Francisco Arias Fernández.— Un diario de la Florida destacó a principios de semana la preocupación que impera entre padres y familiares de niños y jóvenes estudiantes porque “Guaridas de opioides y sexo” acechan escuelas de Miami, ciudad que se ve afectada cada vez más por personas sin techo y adictas a las drogas que llenan las inmediaciones de centros escolares de agujas y desechos asociados al consumo de estupefacientes.  

Bajo el paso elevado de una autopista por donde caminan padres acompañando a sus hijos pequeños rumbo a la escuela cercana, montones de objetos personales mezclados con basura y colchones sucios, donde vagabundos yacen con agujas que todavía sujetan en sus manos entreabiertas; mientras funcionarios de salud pública realizan una investigación sobre la propagación del VIH y la hepatitis C en ese campamento de desamparados.

Los paisajes que narra la crónica incluye a una mujer descalza apoyada en el mástil de la bandera en la escuela Phillis Wheatley que  se movía nerviosamente con una jeringuilla antes de levantarse su camiseta y solo se marchó cuando un custodio salió para izar la bandera en lo que sería otro día escolar en el núcleo urbano de Miami.

Autoridades sanitarias y de educación de la ciudad enviaron avisos a los padres que tienen niños en por lo menos cinco escuelas, alentando a los estudiantes y las familias a permanecer vigilantes e inmediatamente reportar a los administradores escolares actividades sospechosas o personas merodeando por los alrededores. Además se ordenó a la policía escolar aumentar las patrullas en los edificios docentes y realizar inspecciones en todo el perímetro para recoger cualquier parafernalia antes de que los estudiantes lleguen, pues cada vez son más frecuentes los hallazgos de jeringuillas, agujas y otros desechos contaminados de drogas en esos predios.

Recientemente Alberto Carvalho, superintendente de la Junta de Educación, reconoció que “De repente, la crisis de los opioides es real. Y no es una crisis que esté afectando solo a las zonas rurales o urbanas de Estados Unidos. Es bastante universal y ubicua. Y creo que está invadiendo áreas donde se brindan servicios a los niños, como las escuelas”.

Relata el diario que el pasado año, en una de esas escuelas, un niño de diez años murió repentinamente por exposición al fentanilo, una hora después de salir de la piscina, vomitó y cayó inconsciente en su casa. Las autoridades aún no saben cómo el niño se expuso a la poderosa droga.

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