El nuevo gobierno de Italia ha causado grietas en la OTAN, ya que la alianza militar encabezada por EEUU está buscando nuevas medidas para disuadir lo que denominó como la “amenaza rusa”, mientras que el nuevo ejecutivo italiano no sólo rechaza las sanciones contra Rusia, sino que busca desarrollar las relaciones con dicho país.

El viceprimer ministro italiano, Luigi Di Maio, dijo el jueves que su administración “no se dejará llevar por la voluntad de otros estados” después de que el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, advirtiera a Roma que las sanciones económicas anti-rusas eran “importantes”.

Di Maio dijo que no tenía intención de dirigir una diplomacia de “sí, señor”.

El nuevo gobierno “populista” de Italia dice que planea estrechar lazos con Rusia y revocar las sanciones contra ese país impuestas después de la crisis de Ucrania en 2014.

El primer ministro Giuseppe Conte dijo que Italia seguirá siendo un miembro de la OTAN, pero “apoyará una apertura hacia Rusia, ya que las sanciones están dañando la economía italiana”.

La embajadora de los EEUU en la OTAN, Kay Bailey Hutchinson, advirtió a Italia que “las sanciones deben mantenerse hasta que Rusia cambie su comportamiento”, de lo contrario “sería una señal muy mala enviada a Moscú”.

Stoltenberg, mientras tanto, trató de capear el temporal llamando a la “unidad” de los miembros de la alianza militar a pesar de lo que describió como “diferencias” sobre ciertos asuntos.

En una conferencia de prensa en Bruselas el jueves, dijo: “Tenemos que permanecer unidos, especialmente cuando vemos que Rusia trata de dividirnos”.

Stoltenberg dijo a los periodistas que habían acordado un plan para “tomar medidas adicionales para fortalecer nuestra seguridad compartida e impulsar la defensa y la disuasión contra las amenazas desde cualquier dirección”.

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