuestro deber es luchar para liberar al Estado español de las castas y las clases que lo monopolizan, hemos de dar término a la revolución democrática española. (…) Y entendamos, porque hoy, hasta Franco se califica de demócrata, no podemos dejarnos deslumbrar por la democracia formal. Debemos querer la forma y el contenido de la democracia. Hemos de arrancar las raíces de las castas parásitas, tenemos que dejar fuera del territorio al capital monopolista extranjero, tenemos que liquidar a los monopolios [nacionales] internos, que son sus cómplices e instrumentos. Debemos nacionalizar el suelo, el subsuelo, tenemos que nacionalizar bancos y seguros, transportes y otros servicios públicos, la gran industria y el comercio. Hemos de liquidar el parasitismo terrateniente y entregar la tierra a los campesinos que la trabajan, hemos de asegurar una vida digna y libre de la opresión económica explotadora a la pequeña burguesía y los campesinos medios. Debemos crear un verdadero Ejército Popular, un auténtico orden público popular, un régimen de igualdad absoluta entre los sexos y que asegure a la juventud y a la infancia una perspectiva ilimitada de progreso y bienestar. Debemos limpiar el Estado de los agentes y de los instrumentos de las castas y los capitalistas. Debemos reestructurar el Estado español, para que en la línea federativa, obtengan la realización plena los derechos nacionales Cataluña, Euskadi y Galicia. Y para consolidar la revolución democrática, desarrollar y marchar hacia el socialismo, debemos exigir que el nuevo Estado español, surgido de la revolución española, sea dirigido por la clase obrera y las masas populares». (Joan Comorera; Nuestro problema no comienza ni acaba en la persona de Franco: Carta Abierta a J. Navarro i Costabella, noviembre de 1948)

Sería pues a partir de 1949, con el objetivo de absorber el PSUC e imposibilitar extender la línea política marxista-leninista de Comorera, que el PCE de Carrillo-Ibárruri empezará una campaña de intrigas, sobornos, asesinatos y traiciones que acabarían con la expulsión de Comorera y sus seguidores bajo los epítetos de nacionalista, fraccionalista, e incluso de ser la versión titoista catalana, pese a que sus escritos y su visión de la cuestión nacional demostraban todo lo contrario, y Joan Comorera denunciara constantemente a Tito como un traidor chovinista. Sobra decir, que obviamente tales acusaciones eran una mera excusa del «carrillismo» para hacerse con el control del PSUC y eliminar cualquier oposición a sus propósitos.

Joan Comorera no abandonaría el marxismo-leninismo y seguiría escribiendo tras su expulsión; finalmente fue detenido en 1954, como muchos otros comunistas que operaban dentro de España, por la policía franquista cuando trabajaba para la reorganización de los comunistas en Cataluña.

Vale decir que el legado de Joan Comorera ha pervivido en la memoria de los marxista-leninistas, el legado de Carrillo-Ibárruri en cambio no lo quieren ni sus vástagos de lo vergonzante que resulta.

Notas:

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Anónimos

Ni reuniones, ni homenajes ni perdones gubernamentales. Ni siquiera facilitan su nombre. No era militar.

¡Que vuelvan a casa!

De Santiago de Compostela y Vigo hasta Valladolid, León, Madrid y Toledo en una marcha de más de 1.500 kilómetros. La asociación Que voltem para a casa!, formada por familiares y amigos de presos y presas independentistas gallegos, saldrán en marcha los próximos días 3 y 4 de febrero para denunciar la política de dispersión penitenciaria.

“Uno de nuestros objetivos es acabar con la dispersión penitenciaria, una medida que se aplica sistemáticamente a los presos y presas gallegas independentistas”, explica Cristina Rodríguez Ramos, miembro de la asociación que organiza esta marcha desde hace once años. Desde Que voltem para a casa! han lanzado una campaña de micromecenazgo en Verkami con el objetivo de conseguir 3.500 euros con los que financiar los gastos derivados de la marcha.

