El papel de los factores internos y externos en el desarrollo de los partidos; Elena Ódena, 1985

«El papel de los factores internos, como elemento decisivo de todo desarrollo y cambio, es una de las bases y una ley del materialismo dialéctico que ningún marxista-leninista consecuente puede ni negar, ni poner en tela de juicio.

Al mismo tiempo, esas leyes y reglas generales de la dialéctica materialista están, a su vez, sujetas y vinculadas, de uno u otro modo, a situaciones y factores externos particulares que en determinadas circunstancias pueden desempeñar un papel importante en la evolución o en el desarrollo de los acontecimientos y de los fenómenos.

Por otra parte, considerar a los factores internos como determinantes de manera general, no significa que se ignoren o menosprecien los factores externos o que se excluya que, en determinadas coyunturas, éstos puedan incluso desempeñar un papel coyunturalmente primordial.

El pretender separar o ignorar absoluta y mecánicamente los factores internos de los externos, o el contraponerlos, invocando de manera metafísica y doctrinaria la ley general acerca del papel de los factores internos, significa ignorar una de las leyes básicas de la dialéctica marxista: la influencia y la repercusión de los factores esenciales en los secundarios, y el hecho de que, en determinadas circunstancias, puede modificarse el papel de unos y otros.

Así, por ejemplo, sin pretender entrar en comparaciones históricas y exhaustivas ni establecer paralelos, existen ejemplos en la historia del movimiento obrero revolucionario y en la del desarrollo de los partidos comunistas en los distintos países, que ponen de manifiesto la relación y la influencia de los factores externos en los internos.

¿Quién puede negar, por ejemplo, la influencia y el papel de la I, II y III Internacionales en el desarrollo e incluso en el surgimiento de centrales obreras y partidos comunistas en buen número de países del mundo? Si hubiera habido indiferencia de los líderes y de las Internacionales hacia el desarrollo y la creación de partidos revolucionarios en otros países que no fueran los suyos propios, si se hubieran limitado al desarrollo de los partidos en sus respectivos países, hubiera sido absolutamente criticable y antiinternacionalista. Como lo sería y de hecho sucede, el menospreciar el factor básico: la lucha de clases y el desarrollo de las fuerzas revolucionarias como motor determinante de la Historia.

Otro ejemplo de cómo acontecimientos internacionales inciden a veces de manera decisiva en el desarrollo de los partidos en los distintos países, fue la misma Revolución de Octubre.

La Revolución de Octubre de 1917 en la Rusia zarista, fue un factor decisivo para el desarrollo de los partidos comunistas, en algunos casos pequeños y jóvenes, y dio a todos los partidos comunistas del mundo, no sólo en lo organizativo, sino sobre todo en lo ideológico, un decisivo impulso, al romperse el frente de los países capitalistas y abrirse la era del socialismo y las revoluciones proletarias en el mundo, creando así las condiciones objetivas para el desarrollo impetuoso de los partidos comunistas y un amplio apoyo obrero y popular a los mismos y al marxismo-leninismo.

En 1936, la política frentista contra el fascismo trazada por la Komintern, pese a los sesgos derechistas que algunos partidos le dieron en su aplicación, antes, durante y sobre todo después de la II Guerra Mundial, fue un factor también determinante en aquella coyuntura para la ampliación y desarrollo de muchos partidos comunistas. ¿Qué hubiera ocurrido si cada partido se hubiera limitado a hacer su propio análisis y trazar su propia línea «nacional» frente al fascismo que era entonces un fenómeno surgido como consecuencia de la situación y la crisis internacional del capitalismo?

Tampoco podemos ignorar la influencia de la guerra del pueblo español contra el fascismo, entre 1936 y 1939, en el fortalecimiento y el desarrollo de muchos partidos comunistas de los países americanos, de Europa y de otras partes del mundo, que lograron un rápido desarrollo y crecimiento al organizar la solidaridad y el apoyo al pueblo español en lucha contra el nazi-fascismo.

Y es que, en ninguna circunstancia, se puede justificar una política «interior» comunista que no tenga en cuenta los factores externos internacionales, el desarrollo de los partidos y de los problemas y situaciones internacionales, con el argumento de que lo determinante es siempre promover la revolución en el marco nacional de cada país y. de cada Partido.

Calificar de trotskismo la necesidad de tener en cuenta el basarse en la influencia dialéctica de los factores externos en los internos y en el desarrollo de los partidos, constituye una burda tergiversación del materialismo dialéctico y un intento de confundir esto con la noción trotskista de que la revolución mundial es el factor imprescindible para el triunfo de la revolución en un país determinado, y también, justificar la no aplicación del internacionalismo proletario, fomentar un nacionalismo estrecho y negar la solidaridad internacionalista, en un burdo intento de colocar al trotskismo y el internacionalismo proletario en un mismo plano.

Se llega incluso a tergiversar a Lenin, citándole de manera truncada y unilateral, cuando afirmaba, oponiéndose a algunos charlatanes y falsos internacionalistas, que:

«Sólo hay un internacionalismo verdadero: consiste en trabajar con abnegación por el desarrollo del movimiento revolucionario y de la lucha revolucionaria en el propio país y apoyar –con la propaganda, la simpatía, la ayuda material–, esta misma lucha, esta misma línea y sólo ella en todos los países sin excepción». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Las tareas del proletariado en nuestra revolución, 10 abril de 1917)

Y Stalin amplió esta afirmación de Lenin cuando, en su escrito: «La estrategia y la táctica política de los comunistas rusos», aclara que:

«La estrategia y la táctica del Partido Comunista de cualquier país sólo pueden ser acertadas en el caso de que no se encierren en el circulo de los intereses de «su» país, de «su» patria, de «su» proletariado; en el caso de que, por el contrario, teniendo en cuenta las condiciones y la situación de su país, pongan en primer término los intereses del proletariado internacional, los intereses de la revolución en los demás países, es decir, si por su esencia, por su espíritu, son internacionalistas, si llevan a cabo el máximo de lo realizable en un sólo país –el suyo– para desarrollar, apoyar y despertar la revolución en todos los países». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; La estrategia y la táctica política de los comunistas rusos, 1921)

Esto no significa tampoco, en modo alguno, que un país donde la clase obrera tiene el Poder ponga en peligro su propia existencia en aras de la solidaridad internacionalista. Pero tampoco significa que ese país no apoye y no se esfuerce por unir y elevar el desarrollo de los Partidos Comunistas en otros países, ya que el fortalecimiento y la unidad del Movimiento Comunista constituye un esfuerzo y un apoyo imprescindible para cualquier Estado comunista.

En la actual coyuntura, en la que todavía no se han deslindado plenamente los campos contra el oportunismo, el revisionismo y el chovinismo, todos los marxista-leninistas debemos ejercer una particular vigilancia en el plano ideológico para no caer en falsas y absurdas teorizaciones que pretenden que el preconizar y fortalecer el verdadero internacionalismo proletario, en todos los terrenos y latitudes, es trotskismo.

El marxismo-leninismo, por el contrario, necesita hoy más que nunca estrechar y desarrollar la unidad y la solidaridad activa y práctica con todos los partidos marxista-leninistas, pequeños y grandes, jóvenes o veteranos, que se propongan seriamente luchar por desarrollar el Partido en su propio país, defender el marxismo-leninismo y organizar al proletariado y a sus aliados para hacer la revolución.

