Las teorías conspiranoicas sobre el COVID-19; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

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[Nota: Publicado originalmente en 2020. Reditado y ampliado.]

«La negación de la presencia de un grano de verdad absoluta en las leyes de la ciencia por parte de la filosofía burguesa moderna tiene como objetivo reemplazar la verdad científica con lo «irracional», la fe, incluso la «fe animal» –instinto–, etc. (…) Todo esto es necesario para que la reacción imperialista pase de contrabando el oscurantismo y el misticismo a la ciencia y convierta la ciencia en un instrumento para la esclavitud espiritual de las masas trabajadoras». (V.P. Tugarinov; Sobre las leyes del mundo objetivo y las leyes de la ciencia, 1952)

Tras nuestra lectura de los informes, discursos y otros documentos hechos públicos de diversas organizaciones respecto a la pandemia del COVID-19 [coronavirus], observamos, una vez más, que gran parte de los políticos, artistas y filósofos, lejos de alejarse de las corrientes pseudocientíficas, secundan y emiten declaraciones que terminan por reproducir y dar por buenas una serie de hipótesis «conspiranoicas» de lo más ridículas, las cuales no solo no aportan claridad al respecto, sino que acaban sembrando más confusión entre el público, si cabe.

El desconfiado y el charlatán comparten su conformismo agnóstico, les basta con afirmar que «esto» o «aquello» no debe ser discutido por su plausibilidad, porque «el ser humano es suficientemente retorcido» como para hacer esto otro. Bien, el hombre de ciencia, en lugar de arrojarse a la especulación enajenada, en lugar de sumarse a la turba de «expertos» que se dedican a la «opinología», comprobará qué hechos sostienen una teoría –o si estos existen en absoluto–. Lo contrario es embarcarse en la cavilación estéril que, tras días de quebraderos de cabeza, culmina en conclusiones carentes de valor que deben ser arrojadas al contenedor de la especulación.

«Esta incomprensibilidad no te da derecho a deducir las consecuencias supersticiosas que la teología saca del conocimiento humano; no te da derecho a fantasear en el campo de las causas naturales, porque solamente puedes decir: «Yo no puedo explicar la vida desde estos fenómenos o causas naturales que me son conocidas o desde el modo como ahora me son conocidas»; y no puedes decir sin pretender haber agotado hasta la última gota de océano de la naturaleza que la vida no sea totalmente explicable por medio de la superposición de seres inventados; no te da derecho a hacerte ilusiones y a engañarte a ti mismo y a los demás con una explicación que nada explica; no te da derecho a convertir en «no saber» de las causas naturales y materiales en un «no saber» de dichas causas, a divinizar tu ignorancia, a personalificarla y objetivizarla en un ser que debería sacarte de encima tu ignorancia, pero que en realidad no expresa más que la naturaleza de esa ignorancia tuya, que la ausencia de explicaciones positivas y materiales. (…) En lugar de ser lo suficientemente honesto y humilde como para decir: «No sé el motivo, no puedo explicarlo, me faltan datos, los materiales» tú, con ayuda de la fantasía, conviertes estos defectos, estas negaciones, estas definiciones de tu cabeza en seres positivos, en seres que son inmateriales. (…) La ignorancia se conforma con seres inmateriales, incorpóreos, no naturales, pero su inseparable compañera, la exuberante fantasía, que siempre tiene cosas que hacer únicamente con seres altísimos y supremos y máximos, eleva inmediatamente estas pobres producciones de la ignorancia al rango de seres sobremateriales y sobrenaturales». (Ludwig Feuerbach; La esencia de la religión, 1845)

«Sorprendentemente», estos análisis siempre concluyen con el escenario más improbable. Estos señores, a falta de datos concretos que permitan una examinación en profundidad, eluden por completo los instrumentos esenciales del análisis lógico como, por ejemplo, la «navaja de Ockham», que indica que: «En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable». El nominalismo del siglo XIV, el racionalismo de este franciscano, es una filosofía más avanzada y cercana al método científico que la que acostumbran estos seres. Pero como en ocasiones no todo es tan fácil como parece, vayamos metámonos en materia.

De todos modos, las ideas de esta gente son, por lo general, fáciles de desmontar, pues encierran ingentes cantidades de contradicciones.

Veamos algunas de las tesis conspirativas que se han viralizado en los últimos meses:

«A través de Twitter y Facebook se ha extendido una idea falsa que atribuye el brote de este virus a un complot promovido por el empresario y filántropo Bill Gates, cofundador de Microsoft, y planificado a través de un laboratorio británico. Esta teoría ha sido alentada por integrantes de la comunidad anti-vacunas y el movimiento QAnon, fundado por simpatizantes de Donald Trump que creen que el presidente de Estados Unidos, con la ayuda discreta de las Fuerzas Armadas, se enfrenta a «élites globalistas» que pretenden socavar las esencias del país. El multimillonario George Soros, destacados dirigentes demócratas… y Bill Gates serían algunos de sus miembros destacados, según este movimiento. (…) Finalmente, hay usuarios convencidos de que esta enfermedad ha sido fabricada por grupos farmacéuticos interesados en vender vacunas. Sin embargo, ahora mismo, gracias a que las autoridades chinas están haciendo pública toda la información sobre el brote, cualquier laboratorio del mundo puede trabajar en fabricar una vacuna para comercializarla después». (El día.es; Del complot de Bill Gates a la mano de las farmacéuticas, 31 de enero de 2020)

Algunos grupos revisionistas, es decir, aquellos que revisan las bases fundamentales del método marxista, han reproducido estas teorías sin problemas. Una parte de ellos acusa a un bloque imperialista en base a las afirmaciones de los voceros del bloque antagónico. Otros coinciden con las ideas más fantasmagóricas que la derecha conservadora difunde día y noche. Otros pocos recubren su discurso «conspiranoico» de un halo anticapitalista para completar historias fantásticas que en ningún momento pueden sostener con datos ni pruebas empíricas concluyentes.

Todos ellos tratan de analizar un fenómeno no a partir del estudio de la realidad concreta, sino partiendo de lo que deberían ser las conclusiones de su análisis, reduciendo la argumentación a la justificación de sus prejuicios. Erigen su análisis sobre concepciones absolutamente erradas en la comprensión del funcionamiento del poder bajo el capitalismo: achacan a una élite bancaria la capacidad de gobernar sin equívoco y al unísono cada fenómeno que tiene lugar en el mundo –¡o quizás en el universo!–. No hay cabida para la casualidad; toman el correcto principio de que nada ocurre porque sí –causalidad– para distorsionarlo y situar a la mencionada élite a la cabeza de todo lo que ocurre en el mundo, dependa esto –o no– exclusivamente del factor humano de la ecuación. No hay nada en el mundo que no haya sido dictado por esta supuesta élite todopoderosa y omnisciente; si hay una explosión en un edificio madrileño debe ser parte de la política de choque y pánico de una élite interesada en «desviar la atención» y «manipular la opinión pública». Si las cigüeñas alteran su vuelo migratorio no es cuestión de la alteración de su hábitat natural, sino culpa del Club Bilderberg o los anunakis. Y, por supuesto, una pandemia mundial no puede ser algo ajeno a la élite, esta tiene que estar detrás de la pandemia. Así, si se parte de este hecho –prejuicio, más bien–, si se acepta su existencia, debe reconocerse que no hay ningún fenómeno que no haya sido dictado por las élites entre bastidores. Se confunde la respuesta del capital ante determinados fenómenos con las razones que los originan.

