Tras 55.000 operaciones quirúrgicas canceladas y salas de emergencias colapsadas, la primer ministra británica, Theresa May, tuvo que admitir esta semana que el Servicio Nacional Sanitario de Reino Unido (NHS, en inglés) atraviesa una crisis.

Esto a pesar de haber asegurado con anterioridad que el servicio de salud estaba mejor preparado este año para enfrentar las emergencias sanitarias.

El Servicio Nacional de Salud de Reino Unido continúa en terapia intensiva. Este diciembre puso en evidencia una nueva crisis en la capacidad del servicio sanitario para atender a los pacientes.

Las cifras del NHS Inglaterra muestran que en la última semana de 2017, 16.900 pacientes debieron esperar dentro de ambulancias en estacionamientos o fueron atendidas por paramédicos en corredores. Los hospitales atendieron a más del 90 % de su capacidad y en algunos casos el 100 %.

Las frías temperaturas que aún se esperan este invierno sólo agravarán la crisis del Sistema Nacional de Salud de Reino Unido, que contrario a lo que opina el Gobierno, es un problema creciente y que no se terminará con el cambio de estación.

Según Youssef el-Gingihy, médico y activista asegura que el actual Gobierno sigue un programa de llamadas “reducciones eficientes” que buscan un ahorro de 54 mil millones de dólares para el año 2020.

Existe un proyecto de ley para restituir al NHS que espera ser discutido en el Parlamento. Y si bien sus promotores no esperan la aprobación bajo el Gobierno conservador, buscan proteger la propuesta hasta que haya un cambio del partido gobernante. Mientras tanto acciones de calle y campañas locales son requeridas para luchar contra la privatización y los recortes.

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