El día 3 de febrero, una columna partirá en autobús desde Santiago de Compostela hasta Lugo. De allí continuará hasta la prisión de Villanubla, en Valladolid, y después a Mansillas de las Mulas. Ahí se encontrará con otra columna que partirá desde Vigo el día 4 y que pasará también por las prisiones de Estremera (Madrid) y Ocaña). Más de 1.500 kilómetros de marcha que suponen una pequeña muestra de las largas distancias que familiares y amigos de presos se ven obligados a realizar cada fin de semana para poder ver a sus seres queridos. La asociación Que voltem para a casa! cifra en 272.892 los kilómetros recorridos durante 2016 para poder visitar a los cinco presos independentistas galegos y en cerca de 36.000 euros el gasto que supuso abarcar este recorrido

“Queremos llevarles nuestro apoyo, que vean que estamos ahí y seguimos peleando porque se cumplan sus derechos, pero también denunciar esta situación. Vamos a recorrer muchísimos kilómetros en un día, y es la distancia que tienen que recorrer cada fin de semana la familia y amigos de estas presas y presos”, continúa Cristina, quien también denuncia las violaciones de derechos sufridas durante todo el proceso seguido contra estas personas, “desde que los detienen, con detenciones incomunicadas, secreto de sumario –que limita su derecho de defensa efectiva– y el papel de la Audiencia Nacional como tribunal de excepción, hasta la dispersión y el régimen de vida al que son sometidos, en primer grado y FIES”.

En 2013, la Audiencia Nacional dictó la primera sentencia que contemplaba la existencia de un grupo armado independentista operativo en Galicia, a pesar de que nunca se ha dado un atentado o ataque que pusiera en peligro a personas. Desde entonces se cuentan al menos seis personas condenadas con penas de entre seis y 18 años de cárcel, y nueve personas más imputadas en el marco de la operación Jaro. La asociación Que voltem para a casa! denunció ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos la vulneración de derechos de los presos independentistas galegos durante su juicio en la Audiencia Nacional y reclamó la revisión de la condena, pero esta petición fue desestimada.

diagonalperiodico.net

Respuesta al camarada Aleksandr Ilich Notkin; Stalin, 1952

21 de abril de 1952
Stalin

Camarada Notkin:

No me he apresurado a contestarle, porque no considero urgentes las cuestiones planteadas por Ud. y con mayor motivo cuando hay otras cuestiones, de carácter urgente, que, como es lógico, me han tenido apartado de su carta.

Contesto por puntos.

Primer punto

En las «observaciones» figura la conocida tesis de que la sociedad no es impotente frente a las leyes de la ciencia y que el hombre, una vez ha llegado a conocer las leyes económicas, puede utilizarlas en interés de la sociedad. Ud. afirma que esta tesis no puede hacerse extensiva a otras formaciones sociales, que sólo puede regir en el socialismo y en el comunismo, y que el carácter espontáneo de los procesos económicos bajo el capitalismo, por ejemplo, no permite a la sociedad utilizar las leyes económicas en interés de la sociedad.

Eso no es cierto. En la época de la revolución burguesa, en Francia, por ejemplo, la burguesía empleó contra el feudalismo la conocida ley de la armonía obligatoria de las relaciones de producción con el carácter de las fuerzas productivas, dio al traste con las relaciones de producción feudales y creó unas relaciones de producción nuevas, las relaciones de producción burguesas, poniendo esas relaciones de producción en correspondencia con el carácter de las fuerzas productivas, que se habían desarrollado en las entrañas del régimen feudal. La burguesía no hizo eso porque tuviera dotes especiales, sino porque estaba vitalmente interesada en ello. Los feudales ofrecieron resistencia no porque fueran torpes, sino porque estaban vitalmente interesados en impedir la realización de esa ley.

Lo mismo debe decirse de la revolución socialista en nuestro país. La clase obrera utilizó la ley de la armonía obligatoria entre las relaciones de producción y el carácter de las fuerzas productivas, derrocó las relaciones de producción burguesas, creó unas relaciones de producción nuevas, las relaciones de producción socialista, y las puso en correspondencia con el carácter de las fuerzas productivas. La clase obrera pudo hacer eso no porque tuviese dotes especiales, sino porque estaba vitalmente interesada en ello. La burguesía, que había dejado de ser la fuerza progresiva que fuera en los albores de la revolución burguesa y se había convertido ya en una fuerza contrarrevolucionaria, se resistió por todos los medios a que esta ley fuese realizada, y no se resistió porque le faltase organización ni porque el carácter espontáneo de los procesos económicos la empujase a ello, sino, sobre todo, porque estaba vitalmente interesada en impedir la aplicación de esa ley.

Por consiguiente:

a) La utilización de los procesos económicos y de las leyes económicas en interés de la sociedad no sólo tiene lugar, en una u otra medida, en el socialismo y en el comunismo, sino también en las otras formaciones.

b) La utilización de las leyes económicas en la sociedad de clases tiene siempre y en todas partes un fondo de clase, con la particularidad de que el abanderado de la utilización de las leyes económicas en interés de la sociedad es siempre y en todas partes la clase avanzada, mientras que las clases llamadas a desaparecer se resisten a ello.

