Miles de personas se manifestaron ayer en Tirana en un ambiente tenso, exigiendo la dimisión del Primer Ministro “socialista”, Edi Rama, a quien acusan de corrupción y de la organización de elecciones anticipadas.

Durante varias horas hubo enfrentamientos entre los manifestantes y la policía fuera de la sede del gobierno y la policía utilizó gas lacrimógeno y cañones de agua para repeler a la multitud en varias ocasiones.

Una decena de personas, manifestantes y periodistas, tuvieron que ser ingresados en el hospital, la mayoría de los cuales se quejaron de problemas respiratorios.

Los manifestantes exigen la dimisión del “socialista” Edi Rama, que lleva en el poder desde 2013 y a quien acusan de corrupción.

Un grupo de unos 100 manifestantes arrojó piedras, botes humo y otros objetos al interior del edificio del gobierno, que estaba custodiado por una importante despliegue policial, al grito de “Rama, ¡sal de aquí!” Luego forzaron el cordón policial y ocuparon la plaza frente a la sede del gobierno.

Varias ventanas del edificio se rompieron por el lanzamiento de piedras. Los manifestantes también trataron de derribar la puerta principal para entrar en el edificio, pero fueron rechazados por la policía.

Edi Rama, de 54 años, comenzó su segundo mandato como Presidente del gobierno en 2017. Como todos los políticos albaneses, es un sujeto marcado por la corrupción y los vínculos con el crimen organizado que, además, del interior del país, extiende sus redes por los Balcanes y el norte de Europa, protegido por la embajada de Estados Unidos en Tirana.

Con una producción anual de 1.000 toneladas, la comarca de Lazarat en el sur de Albania, fue una “zona franca” para el cannabis en plena Europa, hasta que los cultivos fueron arrasados en 2014 y se trasladaron a la montaña. Es la policía italiana la que vigila desde los aviones los nuevos cultivos porque muchos albaneses viven de la droga o de la lucha contra la droga.

“Desde 2013 los narcotraficantes han llegado al poder en Albania”, asegura Dritan Zagani, un policía que tuvo que pedir asilo político en Suiza (*). Durante una vigilancia Zagani relata que en una ocasión comprobó la matrícula de un coche que transportaba droga: el nombre de su titular, era de Saimir Tahiri, el ministro de Interior. Cuando informó de ello a sus superiores, le encarcelaron durante seis meses.

En 2016 Grecia entregó al gobierno de Tirana un informe de más de 1.000 páginas sobre Klement Balili, propietario de un hotel de lujo en la costa. Hasta hace poco era director de transportes de la región fronteriza de Saranda. Los griegos le acusan de dirigir un gran cártel de la droga y la prensa le llama “el Pablo Escobar de los Balcanes”.

A pesar de la orden de detención emitida por la Interpol, Albania le protege. En Atenas se quejan de las conexiones políticas de Balili. “El dinero de la droga se ha convertido en dinero político”, dice Fabian Zhilla, un experto albanés en crimen organizado. “Los partidos políticos financian sus campañas electorales con dinero de la droga”, asegura.

Las peleas entre los partidos políticos son una continuación de las peleas enre las mafias de narcotraficantes.

Todo el mundo habla de Colombia porque está en América; nadie dice nada de Albania ni de Kosovo porque están aquí al lado. Pero tanto en un país como en el otro, en el mundo no se mueve un gramo de droga sin que aparezcan los imperialistas.

Con 2,8 millones de habitantes, Albania espera iniciar este año las negociaciones de adhesión a la Unión Europea.

(*) https://www.liberation.fr/planete/2018/06/26/en-albanie-l-argent-de-la-drogue-est-devenu-l-argent-de-la-politique_1662137

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