Hoy más que nunca, frente a la lucha ideológica contra el revisionismo y el oportunismo a escala internacional que tenemos que seguir librando, es imprescindible crear las condiciones materiales de apoyo y solidaridad en todos los terrenos con los partidos y fuerzas revolucionarias del mundo, más o menos desarrollados, o cuando la importancia de su lucha en el plano internacional contra el imperialismo y la reacción lo hagan necesario –como ocurrió concretamente en 1936-1939 en España–; promover reuniones multilaterales y bilaterales y asistir a los Congresos y Conferencias, si no hay razones poderosas que lo impidan; establecer un verdadero y profundo diálogo y discusiones acerca de los problemas que plantea la situación internacional y nacional actuales para el desarrollo de los distintos partidos, siguiendo la gloriosa tradición internacionalista del Movimiento Comunista mundial, iniciada por Marx y Engels y desarrollada por Lenin y Stalin en toda circunstancia». (Elena Ódena; El papel de los factores internos y externos en el desarrollo de los partidos, 19 de septiembre de 1985)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

Cuando Elena Ódena habla de elementos que: (1) negaban la influencia dialéctica de los acontecimientos externos e internacionales en la línea y tareas de los partidos –siendo metafísicos y elaborando una línea política errada–; (2) que negaban el derecho de interés en el desarrollo y actividad de los partidos marxista-leninistas de otros países –para evitar ser puestos a la luz de los principios marxista-leninistas–, y (3) que saboteaban la celebración de reuniones bilaterales o multilaterales entre los partidos marxista-leninistas –para evitar que el resto de partidos hermanos le lanzasen una lluvia de críticas–, se refiere a figuras como el revisionista alemán Wolfgang Eggers. Este elemento utilizaba falsamente el pretexto de que tanto interés internacional, que estos axiomas del internacionalismo marxista-leninista eran un signo de trotskismo, algo que precisamente argumentaron los jruschovistas y maoístas cuando el Partido del Trabajo de Albania pretendía agrupar y fortalecer a los nuevos partidos marxista-leninistas:

«La idea de la oportunidad de las reuniones de muchos partidos, además de las reuniones bilaterales, que fue planteada en el VIIº Congreso de nuestro Partido de 1976, era una de sus orientaciones importantes. Los partidos comunistas marxista-leninistas, en aquellos casos en que lo juzguen necesario, pueden y deben hacer reuniones multilaterales, consultarse entre ellos para realizar acciones comunes contra los enemigos del comunismo y de la revolución. En cambio, como se sabe, el Partido Comunista de China ha adoptado una actitud opuesta sobre esta importante cuestión. Está en contra de las reuniones de varios o de muchos partidos y pretende que la única solución es la práctica de las reuniones bilaterales. ¿Cuál es la línea de nuestro Partido en relación con esta cuestión? Se atiene al principio de que los partidos comunistas marxista-leninistas deben reforzar su unidad, esclarecer los puntos en que pudieran no coincidir su estrategia y sus tácticas contra los enemigos de la revolución, y coordinar sus acciones comunes en la arena internacional. Tal actividad les templa y demuestra al enemigo que el comunismo es una fuerza invencible, que los comunistas no están divididos y que el revisionismo moderno no ha podido alcanzar su objetivo. Ya es sabido que el objetivo del revisionismo moderno es asegurar su unidad en la diversidad, para liquidar la unidad de los marxista-leninistas». (Enver Hoxha; Las manifestaciones de los partidos marxista-leninistas y la actitud de China, Reflexiones sobre China, Tomo II, 28 de abril de 1977)

Paradójicamente el glorioso Partido Comunista de Alemania/Marxista-Leninista de Ernst Aust –camarada de Enver Hoxha y Elena Ódena– sería destruido por oportunistas y trotskistas como Wolfgang Eggers y Horst Dieter Koch. ¡Que razón tenía Ódena pues, que el deber de los marxista-leninistas era pedir cuentas a las actividades equivocadas de los partidos marxista-leninistas cuando se desviaban del camino! ¡Que necesario el contacto en los partidos y practicar cuando fuese necesario la crítica camaredil! ¡Y que harto beneficioso fue para los revisionistas el paulatino aislamiento de cada partido marxista-leninista de los 80 para poder liquidarlo!

Imagen dramática del crimen que silencian los medios occidentales

Miles de niños han quedado huérfanos en Yemen. Hija de la gran puta «civilización moderna y avanzada»…

jk1pf2wo

La dictadura de EEUU prueba máquinas militares con sus ciudadanos

(Por cierto la teoría de un solo individuo atacando a la policía entra en confrontación con el hecho de que sigue habiendo disturbios en varias ciudades del país, nota de blog)

La noche del 7 de julio, la Policía estadounidense usó un robot cargado con una bomba para abatir a Micah Johnson, el francotirador sospechoso de organizar el tiroteo de Dallas que acabó con la vida de cinco agentes de la Policía, informa el portal Business Insider.

Varios expertos en seguridad y diversos oficiales han señalado que no recuerdan otros casos en la historia de la Policía estadounidense en los que se hubiera utilizado un robot para eliminar a un sospechoso o un criminal.

El método empleado para acabar con la vida de Johnson generó discusiones respecto al uso de este tipo de tecnologías con fines letales. Anteriormente, los robots se habían utilizado solamente para desactivar explosivos o realizar un monitoreo de situaciones críticas, pero nunca habían sido equipados con armas o bombas.

sputniknews.com

La teoría; Stalin, 1924

Importancia de la teoría

Hay quien supone que el leninismo es la primacía de la práctica sobre la teoría, en el sentido de que para el lo fundamental es aplicar los principios marxistas, «dar cumplimiento» a estos principios, al tiempo que manifiesta bastante despreocupación por la teoría. Sabido es que Plejánov se burló más de una vez de la «despreocupación» de Lenin por la teoría, y en especial por la filosofía. También es sabido que muchos leninistas ocupados hoy en el trabajo práctico no son muy dados a la teoría, por efecto, sobre todo, de la enorme labor práctica que las circunstancias les obligan a desplegar. He de declarar que esta opinión, por demás extraña, que se tiene de Lenin y del leninismo es completamente falsa y no corresponde en modo alguno a la realidad; que la tendencia de los militantes ocupados en el trabajo práctico a desentenderse de la teoría contradice a todo el espíritu del leninismo y está preñada de grandes peligros para la causa.

