
La incorporación de España a la OTAN fue consecuencia del Golpe de Estado del 23-F en 1981 y supuso un viraje radical en la tradicional política exterior de los gobiernos de Madrid, especialmente el reconocimiento del Estado de Israel.
Lo mismo ocurrió en los años noventa, mucho antes de la Guerra de Ucrania, cuando otros países europeos que ingresaron en la OTAN. En el otoño de 2021 Putin envió un proyecto de tratado a la OTAN para que no hubiera más ampliaciones de la Alianza.
Dos años después, en septiembre de 2023, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, reconoció aquella propuesta rusa en una intervención ante un comité conjunto del Parlamento Europeo. “Por supuesto que no firmamos aquello”, dijo Stoltenberg. La adhesión de Ucrania a la Alianza no era un tema negociable, o sea, solo se podía resolver por la fuerza.
Si la OTAN se creó para “contener” la expansión de la URSS, como dicen los occidentales, no tiene sentido que no se extinguiera tras la desaparición de la URSS, sino todo o contrario, que siguiera expandiéndose hasta los límites mismos de Rusia.
En otras palabras, la experiencia histórica demuestra que a quien hay que “contener” es a la OTAN, no a Rusia. La Guerra de Ucrania forma parte de esa política rusa de contención, que es completamente legítima.
No es casualidad que la OTAN quiera llevar esa expansión, ya no solamente hasta las fronteras de Rusia, sino incuso al Cáucaso, como demuestra el reciente caso de Georgia, un país al que han prometido la incorporación.
Hungría cae en las zarpas del capital extranjero
Hungría se unió a la OTAN el 12 de marzo de 1999, junto con Polonia y la República Checa. Fue la primera expansión de la OTAN desde el final de la Guerra Fría. La promesa de que la OTAN “no se extendería ni una pulgada hacia el este” fue ignorada.
Durante la década de los ochenta, el Partido Socialista Obrero Húngaro ya se había embarcado en aperturas y reformas económicas como parte de lo que se llamó “comunismo gulash”. Comenzó a llegar capital extranjero procedente de los países capitalistas occidentales, especialmente de Alemania.
A pesar de la lluvia de dinero, a finales de aquella década, la situación económica del país se deterioró. La deuda externa alcanzó niveles alarmantes, el crecimiento se estancó y la confianza en el socialismo quedó comprometida. Aprovechando la desmoralización de la poblacion, en 1990 se convocaron elecciones parlamentarias, que dieron la victoria al Foro Democrático Húngaro (MDF), un movimiento reaccionario vendido a los acreedores internacionales.
La transición al capitalismo dio lugar a cierres de fábricas, las privatizaciones, el desempleo, inflación y empobrecimiento. Desaparecieron sectores enteros socialistas. El nuevo gobierno de Jozsef Antall se enfrentó a la pésima situación, que achacó al socialismo.
En aquel mismo momento Yugoslavia también comenzó a hundirse en el fango capitalista por las mismas privatizaciones y la apertura al capital extranjero. Para incentivar la crisis, los imperialistas desencadenaron una guerra brutal que acabó con el Estado mismo.
Los pirómanos se disfrazan de bomberos
Hungría compartía frontera con la Yugoslavia en guerra y hay importantes minorías húngaras en Serbia, Rumania y Eslovaquia. Los imperialistas lo aprovecharon para presionar al gobierno de Budapest: para evitar una guerra como la de Yugoslavia, los pequeños Estados de Europa central necesitaban garantías de seguridad, que naturalmente estaban fuera del país.
Los imperialistas se presentaban como bomberos cuando, en realidad, eran los pirómanos. Ellos eran los responsables de la Guerra de Yugoslavia y se presentaban como los salvadores a través de sus lacayos locales. Bill Clinton decía que la ampliación de la OTAN estabilizaría Europa central y consolidaría la transición el capitalismo. La alternativa a la guerra era la entrada en la OTAN.
