sábado, septiembre 26, 2020
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Solo el pueblo organizado salva al pueblo. XI Congreso del PCPE, 25, 26 y 27 septiembre 2020. El Partido para el Poder Obrero y la Revolución

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La pandemia de la covid-19 es una consecuencia más de la fase de agotamiento histórico en que se encuentra el sistema capitalista internacional.

Pero no es esta la única señal de alarma, de esta fase de decadencia del capitalismo, en relación a las condiciones de vida de los seres humanos. En estas últimas semanas muchas personas han recordado la extraordinaria intervención de Fidel Castro en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, en 1992. Una breve alocución de cinco minutos en la que dijo: Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre.

No es solo el virus SARS-CoV-2 lo que hoy amenaza la vida de la especie humana. Hay muchos otros factores que, aunque no son tratados con las mismas reacciones de alarma, sí que atentan a diario contra la vida de millones de personas, y de una manera general contra nuestras propias condiciones de vida en el planeta.

Un primer ejemplo puede ser el agotamiento de los recursos pesqueros por la utilización de las técnicas de pesca más depredadoras. Unas prohibidas y otras toleradas como legales. Especies que desaparecen, y ricos recursos que son sobreexplotados hasta anular su proceso biológico de reposición. También la contaminación marina, vertidos y basuras de todo tipo hacen cada vez más difícil la vida de las especies marinas, muchas de ellas contaminadas con microplásticos o metales diversos. Especies que luego son usadas como alimento, y que transmiten esos efectos nocivos a nuestros organismos.

La destrucción de las tierras fértiles, por la fabricación y uso masivo de fertilizantes químicos y productos fitosanitarios por parte de los monopolios de la agroindustria y otros sectores asociados. Hoy esas tierras fértiles son objeto de cuantiosas transacciones económicas dentro de la estrategia mundial de acumulación de capitales, sometidas a la ganancia de cualquier forma, cuando no urbanizadas y definitivamente destruidas para la producción de alimentos.

La tala de la Amazonía, vinculada, entre otros, a los intereses del cultivo de la soja, que se relaciona directamente con los sistemas de ganadería intensiva y masiva. Millones de animales que son criados en condiciones de hacinamiento absoluto, y sacrificados en procesos igualmente masivos. Se está destruyendo la principal fuente de oxígeno de la Tierra.

El uso de los combustibles fósiles, su extracción, las actividades mineras de alta contaminación, y los accidentes catastróficos vinculados a estos procesos. La prioridad del transporte privado y su alta contaminación. Todo ello con consecuencias muy graves para el contenido de CO2 en la atmósfera.

La contaminación derivada de las estrategias de guerra, con el uso de uranio empobrecido y otros contaminantes, que en muchos casos han afectado a las fuentes hídricas de los países atacados con esta tecnología. Los ejércitos de la OTAN son responsables de la más alta tasa de contaminación. El ejército de EE.UU. produce cada año medio millón de toneladas de tóxicos, más sustancias tóxicas que las cinco principales empresas químicas del mundo juntas.

Las grandes poblaciones urbanas que concentran millones de personas sobre territorios reducidos, que las privan de unas mínimas condiciones de relación con la naturaleza, desarrollando toda su actividad humana en medios absolutamente artificiales y altamente densificados.

Todos estos agresivos procesos, y más que se podrían incluir en este necesario breve recuento, son una consecuencia directa del grado de agotamiento de la actual formación sociohistórica capitalista. La ley de la caída tendencial de la tasa de ganancia, que coloca al capital ante dificultades crecientes para completar su proceso de reproducción ampliada, y que se une al altísimo desarrollo de las fuerzas productivas, tiene como consecuencia directa la exacerbación de todos los procesos, haciendo una utilización extrema de esas fuerzas productivas, no para satisfacer las necesidades sociales sino para tratar de mantener la tasa de ganancia de una forma forzada.

Esas fuerzas productivas, altamente desarrolladas, son ya fuerzas productivas que se corresponden con una base material socialista. Hoy, en el capitalismo, esas fuerzas productivas están sometidas a una doble tensión, por un lado son fuerzas productivas que se corresponden con un desarrollo socialista que pugna por emerger frente a la dictadura del capital, y por otro debido al régimen de propiedad privada de las mismas quedan sometidas a su más irracional uso antisocial al servicio de la creación privada del valor, utilizándolas como auténticas fuerzas destructivas de nuestras propias condiciones de vida.

Por ejemplo, la destrucción de los recursos pesqueros no sería posible hoy, con esa dimensión tan depredadora que tiene, sin el uso que los grandes monopolios hacen de las técnicas de geolocalización por satélite en combinación con los grandes arrastreros que tiran de redes de varios kilómetros de largo, y que procesan y congelan ingentes cantidades de pesca de forma inmediata con los recursos frigoríficos más avanzados.

