La batalla de Stalingrado

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Deshechas van las invasoras manos,
triturados los ojos del soldado,
están llenos de sangre los zapatos
que pisaron tu puerta, Stalingrado.

Nuevo Canto de Amor a Stalingrado – Pablo Neruda

El 2 de febrero de 1943 culminaría la batalla de Stalingrado con un rotundo éxito de las fuerzas soviéticas que resistieron al cerco y la completa destrucción de la ciudad por más de 200 días. Batalla finalizada a su vez con el acorralamiento y destrucción de la mejor fuerza nazi reunida de toda Europa. Stalin, al finalizar la que sería la batalla más sangrienta de la historia humana, aseguraría: «Stalingrado marcó el ocaso del ejército fascista alemán. Como es sabido después del desastre de Stalingrado, los alemanes no han podido ya reponerse más”.

Los fascistas alemanes que desde el inicio de la operación barba rosa soñaban con derrotar al gran país de los soviets y liquidar el socialismo en tan solo dos meses, apoderándose rápidamente de Moscú y otras grandes ciudades, se vieron seriamente afectados por la heroica resistencia del pueblo soviético, que frustró y desgastó su aventura militar. Gracias a los testimonios en los juicios de Núremberg, sabemos que para la alta oficialidad nazi desde el primer año de guerra en el este, éstos ya sabían de la inexpugnabilidad de Moscú y de una posible derrota del frente en el Este. Es así que para el segundo año de guerra los nazis emprenden una ofensiva de verano destinada para apoderarse de los pozos petroleros del Cáucaso, al surestes del país, pasando por Stalingrado, destruyéndola por su significado ideológico y así elevar la moral de la tropa para emprender de nuevo una ofensiva hacia Moscú, abriendo a la vez la brega que les permitiera llegar a la India. Aquí de nuevo los planes de la oficialidad nazi operan de una forma aventurera y arrogante pues desconocieron muchos factores que los llevarían a la derrota, errores aprovechados por el gran país de los soviets, su ejército rojo y el partido con Stalin a la cabeza para inducir y mantener en el error al enemigo y derrotarlo en Stalingrado.

La batalla de Stalingrado se ganó gracias al heroísmo del pueblo y la estrategia del partido, la cual consistió en convertir a toda la ciudad en una enorme esponja que empantanara la mayor cantidad de fuerzas enemigas por el tiempo necesario para preparar una fuerte contraofensiva. La clave del éxito consistía en aprovechar las ruinas y escombros de la ciudad que debían servir de refugio para una plaza inexpugnable, en donde el combate y la lucha urbana con características de guerra de guerrillas acompañada de la táctica de “abrazar al enemigo”, es decir, acercarse tanto al enemigo para evitar que éste usará su fuerza aérea y artillería por riesgo a golpear a sus propias fuerzas, permitiendo que el combate cuerpo a cuerpo jugara el papel decisivo. (Para más información recomendamos el artículo En los 100 años de la revolución de Octubre, parte XVII).

El relato más fidedigno que se puede disponer para conocer el día a día de los soldados en el infierno de Stalingrado lo elaboró el héroe francotirador Vasili Záitsev en su relato: Memorias de un francotirador en Stalingrado, a través de aquellas memorias conocemos muchas cosas interesantes acerca de Stalingrado, como por ejemplo que la esperanza de vida de un soldado una vez arribado a la contienda consistía en 24 horas, de un oficial menos de una semana y de un comandante menos de 15 días. También sabemos que los combates en la ciudad eran interminables, se extendían día y noche, además sabemos que las fuerzas soviéticas estuvieron la mayoría de las veces en inferioridad numérica y los combatientes duraban muchas veces hasta tres días sin dormir y apenas comían.

Según el relato, sabemos además que una de las zonas más mortales de Stalingrado fue la colina Mamayev, un punto estratégico porque desde su altura se podía dominar toda la ciudad, la heroica resistencia soviética nunca permitió que el ejército nazi se apoderara de la totalidad de la cima. El ser destinado a la cima Mamayev era un boleto directo a la muerte, Záitsev tuvo la mala suerte de terminar allá por discordias con un oficial, sin embargo sobreviviría y defendería heroicamente con su rifle francotirador la colina.

Aunque todo el relato está lleno de una vitalidad humana heroica que subyace en el infierno de la muerte y la destrucción de la batalla, hay algunas historias conmovedoras que llegan para quedarse, a través de Záitsev conocemos la historia de Jabibulin, un baskir semianalfabeta quien se vio envuelto accidentalmente en la batalla al terminar su querida yegua trasladada por error junto a todos los caballos del ejército. Jabibulin fue a despedir a su hijo que partía para Stalingrado y terminó envuelto en la batalla, junto a su hijo fue destinado a un regimiento y a la llegada a Stalingrado fue recibido a través de un bautizo de fuego terrible en donde casi cae la totalidad del regimiento en un duro bombardeo, entre las llamas y cadáveres Jabibulin recoge a su hijo herido y lo traslada a la tienda hospitalaria. Más tarde ejecutaría la difícil tarea de llevar comida, municiones y suministros a los soldados apostados a la colina Mamayev, por su personalidad Vasili Záitsev se encariña con él y lo recuerda como un hombre de pocas palabras, introvertido que hablaba mal el ruso por no ser su lengua materna, pero que tenía la peculiaridad de memorizar todos los gustos, limitaciones y necesidades propias de cada soldado sin preguntar, Jabibulin se convirtió en el personaje que elevaba constantemente la moral de la tropa en la colina. Un día mientras Jabibulin se desplazaba llevando suministros a las trinchera de Záitsev, es sorprendido por un ataque de artillería, Jabibulin cae mortalmente herido y mientras es socorrido, le manifiesta a Záitsev que su hijo había muerto el mismo día de arribar a Stalingrado, hecho que había mantenido oculto y que sorprende enormemente a Záitsev. El cuerpo de Jabibulin descansa en la colina Mamayev, junco con los restos de miles de héroes más. Jabibulin es la historia que repetida miles de veces explican el por qué se pudo ganar la batalla y lo heroico que fue Stalingrado.

La heroica resistencia conquistada con sangre y enormes sacrificios ganó el tiempo necesario para agrupar secretamente un ejército de un millón y medio de hombres, quienes realizaron una maniobra envolvente a inicios de diciembre de 1942 y embolsaron todo el VI ejercito de Paulus, quien finalmente se rendiría el 2 de febrero de 1943 en Stalingrado. La Segunda guerra mundial es la primera guerra de carácter internacional librada por el proletariado, Stalingrado es la batalla más dura librada en la historia militar cuyos laureles de la vitoria descansan sobre la gloria de la Revolución Proletaria Mundial.

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