«Se trata sencillamente de otra formulación del viejo amable método ideológico que solía llamarse apriorístico, y que consiste en no registrar las propiedades de un objeto estudiando el objeto, sino en deducirlas demostrativamente a partir del concepto del objeto. El objeto debe regirse por el concepto, no el concepto por el objeto. (…) La filosofía de la realidad muestra, pues, también aquí que es pura ideología, deducción de la realidad no a partir de sí misma, sino a partir de la representación. Si, pues, un tal ideólogo se dispone a construir la moral y el derecho no con las condiciones sociales reales de los hombres que le rodean, sino a partir del concepto o de los supuestos elementos simples de «la sociedad», ¿qué material tiene para esa construcción? Lo tiene obviamente de dos tipos: primero, el escaso resto de contenido real que tal vez quede en aquellas abstracciones puestas como fundamento; segundo, el contenido que nuestro ideólogo vuelva a introducir en ellas partiendo de su propia consciencia. Y ¿qué encuentra en su consciencia? Sobre todo, concepciones morales y jurídicas que son expresión más o menos adecuada –positiva o negativa, conformista o polémica– de las condiciones sociales y políticas en las que vive; luego tal vez nociones tomadas de la literatura principal; por último, quizá, manías personales». (Friedrich Engels; AntiDuhring, 1878)

Así, por ejemplo, llegaríamos a que términos como «coronavirus» o «pandemia», no serían acepciones objetivas basadas en el estudio de dichas manifestaciones en la realidad concreta –en este caso, España o el mundo– sino que, para estos «filósofos» del idealismo más subjetivo, cada uno debería ser libre de interpretarlos bajo las libres apetencias de su propio esquema mental: unos como sinónimo de «crisis desatada por un determinado país» –como alegan los líderes imperialistas–, otros como «plan de dominación mundial» –globalistas–, e incluso como una «oportunidad revolucionaria» –como celebran los catastrofistas–.

Y algunos dirán: «¡No, hombre! No es un afán subjetivo mío, esta concepción es compartida por más compañeros». Bien, entonces este idealista cree que la veracidad de un fenómeno no está basada en su objetividad real e independiente del ser humano, ¡sino que depende del grado de cordura o locura del colectivo!

«Esta insistencia en la independencia del mundo exterior de la conciencia humana es el principio que distingue al materialista dialéctico del subjetivista en su actitud hacia la verdad objetiva. Para Bogdanov, la objetividad de una cosa tiene un solo significado: su «general significado».

«El carácter objetivo del mundo físico», dice Bogdanov, «radica en esto, que no existe para mí personalmente, sino para todos y tiene para todos un significado definido, que estoy seguro es el mismo que para mí. La objetividad del orden físico es su general significado».

Como vemos de lo anterior, Bogdanov entiende por objetividad la coincidencia de representaciones en la conciencia de varios «co-hombres», y solo eso; niega así una objetividad puramente concreta de la naturaleza, es decir, su independencia del hombre y de la existencia humana. El principio bogdanoviano de «significado general» establece la objetividad del mundo material totalmente en dependencia del sujeto, como resultado de lo cual la distinción entre ciencia y superstición parece borrarse. Este último punto es enfatizado fuertemente por Lenin, quien declara que se puede decir de cualquier creencia religiosa que se desee que posea un «significado general», porque incluso hoy se puede encontrar que una «gran parte de la humanidad» se aferra a ella». (M. Shirokov; Un libro de texto de filosofía marxista, 1937)

Por si el lector se ha perdido al no estar familiarizado con la terminología filosófica, intentaremos explicarlo mediante otro ejemplo: la realidad objetividad de que la Tierra es esférica y rota alrededor del Sol desde hace miles de millones años no es algo que fuera alterado durante la Edad Antigua, cuando el pensamiento mayoritario no contemplaba esta realidad. Incluso cuando se pudo corroborar científicamente –confirmándose las teorizaciones previas– que la Tierra es un orbe esférico que rota alrededor del Sol, una gran cantidad de personas seguirían creyendo que la Tierra era el centro del universo durante largo tiempo. ¿Quién tenía razón? ¿Quiénes apoyaban la antigua teoría, aún mayoritaria? ¿O quienes, entonces en minoría, la reformularon de acuerdo con las investigaciones científicas más avanzadas? Por mucho que se considerase que el universo se comporta de un modo determinado, a este le «es indiferente» la opinión que la mayoría de la humanidad tuviese –o tenga– de él. El universo seguirá rigiéndose por sus leyes objetivas –a las que, no olvidemos, la humanidad también está sometida–, independientes de las creencias y el grado de conocimiento humano. Dicho de otro modo: por mucho que el número de personas terraplanistas y geocéntricas creciese de forma exacerbada, esto no comportaría ningún cambio en la física y composición de la Tierra y el Sistema Solar que, evidentemente, no variarán en consonancia con la opinión generalizada del ser humano, aún si esta se manifiesta de forma unánime. La última vez que pudimos comprobarlo, la humanidad no tenía la capacidad de crear o destruir mundos y galaxias con el pensamiento.

Pasemos, pues, a ver los tres principales modelos de conspiración.

a) Empecemos por los primeros, los «conspiranoicos» que aceptan alguna de las teorías de los bloques imperialistas.