La teoría es la experiencia del movimiento obrero de todos los países, tomada en su aspecto general. Naturalmente, la teoría deja de tener objeto cuando no se halla vinculada a la práctica revolucionaria, exactamente del mismo modo que la práctica es ciega si la teoría revolucionaría no alumbra su camino. Pero la teoría puede convertirse en una formidable fuerza del movimiento obrero si se elabora en indisoluble ligazón con la práctica revolucionaria, porque ella, y sólo ella, puede dar al movimiento seguridad, capacidad para orientarse y la comprensión de los vínculos internos entre los acontecimiento que se producen en torno nuestro; porque ella, y sólo ella, puede ayudar a la práctica a comprender, no sólo cómo se mueve y hacia dónde marchan las clases en el momento actual, sino también cómo deben moverse y hacia dónde deben marchar en un futuro próximo. Quién sino Lenin dijo y repitió decenas de veces la conocida tesis de que:

«Sin teoría revolucionaria no puede haber tampoco movimiento revolucionario». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Qué hacer?, 1902)

Lenin comprendía mejor que nadie la gran importancia de la teoría, sobre todo para un partido como el nuestro, en virtud del papel de luchador de vanguardia del proletariado internacional que le ha correspondido y de la complicada situación interior e internacional que lo rodea. Previendo en 1902 este papel especial de nuestro Partido. Lenin consideraba ya entonces necesario recordar que:

«Sólo un partido dirigido por una teoría de vanguardia puede cumplir la misión de combatiente de vanguardia». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Qué hacer?, 1902)

No creo que haya necesidad de demostrar que ahora, cuando la predicción de Lenin sobre el papel de nuestro Partido se ha convertido ya en realidad, esta tesis de Lenin adquiere una fuerza y una importancia especiales.

Quizá la expresión más clara de la alta importancia que Lenin otorgaba a la teoría sea el hecho de que fuera precisamente él quien asumió el cumplimiento de una tarea tan acuciante como la de sintetizar, desde el punto de vista de la filosofía materialista, los más importantes adelantos de la ciencia en el período comprendido desde Engels hasta Lenin y de someter a profunda crítica las tendencias antimaterialistas entre los partidarios del marxismo. «Cada descubrimiento trascendental –decía Engels– obliga al materialismo a cambiar de forma». Es sabido que fue precisamente Lenin quien, en su libro «Materialismo y empiriocriticismo», cumplió esta tarea en relación con su época. Es sabido que Plejánov, a quien gustaba burlarse de la «despreocupación» de Lenin por la filosofía, no se decidió siquiera a abordar seriamente la realización de semejante tarea.

Crítica de la «teoría» de la espontaneidad, o sobre el papel de la vanguardia en el movimiento

La «teoría» de la espontaneidad es la teoría del oportunismo, la teoría de la prosternación ante la espontaneidad en el movimiento obrero, la teoría de la negación práctica del papel dirigente de la vanguardia de la clase obrera, del partido de la clase obrera.

La teoría de la prosternación ante la espontaneidad es una teoría decididamente contraria al carácter revolucionario del movimiento obrero, contraria a la orientación del movimiento hacia la lucha contra los fundamentos del capitalismo; aboga por que el movimiento marche exclusivamente por la senda de las reivindicaciones «posibles», «aceptables» para el capitalismo, aboga de manera absoluta por la «vía de la menor resistencia». La teoría de la espontaneidad es la ideología del tradeunionismo.

La teoría de la prosternación ante la espontaneidad es decididamente contraria a que se imprima al movimiento espontáneo un carácter consciente, regular, es contraria a que el partido marche al frente de la clase obrera, a que el partido haga conscientes a las masas, a que el partido marche a la cabeza del movimiento; aboga por que los elementos conscientes del movimiento no impidan a éste seguir su camino, aboga por que el partido no haga más que prestar oído al movimiento espontáneo y se arrastre a la zaga de él. La teoría de la espontaneidad es la teoría de la subestimación del papel del elemento consciente en el movimiento, es la ideología del «seguidismo», la base lógica de todo oportunismo.


Prácticamente, esta teoría, que salió a escena ya antes de la primera revolución rusa, llevó a que sus adeptos, los llamados «economistas», negaran la necesidad de un partido obrero independiente en Rusia, se manifestasen contra la lucha revolucionaría de la clase obrera por el derrocamiento del zarismo, predicaran una política tradeunionista en el movimiento, y, en general, abandonasen a la burguesía liberal la hegemonía en el movimiento obrero.

La lucha de la vieja «Iskra» y la brillante crítica de la teoría del «seguidismo» hecha por Lenin en su folleto: «¿Qué hacer?» de 1902, no sólo derrotaron al llamado «economismo» sino que, además, sentaron las bases teóricas para un movimiento realmente revolucionario de la clase obrera rusa.

Sin esta lucha, ni siquiera hubiera podido pensarse en crear en Rusia un partido obrero independiente, ni en el papel dirigente de éste en la revolución.

Pero la teoría de la prosternación ante la espontaneidad no es un fenómeno exclusivamente ruso. Esta teoría se halla muy extendida –cierto es que bajo una forma algo distinta– en todos los partidos de la II Internacional, sin excepción. Me refiero a la llamada teoría de las «fuerzas productivas», vulgarizada por los líderes de la II Internacional, teoría que lo justifica todo y reconcilia a todos, que registra los hechos, los explica cuando ya todo el mundo está harto de ellos y, después de registrarlos, se da por satisfecha. Marx decía que la teoría materialista no puede limitarse a interpretar el mundo, sino que, además, debe transformarlo. Pero a Kautsky y cía. no les preocupa esto y prefieren no rebasar la primera parte de la fórmula de Marx.

He aquí uno de tantos ejemplos de aplicación de esta «teoría». Dícese que, antes de la guerra imperialista, los partidos de la II Internacional amenazaban con declarar la «guerra a la guerra», en el caso de que los imperialistas la comenzaran. Dícese que, en vísperas de la guerra, estos partidos metieron bajo el tapete la consigna de «guerra a la guerra» y aplicaron la consigna contraria, la consigna de «guerra por la patria imperialista». Dícese que este cambio de consignas causó millones de víctimas entre los obreros. Pero sería un error pensar que alguien tuvo la culpa de ello, que alguien fue infiel o traidor a la clase obrera. ¡Nada de eso! Ocurrió lo que tenía que ocurrir. En primer lugar, porque resulta que la Internacional es un «instrumento de paz», y no de guerra; y, en segundo lugar, porque, dado el «nivel de las fuerzas productivas» en aquel entonces, ninguna otra cosa podía hacerse. La «culpa» es de las «fuerzas productivas». Así, exactamente, «nos» lo explica la «teoría de las fuerzas productivas» del señor Kautsky. Y quien no crea en esta «teoría», no es marxista. ¿El papel de los partidos? ¿Su importancia en el movimiento? Pero ¿qué puede hacer un partido ante un factor tan decisivo como el «nivel de las fuerzas productivas»?

Podríamos citar todo un montón de ejemplos semejantes de falsificación del marxismo.

No creo que sea necesario demostrar que este «marxismo» contrahecho, destinado a cubrir las vergüenzas del oportunismo, no es más que una variante a la europea de esa misma teoría del «seguidismo» combatida por Lenin ya antes de la primera revolución rusa.

No creo que sea necesario demostrar que demoler esa falsificación teórica es una condición preliminar para la creación de partidos verdaderamente revolucionarios en el Occidente.

Teoría de la revolución proletaria

La teoría leninista de la revolución proletaria parte de tres tesis fundamentales.

