Desocupación, pobreza y desigualdades azotan a Latinoaméric

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Teyuné Díaz Díaz.— En América Latina y el Caribe los efectos negativos de la pandemia de la Covid-19 evidencian y profundizan las grandes brechas estructurales de una región azotada por la desocupación, la pobreza y las desigualdades.

 

La crítica situación sanitaria dejó en 2020 un saldo de unos 209 millones de pobres, 22 millones más que en 2019. De ellos, 78 millones de personas en situación de pobreza extrema, cifra superior en ocho millones a la registrada el año precedente.

En el informe anual Panorama Social de América Latina 2020, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) señala que esos niveles de pobreza no se observan desde los últimos 12 y 20 años.

No obstante, explica la Cepal, las secuelas de la pandemia solo potenciaron el retroceso experimentado por el área durante el sexenio comprendido entre 2014 y 2019, el cual ya mostraba signos de estancamiento frente al progreso social alcanzado entre 2002 y 2014.

Ejemplifica el organismo que en América Latina entre 2014 y 2019 el porcentaje de pobreza extrema aumentó del 7,8 por ciento al 11,3, y la pobreza creció del 27,8 al 30,5 por ciento.

Sin olvidar que existen brechas en dependencia de los grupos poblacionales, pues la pobreza es mayor en áreas rurales, entre niños y adolescentes; indígenas y afrodescendientes; y en la población con menores niveles educativos.

A ello se une el empeoramiento del mercado laboral, que desde 2015 mostraba tendencias adversas en Latinoamérica, mientras en 2020 experimentó una fuerte caída de la ocupación y un deterioro de la calidad del empleo, según un informe conjunto de la Cepal y la Organización Internacional del Trabajo.

Esa situación negativa en el empleo varía en cada país, aunque los más afectados son los trabajadores informales y las mujeres.

En ellas –según expertos- se intensifica el impacto por las cargas en los cuidados no remunerados como consecuencia del cierre de los centros educativos ya deficitarios desde periodos anteriores.

En tanto, las más jóvenes son especialmente vulnerables pues en su mayoría se encuentran fuera del mercado del trabajo y del sistema educativo, de acuerdo con el organismo internacional.

Para las personas mayores la situación no es mejor; ya desde 2018 la Cepal pronosticaba un empeoramiento y menores oportunidades en el ámbito laboral, una situación precarizada en este contexto pandémico.

Pero las desigualdades en la ocupación también se amplían por cuestiones étnicas y raciales, así como otras vinculadas al territorio, discapacidad o la situación migratoria.

En otro orden, la citada investigación significa que entre 2019 y 2020 los estratos de bajos ingresos aumentaron 4,5 puntos porcentuales, lo que representa unas 28 millones de personas adicionales, al tiempo que los ingresos medios se contrajeron 4,1, para sumar a unos 25 millones de individuos con esta afectación.

A juicio de analistas, en América Latina la pandemia visibilizó y profundizó las grandes brechas estructurales existentes y arrastradas durante años.

Una severa situación, ante la cual la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, advirtió que los costos de la desigualdad son insostenibles, e instó a reconstruir con igualdad y sostenibilidad a fin de crear un verdadero Estado de bienestar, tarea largamente postergada en la región.

Para ello, puntualizó, se requiere garantizar la protección social universal como pilar central del Estado de bienestar, avanzar hacia nuevos pactos sociales y fiscales, y garantizar la salud, la educación y la inclusión digital, para no dejar a nadie atrás.

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