“Es hora de un golpe de Estado en Venezuela”: con ese título, un artículo publicado esta semana por la revista Foreign Policy pide a EE.UU. y sus aliados “sentar las bases” para desestabilizar y derrocar el gobierno del presidente Nicolás Maduro.

El articulista, llamado José R. Cárdenas, no vacila en calificar de “votación simulada” los comicios del pasado 20 de mayo, en los que resultó reelecto Maduro con 68 % de los votos, y asegura que actualmente “es imposible decir cuánto tiempo permanecerá en el cargo”, por lo que plantea que una acción insurreccional por parte del ejército es el “único agente de cambio“.

Cárdenas, quien fue jefe de la USAID para América Latina, descarta que “el diálogo y la diplomacia” sean las vías para “resolver la crisis de Venezuela”, en un momento en que el presidente Maduro ha llamado a sus adversarios políticos a un proceso de negociaciones “por la paz y la reconciliación nacional”.

Medida desesperada

El articulista, que ya antes ha sostenido su tesis del golpe de Estado en editoriales del New York Times y The Economist, asegura que su intención no es “regresar a la Edad Oscura latinoamericana” -que se caracterizó por cruentas dictaduras militares apoyadas por EE.UU.-, sino “identificar” al ejército venezolano como el único agente capaz de “restablecer una democracia constitucional legítima”. Y de hacerlo sin votos: por la fuerza.

Su argumento es que en Venezuela “las fuerzas armadas no son monolíticas”, por lo que llama al gobierno de EE.UU. a “convencer” a los supuestos disidentes dentro del ejército para “abrir un camino a la reconstrucción política, económica y social de su país”.

Cárdenas dice que la vía de un golpe es una “medida desesperada” para acabar con el gobierno de Maduro, pero que habría que correr el “riesgo” y apostar a que esa facción convoque a nuevas elecciones “dentro de un año”. El analista reconoce que la administración de Donald Trump “está haciendo su parte para deslegitimar” al mandatario venezolano mediante medidas coercitivas unilaterales que “endurecieron los límites económicos” para el país, pero pide más acciones de ese tipo.

El estigma de las sanciones

“Las sanciones internacionales son un poderoso estigma“, puntualiza Cárdenas, quien llama a aplicar medidas punitivas contra funcionarios de todos los niveles para “obligarlos” a deslindarse del gobierno y a “considerar las repercusiones legales y de reputación” que tendrán para ellos. De igual forma, insta al resto de las naciones de la región a ser “más activas” en una política de aislamiento contra Caracas, ir “más allá de la retórica” para prohibir “vínculos comerciales” e impedir que altos funcionarios “viajen a sus países”.

Para el articulista, el aislamiento diplomático y económico “es una herramienta poderosa” y “es hora de llevarla al siguiente nivel”, con el propósito de convencer a los militares venezolanos de participar en un levantamiento.

El pasado 25 de mayo, cinco días después de haber ganado la elección presidencial, Maduro denunció planes de conspiración que -según el mandatario- fueron orquestados por EE.UU. para “financiar la fractura” de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).

“Tenemos capturados a los conspiradores, quienes confesaron que eran financiados por una alianza de la embajada gringa en Venezuela con el Gobierno de Colombia, para generar violencia militar y tratar de evitar la elecciones democráticas en el país”, dijo Maduro en esa oportunidad.

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