ERTE: ¿Solución para la clase obrera?

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Un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE), ya tenga efecto suspensivo de la relación laboral o de reducción de jornada, es una medida legal que toma una empresa para proteger sus intereses económicos cuando tiene dificultades productivas o económico-financieras -normalmente, ambas cosas- y que le permiten desligarse de gran parte de sus obligaciones laborales, o adecuarlas a sus necesidades inmediatas.

Con el agravamiento de la crisis estructural del sistema capitalista por la crisis sanitaria provocada por la pandemia del COVID-19, incluso esas obligaciones patronales se han visto reducidas en gran parte -cuando no exoneradas- en estos ERTEs, trasladando al Estado la carga de sostenimiento de las trabajadoras y trabajadores afectados. Naturalmente, esta carga asumida por el Estado burgués no puede tener una duración ilimitada y, tras los primeros meses de paralización o ralentización de la actividad económica, se empiezan a dar claras señales de que, una vez más, la clase obrera es la que va a tener que soportar la parte más dura y trágica de la crisis sistémica del capital.

Tampoco estos ERTEs logran frenar la destrucción generalizada de empleo, característica ésta más significativa de la crisis de producción del modelo capitalista por su especial incidencia entre la clase obrera y los sectores populares. Los números hablan por sí solos: En el mes de febrero de este año, la cifra de desempleo fue de más de 3.2 millones de trabajadores/as,  en agosto, dicha cifra ha aumentado hasta los 3.8 millones, es decir, unas seiscientas mil personas más; y aún se mantiene en situación de ERTE (suspensión o reducción de jornada) a más de ochocientos mil trabajadores/as.

Con lo que llevamos expuesto a grosso modo, se puede ya apreciar que los ERTEs solo han permitido que la destrucción de empleo no supusiese  un impacto brutal e inmediato sobre la clase obrera, sino que se fuese realizando de forma más escalonada en el tiempo, pero sin lograr frenarlo, y sin ningún avance mínimamente significativo en la mejora de las condiciones de vida de nuestra clase. Antes al contrario, pues, aunque el Gobierno socialdemócrata haya anunciado la prórroga de los ERTEs más allá del 30 de septiembre, las prestaciones que reciben las trabajadoras y trabajadores podrían ya sufrir modificaciones importantes, como la de pasar a “consumir paro”  e incluso a no percibir prestación alguna si no se tiene cotizado el periodo exigido para poder cobrar esa prestación. Esto es, más de lo mismo: es la clase obrera la que sufre las consecuencias de una crisis de un sistema que no controla y que no es el suyo. Además, ya se ve cómo grandes empresas, sobre todo, del sector industrial,  vienen anunciando EREs con una destrucción importante de empleo: Alestis (Aciturri), Nissan, Alcoa, Acerinox, etc.

Conclusiones que podemos sacar de todo esto:

De entrada, quizás por ser lo más visible, es que ningún gobierno dentro del marco de las instituciones burguesas, sea cual sea el matiz  que se le quiera dar -actualmente, socialdemócrata, ofrece la más mínima garantía de que vaya a salvaguardar los intereses inmediatos de la clase obrera y los sectores populares; antes al contrario, pues hemos presenciado hasta la saciedad cómo los intereses de la patronal han prevalecido siempre sobre aspectos tales como la seguridad y salud de las trabajadoras y trabajadores, anteponiendo la obtención de beneficios a la salud de éstos/as: Confinamiento sí, menos para ir a trabajar (hacinamiento en metros y transportes públicos, falta de medios de protección individuales, etc.). Turismo sí, sin importar lo más mínimo las consecuencias, con una patronal hotelera bramando ante la pérdida de sus beneficios, aunque éstos se obtengan a costa de la salud de la clase obrera y el resto del pueblo. Y así, un largo etcétera.

La otra conclusión que podemos sacar, quizás la más importante,  es que, dentro del sistema de producción capitalista-burgués no existe la más mínima posibilidad de mejora para la clase obrera, ni para los sectores populares, ni para el pueblo en general. Sin un auténtico control de la clase obrera sobre los medios de producción, ésta estará siempre a merced de sus patronos. Y este control solo puede hacerse efectivo mediante el paso de la propiedad privada sobre los medios de producción a la propiedad colectiva de éstos. Y, para ello, se impone la absoluta necesidad de destruir el obsoleto sistema capitalista y comenzar a construir la vía hacia una sociedad mejor. Esta vía solo puede ser la construcción del Socialismo-Comunismo. Ardua y colosal tarea, pero la única  alternativa.

F.J. Ferrer

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