Estas fuerzas productivas, cuyas actuales capacidades se desarrollarían a niveles muy superiores y diferentes en condiciones socialistas, tienen una gran capacidad para dar solución a las grandes necesidades de la Humanidad, elevando las condiciones generales de vida a niveles nunca conocidos. Pero, en condiciones capitalistas de propiedad privada, son maquinarias manejadas al servicio de la avaricia de la acumulación capitalista, y sometidas al carácter anárquico de este sistema económico. Condiciones que llevan a un proceso de destrucción de todo lo que tocan, convertidas en auténtica amenaza para nuestras propias condiciones de vida presente y futura.

Este es el carácter de la época presente, en la cual interviene políticamente el PCPE, con la determinación de avanzar hacia su desenlace revolucionario, e iniciar la construcción de la sociedad socialista en el más breve plazo posible.

La militancia revolucionaria ha de responder a las exigencias que se derivan de esta caracterización. El reto es estar a la altura, comprender el momento concreto de la lucha de clases, formular las propuestas de intervención, y organizar a las masas desde la confianza total en su capacidad para alcanzar los más altos objetivos transformadores. Hay que asumir de forma consecuente la responsabilidad de ejercer la conducción del proceso de transformación social, y solo se podrá hacer si tiene una científica comprensión de las condiciones más concretas del momento en que tiene que intervenir, y si se interviene como Partido leninista de vanguardia, y como militantes bolcheviques.

El PCPE trabaja con esa responsabilidad en su práctica revolucionaria diaria, haciendo caso omiso de las voces que le llaman “a ir al pantano”, por el camino de la renuncia a la destrucción total del vigente orden burgués.

MOVILIZACIÓN 23 MAYO

Respondiendo a esa línea política el PCPE convocó el pasado 23 de mayo una serie de concentraciones para dar inicio a la nueva etapa de la lucha de clases en las condiciones actuales, bajo el lema “Solo el pueblo organizado salva al pueblo”.

Partido y Juventud, actuando con determinación, dieron un ejemplo de consecuente compromiso revolucionario, ignorando las voces que vaticinaban el fracaso de la iniciativa. En esa primera experiencia se dieron, además, algunas iniciativas de unidad puntual con sectores del movimiento obrero y popular a las que hay que dar una alta significación política.

El camino está marcado en esa dirección. Ha sido un pistoletazo de salida, donde los comportamientos más consecuentes dieron un especial protagonismo a esta primera jornada estatal de lucha.

LLAMAMIENTO DKP-PCPE-PCV

En la línea de trabajar por el fortalecimiento del Movimiento Comunista Internacional, y del mismo internacionalismo proletario, el PCPE ha realizado un intenso trabajo junto a los camaradas del Partido Comunista de Alemania (DKP) y del Partido Comunista de Venezuela (PCV). Un llamamiento internacionalista en las condiciones de la covid-19, que ha sido secundado por un total de ochenta y cinco Partidos Comunistas y Obreros.

Es un paso muy significativo de cómo entiende el Partido su intervención en las tareas internacionales, que en esta ocasión ha sido compartida con DKP y PCV, como un ejercicio práctico de cultura comunista, con responsabilidad de dar pasos concretos para superar las actuales dificultades en la coordinación internacional revolucionaria.

En esta línea se han de desarrollar otras iniciativas, como continuación de ésta que culminó exitosamente el pasado día 25 de mayo. Nuestro reconocimiento al DKP y al PCV por su gran trabajo.

EL XI CONGRESO DEL PCPE

El pasado día 24 de mayo se reunió, de forma virtual, el XIX Pleno del Comité Central del Partido, con un único punto en el Orden del Día, para tomar una decisión sobre la fecha de celebración del XI Congreso del Partido.

Habiendo valorado que las condiciones actuales no permiten la celebración del XI Congreso los días 10, 11 y 12 de julio, como estaba previsto, el Comité Central fijó una nueva fecha para los días 25, 26 y 27 de septiembre.

Se ha considerado que este XI Congreso tiene una singular importancia a la vista de los actuales desarrollos de la lucha de clases que, siendo una confirmación de las Tesis aprobadas para el debate congresual, llevan a una intensificación de la lucha por las duras consecuencias que tienen para la vida de la clase obrera y los sectores populares.

El capitalismo español, así como el capitalismo internacional en su conjunto, ejercerán toda la violencia necesaria en esta situación para cargar sobre las espaldas de la clase obrera su estrategia de recomposición del proceso de acumulación de capitales, realizando un ataque generalizado a todos los derechos.

Nuestra lucha es por el poder obrero, y por la sociedad socialista.

Fuente: unidadylucha

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