Solo un órgano central del partido será capaz de atraer a todos los elementos combativos de la democracia.

Nosotros nos basamos íntegramente en la teoría de Marx. Esta transformó por primera vez el socialismo de utopía en ciencia, echó las sólidas bases de esta ciencia y trazó el camino que había de tomar, desarrollándola y elaborándola en todos sus detalles.

Esta descubrió la esencia de la economía capitalista contemporánea, explicando cómo la contratación del obrero, la compra de la fuerza de trabajo, encubre la esclavización de millones de desposeídos por un puñado de capitalistas, dueños de la tierra, de las fábricas, de las minas, etc. Esta demostró cómo todo el desarrollo del capitalismo contemporáneo tiende a suplantar la pequeña producción por la grande y crea las condiciones que hacen posible e indispensable la estructuración socialista de la sociedad. Esta nos enseñó a ver, bajo el manto de costumbres arraigadas, de intrigas políticas, de leyes complejas y doctrinas hábilmente fraguadas, la lucha de clases, la lucha entre las clases poseedoras de todo género y las masas desposeídas, el proletariado, que está a la cabeza de todos los desposeídos.

La teoría de Marx puso en claro la verdadera tarea de un partido socialista revolucionario: no inventar planes de reestructuración de la sociedad ni ocuparse de la prédica a los capitalistas y sus acólitos de la necesidad de mejorar la situación de los obreros, ni tampoco urdir conjuraciones, sino organizar la lucha de clase del proletariado y dirigir esta lucha, que tiene por objetivo final la conquista del Poder político por el proletariado y la organización de la sociedad socialista.(…) olvidar la lucha política a causa de la lucha económica significaría renegar del principio fundamental de la socialdemocracia del mundo entero, significaría olvidar todas las enseñanzas que nos proporciona la historia del movimiento obrero.

Los fervientes partidarios de la burguesía y del gobierno puesto a su servicio intentaron incluso, más de una vez organizar asociaciones de obreros de carácter puramente económico, para desviarlos de esta manera de la política y del socialismo.

(Nuestro Programa, escrito en 1899).

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El internacionalismo por parte de la nación opresora, o de la llamada nación «grande» (aunque solo sea grande por sus violencias, solo sea grande como lo es un esbirro), no debe reducirse a observar la igualdad formal de las naciones, sino también a observar una desigualdad que de parte de la nación opresora, de la nación grande, compense la desigualdad que prácticamente se produce en la vida. Quien no haya comprendido esto, no ha comprendido la posición verdaderamente proletaria frente al problema nacional; en el fondo sigue manteniendo el punto de vista pequeñoburgués, y por ello no puede por menos de deslizarse a cada instante al punto de vista burgués.

¿Qué es importante para el proletario? Para el proletario es no solo importante, sino una necesidad esencial, gozar, en la lucha proletaria de clase, del máximo de confianza por parte de los componentes de otras nacionalidades. ¿Qué hace falta para eso? Para eso hace falta algo más que la igualdad formal. Para eso hace falta compensar de una manera o de otra, con su trato o con sus concesiones a las otras nacionalidades, la desconfianza, el recelo, las ofensas que en el pasado histórico les produjo el gobierno de la nación dominante.

(Dictado entre el 22 de diciembre de 1922 y el 4 de enero de 1923).

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Dudamos aún de la justedad de una cosa o de otra, hay cambios en una o en otra dirección, y debo decir que tanto lo uno como lo otro seguirá existiendo durante un periodo bastante prolongado. «¡Nueva política económica!». Rara denominación.

Esta política ha sido denominada nueva política económica porque da marcha atrás. Ahora nos replegamos, parece que retrocedemos; pero lo hacemos para, después de habernos replegado, tomar impulso y saltar adelante con mayor fuerza. Solo con esta condición nos hemos replegado para aplicar nuestra nueva política económica. Para hacer todo eso en un orden perfecto es necesario, como dice el refrán, en cosa alguna pensar mucho, muchísimo, y hacer una.Esto es necesario para vencer las increíbles dificultades con que tropezamos en el cumplimiento de todas nuestras tareas, en la solución de todos nuestros problemas.