Los líderes mundiales se han aventurado, como era de esperar en medio de una guerra comercial entre China y los EEUU, a intercambiar una serie de acusaciones sin respaldo alguno, usándolas como arma arrojadiza para denigrar al adversario:

«El portavoz del Ministerio de Exteriores chino Zhao Lijan publicó un tuit en el que sugería que podría ser el Ejército estadounidense quien llevó el nuevo coronavirus a Wuhan. «La CDC [institución sanitaria estadounindense] atrapada en el acto. ¿Cuándo comenzó el paciente cero en los Estados Unidos? ¿Cuántas personas están infectadas? ¿Cómo se llaman los hospitales? Podría ser el ejército de EE. UU. quien llevó la epidemia a Wuhan. ¡San transparentes! ¡Hagan públicos sus datos! ¡Estados Unidos nos debe una explicación!». (Euronews; Guerra de propaganda por el coronavirus entre Rusia, China, Estados Unidos y la UE, 18 de marzo de 2020)

Rusia, aliada de conveniencia –e intermitente– del gigante asiático, se sumó al juego de las especulaciones:

«Varios políticos y expertos advierten de que el nuevo coronavirus, denominado COVID-19, es un arma biológica creada por Estados Unidos. Uno de estos políticos es el líder del Partido Liberal Demócrata ruso –LDPR, por sus siglas en inglés–, Vladimir Zhirinovski, quien ha dicho que EE.UU. cuenta con varios laboratorios secretos cerca de China y Rusia, incluidos en Georgia, Kazajistán y Ucrania, uno de cuyos productos fue la gripe porcina H1N1, según recogieron el viernes los medios locales en un informe respecto al brote del coronavirus». (Hispan TV; ‘EEUU ha producido el coronavirus en sus laboratorios secretos’, 14 de marzo de 2020)

En resumen, que para muchos de los «antisistema» del mundo, las irracionales e interesadas ideas de Trump, Putin, Bolsonaro o Xi Jinping son la línea política a seguir en la arena internacional. ¡Tremendos «revolucionarios»!

Para muestra un botón. Un conocido filósofo idealista que agrada a los más crédulos, Noam Chomsky, afirma categóricamente que la actual crisis se trata de un plan de:

«La CIA, Bildeberg, Israel y demás poderes mundiales, [que] acuerdan hacer estallar una guerra bacteriológica de baja intensidad, propagando en territorio chino, un virus de laboratorio, el COVID-19. (…) Una vez consumida la Pandemia paralizadora del planeta, llegará la segunda fase. Control total de la guerra bacteriológica al poseer desde el primer momento la VACUNA GLOBAL del Covid19 desde su producción en laboratorios americanos. Luego de la dispersión y caos sanitario mundial, llegará el orden capitalista nuevamente, así reseteadas las economías nacionales, el nuevo valor en alza se llamará industria química USA, que a su antojo venderá patentes a países amigos y al CONTRARIO, bloqueo farmacéutico a países enemigos, debilitándolos aún más, si cabe o presionando a gobiernos hostiles a cambio de las vacunas salvadoras. Tercera fase: Implementación del Nuevo Orden Mundial con el cambio de las relaciones entre países:

-Desaparición de la Unión Europea.

-Desaparición de enemigos potenciales cómo Irán, Corea del Norte, Venezuela, etc.

-Debilitamiento de China continental y Rusia.

– Nuevo patio trasero: USA en Latinoamérica.

-Globalización planetaria alrededor de la nueva USA y su poder omnímodo». (Noam Chomsky; Insurgente; Noam Chomsky se ha pronunciado con esta contundencia acerca del coronavirus, 20 de marzo de 2020)

Noam Chomsky lo tiene claro, pero, ¿es alguien de fiar? Él también tiene claro por ejemplo, que: «vemos en «Estado y revolución» de Lenin como «su obra más libertaria». Siguiendo a Bakunin, considera que los marxistas son «burócratas rojos» [1]. En cambio, alaba la actuación anarquista antes, durante y después de la Guerra Civil Española (1936-39), y en concreto la corriente de autores filofalangistas, como Abad de Santillán [2]. He aquí una muestra de la autoridad y la validez de sus divagaciones. Que decidan. Pero, para nosotros, desde luego, no tiene ninguna.

Incluso individuos «de cabeza amueblada» han caído presa de estas excentricidades, como le ha ocurrido a Vincent Gouysse. En su caso, veníamos viendo que toda su atención se volcaba obsesivamente en la guerra comercial entre Estados Unidos y China –el único tema que parece considerar relevante, pues a él ha dedicado, de forma casi exclusiva, casi todos tus trabajos en estos últimos meses–, por lo que es lógico –si más no, no sorprende– que recoja alguna de las arriesgadas tesis «conspiranoicas» que han circulado por la red. Todo con tal de alzar la bandera prochina que, desafortunadamente, ahora porta con orgullo:

«El coronavirus es una «falsa pandemia» cuyas cifras se inflan deliberadamente y que ha con el único propósito de crear un nuevo orden mundial de capital financiero occidental». (Vincent Gouysse; EEUU como el campeón del ultraliberalismo… de repente se convirtió en el campeón mundial del proteccionismo económico, ¡demasiado tarde!, 2 de mayo de 2020)

De esta forma daba voz a quienes afirman sin pruebas concluyentes que «todo es un plan de Trump para romper la economía china» o «una excusa para salvar su economía aprovechando la crisis». ¡Sí, claro! Un maquiavélico plan trazado por Trump, sobre todo si tenemos en cuenta que su nefasto y tardío desempeño contra la pandemia acabó por ser una de las razones por las que perdió la presidencia. Muy lógico todo, señor Gouysse.

Claro que «el imperialismo es capaz de todo». Pero si a cada acontecimiento de transcendencia: atentado terrorista, guerra local, crisis económica, extinción de una especie foránea, en vez de explicar las causas a partir de las lecciones históricas pertinentes que ya tenemos, más la observación de los hechos constatables en la realidad concreta, concluímos sin más que «todo es un plan secreto del imperialismo X» o «los manejos de una élite oculta», no estaremos aportando nada a clarificar las causas, estaremos parloteando bajo una carcasa «revolucionaria. Así lo explicamos por ejemplo sobre el atentado yihadista de Barcelona hace cuatro años:

 

«No se puede reducir todo atentado existente como hacen algunos a un «ataque de bandera falsa» autoperpetrado por la burguesía en el poder porque sería algo irreal. El terrorismo bien sea provocado de forma directa o indirectamente también acarrea a su vez problemas para la misma burguesía en el gobierno, ya que desde grupos rivales políticos se le reclama por no saber atajar la oleada de ataques terroristas y no «saber defender a la ciudadanía», se crea un desconecto entre las masas trabajadoras por el estado constante de inseguridad en las calles, y por último económicamente supone un freno en sectores como el turismo que afectará a la burguesía y pequeña burguesía. Por ello la burguesía en el poder no puede hacer uso exclusivo del fenómeno del terrorismo para mantenerse y reforzar su posición de poder, más bien puede aprovecharse del fenómeno una vez acaecido o fomentarlo en diversos momentos para fines muy concretos, pero sin pasarse, ya que las consecuencias pueden suponer su caída política en favor de otras agrupaciones. Por ello en cada atentado terrorista debemos analizas todo sin apresurarnos a simplemente calificar sin pruebas concluyentes que los atentados terroristas siempre son autoataques, sino nos acercaríamos más a charlatanes de la «conspiranoia» que a analistas marxistas». (Equipo de Bitácora (M-L); Aclaraciones pertinentes sobre el atentado terrorista en Barcelona [Recopilación documental], 2017)