En 1995 la OTAN publicó un estudio sobre la ampliación. “Con el final de la Guerra Fría, una oportunidad única es construir una arquitectura de seguridad mejorada en toda el área euroatlántica. El objetivo de una arquitectura de seguridad mejorada es garantizar una mayor estabilidad y seguridad para todos en la zona euroatlántica, sin recrear líneas de demarcación. La OTAN ve la seguridad como un concepto amplio que abarca los componentes políticos y económicos, así como la defensa”. Rusia se ha opuesto constantemente a la ampliación. Incluso el presidente “pro-americano” Boris Yeltsin ha argumentado repetidamente que el avance de la OTAN hacia el este viola el espíritu de cooperación posterior a la Guerra Fría.
Los monaguillos locales comenzaron a reclamar la adhesión. En 1994 Hungría se unió al programa de la Asociación para la Paz de la OTAN. Era una especie de “sala de espera” de la OTAN. Los países que no eran miembros podían cooperar militarmente con la Alianza, participar en maniobras militares y armonizar sus normas militares.
Aquel año, el Partido Socialista Húngaro, heredero del antiguo Partido Comunista, ganó las elecciones y formó un gobierno bajo la dirección de Gyula Horn, pero no cambió nada. La “izquierda” era igual a la “derecha”.
La Cumbre de Madrid de 1997
En 1997 la cumbre de la OTAN en Madrid invitó oficialmente a Hungría, Polonia y la República Checa. Al igual que España, el gobierno húngaro celebró un referéndum, con una abstención muy alta (51 por cien) y una también alta (85 por cien).
El 12 de marzo de 1999, en tiempos de Viktor Orbán, Hungría se convirtió oficialmente en miembro de la OTAN que, solo doce días después, desató su criminal campaña de bombardeos aéreos contra Yugoslavia, su primera fuera de la zona.
Hasta los más torpes se dieron cuenta que la OTAN era una alianza agresiva y expansionista.
Los ‘ustachas’ resurgen en la nueva Croacia ‘independiente’
Croacia es un país de nueva creación, surgido de la desintegración brutal de Yugoslavia. Se unió a la OTAN en 2009, al mismo tiempo que Albania. Los primeros partidos se crearon en 1989. El más importante fue la Unión Democrática Croata (HDZ), encabezada por Franjo Tudjman que, como ya expusimos, era desde los años setenta un nazi conocido y un terrorista con un amplio historial de atentados.
Ocurrió algo parecido a lo que luego se conoció en Ucrania. En mayo de 1991 los votantes aprobaron la independencia en un referéndum boicoteado por gran parte de la gran minoría serbia del país. Estalló la guerra entre las fuerzas croatas, las milicias serbias locales y el Ejército Popular Yugoslavo.
Grandes porciones de territorio croata estaban fuera del control de Zagreb. La supervivencia de Croacia no habría sido posible sin el apoyo del imperialismo alemán, que fue uno de los primeros países en reconocer la independencia de Croacia. Era una zona influencia estratégica para Alemania, que suministró grandes cantidades de armas de contrabando a Tujman y su banda de nazis para llevar la limpieza étnica hasta el final.
La Operación Tempestad
Durante la Operación Tormenta, en 1995 las bandas croatas se apoderaron de la mayor parte del territorio controlado por la autoproclamada República de la Krajina serbia, una operación puso fin a la guerra en Croacia.
Poco conocida fuera de la antigua Yugoslavia, la Operación Tormenta desencadenó un cataclismo genocida que expulsó violentamente a toda la población serbia de Croacia. Calificada por el político sueco Carl Bildt como “la limpieza étnica más eficaz que hemos visto en los Balcanes”, las fuerzas croatas arrasaron las zonas protegidas por la ONU de la autoproclamada República de la Krajina Serbia, saqueando, incendiando, violando y asesinando a medida que avanzaban por la provincia. Hasta 350.000 vecinos huyeron, a menudo a pie, para no regresar jamás. Paralelamente, miles fueron ejecutados de manera sumaria.
Tudjman murió en diciembre de 1999 y unas semanas más tarde, una coalición dirigida por partidos reformistas derrotó a la HDZ. Al año siguiente Croacia se unió al programa de Asociación para la Paz y solo dos años después al Plan de Acción para la Incorporación a la OTAN.
