El gobierno de Corea del norte tiene plena razón cuando afirma que si Libia e Irak hubieran dispuesto de armas nucleares, Estados Unidos jamás hubiera invadido dichos países militarmente, y Gadafi y Saddam Hussein seguirían vivos.

La justificación de Estados Unidos para atacar Irak fue precisamente la existencia de armas de destrucción masiva, lo cual es el colmo de todas las paradojas que un intelecto humano haya sido capaz de imaginar nunca.

A los vecinos iraníes les quedó muy claro lo que tenían que hacer: si no querían que su país fuera destruido, debían fabricar armas de destrucción masiva, porque la fuerza bruta es el único lenguaje que entienden en Washington.

La experiencia de Corea del norte no les podía pasar de desapercibido. Lo mismo que el gobierno, el pueblo norcoreano sobrevive gracias a sus armas nucleares y todos los esfuerzos de los imperialistas convergen en que Pyongyang se desarme.

Sería tanto como suicidarse. El gobierno norcoreano, lo mismo que el iraní, ya firmó un acuerdo con Estados Unidos en materia nuclear. Entonces Estados Unidos hizo con Corea del norte lo mismo que ahora con Irán: ni caso de los compromisos firmados.

“Pacta sunt servanda” (los compromisos están para ser cumplidos). En Pyongyang tuvieron claro que el único camino era la defensa nuclear y así siguen desde entonces, a pesar de las múltiples presiones diplomáticas y de las inagotables campañas de la prensa internacional.

En Teherán les puede pasar lo mismo: si Estados Unidos no cumple con lo que firmó en 2015, los iraníes tienen las manos libres para volver a poner en marcha su programa nuclear.

En tal caso, que nadie se llame a engaño; la responsabilidad de la proliferación nuclear recae única y exclusivamente en Estados Unidos, una vez más.

Pero Irán no está en el Extremo Oriente, sino en una región bien caliente. Por lo tanto, las consecuencias del rearme nuclear pueden ser insospechadas. Nadie debería olvidar que Rusia va a construir una central nuclear en Turquía, un país tentado de seguir los pasos de Teherán. Luego seguirían Egipto, Arabia saudí…

Son muy evidentes, pues, los motivos por los cuales el gobierno norcoreano es, desde hace muchos años, el blanco de la más delirante de las campañas de propaganda que ha conocido la historia: ellos constituyen el ejemplo que les gustaría seguir a todos los países que se quieren sacudir de encima la presión del imperialismo.

Es Estados Unidos quien está conduciendo al mundo al rearme nuclear, no Corea del norte, ni Irán. No hay otro peligro que Estados Unidos, que ha extremado su política imperialista y belicista al máximo. Incluso los demás “socios” lo han reconocido así y presionan a Trump para que de marcha atrás y se comprometa a ratificar y cumplir el acuerdo nuclear con Irán.

Si Washington no lo cumple, envía una señal muy clara a todos los países del mundo, pero especialmente a Corea del norte: es lo mismo llegar o no a acuerdos, no tiene ningún sentido negociar el desarme nuclear, es preferible no atarse las manos con ningún tipo de compromisos internacionales.

La consecuencia de ello es evidente: el mundo jamás va a dar pasos en el camino de la desnuclearización, sino todo lo contrario. Marcha hacia una nuclearización imparable.

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