Aquí la diferencia entre el proletariado, de una parte, y de otra, las demás clases que en el transcurso de la historia han realizado revoluciones en las relaciones de producción, consiste en que los intereses de clase del proletariado se funden con los intereses de la aplastante mayoría de la sociedad, pues la revolución del proletariado no significa la liquidación de esta o aquella forma de explotación, sino la liquidación de toda explotación, mientras que las revoluciones de las otras clases, al liquidar solamente esta o aquella forma de explotación, no iban más allá del estrecho marco de sus intereses de clase, que se hallaban en contradicción con los intereses de la mayoría de la sociedad.

En las «observaciones» se habla del fondo de clase de la utilización de las leyes económicas en interés de la sociedad. Allí se dice, que «a diferencia de las leyes de las Ciencias Naturales, en las que el descubrimiento y la aplicación de una nueva ley casi no encuentra obstáculos, en la esfera económica el descubrimiento y la aplicación de una nueva ley, como ella afecta a los intereses de las fuerzas sociales llamadas a desaparecer, choca con la resistencia tenacísima de esas fuerzas». No obstante, Ud. no ha prestado atención a ello.

Segundo punto

Ud. afirma que la completa armonía entre las relaciones de producción y el carácter de las fuerzas productivas puede conseguirse únicamente en el socialismo y en el comunismo, y que en las demás formaciones sólo puede darse una armonía incompleta.

Eso no es cierto. En la época que siguió a la revolución burguesa, cuando la burguesía destruyó las relaciones de producción feudales y estableció las relaciones de producción burguesas, hubo innegablemente períodos en que las relaciones de producción burguesas armonizaban plenamente con el carácter de las fuerzas productivas. El capitalismo no hubiera podido, en caso contrario, desarrollarse con la rapidez con que se desarrolló después de la revolución burguesa.

Prosigamos. Las palabras «completa armonía» no deben ser comprendidas en sentido absoluto. No deben ser comprendidas en el sentido de que en el socialismo no existe ningún retraso de las relaciones de producción con respecto al desarrollo de las fuerzas productivas. Las fuerzas productivas son las fuerzas más dinámicas y más revolucionarias de la producción. Y marchan, en el socialismo también, indiscutiblemente, delante de las relaciones de producción. Sólo después de algún tiempo las relaciones de producción se transforman, adaptándose al carácter de las fuerzas productivas.

¿Cómo deben ser comprendidas en tal caso las palabras «completa armonía»? Deben ser comprendidas en el sentido de que en el socialismo, como regla, no se producen conflictos entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas, en el sentido de que la sociedad puede hacer, a su debido tiempo, que las relaciones de producción, que van a la zaga, se pongan en correspondencia con el carácter de las fuerzas productivas. La sociedad socialista puede hacer eso porque en ella no existen clases llamadas a desaparecer, clases que puedan organizar una resistencia. Naturalmente, en el socialismo habrá también fuerzas atrasadas, inertes, que no comprendan la necesidad de los cambios en las relaciones de producción; pero no será difícil, claro está, vencerlas sin llegar a conflictos.

Tercer punto

De sus razonamientos dimana que los medios de producción, y sobre todo los instrumentos de producción fabricados por nuestras empresas nacionalizadas, son considerados por Ud. como mercancías.

¿Se puede considerar que los medios de producción sean en nuestro régimen socialista mercancías? Yo pienso que no, de ninguna manera.

La mercancía es un producto de la producción que se vende a cualquier comprador, con la particularidad de que, al efectuarse la venta, el propietario de la mercancía pierde el derecho de propiedad sobre ella, y el comprador se convierte en propietario de la misma y puede revenderla, empeñarla, dejar que se pudra. ¿Se puede definir así los medios de producción? Claro que no. En primer lugar, los medios de producción no se «venden» a cualquier comprador, no se «venden» ni siquiera a los koljóses; son distribuidos por el Estado entre sus empresas solamente. En segundo lugar, el Estado, dueño de los medios de producción, al entregárselos a una u otra empresa, no pierde, ni mucho menos, el derecho de propiedad sobre esos medios de producción; por el contrario, lo conserva plenamente. En tercer lugar, los directores de las empresas, al recibir del Estado medios de producción, no sólo no se convierten en propietarios de esos medios, sino que, por el contrario, son confirmados como mandatarios del Estado Soviético para dirigir el empleo de los medios de producción, de acuerdo con los planes establecidos por el Estado.

