Una vista general de las celdas de la llamada Angola, popularmente conocida como ‘la Alcatraz del Sur’.

Angola, una plantación que debía su nombre al hecho de que los esclavos que la cultivaban procedían de ese país africano, no es simplemente la prisión de alto seguridad en EE.UU., sino es también un campo de trabajo forzado, donde “la esclavitud es legal”.

No hay periódicos ni monitores frente a sus celdas en los que ver telecomedias. Están aislados del mundo. Los internos saben que no saldrán vivos con sus propios pies pero no debido a sus sentencias a muerte, sino por algo más simple: el 90 % de los presos de la penitenciaría mueren en ella, debido a sus duras condiciones.

Las luces se encienden a las cinco de la madrugada y el desayuno se sirve a las seis. Desde entonces hasta las tres y media de la tarde, en la que se sirve la cena, los presos trabajan bajo el sol subtropical del Delta del Misisipí. Sólo hacen un descanso de algo más de una hora a las diez y media de la mañana para regresar a los pabellones y comer.

Con una superficie de 7300 hectáreas, equivalente de 10 000 campos de fútbol, el eje de la actividad de la cárcel se centra en la agricultura, aunque hay algunos que trabajan en talleres y pequeñas industrias. Por ejemplo, todas las matrículas de Puerto Rico son fabricadas aquí.

Los presos, casi 90 % negros, cultivan los campos de maíz, soja, algodón y trigo. Trabajan en grupos, todos con su uniforme de vaqueros azules y camiseta de manga corta blanca, mientras los guardias, todo de raza blanca, a pie y a caballo, vigilan el proceso de los trabajos con los rifles en sus manos.

En la sala de ejecuciones —o como se la llama en Estados Unidos, la Cámara de la Muerte— de la Penitenciaría de Angola, de paredes blancas, sólo tiene un extintor rojo, la camilla negra y una pequeña mesa gris con unos botones y un micrófono para que el condenado diga sus últimas palabras.

Frente a ese micrófono hay dos ventanas. Al otro lado de ellas están, en cuartos separados, los periodistas y los familiares de las víctimas de la persona que va a ser ejecutada. En la pared hay dos teléfonos rojos, por si las autoridades llaman para suspender la ejecución. “Pero eso sólo pasa en las películas. Ningún gobernador de Luisiana ha llamado para suspender una ejecución en el último minuto desde que yo estoy aquí”, explica Gary Young, director adjunto de Clasificación de Angola y una de las personas que deciden el futuro de cada preso.

A día de hoy, tiene 5108 reclusos. De ellos, Young es competente sobre 5033. Los únicos que se escapan de su jurisdicción son los 85 condenados a muerte que, a pocos cientos de metros del edificio en el que se realizan las ejecuciones, esperan a que les llegue la hora de tumbarse en esa camilla y morir.

Un cementerio llamado Angola;  Cuando llegas, estás muerto

Robert King Wilkerson, es uno de los pocos afortunados que salió vivo de Angola tras casi 30 años en 2001, entonces tenía 58 años.

“Angola es muy bonita. Pero es un cementerio. Cuando llegas, estás muerto. Hasta tu familia se olvida de ti”, indicó Wilkerson.

“Me tiré casi 30 años en el mismo régimen que los condenados a muerte. Me sacaban tres horas a la semana al patio si el clima lo permitía. Hasta me encadenaban para llevarme al hospital. A quien se portaba mal, lo encerraban en celdas con una puerta metálica, sin ni siquiera una reja para poder ver la pared de enfrente. No me hables de incentivos, por favor”, explica.

Angola está compuesto por gente de raza negra y del Tercer Mundo

La decimotercera enmienda a la Constitución estadounidense reza: “Ni en Estados Unidos ni en ningún territorio bajo su jurisdicción habrá esclavitud ni trabajo forzado, excepto como castigo de un delito por el cual el responsable haya sido debidamente condenado”, pero con una excepción, la cárcel. La esclavitud es legal en las prisiones de EE.UU.

Pero ¿por qué las cárceles de todo el país están repletas de gente negra y del Tercer Mundo, por qué muchas personas negras no pueden hallar trabajo y se ven forzadas a hacer cualquier cosa para sobrevivir? Una vez que uno está en la cárcel, hay mucho trabajo, y si no lo quieres hacer, te dan una paliza y te echan en un hoyo.

Las prisiones son un negocio muy rentable. Son una manera de perpetuar legalmente la esclavitud. En todos los estados se sigue construyendo prisiones. ¿Quiénes irán a estas cárceles? Sin ninguna duda, no será gente blanca. Las prisiones forman parte de la guerra genocida del gobierno contra la gente negra y del Tercer Mundo.

El estado sureño de Louisiana ha sido llamado “la capital de las prisiones del mundo” por ser el estado con el mayor número de presos per cápita del país y de más reos del mundo. En efecto, Estados Unidos, cuya población representa menos del 5 % de la población mundial tiene aproximadamente el 25 % de los presos a nivel mundial.

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