Las teorías de esta modalidad de «conspiranoicos» se basan en un reduccionismo tan simple como tonto –valga la redundancia–: si un hecho cualquiera ha beneficiado a un determinante agente político –o no lo ha perjudicado tanto como al resto–, este debe estar detrás del hecho mencionado, debe haberlo provocado en beneficio propio. Esto es absurdo. Tomemos un ejemplo histórico: la burguesía española en el contexto de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Su neutralidad en el conflicto le permitió establecer relaciones comerciales prósperas con los dos bloques imperialistas en pugna. España entró en una fase de bonanza económica pronunciada mientras duró el conflicto. Por tanto, la guerra interesó a la burguesía española. ¿Debió provocarla esta, entonces, si seguimos la lógica de estos «avispados analistas»? Nada más lejos de la realidad. Tomemos los hechos, que suelen ser muy tozudos. La burguesía española pintó muy poco en el desarrollo de y catalizador de la Primera Guerra Mundial, por mucho rédito que extrajera de ella.

La burguesía toma los hechos, el devenir histórico, e intenta obtener todo el rédito político y económico que pueda. Pero puede ser ajena a la causa de ciertos fenómenos, aunque, evidentemente, responde a los mismos y se adapta. Esto no excluye que sí provoque otros fenómenos y eventos directa o indirectamente. Igualmente, la burguesía no es un todo homogéneo. Hay situaciones que interesan a algunas facciones de la burguesía y a otras no, entrando estas en «colisión», lo que muchas veces se manifiesta en las oposiciones parlamentarias entre partidos burgueses que representan a distintas facciones de esta clase, un fenómeno que ni mucho desaparece con el fascismo, que no es otra cosa que un modelo de dominación burguesa más autoritario, pero en el que siguen produciéndose desacuerdos entre facciones burguesas. La diferencia es que aquí, el parlamento se sustituye por la «camarilla del César», puesto que el parlamento, de existir, es un elemento puramente decorativo –y lo afirmamos con la mayor literalidad posible–.

La respuesta está en el análisis concienzudo de los hechos, y no en las abstracciones mentales de estos «osados pensadores», estos «filósofos de la desconfianza».

b) Pasemos a la segunda franja de «conspiranoicos», los que siguen el discurso irracional de la derecha más ultraconservadora.

«El líder del partido, Santiago Abascal, señalando a China, declaró que «España y todas las naciones democráticas deben impedir que los datos de sus compatriotas, de millones de españoles, y de millones de europeos acaben en manos de una empresa controlada por una tiranía comunista aprovechando la instalación de la nueva tecnología del 5G». El Gobierno contestó a las preguntas formuladas por Vox, según adelanta Voz Pópuli, que el despliegue del 5G se realiza teniendo presente la normativa que establecen las «medidas de protección sanitaria frente a las emisiones radioeléctricas, incluyendo las relativas a la tecnología 5G». (El Plural; La obsesión de Vox con el 5G: tres preguntas al Gobierno en dos meses, 8 de enero de 2021)

Curiosa la preocupación por la salud del líder de Vox cuando, por ejemplo, niega la incidencia del ser humano en el cambio climático –que precisamente presenta a China, junto a EEUU, como uno de los máximos protagonistas–:

«Abascal dijo que le preocupa que «nos digan a los hombres y mujeres del mundo occidental que somos los culpables del cambio climático. Me parece que es algo que no se puede probar». (20 Minutos; Santiago Abascal: «Que se diga que el hombre es responsable del cambio climático no se puede probar», 20 de febrero de 2020)

¿Por qué se hace esto? Para ir en consonancia con Trump o Jair «Caimán» Bolsonaro –luego volveremos a esto–, con el guion de la nueva derecha desacomplejada, la llamada «derecha alternativa».

«En realidad, lo que quiere decir Gates es que nuestros Parlamentos soberanos deben someterse a las decisiones de la Organización Mundial de la Salud –en lo sanitario– ,o del Banco Mundial –en lo financiero–, o de la Organización Mundial del Comercio –en lo mercantil–; por nuestro propio bien, porque somos incapaces y no sabemos gobernarnos, y estos organismos de burócratas con el apoyo financiero de unos cuantos filántropos como él resolverán todos nuestros males y nos llevarán a ese magnífico paraíso del crecimiento constante, el desarrollo sostenible, la biotecnología, la rentabilidad y la productividad. Es la Gobernanza Mundial impuesta a golpe de pandemia». (Jorge Buxadé; El gobierno mundial, 26 de abril de 2020)

Según este viejo falangista –y lo es, échenle un ojo a su biografía–, la pandemia es un plan de Gates para imponer su agenda. Ajá, entendido. Aceptemos, por un momento, este delirio fruto de una mente diarreica, sigamos.

Para quien no lo sepa, en la Península Ibérica, estos son los que piden ayuda al «Tío Sam» para «salvar el país», firmando manifiestos que piden la intervención de los marines yankees en España, como ocurrió con la sección de Vox en Humanes [3]. Pero ojo, porque, a su vez, son los mismos «antiglobalistas» que dan lecciones al resto del mundo sobre la importancia de defender el «hondo patriotismo» y la no injerencia externa de las «élites económicas extranjeras».

Por el contrario, sus enemigos del gobierno, promueven lo contrario. Suponemos que cuando Irene Montero dice que:

«Ha sido emocionante ver a @KamalaHarris prometer su cargo, primera mujer afroasiática en llegar a la vicepresidencia de EEUU. Esperamos que el cambio, con el nuevo presidente @JoeBiden , abra una nueva etapa de tolerancia, justicia social e igualdad. #InaugurationDay» (Irene Montero; Twitter, 20 de enero de 2021)

Por «emocionante» se refiere a la incipiente militarización del teatro de operaciones del Pacífico. Desde luego que será «emocionante» ver al USPACOM recibir una nueva remesa de F-35, el novísimo caza de combate insignia del mantenimiento de «la paz, la prosperidad y la libertad». Sí, el contenido social del misil AGM-158 es transformador cuando sale despedido a las órdenes de una mujer «afroasiática». Esperamos que el lector perdone este pequeño paréntesis para repetir un chascarrillo tan manido, pero no podíamos desaprovechar la oportunidad.

¿Debemos pedir ayuda al ala derecha de la burguesía estadounidense –Rockefeller-Trump– para no ser controlados por su ala izquierda –Gates-Biden–, aquella que tanto alaba Podemos?

Volviendo al tema que nos ocupa, ¿es este el «antiimperialismo patriota» de Vox? Se nos olvida mencionar que mientras se produce esta «titánica lucha» por la soberanía nacional, Repsol y demás empresas españolas siguen neocolonizando el «Nuevo Mundo» en América Latina. Curioso el «concepto de libertad» de esta gente. Parece ser que las ideas joseantonianas están más que presentes que nunca en dicha formación.