Como vemos, en nuestro régimen los medios de producción no pueden ser, en modo alguno, considerados como mercancías.

¿Por qué se habla, pues, del valor de los medios de producción, de su coste, de su precio, etc.?

Por dos causas.

Primera. Porque es indispensable para el cálculo, para la contabilidad, para determinar si las empresas son rentables o si no lo son, para la inspección y el control de las empresas. Pero éste es sólo el aspecto formal de la cuestión.

Segunda. Porque es indispensable para efectuar, en interés del comercio exterior, la venta de medios de producción a los Estados extranjeros. Aquí, en la esfera del comercio exterior, pero sólo en esta esfera, nuestros medios de producción son en realidad mercancías y en realidad se venden –sin comillas–.

Por consiguiente, resulta que en la esfera del comercio exterior los medios de producción fabricados por nuestras empresas conservan, formalmente y en esencia, las propiedades de las mercancías, mientras que en la esfera de la circulación económica en el interior del país pierden las propiedades de las mercancías, dejan de ser mercancías y se salen de la esfera de acción de la ley del valor, conservando únicamente la forma de mercancías –la contabilidad, y demás–.

¿Cómo explicar esta peculiaridad?

El caso es que en nuestras condiciones socialistas el desarrollo económico no se opera mediante revoluciones, sino mediante cambios graduales, en los que lo viejo no queda suprimido por entero, sino que cambia su naturaleza, adaptándola a lo nuevo, conservando solo su forma; y lo nuevo no destruye simplemente lo viejo, sino que penetra en ello y cambia su naturaleza y sus funciones, sin romper su forma, que utiliza para el desarrollo de lo nuevo. Eso no solo sucede con las mercancías, sino también con el dinero en nuestras operaciones económicas, así como con los bancos, que, al perder sus viejas funciones y adquirir funciones nuevas, conservan su vieja forma, que es utilizada por el régimen socialista.

Si se examina el problema desde un punto de vista formal, desde el punto de vista de los procesos que se operan en la superficie de los fenómenos, se puede llegar a la conclusión desacertada de que las categorías del capitalismo siguen rigiendo en nuestra economía. Si se analiza el problema de un modo marxista, estableciendo una rigurosa diferenciación entre el contenido del proceso económico y su forma, entre los procesos profundos del desarrollo y los fenómenos superficiales, se puede llegar a la única conclusión atinada, a la conclusión de que de las viejas categorías del capitalismo en nuestro país se ha conservado, principalmente, la forma, el exterior, pero que en esencia esas categorías han cambiado de un modo radical, adaptándose a las exigencias del desarrollo de la economía socialista.

Cuarto punto

Ud. afirma que la ley del valor obra como un regulador de los precios de los «medios de producción» producidos por la agricultura y entregados al Estado a precios de tasa. Se refiere Ud., además, a «medíos de producción» tales como las materias primas; por ejemplo, el algodón. Hubiera podido Ud. agregar a ello también el lino, la lana y demás materias primas agrícolas.

Hay que hacer notar, ante todo, que en este caso la agricultura no produce «medios de producción», sino una parte de los medios de producción: materias primas. No se puede jugar con las palabras «medios de producción». Cuando los marxistas hablan de la producción de medios de producción, tienen en cuenta, ante todo, la producción de instrumentos de producción, es decir, lo que Marx llama «los medios mecánicos de trabajo, cuyo conjunto puede denominarse sistema óseo y muscular de la producción», sistema que constituye «los rasgos distintivos característicos de una determinada época de la producción social». Poner en un mismo plano una parte de los medios de producción –las materias primas– y los medios de producción, incluidos los instrumentos de producción, significa pecar contra el marxismo, pues el marxismo parte del papel determinante de los instrumentos de producción, en comparación con todos los otros medios de producción. Todo el mundo sabe que las materias primas no pueden producir por sí mismas instrumentos de producción –aunque ciertas materias primas sean indispensables como material para la producción de instrumentos de producción–, en tanto que no hay materia prima que pueda ser producida sin instrumentos de producción.