Primera tesis. La dominación del capital financiero en los países capitalistas adelantados; la emisión de títulos de valor, como una operación importantísima del capital financiero; la exportación de capitales a las fuentes de materias primas, como una de las bases del imperialismo; la omnipotencia de la oligarquía financiera, como resultado de la dominación del capital financiero; todo esto pone al descubierto el burdo carácter parasitario del capitalismo monopolista, hace cien veces más doloroso el yugo de los trusts y de los sindicatos capitalistas, acrecienta la indignación de la clase obrera contra los fundamentos del capitalismo y lleva a las masas a la revolución proletaria como única salvación. Véase la obra de Lenin: «El imperialismo, fase superior del capitalismo» de 1916.

De aquí se desprende la primera conclusión: agudización de la crisis revolucionaria en los países capitalistas; acrecentamiento de los elementos de un estallido en el frente interior, en el frente proletario de las «metrópolis».

Segunda tesis. La exportación intensificada de capitales a las colonias y los países dependientes; la extensión de las «esferas de influencia» y de los dominios coloniales, que llegan a abarcar todo el planeta; la transformación del capitalismo en un sistema mundial de esclavización financiera y de opresión colonial de la gigantesca mayoría de la población del globo por un puñado de países «adelantados»; todo esto, de una parte, ha convertido las distintas economías nacionales y los distintos territorios nacionales en eslabones de una misma cadena, llamada economía mundial; de otra parte, ha dividido a la población del planeta en dos campos: el de un puñado de países capitalistas «adelantados», que explotan y oprimen vastas colonias y vastos países dependientes, y el de la enorme mayoría de colonias y países dependientes, que se ven obligados a luchar por liberarse del yugo imperialista. Véase la obra de Lenin: «El imperialismo, fase superior del capitalismo» de 1916.

De aquí se desprende la segunda conclusión: agudización de la crisis revolucionaria en las colonias; acrecentamiento de la indignación contra el imperialismo en el frente exterior, en el frente colonial.

Tercera tesis. La posesión monopolista de las «esferas de influencia» y de las colonias; el desarrollo desigual de los países capitalistas, que lleva a una lucha furiosa por un nuevo reparto del mundo entre los países que ya se han apoderado de los territorios y los que desean obtener su «parte»; las tierras imperialistas, como único medio de restablecer el «equilibrio» roto; todo esto conduce al fortalecimiento del tercer frente, del frente intercapitalista, que debilita al imperialismo y facilita la unión de los dos primeros frentes: el frente proletario revolucionario y el frente de la liberación nacional contra el imperialismo. Véase la obra de Lenin: «El imperialismo, fase superior del capitalismo» de 1916.

De ahí se desprende la tercera conclusión: ineluctabilidad de las guerras bajo el imperialismo e inevitabilidad de la coalición de la revolución proletaria de Europa con la revolución colonial del Oriente, formando un solo frente mundial de la revolución contra el frente mundial del imperialismo.

Lenin suma todas estas conclusiones en una conclusión general:

«El imperialismo es la antesala de la revolución socialista». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916)

En consonancia con esto, cambia el modo mismo de abordar el problema de la revolución proletaria, de su carácter, de su extensión y profundidad, cambia el esquema de la revolución en general.

Antes, el análisis de las premisas de la revolución proletaria solía abordarse desde el punto de vista del estado económico de tal o cual país. Ahora, este modo de abordar el problema ya no basta. Ahora hay que abordarlo desde el punto de vista del estado económico de todos o de la mayoría de los países, desde el punto de vista del estado de la economía mundial, porque los distintos países y las distintas economías nacionales han dejado ya de ser unidades autónomas y se han convertido en eslabones de una misma cadena, que se llama economía mundial; porque el viejo capitalismo «civilizado» se ha transformado en imperialismo, y el imperialismo es un sistema mundial de esclavización financiera y de opresión colonial de la inmensa mayoría de la población del globo por un puñado de países «adelantados».

Antes solía hablarse de la existencia o de la ausencia de condiciones objetivas para la revolución proletaria en los distintos países o, más exactamente, en tal o cual país desarrollado. Ahora, este punto de vista ya no basta. Ahora hay que hablar de la existencia de condiciones objetivas para la revolución en todo el sistema de la economía imperialista mundial, considerado como una sola entidad; y la presencia, dentro de este sistema, de algunos países con un desarrollo industrial insuficiente no puede representar un obstáculo insuperable para la revolución, si el sistema en su conjunto o, mejor dicho, puesto que el sistema en su conjunto está ya maduro para la revolución.

Antes solía hablarse de la revolución proletaria en tal o cual país desarrollado como de una magnitud autónoma, que se contraponía, como a su antípoda, al respectivo frente nacional del capital. Ahora, este punto de vista ya no basta. Ahora hay que hablar de la revolución proletaria mundial, pues los distintos frentes nacionales del capital se han convertido en otros tantos eslabones de una misma cadena, que se llama frente mundial del imperialismo y a la cual hay que contraponer el frente general del movimiento revolucionario de todos los países.

Antes se concebía la revolución proletaria como resultado exclusivo del desarrollo interior del país en cuestión. Ahora, este punto de vista ya no basta. Ahora, la revolución proletaria debe concebirse, ante todo, como resultado del desarrollo de las contradicciones dentro del sistema mundial del imperialismo, como resultado de la ruptura de la cadena del frente mundial imperialista en tal o cual país.

¿Dónde empezará la revolución?, ¿dónde podrá romperse, en primer lugar, el frente del capital?, ¿en qué país?

Allí donde la industria esté más desarrollada, donde el proletariado forme la mayoría, donde haya más cultura, donde hay más democracia, solían contestar antes.

No, objeta la teoría leninista de la revolución, no es obligatorio que sea allí donde la industria esté más desarrollada, etc. El frente del capital se romperá allí donde la cadena del imperialismo sea más débil, pues la revolución proletaria es resultado de la ruptura de la cadena del frente mundial imperialista por su punto más débil; y bien puede ocurrir que el país que haya empezado la revolución, el país que haya roto el frente del capital, esté menos desarrollado en el sentido capitalista que otros países, los cuales, pese a su mayor desarrollo, todavía permanezcan dentro del marco del capitalismo.

En 1917, la cadena del frente imperialista mundial resultó ser más débil en Rusia que en los demás países. Fue aquí donde se rompió, dando paso a la revolución proletaria. ¿Por qué? Porque en Rusia se desarrollaba una gran revolución popular, a cuya cabeza marchaba el proletariado revolucionario, que contaba con un aliado tan importante como los millones y millones de campesinos oprimidos y explotados por los terratenientes. Porque frente a la revolución se alzaba aquí un representante tan repulsivo del imperialismo como el zarismo, falto de todo ascendiente moral y que se había ganado el odio general de la población. En Rusia, la cadena resultó ser más débil, aunque este país estaba menos desarrollado en el sentido capitalista que Francia o Alemania, Inglaterra o los Estados Unidos, pongamos por caso.

¿Dónde se romperá la cadena en el próximo futuro? Volverá a romperse allí donde sea más débil. No está excluido que la cadena pueda romperse, por ejemplo, en la India. ¿Por qué? Porque en la India hay un proletariado joven, combativo y revolucionario, que cuenta con un aliado como el movimiento de liberación nacional, aliado indudablemente fuerte, indudablemente importante. Porque frente a la revolución se alza allí un enemigo de todos conocido, el imperialismo extranjero, privado de crédito moral y que se ha ganado el odio general de las masas oprimidas y explotadas de la India.

