La tecnología digital es un mecanismo de control social profundamente arraigada y presente por todas partes hoy en día. Su uso aumentará exponencialmente en los próximos años. Los científicos creen, además, que la tecnología les va a permitir entender el mecanismo de la memoria en el cerebro, restaurarla, modificarla y manipularla. Para ello el Pentágono les financia muy generosamente: 77 millones de dólares en los últimos cinco años.

¿Qué interés tiene el Pentágono en este tipo de investigaciones para pagar a sus mercenarios de bata blanca?

La explicación de Darpa es absolutamente inverosímil: se trata de “restaurar la capacidad de generación de memoria de las personas que sufren traumatismos craneales”. Para ello han creado dos grupos de investigadores que ya han realizado pruebas con seres humanos.

Uno de los dos grupos está dirigido por Michael Kahana, profesor de psicología en la Universidad de Pensilvania, que -a pesar de su nombre- forma parte de una empresa privada de tecnología médica: Medtronic Plc.

Una vez que el dispositivo se conecta a la corteza temporal izquierda, registra la actividad eléctrica del cerebro y predice si se creará una memoria duradera. El profesor Kahana explica el principio de funcionamiento de su dispositivo de la siguiente manera: “Así como los meteorólogos predicen el tiempo instalando sensores en el ambiente que miden la humedad, la velocidad del viento y la temperatura, nosotros instalamos sensores en el cerebro y medimos las señales eléctricas”.

Cuando la actividad cerebral es subóptima, el dispositivo proporciona un pequeño aumento de la excitabilidad de la región mediante corrientes eléctricas, indetectables por el paciente, para fortalecer la señal y aumentar las posibilidades de formación de la memoria. En dos estudios separados, los investigadores de este grupo llegaron a la conclusión de que su prototipo aumentaba la memoria de las personas entre un 15 y un 18 por ciento.

A principios del año pasado, experimentos similares mostraron que es posible fortalecer la capacidad de las personas para crear memoria a corto plazo a través de un procedimiento neuroquirúrgico que involucra la implantación de un dispositivo médico llamado neuroestimulador o generador de pulso implantable (IPG) en el cuerpo humano para enviar pulsos eléctricos a objetivos específicos del cerebro.

El segundo grupo, del Centro Médico Bautista Wake Forest en Winston-Salem, Carolina del norte, con la ayuda de otros mercenarios de la Universidad del Sur de California, ha desarrollado un método más refinado. Para formar la memoria, varias neuronas disparan de una manera muy específica, transmitiendo una especie de código. Según Robert Hampson, autor principal del estudio del grupo cuyos resultados se publicaron en 2018, “el código es diferente para memorias únicas e individuos únicos”.

El equipo dirigido por Hampson ha identificado modelos que indicaban la formación correcta e incorrecta de la memoria para cada paciente y proporciona códigos precisos cuando el cerebro falla después de su estudio, que se centró en unas pocas docenas de neuronas en el hipocampo, el área del cerebro responsable de la formación de la memoria. El equipo fue aún más lejos al identificar algunos patrones de disparo neuronal como recuerdos especiales, presentando a los pacientes cientos de imágenes.

El equipo de Hampson puede decir, por ejemplo, que “es el código amarillo de la casa con el coche delante”, según Theodore Berger, profesor de bioingeniería de la Universidad del Sur de California, quien ayudó a desarrollar modelos matemáticos para el equipo. La tecnología de neuroestimulación del segundo grupo mejoró la retención de memoria hasta en un 37 por ciento en los pacientes.

Para el experimento los mercenarios probaron sus dispositivos en personas epilépticas a los que implantaron electrodos para registrar sus convulsiones. En ambos casos, los implantes requieren equipos externos voluminosos que no encajan en el cráneo de una persona.

Nia Therapeutics Inc, una empresa privada que desarrolla medicamentos bioelectrónicos para restaurar la memoria después de una lesión cerebral, ya está trabajando para comercializar la tecnología de Kahana, pero en los próximos años reducirá el tamaño de los implantes para obtener la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos antes de llevar los dispositivos al mercado.

Los primeros pacientes que se beneficiarán del microprocesador del Pentágono serán los veteranos de guerra. Justin Sánchez, antiguo director de la oficina de tecnologías biológicas de Darpa, dijo que hay cientos de miles de soldados que sufren de lesiones cerebrales traumáticas. Luego seguirán los pacientes con apoplejía y enfermedad de Alzheimer. “No creo que ninguno de nosotros se inscriba pronto para una cirugía cerebral voluntaria”, dijo Sánchez. “Sólo cuando estas tecnologías sean menos invasivas, o no invasivas, se generalizarán”, añadió.

Además de los riesgos actualmente asociados con su imprecisión, investigadores de Kaspersky y del Grupo de Neurocirugía Funcional de la Universidad de Oxford realizaron el año pasado un estudio sobre la amenaza teórica a los neuroestimuladores existentes y su infraestructura de apoyo.

Los resultados del estudio mostraron los diferentes escenarios de riesgo existentes y potenciales, según un informe de Kaspersky. Uno de estos escenarios era una transferencia de datos no segura o no cifrada entre el implante, el programa informático y cualquier red asociada que pudiera permitir la alteración maliciosa del implante de un paciente o incluso de grupos enteros de implantes (y pacientes) conectados a la misma infraestructura.

https://www.darpa.mil/program/restoring-active-memory

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