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El expresidente de Montenegro, ex primer ministro de la República Federal de Yugoslavia y columnista de Sputnik, Momir Bulatovic, afirma que el Tribunal Internacional para la ex-Yugoslavia fue una estafa y que la llamada ‘comunidad internacional’, lejos de querer evitar una guerra civil en los Balcanes, ha engañado sistemáticamente a los serbios.

“Se han servido de mentiras y viles artimañas. La peculiaridad del engaño cuando este lo cometen los poderosos es que al final el engañado no puede hacer nada al respecto”, explica Bulatovic.

El antiguo expresidente de Montenegro recuerda que en su momento el comandante del Ejército serbobosnio, Ratko Mladic, obtuvo todas las garantías de Estados Unidos y de Francia para que no fuese llevado ante un tribunal internacional si los pilotos franceses de la OTAN que participaron en los bombardeos en Serbia y que fueron encarcelados durante la operación Deliberate Force eran liberados. Los pilotos de las Fuerzas Aéreas francesas fueron puestos en libertad, “pero Mladic fue condenado a cadena perpetua en el Tribunal de la Haya”.

Bulatovic recuerda también el episodio entre el entonces presidente de la República de Srpska, Radovan Karadzic, y Richard Holbrooke, enviado especial del presidente de Estados Unidos al país balcánico. Con testigos delante —entre los que se encontraba el propio Bulatovic—, Holbrooke aseguró a Karadzic que no acabaría en ningún tribunal si renunciaba a su cargo y permitía a la delegación yugoslava participar en los acuerdos de Dayton —acuerdos que pusieron fin a la guerra en Bosnia—.

“Holdrooke se enfadó muchísimo cuando [Karadzic] le exigió alguna garantía por escrito, y dijo que las palabras del jefe de un Estado con ese —Estados Unidos— eran suficientes”, dice Bulatovic. Al final sí hubo garantías por escrito, pero aun así La Haya no permitió que un documento de esa naturaleza se interpusiese entre Karadzic y su veredicto de culpabilidad.

El expresidente yugoslavo, Slobodan Milosevic, y con el que el propio Bulatovic tuvo “el honor de trabajar” —según escribe el propio expresidente montenegrino—, también cayó en las trampas de los países occidentales. Es más: Bulatovic asegura que Milosevic sabía que iba a ser traicionado, pero a la vez que “no le quedaba otra opción”.

“Cuando comenzó la guerra civil en Croacia y después de que Eslovenia proclamara unilateralmente su independencia por la fuerza, Slobodan Milosevic visitó Francia. Le invitó François Mitterrand, presidente popular y socialista. Pidió a Milosevic aceptar la propuesta de establecer una comisión jurídica en el marco de la Conferencia Internacional sobre Yugoslavia (…) El líder francés garantizó que la comisión no iba a adoptar ninguna decisión contra los intereses de los serbios. Yo pregunté a Milosevic: “¿qué pasa si nos engañan?” y él respondió con humildad: “Lo sé, ¿pero cómo le digo yo al presidente de un país como Francia que no confío en él y que temo que me acabe engañando?”.

Al final, Miterrand engañó a Milosevic. La comisión jurídica adoptó una decisión contraria al derecho y toleró el proceso de descomposición de Yugoslavia, fuente de las perversas interpretaciones del derecho de los pueblos a independizarse, denuncia el columnista de Sputnik.

Miterrand no fue el único presidente francés que no hizo honor a su palabra. Jacques Chirac, su sucesor, mintió a Vojislav Kostunica, también sucesor al frente de Yugoslavia, ya el primer día de su mandato —en los años 2000—. Chirac logró convencerlo de que era necesario solicitar la admisión del país balcánico en las Naciones Unidas. La República Federal de Yugoslavia ya era miembro, pero sus derechos habían sido suspendidos. Kostunica, relata Bulatovic, hizo caso a Chirac y así lo hizo, pero la Corte Internacional de Justicia se negó siquiera a considerar la reclamación yugoslava argumentando que, durante el periodo de agresión de la OTAN sobre el país, Yugoslavia no era miembro de la ONU. “Así fue como se le negó a Yugoslavia que fuese compensada con 100.000 millones de dólares estadounidenses por los daños causados por los bombardeos”, señala Bulatovic.

La reunión entre Slobodan Milosevic y Víktor Chernomirdin, enviado especial del presidente ruso Boris Yeltsin, también cabe mencionarla. Chernomirdin y el entonces presidente de Finlandia, Martti Ahtsaari, le dieron un ultimátum a Milosevic sobre los bombardeos de la OTAN y su cese. El presidente yugoslavo, tras una serie de negociaciones de lo más dramáticas y a pesar de su situación desfavorable, aceptó la propuesta rusa y finlandesa. Con gran pesar y en contra de las voces del Ejército. Lo explica así:

“Con estos de la OTAN podríamos luchar y no ganarían. Pero si no estamos de acuerdo con la propuesta del presidente ruso, le daremos una excusa para que vaya contra nosotros. E ir contra Rusia, incluso cuando creemos que no tiene razón, es que simplemente no podemos”.

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