También es perfectamente posible que la cadena se rompa en Alemania. ¿Por qué? Porque los factores que actúan, por ejemplo, en la India, empiezan a actuar también en Alemania; y se comprende que la inmensa diferencia entre el nivel de desarrollo de la India y el de Alemania no puede dejar de imprimir su sello a la marcha y al desenlace de la revolución en Alemania.

Por eso, Lenin dice:

«Los países capitalistas de la Europa Occidental llevarán a término su desarrollo hacia el socialismo. (…) No por un proceso gradual de «maduración» del socialismo en ellos, sino mediante la explotación de unos Estados por otros, mediante la explotación del primer Estado entre los vencidos en la guerra imperialista, unida a la explotación de todo el Oriente. Por otra parte, el Oriente se ha incorporado de manera definitiva al movimiento revolucionario, gracias precisamente a esta primera guerra imperialista, viéndose arrastrado definitivamente a la órbita general del movimiento revolucionario mundial». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Más vale poco y bueno, 1923)

Resumiendo: como regla general, la cadena del frente imperialista debe romperse allí donde sus eslabones sean más débiles y, en todo caso, no necesariamente allí donde el capitalismo esté más desarrollado, o donde los proletarios constituyan un determinado tanto por ciento de la población, los campesinos otro tanto por ciento determinado, etc., etc.

Por eso, los cálculos estadísticos sobre el porcentaje de proletariado en la población de un país determinado pierden, cuando se trata de resolver el problema de la revolución proletaria, la importancia excepcional que gustaban de atribuirles los exégetas de la II Internacional, que no han sabido comprender el imperialismo y temen a la revolución como a la peste.

Además, los héroes de la II Internacional afirmaban –y siguen afirmando– que entre la revolución democrático-burguesa, de una parte, y la revolución proletaria, de otra, media un abismo o, por lo menos, una muralla de China, que separa la una de la otra por un lapso de tiempo más o menos largo, durante el cual la burguesía, entronizada en el poder, desarrolla el capitalismo, y el proletariado acumula fuerzas y se prepara para la «lucha decisiva» contra el capitalismo. Generalmente, este lapso se cuenta por decenios y decenios, si no más. No creo que sea necesario demostrar que, en el imperialismo, esta «teoría» de la muralla de China carece de toda base científica y no es ni puede ser más que un medio para encubrir, para disimular con bellos colores los apetitos contrarrevolucionarios de la burguesía. No creo que sea necesario demostrar que en el imperialismo, preñado de colisiones y guerras, que en la «antesala de la revolución socialista», cuando el capitalismo «floreciente» se convierte en capitalismo «agonizante» y el movimiento revolucionario crece en todos los países del mundo; cuando el imperialismo se coaliga con todas las fuerzas reaccionarias, sin excepción, hasta con el zarismo y el servidumbre, haciendo así necesaria la coalición de todas las fuerzas revolucionarias, desde el movimiento proletario del Occidente hasta el movimiento de liberación nacional del Oriente; cuando se hace imposible derrocar las supervivencias del régimen feudal y de la servidumbre sin una lucha revolucionaria contra el imperialismo; no creo que sea necesario demostrar que en un país más o menos desarrollado la revolución democrático-burguesa tiene que aproximarse, en estas condiciones, a la revolución proletaria, que la primera tiene que transformarse en la segunda. La historia de la revolución en Rusia ha evidenciado que esta tesis es cierta e indiscutible. Por algo Lenin, ya en 1905, en vísperas de la primera revolución rusa, presentaba la revolución democrático-burguesa y la revolución socialista, en su folleto «Dos tácticas», como dos eslabones de la misma cadena, como un lienzo único y completo de la magnitud de la revolución rusa.

«El proletariado debe llevar a término la revolución democrática, atrayéndose a la masa de los campesinos, para aplastar por la fuerza la resistencia de la autocracia y paralizar la inestabilidad de la burguesía. El proletariado debe llevar a cabo la revolución socialista, atrayéndose a la masa de los elementos semiproletarios de la población, para romper por la fuerza la resistencia de la burguesía y paralizar la inestabilidad de los campesinos, de la pequeña burguesía. Tales son las tareas del proletariado, que los partidarios de la nueva «Iskra» conciben de un modo tan estrecho en todos sus razonamientos y resoluciones sobre la magnitud de la revolución». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, 1905)

Y no hablo ya de otros trabajos posteriores de Lenin, en los que la idea de la transformación de la revolución burguesa en revolución proletaria está expresada con mayor realce que en: «Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática» de 1905, como una de las piedras angulares de la teoría leninista de la revolución.

Según algunos camaradas, resulta que Lenin no concibió esta idea hasta 1916, y anteriormente consideraba que la revolución en Rusia se mantendría dentro de un marco burgués y que, por lo tanto, el poder pasaría de manos del organismo de la dictadura del proletariado y del campesinado a manos de la burguesía, y no a manos del proletariado. Se dice que esa afirmación se ha deslizado incluso en nuestra prensa comunista. Debo señalar que esa afirmación es completamente falsa, que no corresponde, en lo más mínimo, a la realidad.

Podría remitirme al conocido discurso pronunciado por Lenin en el IIIº Congreso del Partido de 1905, en el que no calificó la dictadura del proletariado y del campesinado, es decir, el triunfo de la revolución democrática, de:

«No una organización del orden, sino de organización de la guerra». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Informe sobre la cuestión de la participación de los socialdemócratas en un gobierno revolucionario provisional: Informe en el IIIº Congreso del POSR, 18 de abril de 1905)

Podría remitirme, además, a los conocidos artículos de Lenin: «Sobre el gobierno provisional», en los que, describiendo la perspectiva del desarrollo de la revolución rusa, plantea al partido la tarea de:

«Conseguir que la revolución rusa no sea un movimiento de algunos meses, sino un movimiento de muchos años, que no conduzca tan sólo a obtener pequeñas concesiones de los detentadores del poder, sino al derrumbamiento completo de éste». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La socialdemocracia y el gobierno revolucionario provisional, 1905)

Y en los que, desarrollando todavía más esta perspectiva y relacionándola con la revolución en Europa, prosigue:

«Y si esto se logra. (…) Entonces las llamas del incendio revolucionario prenderán en Europa; el obrero europeo, cansado de la reacción burguesa, se levantará a su vez y nos enseñará «cómo se hacen las cosas»; entonces el impulso revolucionario de Europa repercutirá a su vez en Rusia y hará de una época de algunos años de revolución una época de varios decenios de revolución». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La socialdemocracia y el gobierno revolucionario provisional, 1905)

Podría remitirme, asimismo, a un conocido artículo de Lenin, publicado en noviembre de 1915, que dice:

«El proletariado lucha y seguirá luchando con abnegación por la conquista del poder, por la república y por la confiscación de las tierras, es decir, por ganarse al campesinado, por utilizar hasta el fin sus fuerzas revolucionarias y por hacer que las «masas populares no proletarias» participen en la emancipación de la Rusia burguesa del «imperialismo» militar-feudal –es decir, el zarismo–. Y el proletariado aprovechará inmediatamente esta liberación de la Rusia burguesa del yugo zarista, del poder de los terratenientes sobre la tierra, no para ayudar a los campesinos acomodados en su lucha contra los obreros agrícolas, sino para llevar a cabo la revolución socialista en alianza con los proletarios de Europa». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Sobre las dos líneas en la revolución, 1915)

