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Trump, consecuencia de contradicciones interimperialistas occidentales

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A nadie se le escapa el carácter profundamente reaccionario de Trump. Pero que no nos la den. Las críticas “progres” de El País, y las que se lanzan desde la administración de la UE, no tienen una explicación ideológica: unos fachas, otros demócratas. ¿Demócrata ese presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, que acaba de decir que “Trump es una amenaza para la UE”? Más vale que nos vayamos a explicaciones más bien de orden geoestratégico para tratar de entender lo que está pasando. Y más vale que reconozcamos con mucha más fuerza algo que desde el activismo social, y desde muchos ámbitos militantes, no se ha tenido en cuenta como se debiera; a saber: que son contradicciones de carácter imperial las que están agudizándose entre unos aliados occidentales – la UE y los EE.UU.- que, sobre todo, estuvieron unidos frente a la Unión Soviética.

El indefendible Trump acaba decir que la UE solo sirve a Alemania. Y es sencillamente verdad. Por su parte, el patrono de los automóviles de Alemania –ya sin esa diplomacia autoimpuesta en la heredera del derrotado Tercer Reich- dijo hace días que lo que tenía que hacer EE.UU. era buenos coches competitivos y dejarse de medidas proteccionistas. Ya vemos lo que importan aquí las ideologías: los campeones históricos del “neoliberalismo” defendiendo el proteccionismo y los del “modelo social europeo” cogiendo el testigo de la defensa de la mundialización neoliberal. Y mientras tanto, EE.UU. “poniéndose de oro” con la exclusividad en el manejo de la fotocopiadora del papel-dólar, con lo que eso significa para sortear crisis económico-financieras y, sobre todo, para exportarlas.

Desde hace años, tras la caída del campo socialista, principalmente EE.UU. ha estado desestabilizando el mundo –empezando por Oriente Medio- con el objetivo de sustentar una hegemonía que ya no se justificaba ni entre su propio campo aliado de la ex Guerra Fría. El plan de “reordenación democrática” estadounidense de Oriente Medio –que comienza su siniestra agenda con la Primera del Golfo en 1991- buscaba someter aquella región o al menos dejarla destrozada para que no hubiera ningún otro bloque competidor (incluida la propia Unión Europea) que pudiera llegar acuerdos geoestratégicos y económicos al margen del Tío Sam en crisis (recalquemos) de hegemonía. Por mucho que acariciemos que EE.UU. lo pueden todo, las cosas no les han salido como hubieran querido. Cierto que han destrozado mucho. ¡Y cuánto! Pero no tanto como necesitaban y, sobre todo, pagando un alto precio sin garantizar bien la solidez de esa hegemonía que perseguían. La alarma comenzaba a saltarles cuando, después de la impune barbarie cometida en Libia, Rusia dijo que no estaba dispuesta a seguir viendo pasivamente cómo el incendio se le aproximaba y contraatacó en el este de Ucrania y en Siria.

Por eso han surgido voces desde dentro de EE.UU. que defienden que hay que asumir lo que está pasando y cambiar de táctica antes de que se lleguen a acuerdos internacionales entre potencias que los ninguneen. Y se dicen: antes de que otros lleguen a acuerdos con Occidente -donde nosotros arriesgamos estar en posición de debilidad-, mejor debilitar toda alianza o bloque de corte occidental (o sea, la UE) que no pase por nosotros. Eso es lo que están haciendo: ya que nos vemos obligados tácticamente a replegarnos, sembremos la discordia en el mismo Occidente para que nadie negocie aprovechando nuestra debilidad. De ahí, que un repliegue táctico de EE.UU. en un escenario tan incendiado (¡¡por ellos mismos como bombero principal!!) deba ser complementado con un ataque a la propia UE. Y antes de que esta, la UE, se atreva a negociar con Rusia al margen mío (de EE.UU.), me acerco yo al mismísimo Putin, al tiempo que dejo a la UE entre las mismas brasas en Oriente Medio y en el propio este europeo que yo mismo (EE.UU.) contribuí sobremanera a generar.

El escenario está abierto. La iniciativa de incendiar Oriente Medio corrió de la mano de los republicanos coincidiendo con Bush padre al que le siguió el payaso de su hijo. Entonces criticaron al Partido Demócrata, con el simpático Clinton, por haber perdido una década y vivir de las rentas de la caída de Muro y del “fin de la historia”. Resulta que ahora la iniciativa del “repliegue” (que solo busca ganar tiempo) viene de la mano de los republicanos y con otro payaso en la presidencia. La historia muestra que cuando las contradicciones arrinconan a una potencia de forma trágica, y el tiempo no juega a favor, son los cómicos los que suben al escenario, no sin peleas internas entre los actores de la misma compañía. A ver…

El caso es que la situación toma unos tintes de “tensión” (por no emplear calificativos más… BELIgerantes) de los que, en realidad, no habría que extrañarse. ¿Qué nos enseña el siglo XX: que las potencias capitalistas tienden a unirse? Nada de esto viene de ahora. Se estaba fraguando cuando en muchos ambientes militantes se ponía el acento en el ultraimperialismo estadounidense; tal como decía en un escrito de 2006, Y que los de abajo nos enteremos, escrito que se puede consultar en el blog de El Flamenco Rojo. Nunca es tarde para aprovechar las contradicciones entre ellos, pero la verdad es que vamos… tarde. No perdamos más tiempo. Ni con unos, ni con otros. Este es el único ninismo antiimperialista que nos podemos permitir: ni con los EE.UU., por supuesto, ni con la UE (Euroalemania). ¿Por supuesto también?.

jmalvarezblog.blogspot.cz

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