Los delirios de grandeza de un zombi

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Para terminar, por ahora, con la serie de zombis que me traigo entre manos, la OTAN y la UE, cierro la temporada con los dos aunque centrándome más en el segundo. Los pasados 10 y 11 de diciembre se celebró en consejo europeo de cierre del año y no solo hubo discusión sobre las sanciones (Rusia sí, Turquía no) sino sobre cómo salir del atolladero de la pandemia, con qué cantidades hay que devolver en préstamos y en qué condiciones y cuáles no, y sobre “el futuro de la Unión”. De esto va este capítulo de la serie, del “futuro”.

Siguiendo los parámetros clásicos marxistas se podría decir que el zombi de la UE pretende avanzar en la construcción de un polo imperialista para enfrentar la competencia económica y el choque geopolítico que, sin duda alguna, llegará a ser muy virulento cuando la pandemia desaparezca, si es que lo hace. En estos términos habría que interpretar que se doblegó las resistencias de Hungría y Polonia sobre los “fondos de recuperación” que se negaban porque la UE decía que había que anteponer el “estado de derecho”, aunque lo que en realidad ocurrió es que no fue ni una cosa ni otra. Ni para unos ni para otros. Solución salomónica. Porque era eso o nada.

Así, todos los medios de propaganda al unísono alabaron el “plan de relanzamiento” de 750.000 millones de euros de los cuales un poco menos de la mitad serán préstamos a devolver con condiciones. Algo que ya se sabía desde septiembre, ahora ratificado. Pero, al mismo tiempo, se faculta al Banco Central Europeo para que los bancos tengan interés negativo del -1% en los préstamos que conceda el BCE pero luego esos bancos pueden cobrar intereses de entre el 3% y el 1’7% cuando se concedan a consumidores y empresas, por este orden. La banca siempre gana.

Hasta aquí, todo digamos normal dentro de los parámetros capitalistas. Pero en el “plan de futuro” postpandemia aparecen los delirios de grandeza… ¡frente a China! Hay alguna mención a la necesidad de mantener una “cierta equidistancia” de EEUU, pero muchas a China. Por ejemplo, cuando se habla de “aspirar a la autonomía energética” (sin mención a la pelea por el gas, por ejemplo) aunque sí a “establecerse como polo innovador en la investigación y producción de energía ecológica en fuerte competencia con China”. El reconocimiento del papel chino en las nuevas tecnologías no contaminantes es evidente.

Lo mismo ocurre con el intento de la UE de conseguir “la autonomía estratégica” en materias primas básicas (insisto en el gas, del que el gasoducto Corriente del Norte 2 es un ejemplo claro), en la producción industrial (sobre todo médica para reducir la dependencia de China en equipamiento médico) o en la inteligencia artificial (con la pelea por la tecnología 5G que encabeza China).

Alguna de las oligarquías europeas (Francia y Hungría, sobre todo) quieren “mayor número de opciones” y no solo EEUU o China. Pero esto es difícil de lograr cuando con una mano se pide “autonomía estratégica” y con la otra “fidelidad atlántica”. Por eso el otro día os puse el capítulo de la serie sobre la OTAN. Porque es en la OTAN, emblema de la servidumbre europea a EEUU, donde queda subordinada toda la estrategia de la UE en sus delirios de grandeza.

Por esta razón los delirios de grandeza de la UE de convertirse en un polo imperialista en competencia con EEUU y China no son otra cosa que eso, delirios.

El Lince

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