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La expansión hispana contra los pueblos indígenas americanos

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Por Marta Denis Valle*

La Habana (PL) Desde Cuba, colonia española recién fundada, comenzó en 1517, hace 500 años, la expansión hispana en mayor escala contra los pueblos indígenas del continente americano, con gran derramamiento de sangre, en primer término en México.

Saltar a la Tierra Firme (el continente) constituyó la suprema ambición de conquistadores españoles, desde el primer gobernador Diego Velázquez (1465-1524), y los aventureros a que confió la ejecución de sus planes; de ellos el más famoso fue Hernán Cortés, encomendero y alcalde de Santiago de Cuba.

La conquista desde Cuba es un hecho histórico capaz de casi despoblar el archipiélago cubano.

Sin permiso real, porque sus deseos rebasaban ver cumplido su plan de conquista, Velázquez armó la primera expedición con Francisco Hernández de Córdoba (1475-1517) a Yucatán y al año siguiente, la de Juan de Grijalva (1480-1527).

Se propuso la búsqueda de otras tierras donde se decía había metales preciosos; ya en 1513 -según algunos autores- pensaba en la conquista de la Florida o de Yucatán, pero el rey Fernando El Católico le negó la autorización.

Por esa época, partió de las Antillas hacía La Florida, la primera expedición de Juan Ponce de León (1460-1521), colonizador de Puerto Rico, en busca de la Fuente de la Juventud, una de las tantas fábulas acerca de la parte continental.

Velázquez presintió la importancia del territorio descubierto (parte de México) y encomendó, ya con permiso real, su conquista a Hernán Cortés (1485-1547), pero pronto sospechó las intenciones de éste y quiso, sin resultado, relevarle del mando.

Con el fin de someterlo, tras Cortés envió la cuarta expedición al mando de Pánfilo de Narváez (1520) que terminó en total fracaso.

La conquista de la Florida estuvo también relacionada con Cuba; con ese objetivo Narváez se hizo nuevamente a la mar; en suelo cubano tomó en 1527 provisiones y se le unieron 150 vecinos como expedicionarios.

Otra expedición famosa también a esa península fue la de Hernando de Soto (1500-1542), quien antes participó en la conquista del Perú (1532); en 1538 llegó a Santiago de Cuba, nombrado por el rey Carlos I de España, Adelantado y gobernador de Cuba y de la provincia de la Florida.

En 1539 partió de La Habana con una flotilla de nueve barcos, unos 600 hombres y 237 caballos; al frente de la gobernación dejó nominalmente a su esposa Isabel de Bobadilla, y nunca regresó pues murió en las selvas del Mississippi, en 1542, tras recorrer una parte del territorio norteamericano.

Expedición de Francisco Hernández de Córdoba. Con tres navíos y 117 hombres, conducida por uno de los encomenderos de indios, más ricos asentados en Cuba, y Antón de Alaminos (1482-1520) como piloto, llegó a Yucatán, para conocer si había nuevas tierras por ese rumbo.

Exploró la costa y arribó Catoche y Campeche; sus hombres fueron derrotados en varios encuentros con los yucatecos.

Hernández de Córdoba desembarcó en La Habana con la noticia del descubrimiento y de la presencia de oro, pero poco después murió en Sancti Spíritus, donde radicaba, a consecuencia de heridas que recibió en combates con los aborígenes mayas.

Expedición de Grijalva. En 1518 Velázquez envió a su sobrino al frente de una misión con cuatro navíos y unos 200 hombres para proseguir el reconocimiento del litoral de Yucatán.

Descubrió la isla de Cozumel, navegó por la costa yucateca y llegó hasta la isla de San Juan de Ulúa. Retorno con objetos de oro valorados en más de 15 mil pesos que tomó de los indios.

Durante otra expedición, murió en lucha con los indios en la América Central. La empresa de Cortés. El primero de febrero de 1519 partió hacia Cozumel, Yucatán, con 11 naves y unos 660 hombres; conquistó sangrientamente el territorio mexicano bautizado como Nueva España; finalmente fue nombrado gobernador y capitán general de ese rico país (México).

En la Batalla de Centla, el 14 de marzo de 1519, las fuerzas de Cortés se enfrentaron a los indígenas mayas-chontales, que derrotaron gracias a la superioridad de sus armas.

Eran 40 mil indígenas de ocho provincias cercanas, contra 410 españoles, según el conquistador y famoso cronista Bernal Díaz del Castillo (1496 – 1584), quien tomó parte en las dos expediciones anteriores.

Utilizó la estrategia de alentar las diferencias entre los indígenas y aliarse con unos para lograr sus objetivos de apoderarse de México. Cortés, encomendero, ayudante del Gobernador y alcalde de Santiago de Cuba, había participado en la empresa colonizadora de Velázquez de quien se convirtió después en enemigo a muerte.

México-Tenochtitlán, defendida por Cuauhtémoc, cayó el 13 de agosto de 1521 en manos de los españoles de Cortés y sus aliados indígenas.

La cuarta expedición (1520). Narváez estuvo al mando de 19 embarcaciones y mil 400 hombres, pero cayó prisionero de los hombres de Cortés, después de perder un ojo en el combate al ser sorprendido mientras dormía en un templo, en el camino hacia la capital azteca; sus fuerzas se pasaron al contrario y, prisionero o vigilado, sólo en 1523 pudo regresar a España.

En recompensa, en 1526, le fue concedida una capitulación de conquista de Norteamérica; de Cuba partió, en 1527, con una expedición de unos 300 expedicionarios y 40 caballos, tras tomar provisiones y completar la dotación con unos 150 hombres.

Una tormenta arrastró las naves hasta La Florida y los expedicionarios, sin alimentos, se comieron las bestias y en canoas bordearon las costas de parte del Golfo de México, hasta la desembocadura del río Mississippi.

Narváez murió en 1528. Los navegantes perecieron de hambre, sed o en lucha con los indios; sólo sobrevivieron cuatro personas: el conquistador Alvar Núñez Cabeza de Vaca, dos capitanes españoles y un africano llamado Estebanico.

En la historia de la rapiña al continente americano faltaba aún por escribir muchas páginas.

Este capítulo tuvo lugar en el reinado de Carlos I de España y V de Alemania (1500-1558), primer monarca español de la Casa de Austria -coronado como Rey de España (1516-1556) y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (1519-1556)-, quien tuvo tantos dominios para afirmarse que en sus tierras nunca se ponía el sol.

A la conquista de México (1519-1521) por Hernán Cortés, siguió la del Perú (1531-1535) por Francisco Pizarro, así como la primera vuelta al mundo de Hernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano (1520-1522), hechos que reforzaron su poder.

*La autora es historiadora, periodista y colaboradora de Prensa Latina

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