En las últimas semanas la situación en Siria se ha tensado significativamente ante la inminente batalla de Idlib, como ya ocurriera en Alepo hace un año y medio. El imperialismo busca la mejor manera de digerir una de las derrotas más amargas de los últimos años.

El ejército regular sirio tiene allí concentradas sus fuerzas, apoyadas por la fuerza aérea rusa. Pero en la madriguera del zorro no sólo se enconden los resto de las huestes yihadistas, sino sus mentores de la OTAN, la CIA, el MI-6, el Mosad y demás espías y comandos de operaciones especiales de los ejércitos imperialistas.

Ellos han sido el auténtico Estado Mayor del bando que ha invadido Siria durante siete años. El número de efectivos es difícil de precisar. Se calcula que Estados Unidos tiene allí un contingente de 2.000 soldados que presenta al mundo como una fuerza antiterrorista, pero que desempeñan el papel contrario.

Es normal que los altavoces mediáticos estén preocupados por la previsible matanza que se va a producir. Tienen buenos motivos. El primero es impedir que eliminen a las fuerzas que combaten entremezcladas con los yihadistas.

El segundo es que la estrategia de Estados Unidos ha vuelto a cambiar en las últimas semanas, por enésima vez, fruto de la confusión que se vive en Washington.

En Helsinki Trump pactó con Putin que Estados Unidos abandonaría sus posiciones en Siria para permitir que el ejército regular completara la tarea de aniquilación de los miembros del Califato Islámico.

Para ello Siria se prestó a conceder un plazo de tiempo, en el cual el Pentágono debía sacar a sus tropas del agujero en el que están metidos.

Pero Washington jamás cumple lo que promete. Han dado un giro de 180 grados y ahora prevalecen las posiciones del clan Bolton, el consejero de Seguridad, partidario de una posición inflexible frente a la ofensiva de Idlib, hasta tal punto que están dispuestos a tensar al máximo sus relaciones con Rusia (si cabe).

De ahí el envío de una poderosa flota de la Marina de Guerra al Mediterráneo oriental, donde Rusia ha lanzado una seria advertencia con unas maniobras navales sin precedentes.

De ahi también todos los rumores sobre un inminente ataque químico de “falsa bandera”, otro más, que los imperialistas y los “humanitarios” no pueden consentir, y que darán lugar a accciones de represalia…

La otra consecuencia de ese nuevo viraje es que ahora Estados Unidos está tratando de alargar la guerra lo máximo posible. “Nuestra estrategia consiste en mantener el caos en Siria hasta que consigamos lo que queremos”, ha confesado un alto responsable de la Casa Blanca al Washington Post.

Vuelve la política que Obama implementó en 2013: alargar la guerra lo máximo posible, que no haya un vencedor y poder ocupar un lugar en la mesa de negociaciones políticas.

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