En torno a la Tierra orbitan casi 9.000 satélites, la mayor parte de los cuales son chatarra. Sólo unos 2.000 están activos. Además, hay unos 23.000 objetos de más de 10 centímetros de tamaño registrados por el ejército estadounidense que también giran alrededor del planeta a más de 20.000 kilómetros por hora. A esa velocidad, cualquier colisión puede destruir un satélite y crear más chatarra.

Entre la chatarra hay fragmentos de misiles. En 2007 China destruyó uno de sus satélites con un misil y dos años después se produjo una colisión entre un satélite militar ruso y un satélite de comunicaciones.

Internet va a empeorar la situación. Los lanzamientos de satélites aumentarán. La constelación OneWeb incluirá 648 satélites. Kuiper, propiedad del sátrapa estadounidense Jeff Bezos, el de Amazon, constará de 3.236 unidades. SpaceX, fundada por Elon Musk, ya ha lanzado 120 satélites de su constelación Starlink desde mayo, que podrían incluir hasta 42.000 satélites.

Uno de los satélites de Starlink casi causó una colisión, obligando a la Agencia Espacial Europea a desviar su satélite Aeolus de su trayectoria a principios de septiembre para evitar el desastre.

El espacio exterior se ha militarizado. Las fuerzas aéreas ya se llaman fuerza aeroespaciales. Hay tantos satélites que las grandes potencias no saben ni cuántos hay, ni a quién pertenecen, ni la función que desempeñan.

Una parte importante de los satélites se dedican al espionaje. Otros no son más que bombas ambulantes preparadas poara destruir otros satélites. Unos satélites se lanzan al espacio para vigilar a otros. En 2017 el satélite espía ruso Louch-Olymp se acercó al satélite militar franco-italiano Athena-Fidus y desde entonces no ha dejado de arrimarse a uno o a otro.

Existen satélites kamikaze, como el ruso Cosmos 2499, que puede maniobrar para atacar a otro satélite, o dispositivos equipados con armas para capturar otro satélite, como el chino Shiyan-7.

Las grandes potencias cuentan con radares para el rastrear a los satélites de órbita baja (menos de 2.000 kilómetros), que es donde se encuentra la mayor parte de la chatarra espacial. También disponen de telescopios para las órbitas geoestacionarias (36.000 kilómetros).

La guerra de las galaxias ya ha empezado. Estados Unidos inauguró en agosto su mando espacial (Spacecom) con una ceremonia oficial en la Casa Blanca. “Es un momento histórico, un día histórico, que reconoce que el espacio está en el corazón de la seguridad y defensa nacional de Estados Unidos”, dijo Trump durante el brindis.

La fuerza espacial será la sexta arma del Pentágono y su presupuesto alcanza los 8.000 millones de dólares.

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