Esto, además, viene a demostrar que la ideología de la «antiglobalización» extremadamente laxa y contradictoria, tanto que lo mismo puede ser utilizada por grupos apátridas, anarquistas, hippies, que grupos nacionalistas, socialdemócratas, liberales o fascistas.

Pero no son los «únicos» que piensan así, pues «con la Iglesia hemos topado». El arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, nos iluminaba con las siguientes palabras:

«Literalmente afirmó: «El demonio existe en plena pandemia, intentando llevar a cabo investigaciones para vacunas y para curaciones. Nos encontramos con la dolorosísima noticia de que una de las vacunas se fabrica a base de células de fetos abortados. Así de claro. Y eso es inhumano, eso es cruel, y ante eso no podemos alabarlo ni bendecirlo, todo lo contrario». (…) «Podemos luchar con otras maneras de actuar, a favor del hombre, no contra el hombre, y eso es ir en contra del hombre, eso es despreciar al hombre mismo, primero se le mata con el aborto y después se le manipula para ¡qué bueno, ¡mira qué bien! ya tenemos una vacuna. No señor, tenemos una desgracia más, obra del diablo. Eso es lo que quiere el diablo». (Cadena Ser; Cañizares: «Una vacuna del coronavirus se fabrica a base de células de fetos abortados y es obra del diablo», 15 de junio de 2020)

La pregunta es, ¿si Dios es «omnisciente», no sabía de la rebelión de Lucifer, el Ángel Caído, el Diablo? Si Dios es «benévolo» y «todopoderoso», ¿por qué deja que el Diablo atormente a los mortales? Algunos responderán que fue porque «Eva mordió la manzana tentada por el Diablo», ¿y qué Dios ecuánime es ese que me hace pagar por lo que un supuesto ancestro hizo en su día? ¿Por qué la humanidad tendría que aguantar el dolor y enfermedad porque el Diablo haya sido travieso y Eva una ingenua? Pero, dejemos el debate teológico para otro día. Véase la obra: «Materialismo dialéctico y religión; en conflicto permanente» de 2011.

Es más, este tipo de teorías «conspiranoicas» también se reflejan en el mundo de la música. Hace poco se hicieron virales las declaraciones de Miguel Bosé, icono pop de la música española de los años 80, y uno de tantos artistas que apoyaron la «campaña de la ceja» para aupar a Zapatero a la presidencia del gobierno en 2008 –hasta el punto que estuvo a punto de ser ministro de Cultura–. Parece ser que, con el tiempo, se ha ido desencantado de la socialdemocracia, pero solo para dejarse llevar por teorías peregrinas como las que publicita el trumpismo internacional, negando la existencia del «bicho» para, después, reconocer su existencia –con matices–. Bosé recomendaba no usar mascarillas y arengó a sus seguidores a manifestarse contra la tiranía Gates-Sánchez, para después no asistir a la manifestación y aparecer públicamente con mascarilla. Pero eso no es todo:

«Miguel Bosé vuelve a ser tendencia a costa de sus comentarios sobre la pandemia de Covid-19. El cantante fue blanco de las críticas tras afirmar a principios de junio que el virus «era una mentira» y acusar a Bill Gates, creador de Microsoft, de querer controlar a la población con la nueva vacuna. Esta semana, volvía a crear polémica en Twitter al ahondar en sus teorías conspirativas. «Nos quieren matar», afirmaba el artista sin rodeos, haciendo hincapié en su hipótesis sobre los peligros de la vacunación. En concreto señalaba el comentario publicado por otra usuaria, @zuletamerchan, en la plataforma que, a su vez, se hace eco del mensaje compartido por Juan Saiz en Facebook». (Reacción mediática; Covid-19, gripe y la última teoría de Miguel Bosé: «¡Nos quieren matar!», 10 de agosto de 2020)

«Yo digo no a la vacuna, no al 5G, no a la alianza España/Bill Gates». (Twitter; Miguel Bosé, 9 de junio de 2020)

Según su lógica… ¿era el señor Bosé un «agente de Bill Gates» en 2008 al apoyar al PSOE? ¿Es su reconversión hacia los antivacunas un caballo de Troya para este noble movimiento? «No digo más». ¿No será simplemente el gobierno de turno reformista le estaba utilizando en 2008 para ganar votos como a cualquier otro tonto útil? ¿No será que hoy anda tan perdido como para repetir lo que dice Abascal, un hombre que jamás ha tenido oficio ni beneficio salvo recibir dinero público de los chiringuitos y estafas del PP? Como puede comprobar, señor Bosé, a veces todo es más fácil de lo que parece, no hay una trama hollywoodiense detrás de cada cosa.

Por fortuna, la población actual no está tan idiotizada. Al menos conserva cierto racionalismo. La marea de comentarios negativos en repulsa por su actitud causó su baja voluntaria de toda red social:

«Ante las informaciones aparecidas en diversos medios de comunicación relativas a su baja en determinadas redes sociales, en nombre de nuestro representado, Don Miguel Bosé Dominguín, queremos precisar, de manera excepcional y de una vez y por todas, que el artista ha decidido voluntariamente darse de baja en dichas redes sociales” explica la agencia en dicho comunicado». (EFE México; Miguel Bosé aclara que su desaparición de las redes sociales fue voluntaria, 1 de septiembre de 2020)

En realidad, todos estos artistas nunca se han dotado de una herramienta filosófica materialista, histórica y dialéctica para comprender los fenómenos que ocurren a su alrededor. Es por ello que, cuando entran en crisis, compran este tipo de explicaciones rocambolescas, creyéndose muy «rompedores» y «contestatarios» ante el sistema que les ha decepcionado. Esto también ocurre con los supuestos «artistas revolucionarios». Pero deben saber que intentar combatir al sistema con este arsenal de idioteces es equivalente a intentar derribar un muro a cabezazos: uno puede poner todo el empeño que quiera, pero no logrará nada.

