En Madrid hay una tradición de lucha: cada manifestación obrera que transcurre por la calle Atocha, cuando va llegando a la altura del número 55, los manifestantes gritan: ¡Atocha, hermanos, nosotros no olvidamos!

Tras 41 años sin los abogados de Atocha, hoy están presentes en nuestras luchas, y por eso mismo en la conquistas del futuro. 41 años desde la matanza a sangre fría de los abogados laboralistas de Atocha a manos de un comando fascista en un trágico 24 de enero. Este suceso conmocionó al país entero, y en particular a la clase obrera madrileña, a las Comisiones Obreras y a los comunistas de todas partes. La respuesta fue tomar las calles de Madrid, en una demostración de la más firme voluntad de luchar hasta las últimas consecuencias por la libertad.

41 años en los que se ha intentado reescribir la historia, mediante un relato que dibuja la Transición como un proceso pacífico en el que algunos estamentos de la dictadura, con Adolfo Suárez y el Rey Juan Carlos a la cabeza, acordaron con representantes de la oposición democrática el sistema parlamentario que se fraguó en la Constitución del 78.

Desde el mismo momento del fin de la guerra, en 1939, se organizó la lucha antifascista, primero en la guerrilla, y posteriormente en la luchas de masas. Las huelgas obreras y las protestas estudiantiles fueron cobrando más y más fuerza en la década de los 60, la lucha en cada barrio, en cada centro de trabajo, en cada centro de estudios se fue intensificando. El pueblo trabajador se enfrentaba al fascismo y a su salvaje represión. Los militantes del Partido Comunista de España estuvieron siempre a la cabeza de estas luchas.

El fin de la dictadura fue el resultado de décadas de lucha que forzaron a las clases dominantes a realizar un cambio en la estructura política. Los cinco últimos fusilados (1975), la matanza de Vitoria (1976) y la matanza de Atocha (1977) son tristes ejemplos que echan por tierra el cuento de la Transición pacífica.

La fuerza del movimiento obrero y popular de España en la década de los 70 parecía imparable, pese a las bandas fascistas que campaban a sus anchas, las amenazas militares, así como a la represión de la dictadura primero y del sistema parlamentario después. La falta de una estrategia revolucionaria por parte del PCE desencadenó en la aceptación de los Pactos de la Moncloa, fraguándose la traición de los dirigentes a la lucha de miles de militantes en la clandestinidad durante décadas. Se truncaron las ansias de una libertad real del pueblo, de salir de la dictadura para construir el poder obrero en nuestro país, para en su lugar sentar las bases de la dictadura capitalista en forma de democracia burguesa.

Los abogados de Atocha representan la parte más trágica, pero también la más heroica, de la memoria revolucionaria de la clase obrera en España. Y son también punto de referencia de obligado recuerdo en el sentir colectivo de pueblo madrileño. Los nombres de Enrique, Luis Javier, Francisco, Serafín y Ángel resuenan en el eco de nuestra memoria para que recordemos el verdadero carácter de la Transición, para no olvidar la lucha de miles trabajadores, estudiantes, intelectuales, autónomos, campesinos que hicieron posible el fin del fascismo.

Desde un presente en el que muchos derechos conquistados nos están siendo arrebatados, en el que la patronal y sus gobiernos imponen condiciones de vida de miseria al pueblo trabajador, el mejor homenaje que les podemos rendir a estos compañeros es el de convertir Madrid, de nuevo, en capital de lucha. No dejar de recordarles al paso por el número 55 de la calle Atocha, y convertir cada número de cada calle de Madrid en un lugar de lucha.

PCPE Madrid

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