Aplicamos esta medida a las condiciones de nuestra vida, a veces con mucha impaciencia y calor, y siempre nos convencemos de que las dificultades son inmensas. La tarea que nos hemos señalado en este terreno resulta tanto mayor por cuanto la comparamos con las condiciones de un Estado burgués corriente. Nos hemos planteado esa tarea porque comprendíamos que no podíamos esperar la ayuda de las potencias más ricas.

Hemos hecho penetrar el socialismo en la vida diaria, y de eso es de lo que debemos ocuparnos. Esa es la tarea del momento, esa es la tarea de nuestra época. Permitidme que acabe expresando mi seguridad en que, por muy difícil que sea esa tarea, por más nueva que sea, en comparación con la que teníamos antes, y por más dificultades que nos origine, la cumpliremos a toda costa entre todos, juntos, y no mañana, sino en el transcurso de varios años, de modo que de la Rusia de la Nueva política económica salga la Rusia socialista.

(20 de noviembre de 1922, en el Pleno del Soviet de Moscú).

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Llevados de una ola de entusiasmo, después de despertar en el pueblo un entusiasmo al principio político general y luego militar, contábamos con cumplir directamente, sirviéndonos de ese entusiasmo, tareas económicas de la misma magnitud que las tareas políticas generales y las tareas militares. Contábamos –o quizá sea mejor decir, suponíamos, sin haber contado lo suficiente– que con órdenes directas del Estado proletario podríamos organizar al modo comunista, en un país de pequeños campesinos, la producción y la distribución estatales.

La vida nos ha hecho ver nuestro error. Han sido necesarias diversas etapas transitorias –el capitalismo de Estado y el socialismo– para preparar el paso al comunismo con el trabajo de una larga serie de años. Esforzaos por construir al comienzo sólidos puentes que, en un país de pequeños campesinos, lleven al socialismo a través del capitalismo de Estado, no basándonos directamente en el entusiasmo, sino en el interés personal, en la ventaja personal, en la autogestión financiera, valiéndonos del entusiasmo despertado por la gran revolución. De otro modo no os acercaréis al comunismo, no llevaréis a él a decenas y decenas de millones de personas. Eso es lo que nos ha enseñado la vida, lo que nos ha enseñado el desarrollo objetivo de la revolución.

(En el aniversario IV de la Revolución de octubre, el día 14 de octubre de 1921).

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Si no se asegura que un determinado periódico sea la expresión fiel de un partido, la creación de ese partido se reduciría en gran medida a palabras y nada más. La lucha económica, si no está unificada en un órgano de prensa central, no puede transformarse en lucha de clases de todo el proletariado ruso. La prosecución de la lucha política es imposible sin que el partido se exprese en todos los problemas políticos, y sin que dirija las manifestaciones aisladas de esa lucha. La organización de las fuerzas revolucionarias, su disciplina y el desarrollo de la técnica revolucionaria son imposibles, sin la discusión de todos estos problemas en un órgano central, sin una elaboración colectiva de determinadas formas y normas de dirección.

Cuando hablamos de la necesidad de concentrar todas las fuerzas del partido –toda la literatura, toda la capacidad organizativa, todos los recursos materiales, etc.– en la fundación y buen funcionamiento del órgano partidario, no pensamos de ningún modo, relegar a un segundo plano los otros aspectos de la actividad, por ejemplo, la agitación local, las manifestaciones, los boicots, la lucha contra los espías y contra algunos representantes de la burguesía.

El órgano del partido, lejos de competir con esa actividad, ejercerá, por el contrario, una gran influencia en su discusión, fortalecimiento y sistematización de la misma.

Solo un órgano central del partido, consecuente en el planteo de los principios de la lucha política y que mantenga en alto la bandera de la democracia, será capaz de atraer a todos los elementos combativos de la democracia y aprovechar todas las fuerzas progresistas de Rusia en la lucha por la libertad política. ¡Y el partido revolucionario, formado sobre esa base, y rigurosamente organizado, representará por sí mismo en la Rusia actual una enorme fuerza política!


(Escrito en 1899 para Rabochaya, Gazeta).

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