Citemos ahora el caso de un rapero, Nyto. En teoría –y según sus propias palabras– hace unos años estaba encaminándose a «estudiar y propagar el marxismo» para así ayudar a la «emancipación de los trabajadores», aunque sólo logró acercarse a una suerte de semianarquismo. Pero hoy, por si quedaban dudas de su validez política, ha decidido apartarse definitivamente de todo atisbo de pensamiento científico para jugar a especular con las ideas que hablan sobre «planes secretos» de malévolas logias que urden su «golpe final» para la «dominación mundial», defendiendo en sus letras a los «antiglobalización», que, como ya hemos visto, suelen ser rancios nacionalistas –no por casualidad podemos meter en este saco a los seguidores de la Escuela de Gustavo Bueno [4]–:

«Tienen una agenda nombre y apellidos, globalistas de mierda con proyectos, ¡dilo! Gates, Soros, los visibles, tu mente es su tesoro, ¿veís todos? Todo controlado y tú en el lodo. (…) ¿Qué pasa con tanto puesto no reciclado? ¿Dime, qué pasa con ese futuro automatizado? En su agenda 2030 Bill y Sanchez al lado se reúnen criminales para matarnos pavo. (…) Las cartas illuminati de antes del 95, una agenda, ven el futuro, esto es un ciclo. Trump de presidente, las torres gemelas, ¡bingo! Cuarentena, ¿esta es la última cena y viejo orden extinto? (…) Qué curioso como en las pelis ¿eh? Netflix por cierto financiada por élites. Gran show de Truman, en esta granja humana, por si aún lo dudan el Gran Hermano hoy gana… (…) Canales como Exponiendo la Verdad. España el laboratorio de la nueva realidad. (…) Sistema AI Mars ¿Creías que era por salud chaval? Te implantarán cual vaca, el 5G lo harán funcionar. (…) Patria o muerte, la mía suerte de vivir el fin». (Nyto; El inicio del fin, 23 de octubre de 2020)

He aquí como un músico conocido por su «haselismo» mantiene su existencialismo pesimista mientras cae en las tesis «conspiranoicas» más ridículas, llegando hasta el punto de azuzar con sospecha todos los avances de la revolución científica y tecnológica cual inquisidor del siglo XVII. Es paradójico quejarse de «engaños y «control de masas» de «los de arriba» cuando uno mismo, pese a ser un intelectual, un «ilustrado», ejerce como vector para confundir a los trabajadores a la hora de señalar al capital como responsable de sus miserias, dispersándolo en cuentos para niños sobre complejos planes globalistas y predicciones de iluminatis. ¿Qué los burgueses se reúnen en secreto para debatir sobre sus negocios, que desean dominar la política, que pugnan entre ellos y tienen redes clientelares donde se ayudan? ¡Vaya novedad! Cuando Nyto conozca la teoría de la plusvalía le parecerá cuestión de brujería.

Nyto nos recomienda canales tan didácticos como «Exponiendo la verdad». Bien, invitamos al lector que entre en él y no se deje llevar por los nombres extraños de los títulos, sino que consuma alguno de sus vídeos y disfrute del gran torrente de información sobre «iluminatis», «reptilianos», «satanismo», «viajes astrales», «curaciones milagrosas», «terraplanismo», «estados superiores de conciencia», etc. El canal predilecto para todo borrego abducido por la pseudociencia. Pero, él, como gran revolucionario preocupado por el pueblo, nos recomienda esta valiosa información por nuestro bien.

Este pobre chaval anda tan, pero tan desorientado, que en clave de los ecologistas más místicos, dejó caer inicialmente que la pandemia podía ser un castigo de la «Madre Naturaleza»:

«Así que recen a Dios que igual Madre Natura tiró los dados diciéndonos adiós». (Nyto; Apocalipsis en pijama, 25 de marzo de 2020)

¿En qué quedamos, señor Nyto? ¿Es culpa de la «Madre Naturaleza» por los «pecados de la humanidad»? ¿O es un «plan prediseñado» por las «élites globalistas» para controlarnos? ¡Oh! ¡Ya lo vemos! ¡La «Madre Naturaleza» es un nombre en clave ideado por los «reptlianos-illuminati» para esconderse de la vista de pájaro que posee la gente como Nyto para destapar la verdad! ¡Por eso la nevada histórica que nos asoló hace unas semanas no era sino esa «Élite» haciendo caer PVC de unos O.V.N.Is que nos sobrevolaban! ¡Y esto en nombre de la Mater Natura! En fin. Planteémonos una última duda… ¿por qué entonces YouTube –que, como Google y tantas otras multinacionales, es un siervo, según vosotros, de ese poder «en la sombra»– no ha eliminado todo este contenido «subversivo» que desmonta «Su Mentira»? ¿Por qué los medios de comunicación se hacen eco de lo que dicen él o Bosé? ¿Por qué no censurarlos o eliminarlos físicamente, sin más? ¿O es que tienen una capacidad inferior a la de la CIA? ¿No? Entonces, ¿qué sentido tiene dar voz a estos «profetas y salvadores de la humanidad» en tiempos donde «todo está dado» para el «gran golpe final» que traerá el «Nuevo Orden Mundial»? Hay cosas que, para los simples mortales y «alineados» como nosotros, parecen imposibles de entender… ¿por qué estos señores siniestros se iban a arriesgar a dejar tantos flecos sueltos que dieran al traste con tanto esfuerzo? Parece ser que, pese a que ha desarrollado todo tipo de tecnologías para la represión y medios de control mental de masas, este «Gran Poder Dictatorial Global» olvida algunos «detalles», como eliminar la disidencia político-ideológica del mismo modo que haría cualquier dictadorzuelo del tercer mundo. Será cosa de que esta burguesía alienígena-masónica es «de fuera» y todavía tiene mucho que aprender de la «Realpolitik» terrícola…

Antes de dejar de lado la sorna y el ensañamiento y pasar al siguiente punto, que consideramos especialmente importante dado el calado de la demagogia que encierra:

«El contrato de Pfizer es muy claro: no nos hacemos responsables de ninguno de los efectos secundarios. Si llegas a convertirte en caimán es tu problema». (Jair Bolsonaro; 12 de diciembre de 2020)

En honor a la verdad, y a pesar del revuelo que esta afirmación ha causado en redes sociales, todo parece indicar que esta afirmación de Bolsonaro se trata de «una forma de hablar. Aunque, conociendo el historial del presidente brasileño, tampoco nos sorprendería que realmente tema convertirse en un caimán. Pero tampoco podemos poner la mano en el fuego de alguien que suelta perlas como que llevar mascarilla «es de gais», como si el mariconismo» fuese una enfermedad y como si este le impidiese al sujeto darle un buen croché por imbécil.

c) Por último, traigamos a la mesa a los «conspiranoicos» que intentan adornar sus ideas con una bocanada de fraseología revolucionaria «anticapitalista».

Esta última corriente de la cual nos vamos a ocupar, suele coincidir con las ideas de los catastrofistas, aquellos que ven el COVID-19 como el catalizador definitivo para la revolución. Véase el capítulo: «Los catastrofistas que creen que los desastres naturales «aceleran la revolución»» de 2020.

