El actual territorio de los Estados Unidos es muchísimo más grande que el que los colonos ingleses les dejaron. Después de que dicho territorio dejó de ser colonia nadie les ha regalado ni un solo pedazo de tierra. Insaciables como siempre han sido, desde el primer momento (estamos refiriéndonos al 4 de julio de 1776) su territorio fue progresivamente en aumento a base de sucio dinero, del despojo a los indios de sus pueblos originales tras masacrarles y arrinconarles en pobres reservaciones, de acuerdos a punta de rifle y, sobre todo, de los robos con violencia cometidos contra diversos países. México, por citar un solo ejemplo, fue invadido en 1846 y, en cuatro años de guerra, se le arrebató Texas, California, Arizona, Nuevo México y otras zonas, llegando a perder el país azteca el 55 % de su territorio; exactamente 2.263.866 km2.

Estados Unidos consiguió su independencia con 2,3 millones de km2. Actualmente cuenta con 9,4 millones de km2, sin contar las posesiones exteriores.

Resulta llamativo cómo muchos mexicanos y mexicanas quieren entrar a Estados Unidos y cómo el presidente Donald Trump trata de impedirlo. Para conseguir su inhumano propósito quiere construir a toda costa el ya famoso muro. Lo curioso del caso es que la emigración mexicana es rechazada por el Gobierno yanqui para entrar a su propio territorio. Y es que, como ha quedado dicho, gran parte del territorio actual de los Estados Unidos fue usurpado a México.

Ya el conde de Aranda, quien a nombre de España firmara el acta de paz con el que quedaba reconocida la independencia de las colonias inglesas, pronosticó en el mismo momento de la firma: “Esta república federal nació pigmea por decirlo así, y ha necesitado del apoyo de dos estados tan poderosos como España y Francia para conseguir la independencia. Llegará un día en que crezca y se torne gigante y aun coloso temible en aquellas regiones. Entonces olvidará los beneficios que ha recibido de las dos potencias, y sólo pensará en su engrandecimiento [entonces] aspirará a la conquista de este Vasto Imperio”.

Y así mismo fue. La sobrecogedora capacidad de apropiación indebida —robo— que el arrogante y sanguinario Gobierno imperialista hoy en día posee no es reciente, sino que la ostenta y esgrime desde su mismo nacimiento, como señala Luis Suárez Salazar: “El 4 de julio de 1776, en el Primer Congreso Continental, los representantes de las Trece Colonias de Norteamérica proclamaron su independencia de Gran Bretaña. Tres meses después, en el Segundo Congreso Continental, estas adoptan el nombre de los Estados Unidos de América: acto por el cual, pese al limitado tamaño de su territorio original [una cuarta parte aproximadamente del territorio actual] los fundadores de esa ‘república pigmea’ usurparon el nombre de todo el continente”.

El 30 de noviembre de 1909, el periódico cubano “Previsión” —órgano de prensa del Partido Independiente de Color— publicó en sus páginas un artículo de Tomás Carrión que, entre otras cosas, decía lo siguiente: “La Estatua de la Libertad, iluminando al mundo está sencillamente amenazando al mundo; la llamada antorcha que aquella estatua colosal sostiene en su mano derecha, no es tal antorcha, es simplemente una tea”.

A nadie le puede sorprender, pues, el actual comportamiento de Estados Unidos y que su Gobierno de sanguinarios y bandidos pretenda de alguna manera anexionarse a Venezuela y a todo país que le interese y se le ponga por delante. Eso, y no otra cosa, es lo que siempre ha hecho.

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