A medida que la cuestión de un posible referéndum de incorporación comenzó a debatirse, el primer ministro Ivo Sanader argumentó que no era necesario porque “la Constitución croata no lo requiere”. Al mismo tiempo, “instituciones independientes” como Transparencia Internacional, financiada por la embajada de Estados Unidos, iniciaron una campaña de relaciones públicas llamada “Es mejor la alianza que la guerra” para informar a los ciudadanos croatas de los “beneficios de la OTAN”.
En la cumbre de la OTAN en Bucarest en abril de 2008, la Alianza invitó oficialmente a Croacia y Albania a iniciar negociaciones de adhesión. Después de la ratificación de los Estados miembros de la OTAN, Croacia se convirtió oficialmente en miembro de la alianza el 1 de abril de 2009. El primer ministro Ivo Sanader dijo con orgullo que “este éxito no habría sido posible si hubiéramos sometido este tema a un referéndum”.
Dieciocho años después de proclamar la independencia y catorce años después del final de la limpieza étnica, un país nacido de la brutal Guerra de Yugoslavia se incorporó a la OTAN con unas credenciales realmente sucias.
La OTAN: un punto de inflexión radical en la historia de Montenegro
Al igual que Serbia, con la que Montenegro comparte lazos históricos y culturales comunes, históricamente Montenegro ha sido uno de los aliados más cercanos de Rusia, al menos desde finales del siglo XIX. La incorporación de Montenegro en la OTAN en junio de 2017 supuso un punto de inflexión radical en la historia de esta pequeña nación.
En 1989 Montenegro era una de las seis repúblicas de Yugoslavia. Al comienzo del colapso de Yugoslavia, a diferencia de Croacia o Eslovenia, no había un movimiento independentista. Sus dirigentes políticos estaban alineados con los serbios de Slobodan Milosevic, apoyando el plan de una Yugoslavia reorganizada. Cuando Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina y Macedonia se embarcaron en el camino de la independencia, Montenegro permaneció dentro de la federación, junto a Serbia. Después de la desintegración de Yugoslavia, Montenegro se unió a la República Federativa de Yugoslavia en 1992 junto a Serbia.
Durante aquel período, el imperialismo aisló políticamente la República Federativa de Yugoslavia con la guerra y las sanciones. El país estaba gobernado por el Partido Democrático de los Socialistas. A mediados de los noventa, uno de sus dirigentes, Milo Dukanovic, se distanció gradualmente de Serbia, especialmente a medida que las consecuencias del aislamiento internacional se hicieron cada vez más duras.
Dukanovic tenía una biografía muy turbia. Fue acusado en Italia por su participación en el contrabando de tabaco, un negocio que entonces producía beneficios millonarios.
La sumisión no sirve de mucho
En 1997 Dukanovic consolidó su control sobre el Partido. Bajo su férula, Montenegro se fue inclinando cada vez más hacia el dictado de las potencias imperialistas occidentales, mientras formalmente permanecía dentro de la República Federativa de Yugoslavia. Mientras, la Serbia de Milosevic seguía siendo objeto de presiones políticas y sanciones económicas imperialistas.
La sumisión de Dukanovic no le sirvió de mucho. Cuando en la primavera de 1999 la OTAN bombardeó Yugoslavia, Montenegro no se libró de la furia destructora de los imperialistas.
En 2000 Milosevic fue derrocado como resultado ua campaña de desestabilización, con manifestaciones y elecciones manipuladas. Las relaciones entre Serbia y Montenegro entraron en una nueva fase. La República Federativa de Yugoslavia fue reestructurada para convertirse en la Unión Estatal de Serbia y Montenegro. En mayo de 2006 Montenegro celebró un referéndum sobre la independencia. Una pequeña mayoría votó a favor de la independencia y la fragmentación política del país siguió adelante: Montenegro se convirtió oficialmente en un estado soberano.
Había nacido un nuev país. Montenegro era ahora un pequeño estado en la costa del Adriático, rodeado de miembros de la OTAN o estados que aspiran a unirse a la Alianza y con fuerzas militares insignificantes. En 2006 el país se unió al programa de la Asociación para la Paz.