Podría, finalmente, remitirme al conocido pasaje del folleto de Lenin: «La revolución proletaria y el renegado Kautsky», en que, refiriéndose al pasaje más arriba citado de «Dos tácticas», sobre la magnitud de la revolución, llega a la siguiente conclusión:

«Ha ocurrido tal y como nosotros dijimos. La marcha de la revolución ha confirmado la certeza de nuestro razonamiento. Al principio, con «todos» los campesinos, contra la monarquía, contra los terratenientes, contra el medievalismo –y en este sentido, la revolución sigue siendo burguesa, democrático-burguesa–. Después, con los campesinos pobres, con el semiproletariado, con todos los explotados, contra el capitalismo, comprendidos los ricachos del campo, los kulaks, los especuladores, y, por ello, la revolución se transforma en revolución socialista. Querer levantar una artificial muralla de China entre ambas revoluciones, separar la una de la otra por algo que no sea el grado de preparación del proletariado y el grado de su unión con los campesinos pobres, es la mayor tergiversación del marxismo, es adocenarlo, reemplazarlo por el liberalismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)

Me parece que con eso basta.

Bien, se nos dirá, pero ¿por qué, en este caso, Lenin combatió la idea de la «revolución –permanente– ininterrumpida»?

Porque Lenin proponía «sacar todo el partido posible» de la capacidad revolucionaria del campesinado y utilizar hasta la última gota su energía revolucionaria para la destrucción completa del zarismo, para pasar a la revolución proletaria, mientras que los partidarios de la «revolución permanente» no comprendían el importante papel del campesinado en la revolución rusa, menospreciaban la fuerza de la energía revolucionaria de los campesinos menospreciaban la fuerza y la capacidad del proletariado ruso para llevar tras de sí a los campesinos y, de este modo, dificultaban la liberación de los campesinos de la influencia de la burguesía, la agrupación de los campesinos en torno al proletariado.

Porque Lenin proponía coronar la revolución con el paso del poder al proletariado, mientras que los partidarios de la revolución «permanente» querían empezar directamente por el poder del proletariado, sin comprender que, con ello, cerraban los ojos a una «pequeñez» como las supervivencias del régimen de servidumbre y no tomaban en consideración una fuerza tan importante como el campesinado ruso, sin comprender que semejante política únicamente podía ser un freno para la conquista de los campesinos por el proletariado.

Así, pues, Lenin no combatía a los partidarios de la revolución «permanente» por la cuestión de la continuidad, pues el propio Lenin sostenía el punto de vista de la revolución ininterrumpida, sino porque menospreciaban el papel de los campesinos, que son la reserva más importante del proletariado, y no comprendían la idea de la hegemonía del proletariado.

No puede decirse que la idea de la revolución «permanente» sea una idea nueva. El primero que la formuló fue Marx, a fines de la década del 40, en su conocido: «Mensaje» a la «Liga de los Comunistas» de 1850. De este documento fue de dónde sacaron nuestros «permanentistas» la idea de la revolución ininterrumpida. Debe señalarse que, al tomar esta idea de Marx, nuestros «permanentistas» la modificaron un tanto, y, al modificarla, la «estropearon», haciéndola inservible para el uso práctico. Fue necesario que la mano experta de Lenin corrigiese este error, tomase la idea de Marx sobre la revolución ininterrumpida en su forma pura e hiciese de ella una de las piedras angulares de la teoría leninista de la revolución.

He aquí lo que dice Marx, en su «Mensaje», sobre la revolución ininterrumpida –permanente–, después de haber enumerado. Una serie de reivindicaciones revolucionario-democráticas, a cuya conquista llama a los comunistas:

«Mientras que los pequeños burgueses democráticos quieren poner fin a la revolución lo más rápidamente que se pueda, después de haber obtenido, a lo sumo, las reivindicaciones arriba mencionadas, nuestros intereses y nuestras tareas consisten en hacer la revolución permanente hasta que sea descartada la dominación de las clases más o menos poseedoras, hasta que el proletariado conquiste el poder del Estado, hasta que la asociación de los proletarios se desarrolle, y no sólo en un país, sino en todos los países predominantes del mundo, en proporciones tales, que cese la competencia entre los proletarios de estos países, y hasta que por lo menos las fuerzas productivas decisivas estén concentradas en manos del proletariado». (Karl Marx y Friedrich Engels; Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas, 1850)

En otras palabras:

a) Marx no proponía, en modo alguno, comenzar la revolución, en la Alemania de la década del 50, directamente por el poder proletario, contrariamente a los planes de nuestros «permanentistas» rusos;

b) Marx sólo proponía que se coronase la revolución con el poder estatal del proletariado, desalojando paso a paso de las alturas del poder a una fracción de la burguesía, tras otra, para, una vez instaurado el poder del proletariado encender la revolución en todos los países. De completo acuerdo con lo enunciado está todo lo que enseñó y llevó a la práctica Lenin en el transcurso de nuestra revolución, aplicando su teoría de la revolución proletaria en las condiciones del imperialismo.

Resulta, pues, que nuestros «permanentistas» rusos no sólo menospreciaban el papel del campesinado en la revolución rusa y la importancia de la idea de la hegemonía del proletariado, sino que modificaban –empeorándola– la idea de Marx sobre la revolución «permanente», haciéndola inservible para su aplicación práctica.

Por eso Lenin ridiculizaba la teoría de nuestros «permanentistas», calificándola de «original» y de «magnífica» y acusándolos de no querer:

«Reflexionar acerca del por qué la vida llevaba diez años, ni más ni menos, pasando de largo por delante de esta magnífica teoría». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Sobre las dos líneas en la revolución, 1915)

El artículo de Lenin fue escrito en 1915, a los diez años de aparecer en Rusia la teoría de los «permanentistas».

Por eso Lenin tildaba esta teoría de semimenchevique, diciendo que:

«Toma de los bolcheviques el llamamiento a la lucha revolucionaria decidida del proletariado y a la conquista del poder político por éste, y de los mencheviques, la negación del papel de los campesinos». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Sobre las dos líneas en la revolución, 1915)

Eso es lo que hay en cuanto a la idea de Lenin sobre la transformación de la revolución democrático-burguesa en revolución proletaria, sobre el aprovechamiento de la revolución burguesa para pasar «inmediatamente» a la revolución proletaria.

Además, antes se creía imposible la victoria de la revolución en un solo país, suponiendo que, para alcanzar la victoria sobre la burguesía, era necesaria la acción conjunta de los proletarios de todos los países adelantados o, por lo menos, de la mayoría de ellos. Ahora, este punto de vista ya no corresponde a la realidad. Ahora hay que partir de la posibilidad de este triunfo, pues el desarrollo desigual y a saltos de los distintos países capitalistas en el imperialismo, el desarrollo, en el seno del imperialismo, de contradicciones catastróficas que llevan a guerras inevitables, el incremento del movimiento revolucionario en todos los países del mundo; todo ello no sólo conduce a la posibilidad, sino también a la necesidad del triunfo del proletariado en uno u otro país. La historia de la revolución en Rusia es una prueba directa de ello. Únicamente debe tenerse en cuenta que el derrocamiento de la burguesía sólo puede lograrse si se dan algunas condiciones absolutamente indispensables, sin las cuales ni siquiera puede pensarse en la toma del poder por el proletariado.