Una de las tesis preferidas de esta última corriente ha sido que «el coronavirus es una enfermedad más sin importancia» que el capitalismo emplea como excusa para recortar derechos y libertades y, sobre todo, «salvar su sistema económico» que «a nivel planetario estaría al borde del colapso». Un rancio partido revisionista de «larga estirpe», el PCOE [5], afirmaba que:

«Los capitalistas, lejos de ver el coronavirus como una de las muchas enfermedades que a lo largo de la historia ha tenido que combatir el ser humano, han visto en este momento una oportunidad para, por un lado, justificar la bancarrota de su sistema económico a nivel planetario, del imperialismo y, por el otro, aplicando la manipulación social a través de los medios de masas generando el miedo entre los ciudadanos de los distintos países, una fórmula para recortar derechos y libertades a los pueblos, a los trabajadores, y adaptar la base económica a la realidad a la que nos está llevando la descomposición del capitalismo monopolista». (Partido Comunista Obrero de España; Coronavirus, la justificación de los capitalistas para salvar su moribundo sistema económico, 12 de marzo de 2020)

Desde medios clásicos del eclecticismo, como La Haine, se nos advertía:

«A medida que pasan los días, y se van conociendo cada vez más casos de enfermos por el coronavirus, va arraigando mi sospecha de que dicha enfermedad ha sido «distribuida» en forma consciente del daño que podría ocasionar». (Darío Herchhoren; Coronavirus: guerra química y bacteriológica, 19 de marzo de 2020)

El vocero de los restos del Partido Comunista de España (reconstituido), emite ideas similares, pero enfocándolas a su monotema: la represión y el fascismo:

«La histeria del coronavirus es una maniobra para imponer el fascismo, la ley marcial, el toque de queda y la anulación definitiva en todo el mundo de las reliquias que quedaban de derechos y libertades fundamentales». (Movimiento Político de Resistencia; Contagio: si aplaudimos la ley marcial, también aplaudiremos la censura total, 19 de marzo de 2020)

Nada extraño en negacionistas –como son los acólitos del PCE(r)– del cambio climático y la responsabilidad del hombre –más bien, del modo de producción capitalista– en él, y que, de hecho, copian el discurso de la derecha más conservadora sobre el tema –la de Brasil, Italia, España y EEUU, más concretamente–. Véase el capítulo: «El negacionismo del cambio climático y la influencia del hombre en él» de 2017.

Uno de los filósofos pseudomarxistas más laureados por el revisionismo mundial, Slavoj Žižek, profetiza que esta crisis obligará al sistema capitalista a generar un cambio de paradigma, y nos presenta su receta –un disparate recurrente entre los revisionistas y otros enemigos de la ciencia–: una mezcla de «comunismo» y los «aspectos buenos» del capitalismo:

«Si a esto se agrega una posible nueva ola de refugiados, se obtiene la tormenta perfecta, y creo que Europa está tan debilitada que no podrá reaccionar de manera unificada, y eso es lo que quiero decir cuando digo que el coronavirus da nueva oportunidad para el comunismo», dijo. «Por supuesto, no me refiero al comunismo antiguo. Por comunismo, me refiero simplemente a lo que dice la Organización Mundial de la Salud. Deberíamos movilizarnos, coordinarnos, etc». (…). «Algún tipo de coordinación europea… tal vez incluso movilización en tiempos de guerra. Incluso puede hacer aumentar la productividad. Lo que quiero decir es que es posible mantener los lados buenos del capitalismo, pero no obstante, a través de un estado coordinado, el esfuerzo social para movilizarse. No solo con el coronavirus, esto es necesario con otras crisis ecológicas, refugiados, etc». (Spectator USA; ‘Lo que me gusta del coronavirus’ de Slavoj Žižek, 14 de marzo de 2020)

Si alguien quiere tomar como referencia al sofista y payaso del posmodernismo Slavoj Žižek, está en su total derecho. ¡Faltaría más! Si éste le deja de convencer, no le faltarán reemplazos en el –cada vez menos– nicho de los filósofos del parloteo. Es en tiempos como estos, tiempos de crisis, que aquél de espíritu pequeño burgués llega al borde de la histeria, desesperado por comprar cualquier filosofía de la salvación, cualquier libro de autoayuda para masas, cualquier secta religiosa. ¿Quizás la propia vida sea una ilusión? ¿Existe la verdad o la moral? ¿Vale la pena discutir por ella? ¿Debéis darme todas vuestras posesiones terrenales antes del suicidio colectivo del miércoles? Esto divulgan él y los de su escuela de la charlatanería, se llamen filósofos o clérigos. Véase el capítulo: «Instituciones, ciencia y posmodernismo» de 2021.

Como dice el refrán: «Aquí cada loco con su tema».

En fin, estos señores de lo «conspiranoico» eluden el elemento esencial, el biológico. Para empezar, alrededor del 60% de los patógenos infecciosos que afectan al ser humano lo hacen por vía zoonótica. Es decir: somos huéspedes accidentales al adquirir patógenos «más comunes» en otras especies. Estos patógenos evolucionan y, en consecuencia, logran atravesar la barrera que separa a las especies entre sí. Es lo que sucedió con el H1N1 y, muy probablemente, es lo que ha sucedido con el SARS-CoV-2.

En este punto es preciso aclarar que los estudios sobre el SARS-CoV-2 encaminados a conocer el reservorio natural del virus, publicados por la revista de divulgación científica «Nature Medicine», han concluido que el virus no es resultado de una manipulación, sino que es fruto de la evolución natural. A falta de confirmación, se presume que el coronavirus se propagó del murciélago al pangolín, siendo este último la especie-reservorio desde donde saltó al ser humano.

En cambio, las afirmaciones categóricas que hemos visto estos días sobre la causa del virus –a cual más disparata que la anterior–, aunque carecen de sentido y causarían la mofa de cualquier persona cuerda, pasan como explicaciones coherentes en estos mundillos porque:

«A guía de su política oportunista y de su charlatanería «científica» en sus intentos de presentar la realidad social objetiva y sus procesos en una luz distorsionada, sacan conclusiones equivocadas, y eso les lleva a adoptar de estas mismas conclusiones irreales». (Nexhmije Hoxha; Algunas cuestiones fundamentales de la política revolucionaria el Partido del Trabajo de Albania sobre el desarrollo de la lucha de clases, 1977)

Podríamos seguir citando y citando cientos de artículos que han circulado estos días con sus extravagantes conclusiones, pero las ideas anteriores recogen la esencia de este tipo de teorías y planteamientos.