A pesar de la intoxicación mediática, los montenegrinos no querían integrarse en la OTAN. No entendían por qué debían unirse a una Alianza que les había bombardeado unos años antes. Pero los cabecillas lo apostaron todo a la integración.
Tras el cambio de siglo, la OTAN ya había integrado la mayor parte de Europa central y oriental, así como varios estados de los Balcanes, incluidos Croacia y Albania. La importancia estratégica de Montenegro se basó en su geografía: su costa del Adriático y su posición entre Croacia, Albania e Italia, todos miembros de la OTAN.
Mientras que el gobierno de Dukanovic apoyaba la integración en la OTAN, los partidos de oposición seguían siendo escépticos, si no explícitamente opuestos. Montenegro nunca ha podido llegar a un amplio consenso social sobre la adhesión a la OTAN. La incorporación fue una decisión de una camarilla vendida a las grabdes potencias.
En diciembre de 2015 la OTAN invitó oficialmente a Montenegro a iniciar negociaciones de adhesión. Las acusaciones de corrupción contra Dukanovic no fueron un obstáculo y el contraataque fue tópico: pasó del papel de acusado al de acusador. El día de las elecciones de 2016 se deslizaron filtraciones sobre un supuesto intento de golpe de Estado instigado por Rusia contra Dukanovic.
Posteriormente las acusaciones fueron desestimados por los tribunales montenegrinos, pero la campaña de intoxicación estaba hecha. El 5 de junio de 2017 Montenegro se convirtió oficialmente en miembro de la OTAN.
Georgia y Ucrania llaman a la puerta
Actualmente, Georgia y Ucrania no son miembros de la OTAN. Pero en 2008, en la cumbre de Bucarest, la OTAN declaró que estos dos países se convertirían en miembros de la Alianza.
El gobierno georgiano, que llegó al poder cuatro años antes a raíz de una revolución de colores, apoyó firmemente esta iniciativa. El presidente de Georgia, Mijail Saakashvili, hizo de la incorporación a la OTAN la piedra angular de su política. Pocos meses después de la cumbre de Bucarest, Saakashvili intentó apoderarse de Osetia del Sur, un territorio que la mayoría de los países reconocen como parte de Georgia, pero que se había escapado a su control desde la guerra de 1992.
La intentona fracasó cuando Rusia intervino el 8 de agosto de 2008. En cinco días, obligó a Georgia a dar marcha atrás. En 2013 el candidato de la oposición “Sueño Georgiano”, partidario de mejorar las relaciones con Rusia, ganó las elecciones. Desde entonces, “Sueño Georgiano” ha sido la fuerza dominante en el panorama político y se han descartado las discusiones sobre la futura adhesión a la OTAN.
El caso de Ucrania es parecido. Si en Georgia los imperialistas desataron una revolución de colores, en Ucrania dieron un Golpe de Estado fascista. Antes de 2014 una incorporación a la OTAN era impensable.
Cuando en 2006, después de la primera intentona de golpe, las fuerzas de la OTAN planificaron maniobras militares y maniobras en Crimea, los vecinos se manifestaron durante semanas y finalmente obligaron a las tropas estadounidenses a marcharse sin completar los ejercicios. La inmensa mayoría de los ucranianos eran hostiles a la incorporación a la OTAN hasta el golpe de 2014, que cambió el curso de la historia de Ucrania.
Dentro de la OTAN, las opiniones diferían. Alemania y Francia se opusieron al Plan de Acción para la adhesión de Ucrania, por temor a un choque con Rusia. Todos sabían de sobra que la entrada de Ucrania en la OTAN era una línea roja para Moscú. El embajador de Estados Unidos en Rusia, William Burns, lo dejó claro en un famoso cable que pasó a la historia bajo el título “Nyet Means Nyet” (No Significa No).
Sin embargo, el interés de la OTAN por Ucrania era demasiado fuerte para preocuparse por la opinión de los ucranianos, que ahora sufren las consecuencias de la guerra.