Sigamos. ¿Se puede decir que la acción de la ley del valor sobre el precio de las materias primas producidas en la agricultura sea una acción reguladora como lo afirma Ud., camarada Notkin? Esa acción sería reguladora si existiera en nuestro país un «libre» sube y baja de los precios de las materias primas agrícolas, si rigiera la ley de la concurrencia y de la anarquía de la producción, si no tuviéramos una economía planificada, si la producción de materias primas no estuviera regulada por un plan. Pero como en el sistema de nuestra economía nacional no se dan todos esos «si», la acción de la ley del valor sobre el precio de las materias primas agrícolas no puede en modo alguno ser reguladora. En primer lugar, los precios de las materias primas agrícolas son en nuestro país precios fijos, establecidos por un plan, y no precios «libres». En segundo lugar, el volumen de la producción de materias primas agrícolas no lo determinan fuerzas ciegas ni estos o aquellos elementos fortuitos, sino un plan. En tercer lugar, los instrumentos de producción necesarios para la producción de materias primas agrícolas no se hallan concentrados en manos de algunas personas o grupos de personas, sino en manos del Estado. Después de esto, ¿qué es lo que queda del papel regulador de la ley del valor? Resulta que la misma ley del valor es regulada por los hechos, propios de la producción socialista, arriba indicados.

Por consiguiente, no se puede negar que la ley del valor actúa en la formación de los precios de las materias primas agrícolas ni que es uno de los factores de esa formación. Pero menos aún se puede negar que esa acción no es ni puede ser reguladora.

Quinto punto

Al hablar de la rentabilidad de la economía socialista, he objetado en mis «observaciones» a los asertos de algunos camaradas respecto a que nuestra economía planificada –al no dar gran preferencia a las empresas rentables y admitir la existencia, junto a ellas, de empresas no rentables– mata el principio mismo de la rentabilidad de la economía. En las «observaciones» se dice que la rentabilidad desde el punto de vista de una empresa o rama de la producción no puede compararse en modo alguno con la rentabilidad de tipo superior que nos da la producción socialista al librarnos de las crisis de superproducción y asegurarnos el continuo incremento de la producción.

No obstante, sería un error deducir de aquí que la rentabilidad de las diferentes empresas y ramas de la producción no tiene especial valor y no merece seria atención. Esto, naturalmente, no es cierto. La rentabilidad de las diferentes empresas y ramas de la producción tiene enorme importancia para el desarrollo de nuestra producción. Y hay que tenerla en cuenta, tanto al planificar la construcción como al planificar la producción. Eso es el abecé de nuestra actividad económica en la etapa actual de desarrollo.

Sexto punto

No está claro cómo hay que comprender sus palabras referentes al capitalismo: «producción ampliada muy deformada». Hay que decir que producción de ese tipo, y además ampliada, no existe bajo la capa del cielo.

Es evidente que, después de haberse escindido el mercado mundial y de haber comenzado a reducirse la esfera de explotación de los recursos mundiales por los principales países capitalistas –los Estados Unidos, Inglaterra y Francia–, el carácter cíclico del desarrollo del capitalismo –ascenso y descenso de la producción– deberá, a pesar de ello, subsistir: Pero el ascenso de la producción en estos países tendrá lugar sobre una base restringida, pues el volumen de la producción de esos países descenderá.

Séptimo punto

La crisis general del sistema capitalista mundial comenzó en el período de la Primera Guerra Mundial; debido, sobre todo, al hecho de que la Unión Soviética se desgajó del sistema capitalista. Esa fue la primera etapa de la crisis general. La segunda etapa de la crisis general empezó en el período de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo después de haberse desgajado del sistema capitalista las democracias populares de Europa y de Asia. La primera crisis, en el período de la Primera Guerra Mundial, y la segunda crisis, en el período de la Segunda Guerra Mundial, no deben ser consideradas como crisis independientes una de otra, como crisis separadas sin relación alguna entre sí, sino como etapas del desarrollo de la crisis general del sistema capitalista mundial.

¿Es la crisis general del capitalismo mundial una crisis meramente política o una crisis meramente económica? No es ni una cosa ni la otra. Es una crisis general, es decir, una crisis del sistema capitalista mundial en todos los dominios, una crisis que abarca tanto la economía como la política. Además, se comprende que tiene por base la descomposición cada vez mayor del sistema económico capitalista mundial, por una parte, y, por otra, la creciente potencia económica de los países que se han desgajado del capitalismo: la Unión Soviética, China y demás países de democracia popular. (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Problemas económicos del socialismo en la Unión Soviética, 1952)

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"Consideramos que el proyecto es legalmente indefendible, políticamente no equilibrado y estratégicamente desestabilizador", comentó el representante de Teherán.