Jueves, 23 de mayo de 2019.

Hoy, una imagen del circo electoral burgués, me ha llamado la atención. Cual estampita del demonio, una candidata de Ciudadanos ha mostrado en un debate televisivo en Madrid, una imagen de Lenin en un conocido cartel.

Fuera de la parodia de “comunistas” de la pandilla de Carmena, Errejón o las podemitas, que la derechona quiere identificar con el Soviet, este bochornoso circo, no modificará las condiciones de los pueblos y nacionalidades en el Estado español como no sea a peor, mientras se profundiza sus crisis tanto institucional como económica.

En lo que promete ser la nueva ola del imperialismo global .5 y sus avances tecnológicos, vemos como los imperialistas yankees quieren dañar a la nueva superpotencia china, con vetos y sanciones, poniendo en evidencia las contradicciones inter-imperialistas.

El Estado español, una potencia de segundo orden, fiel vasallo de EE.UU. (véanse como ejemplos la grosera interferencia en los asuntos internos de un país soberano como Venezuela o su pleitesía armamentística con el reino feudal saudí), está a las puertas de estallar, en múltiples pedazos, incluida su borbónica corona.

Esto es, una nueva oportunidad revolucionaria para las masas y los pueblos oprimidos para construir una nueva sociedad socialista. Claro esto tambien lo sabe la oligarquía del Ibex y como un “detente bala” sacan como amuletos sus estampitas «carmelitas» para conjurar a los fantasmas, a los demonios.

El fantasma de Lenin, como el del Comunismo, sigue asustando a las clases opresoras, como buen ejemplo de su salud.

1 COMENTARIO

  1. Hay que ir a un Frente Único, elaborar un proyecto político bien claro, de forma radicalmente democrática, y poner bajo guardia y custodia popular a quienes resulten elegidos como representantes (para nada bajo guardia y custodia de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado al uso). Y, como no cabe descartar que se nos armen nuevas guerras (al modo de la última cruzada católica que fue el franquismo en España), dicho frente debe ser político-militar y, consecuentemente, preparar tácticas y estrategias para la defensa de dicho proyecto, pues… «Nunca un general confía en la paz hasta el punto o extremo de no prepararse para la guerra».

    Si eso sucediera y el proyecto fuese suficientemente ambicioso e inteligente, se podría contar conmigo para luchar por su consecución.

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