A los «marxistas» de pacotilla que apoyan todo este tipo de sandeces, ¿creen realmente que un gobierno comunista debatiría con estos cabezas de chorlito la obligatoriedad de la vacunación general? ¿Se imaginan al gobierno bolchevique discutiendo con los místicos y supersticiosos de la época la implementación de la vacuna de la viruela? Al menos no todos los revisionistas son tan inconscientes como los que acabamos de ver:

«En un Estado que tenía a principios del siglo XX altísimas tasas de mortalidad infantil –de cada 1.000 personas muertas dos tercios eran niños menores de 5 años– y de mortalidad por enfermedades infecciosas –tasa de mortalidad por tuberculosis era de 400/100.000–, la puesta en marcha de servicios sanitarios en todos los rincones del inmenso territorio se acompañó de la implementación de medidas generalizadas de prevención (…) El triunfo de la Revolución en 1917 instaura las condiciones para aplicar esos avances, que habían permanecido encerrados en los laboratorios, al conjunto de la población. Se realizó la primera campaña de vacunación universal de la historia de la humanidad: el 18 de septiembre de 1918, el Comisario del Pueblo de Salud Pública N.A. Semashko adoptó el «Reglamento de vacunación contra la viruela» basado en el informe científico de Gamaleya y en abril de 1919, el presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, Lenin, firmó el decreto correspondiente. Fue la primera campaña de vacunación universal de la historia de la humanidad». (Ángeles Maestro; La vacuna rusa contra la covid-19, sobre los hombros de la URSS, 2020)

Los eclécticos de Red Roja jamás va a ilustrarnos en nada de cuestión ideológica, no saben ni donde tienen la mano izquierda, pero nótese la diferencia respecto a las teorías que hemos ido criticando a lo largo del documento. Y, entre tanto, hoy, en pleno siglo XXI, en mitad de una pandemia mundial, la mayoría de los revisionistas quieren llevarnos a la era de las cavernas gritando «¡No a las vacunas!», «¡No a las medidas sanitarias!».

¿Creen que una dictadura del proletariado sería condescendiente con aquellos que, por su imprudencia, ponen en riesgo a la colectividad?

«[Quienes justifican a estos elementos] hacen verdaderos malabarismos con el tema de la influencia capitalista sobre este tipo de sujetos, y justifican todo en base al concepto de «alineación» para dar carpetazo final al tema. Esto que dicen es cierto: son productos del propio sistema y sus deficiencias, son sujetos alienados. Hemos hablado infinidad de veces de la presión ideológico-cultural que se ejerce desde la superestructura sobre los sujetos sociales, pero cuando se exponen los errores de estos elementos y persisten sus errores no puede existir compasión posible con ellos. Hacer la vista gorda sobre este tipo de actitudes en períodos de desorganización y falta de clarividencia ideológica es más peligroso aún; insistir en un trato amigable, aparcar las diferencias y confiar en una reeducación futura –incluso de sujetos abiertamente recalcitrantes– no deja de ser un ideario liberal del todo estúpido, que se acerca más a una premisa cristiana de ejercer el perdón automático sin rencor ni reflexión alguno que a una actitud marxista. Cuando varios elementos que no quieren, o no pueden rectificar, son un claro obstáculo para el progreso, ¿quién si no los comunistas deben analizar en profundidad y criticar estas actitudes que perjudican la causa? ¿Se lo dejamos a los liberales burgueses y sus intelectuales para que creen teorías como que todo el proletariado ha degenerado en [conspiranoicos]? (…) Debe concluirse que por supuesto las condiciones materiales tienen el peso decisivo que dan luz a estos fenómenos, en eso hemos insistido siempre, pero no olvidemos la personalidad de cada sujeto y el nivel de fuerza de voluntad de cada uno para autotransformarse, ya que no somos elementos pasivos condenados al error. No olvidemos que, en una futura sociedad socialista, el espíritu liberal e individualista, el afán autojustificador no le va a valer a nadie de excusa para causar un perjuicio al bien colectivo ni a la propiedad común, no servirá para estar por encima de las leyes populares». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

Pasemos a lo siguiente…». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas consideraciones sobre el COVID-19 [Coronavirus], 2020)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

[1] Los comentarios de Noam Chomsky puede ser encontrados en castellano en el artículo del trotskista Heiko Khoo: «Noam Chomsky y el marxismo» de 2004.

[2] Las simpatías de Abad de Santillán con la Falange-JONS de Primo de Rivera y las conexiones entre anarquistas y fascistas pueden ser vistas en las anotaciones del post: «Algunas cuestiones relativas a la crítica del anarquismo» de 2020.

[3] Véase el Manifiesto firmado por Vox Humanes, que posteriormente fue eliminado tras recibir varias críticas en redes sociales, pero la imagen de la publicación ya había capturada por los lectores:

«La iniciativa We the people: your voice in the White House, que estaría circulando para que se recojan firmas ante la Casa Blanca, se ampara en que España está siendo dirigida ilegalmente por un gobierno que proviene del fraude electoral. Es por ello que desde este movimiento se solicita al «legítimo gobierno» de Estados Unidos, el presidido por Donald Trump, que ponga en funcionamiento al ejército estadounidense para deponer tanto al presidente español como a sus aliados, a nivel local e internacional. (…) Entre el resto de propuestas que plantea la iniciativa destaca la petición de que el gobierno estadounidense asumiera temporalmente el liderazgo del Ejército español y de los cuerpos policiales del país para mantener la paz en el proceso de transición hacia un gobierno «que honre la voluntad del Pueblo Soberano de España promulgando una democracia directa, segura y participativa a través de la tecnología blockchain, que otorgue el derecho de destituir de inmediato a cualquier representante». (Spanish revolution; Vox comparte una petición para que Estados Unidos dé un golpe de estado en España, 11 de diciembre de 2020)
[4] Véase la obra: «El viejo chovinismo: la Escuela de Gustavo Bueno» de 2020.

[5] Para ver la información sobre el PCOE pinche [aquí].

1 COMENTARIO

  1. Olá bitacora ml.
    Não é preciso criticar tudo e todos, trucidar pensamentos errados emitidos por humanos imperfeitos, produtos sociais do capitalismo moribundo, derreter tudo no mesmo saco, gastar tantas letras e palavras a desmascarar ideias erradas, misturar fascistas com socialdemocratas, e anarquistas com revisionistas, antigos com modernos e postmodernos, e ao fim dessa arenga mal disposta sair com dois puros disparates:

    Primeiro disparate covid/morcego/pangolim/humano.

    Segundo disparate:
    Alteração climáticas antropica

    Depois de utilizar o argumento anticientifico e subjectivo da autoridade, após dizer mal de tudo e todos, a bitacora ml revela as suas duas verdades, que na verdade não passam de duas crenças. E falsas.

    Mais tolerância para com os outros, saber ouvir e compreender, é hoje necessário. Porque o capitalismo moribundo gerou uma situação de barbárie, e num mundo de merda há ideias de merda. Ou pensas realmente que num mundo de merda tens ideias de ouro?

    Vamos procurar nas ideias dos outros não o que há de pior, mas sim o que pode ser positivo aproveitar. Todos os humanos somos poucos para concretizar a necessaria mudança que vai continuar com a civilização, a revolução comunista que enterra no caixote do lixo da história o pior e mais criminoso sistema político que a humanidade enfrentou, o capitalismo.

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