He aquí lo que dice Lenin acerca de estas condiciones en su folleto: «La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo» de 1920:

«La ley fundamental de la revolución, confirmada por todas las revoluciones, y en particular por las tres revoluciones rusas del siglo XX, consiste en lo siguiente: para la revolución no basta con que las masas explotadas y oprimidas tengan conciencia de la imposibilidad de seguir viviendo como viven y exijan cambios; para la revolución es necesario que los explotadores no puedan seguir viviendo y gobernando como viven y gobiernan. Sólo cuando los «de abajo» no quieren y los «de arriba» no pueden seguir viviendo a la antigua, sólo entonces puede triunfar la revolución. En otras palabras, esta verdad se expresa del modo siguiente: la revolución es imposible sin una crisis nacional general –que afecte a explotados y explotadores–. Por consiguiente, para hacer la revolución, hay en primer lugar, que conseguir que la mayoría de los obreros –o en todo caso la mayoría de los obreros conscientes, reflexivos, políticamente activos– comprenda profundamente la necesidad de la revolución y esté dispuesta a sacrificar la vida por ella; en segundo lugar, es preciso que las clases gobernantes atraviesen una crisis gubernamental que arrastre a la política hasta a las masas más atrasadas. (…) Que reduzca a la impotencia al gobierno y haga posible su rápido derrocamiento por los revolucionarios».(Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

Pero derrocar el poder de la burguesía e instaurar el poder del proletariado en un solo país no significa todavía garantizar el triunfo completo del socialismo. Después de haber consolidado su poder y arrastrado consigo a los campesinos, el proletariado del país victorioso puede y debe edificar la sociedad socialista. Pero ¿significa esto que, con ello, el proletariado logrará el triunfo completo, definitivo, del socialismo, es decir, significa esto que el proletariado puede, con las fuerzas de un solo país, consolidar definitivamente el socialismo y garantizar completamente al país contra una intervención y, por tanto, contra la restauración? No. Para ello es necesario que la revolución triunfe, por lo menos, en algunos países. Por eso, desarrollar y apoyar la revolución en otros países es una tarea esencial para la revolución que ha triunfado ya. Por eso, la revolución del país victorioso no debe considerarse como una magnitud autónoma, sino como un apoyo, como un medio para acelerar el triunfo del proletariado en los demás países.

Lenin expresó este pensamiento en dos palabras, cuando dijo que la misión de la revolución triunfante consiste en llevar a cabo:

«El máximo de lo realizable en un solo país para desarrollar, apoyar y despertar la revolución en todos los países». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)

Tales son, en términos generales, los rasgos característicos de la teoría leninista de la revolución proletaria». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin; Los fundamentos del leninismo, 1924)

Yugoslavia en la Segunda Guerra Mundial. Del Corán y el Mein Kampf. Al-Hossaini,el muftí del Holocausto.Segunda Parte.Kosovo

El siete de Abril de 1939, el ejército italiano invade y ocupa Albania en menos de una semana. Pese a la casi nula resistencia de los albaneses frente al fascismo, 700 soldados italianos mueren. Una gran parte de ellos en accidentes .Como consecuencia del aplastante triunfo militar del Ducce , el rey Zog I de Albania huye a Grecia y el país pasa a ser anexionado al reino de Italia y se establece un virreinato. Se establece un programa de colonización, y miles de agricultores y técnicos italianos se instalan en el país balcánico. El ejército albanés se reorganiza como cuerpo colonial al servicio de Roma.

Más tarde, en Octubre de 1940 Mussolini invade Grecia desde las fronteras albanesas, con diez divisiones italianas y un ejército albanés que rehúye el combate. Lo que interesa a los albaneses más allá de ampliar las zonas del Epiro bajo su control, no es la Macedonia griega , el Peloponeso o la misma Atenas. Su guerra, su espacio vital en una terminología nazi que hicieron suya y que se sigue esgrimiendo en Kosovo, es la creación de una Gran Albania.

Y las palabras de Al-Hussayni son una esperanza que los gestos del fascismo y nazismo ayudarán a consolidar. Los albaneses tenían en mente la Gran Albania que la derrota de Turquía en las guerras Balcánicas y sus conflictos con Grecia les había negado.

El escaso entusiasmo combativo de las unidades albanesas bajo mando italiano, y la composición de estas mismas, con muchos soldados cristianos no vieron en Grecia ni en la impericia militar italiana la ocasión que esperaban. Y a cuya obtención  les espoleaba el panislamismo de Al- Hussayni.

Tuvieron que esperar hasta el seis de Abril de 1941 cuando los ejércitos del eje atacan Yugoslavia en la Operación Castigo y en once días destrozan al ejército real yugoslavo. Grecia le sigue una semana después. Los nazis arrollan con su maquinaria bélica ambas naciones balcánicas. La resistencia griega que tantas victorias consiguió contra las cobardes tropas italianas es desangrada junto con su población bajo el implacable rodillo militar  alemán. Yugoslavia, cuya reacción popular  de claro  signo socialista hizo que el Pacto firmado entre el Rey y Pedro II fuera papel mojado, sufrió aun consecuencias más funestas. Belgrado , y gran parte del país, especialmente Serbia no se doblegaron al pacto tripartito como si hicieron Rumania, Hungría y Eslovaquia que pasaron a ser vasallos de los nazis sin disparar un sólo tiro ni grandes manifestaciones callejeras de protesta como en el caso de la capital yugoslava. Y Yugoslavia  fue castigada con uno de los bombardeos más brutales de la guerra, con el único fin militar de matar civiles, aplastar la resistencia, aterrorizar a la población civil y paralizar al país. Y por tamaño desafío , según las propias palabras de  un furioso Hitler, tras el golpe de estado antinazi en Belgrado ,»Yugoslavia debe ser destruida, desaparecerá del mapa».

Y así fue. Yugoslavia fue mutilada. Serbia ,debía ser también desarticulada. Había sido una molesta piedra en el camino que retrasó los planes de la invasión a la Unión Soviética. Mientras una gran parte  de croatas y eslovenos engrosaban las filas fascistas y se prestaban a colaborar en el genocidio.

La Gran Albania tomó cuerpo. Las regiones serbias de Kosovo y Metohija , el territorio al suroeste del lago Skutari de Montenegro(aún en litigio entre albanokosovares y Podgorica) el oeste de la Macedonia serbia, y zonas serbias del Sur, Juzna Srbja y Stara Srbja  pasaron a ser albanesas. Kosovo y Metohija fue rebautizada como Nueva Albania.

Los albaneses se lanzaron a una campaña  masiva de limpieza étnica y genocida contra los habitantes serbo-ortodoxos de Kosovo y Metohija. Ciudades, pueblos , iglesias fueron atacadas. Los muertos se calculan según las distintas  y escasas fuentes entre 30,000 y 50,000 muertos. Los heridos y desplazados se desconocen aunque a buen seguro multiplicarían las cifras de los muertos.

Los albaneses llevaron a cabo estas atrocidades ayudados y asesorados por los fascistas italianos, cuyo modelo de los fascios  imitaban las milicias albanesas.

El líder del Comité Musulmán de Albania, Bedri Pejani llamó al exterminio de la población serbia de Kosovo y Metohija y a una unión de la Gran Albania  con Bosnia y Herzegovina y Raska, , región serbia (el Sandjak)que Al-Hussaini presentó a los alemanes como una medida  a tomar en interés del Islam. Esta fue rápidamente rechazada por los alemanes. No así la Gran Albania. Pero la capitulación italiana ante los aliados el 1 de Septiembre de 1943 supuso un cambio sustancial. Dos divisiones alemanas se encargaron de reocupar Albania, sin ningún obstáculo.

El entusiasmo de Pejani se disparó al conocer en persona a Heinrich Himmler, ideólogo  de la «solución final al problema judío». La política del Holocausto entroncaba perfectamente con la segunda liga de Prizren en los que se recreaban los de la primera de 1873, a saber un sólo país para todos los albaneses étnicos. La Gran Albania. El genocidio, la limpieza étnica, otra vez como instrumento indisoluble para la creación de la Gran Albania. Y el fervoroso apoyo albanés a los nazis, dio sus frutos con la constitución de la División SS Skanderberg.

Este cuerpo militar era en principio una formación mixta, con albaneses de diferentes orígenes étnicos y soldados alemanes. Su función era la salvaguarda de puntos de interés estratégico así como la  protección de la costa , sus puertos  y  los escasos nudos de comunicación frente al avance aliado.

Pero poco después, sus cometidos fueron otros. Con un peso definitivo del elemento albanés, aunque bajo mando nazi, la división Skanderberg se destacó en sus labores como fuerza asesina y represora de la población ortodoxa. Los templos ortodoxos y las poblaciones eslavas fueron atacados a lo largo y ancho  de la geografía serbia. La actual FYROM fue base de operaciones de los nazis albaneses, en los que se distinguían por su brutalidad, los  soldados albaneses kosovares musulmanes.

Fueron responsables de la deportación de centenares de yugoslavos de credo hebreo a los campos de exterminio en las regiones de Kosovo y sureñas de Serbia. Por imperativo nacional ,étnico e islámico, erradicaron la población serbia de Prizren. El germen de la idea pan albanesa debía ser purificada de los infieles comunistas y cristianos ortodoxos que fueron aniquilados.

Serbios (y montenegrinos) tuvieron que abandonar sus hogares ante la violencia de los SS albaneses. 10,000 familias serbias fueron expulsadas, sus tierras fueron ocupadas por colonos albano musulmanes venidos de las pobres tierra del sur de su país.. Kosovo fue el lugar donde la criminal campaña genocida de los albaneses alcanzó sus cuotas más sanguinarias.

El curso de la guerra y la derrota del eje, se aceleraban. Las fuerzas de exterminio albanesas no demostraron la misma eficacia en sus choques contra los ejércitos rojo soviético y yugoslavos que les diezmaron. En la derrota empezaron también a aparecer los elementos distintivos entre albaneses que  no existieron durante los tiempos de saqueo y orgías de sangre contra la población civil. Empezaron las  deserciones. Los supervivientes de la 21 División  SS Skanderberg se reagruparon con las fuerzas de la División Prinz Eugen y se retiraron hacia Austria, perseguidas por las columnas libertadoras de los partisanos yugoslavos que las aplastaron definitivamente en 1945 tras un vano intento de reconquista de Kosovo.

Durante los juicios de Núremberg las SS fueron declaradas como una organización criminal y cada uno de sus miembros criminal de guerra. Los albanokosovares de la 21 División Skanderberg, sin duda fueron ampliamente merecedores de tal apelativo. Lo verdaderamente pavoroso de la situación  es que sus acciones, condenadas entonces, son los mimbres  en los cuales hoy en día , se sustenta el Kosovo actual .La limpieza étnica, el genocidio cometido durante la Segunda Guerra Mundial en las zonas de Kosovo, sur de Serbia y antigua república de Macedonia tienen su reflejo en la situación actual. Sin las masacres de las SS , el desplazamiento de la perseguida población eslava, el asesinato de otras minorías étnicas como los zíngaros y hebreos; la composición étnica actual  sería muy diferente. Una coyuntura a la  que tanto contribuyó a consolidar la guerra de agresión de la OTAN contra Yugoslavia en 1999.

La asumida  idea de la Gran Albania, por parte tanto de Tirana como de Pristina  que la predican con arrogancia   y la incesante  proliferación de mezquitas, madrazas y centros de yihadistas por la Antigua Yugoslavia , nos hacen pensar que las ideas del islamismo, odio, guerra santa y exterminio defendidas por el Gran Muftí de Jerusalén no parecen tan lejanas. La limpieza étnica que los albanokosovares musulmanes  continúan ejerciendo contraslas minorías en Kosovo y Metohija tampoco.

Miren lo que exige Lagarde a España

¿Vamos a seguir tragando cantos de sirena quedándonos 4 años sentaditos en casa y mientras la calle de «fiesta»? Por menos de eso perdieron la cabeza algunos.

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Mensaje «pequeño» pero significativo: Chipre pertenece a la UE

La resolución establece que las sanciones contra Rusia impuestas por la UE resultaron ineficaces y no contribuyen a solucionar la crisis ucraniana.

El documento, presentado por los miembros del Partido Progresista del Pueblo Obrero, ha sido apoyado por 22 diputados, ninguno de los parlamentarios votó en contra y 17 se abstuvieron.

RT

¿Sabéis ya quién es el enemigo?

Estados Unidos quiere convertir su base de Rota (Cádiz) en uno de sus tres principales recintos militares en todo el mundo y subirla, antes de 2025, del nivel Tier II a Tier I, el máximo posible.

«Rota puede ser el ancla de la ruta por el Atlántico central. Proponemos que su estatus sea elevado a Tier I porque, entre otros motivos, prevemos un aumento de las operaciones de movilidad destinadas a África», recomienda el Pentágono.

Estados Unidos lleva desde 2002 invirtiendo en renovar y ampliar la base de Rota guiado por las recomendaciones del Pentágono, que en su documento ‘Global in route strategy’ pide elevar la categoría de la base española.

La base de Rota se encuentra en un enclave estratégico crucial para los intereses de defensa de Estados Unidos, ya que forma uno de los vértices del triángulo de seguridad estratégica junto a los nodos de Asia Pacífico (Hickam, Pearl Harbor, Hawai) y Norte Ártico (Ramstein , Alemania)

El presidente Barack Obama visitará la base de Rota el próximo 10 de julio para supervisar los cambios que se están llevando a cabo en el recinto.

Estados Unidos pidió recientemente instalar una veintena de aeronaves en la base, una medida de refuerzo que se suma al incesante aumento de flujo de personal y créditos militares con destino a Rota.

El refuerzo de la base gaditana se produce en un contexto de escalada armamentística entre la OTAN y Rusia en suelo europeo.

Sputnik

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